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No te fumes ese joint: estoy hasta la madre, por Leila Macor

Por Prodavinci | 23 de Agosto, 2012
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Cualquier persona deseosa de abrazar una causa humanitaria express decide fácilmente dejar de usar zapatos Nike en protesta por el trabajo esclavo en Asia. O bien puede abstenerse de comer animales que son tratados con crueldad. Pero estos activistas del foie gras no son tan rápidos a la hora de dejar de fumar marihuana u oler coca porque detrás de su diversión haya más de 50.000 muertos en México. ¿Por qué? ¿No leen las noticias? ¿Nada les hace clic?

Quienes nunca han probado drogas, tal vez no entiendan la diferencia entre un consumidor recreativo y un drogadicto. Bien, es la misma entre quien toma una copa de vino en una cena y un alcohólico. Nunca me opuse al consumo recreativo, como concepto, de drogas blandas. Mi rechazo vino luego. Llegó un momento, durante el manejo cotidiano de la noticia como editora de una agencia de prensa, en que validar un despacho cada día sobre los muertos en México comenzó a convertir las drogas en un producto demasiado macabro para invitarlo a una fiesta. A menos que sean de cosecha propia o el consumidor conozca su origen.

Recuerdo cómo comenzó. En 2005 empecé a trabajar como editora de la oficina regional de AFP, en Montevideo. Edité el progresivo traslado de los carteles de Colombia a México. El ascenso al poder de Felipe Calderón en 2006. Su declaración de guerra contra las drogas. El apoyo que le dio Estados Unidos dos años después, cuando aprobó la financiación de esta guerra con la llamada “Iniciativa Mérida”. Todo eso parecía bueno.

Pero después nos empezaron a llegar desde México cables que nos tomábamos muy en serio: 5 muertos en Ciudad Juárez, 3 muertos en Michoacán. Un año después, este tipo de despachos ya no eran noticia. “¡Llegaron los muertos de México!”, decíamos en el desk, al escuchar la campanita que nos avisa la transmisión de un alerta. No porque nos los tomáramos con risas, pero sí con cotidianidad. Un muerto ya no era suficiente, porque la noticia, si es periódica, deja de ser noticia. Discutíamos si publicar o no en el diario en línea las horrendas fotos que nos enviaban desde allá. Y vinieron tragedias aún mayores. 72 cadáveres en Tamaulipas. Una granada contra una multitud en Morelia. 13 estudiantes en una fiesta en Ciudad Juárez. 55 cuerpos descompuestos en Guerrero. Periodistas asesinados, perseguidos o desaparecidos. Comenzamos contabilizando los muertos de a uno y ya son 50.000. Se sabe que son más, pero el gobierno de México se niega a publicar cifras. Y no son 50.000 narcotraficantes. La mayoría de ellos son civiles fallecidos en el fuego cruzado de los carteles, y entre los carteles y las fuerzas armadas. Probablemente ya sean más los asesinados en México que los estadounidenses que murieron en la guerra de Vietnam.

Mi rechazo no es una militancia, sé que no soluciona nada. Es mero asco. De todos modos, si millones de personas entendieran la vinculación entre su consumo recreativo y la guerra que está demoliendo a México, así como otras guerras en otros méxicos, las cosas sí podrían comenzar a cambiar. Si, al menos, todos esos activistas molestos por la indigestión de los gansos se preocuparan, además, por las decenas de miles de inocentes fallecidos en la tierra alegre del mariachi, se correría la voz sobre una grave contradicción moral. Porque el que usa en su discurso el fácil eslogan de la paz y el amor mientras se fuma un joint, es un soberbio hipócrita.

Una de las soluciones que se maneja es la despenalización del consumo de drogas, que daría un jaque a los carteles, así como la legalización del alcohol en 1933 arruinó el negocio de Al Capone. El crimen organizado seguirá existiendo y los delincuentes encontrarán maneras de reconvertirse, pero por lo pronto habría varios problemas menos.

No tengo ganas ni espacio para explicar al detalle el caso portugués, que es un modelo de éxito, pero le pido al lector que lo googlee. The New Yorker publicó el año pasado un extenso artículo sobre el tema. En dos platos, el autor cuenta: Portugal despenalizó el consumo de drogas en 2001, cuando decidió tratarlas como un problema de salud pública y no criminal. En consecuencia, hay menos gente en las cárceles por delitos menores, los enfermos reciben atención médica en lugar de ser encarcelados, se redujo el contagio de HIV y, curiosamente, la cantidad de adictos no ha aumentado. Tampoco ha disminuido, pero no ha aumentado.

Los que no aprueban la despenalización, en cambio, apuntan con justeza a los riesgos para la salud pública y temen que las drogas, naturales o sintéticas, se distribuyan sin control. Estiman que una droga menor conduce al consumo de drogas más fuertes y, eventualmente, a la adicción, que puede ser física y psicológicamente devastadora tanto para el adicto como para su entorno. También apelan a motivos religiosos, que merecen (cierto) respeto, o consideran que el Estado debe proteger a sus ciudadanos de tomar malas decisiones.

Los detractores cuestionan además cómo se implementaría una despenalización del consumo sin legalizar también la producción. O cómo un país consumidor podría aceptar la distribución de drogas, si los países productores no legitiman por su parte sus sembradíos.

Pero en lo que todos concuerdan, tanto los que aprueban como los que desaprueban que el negocio de las drogas sea considerado un crimen, es en la urgencia de ponerle fin a la violencia.

Este tema ya me interesaba cuando, recién trasladada como corresponsal a Los Ángeles, vino el poeta Javier Sicilia en noviembre del año pasado a una conferencia de la Drug Policy Alliance, la mayor ONG en Estados Unidos a favor de la despenalización, que ha tenido entre otros el apoyo de Walter Cronkite. Se había hablado mucho de Sicilia ese año en México. Yo no lo conocía (ni lo conozco) como autor, pero es un escritor muy reconocido en su país, ganador en 2009 del premio de poesía más importante allá, el de Aguascalientes. Su hijo Juan Francisco tenía 24 años cuando murió en marzo de 2011. Él y otros seis jóvenes, que no tenían vinculación con el narcotráfico, fueron torturados y asesinados por miembros de un cartel. El poeta estaba de viaje cuando se enteró de la noticia. Y escribió entonces sus últimos versos: “El mundo ya no es digno de la palabra / Nos la ahogaron dentro”.

Sicilia decidió que el problema inmediato no son las drogas en sí, sino la prohibición que convierte su producción y distribución en un rentable delito. Cambió la palabra por acción, comenzó a militar contra la guerra contra las drogas y recorrió México de cabo a rabo, en caravanas, sumando simpatizantes. “El poeta es la voz de la tribu”, dice, y llevó por su país el eslogan “Estamos hasta la madre”. Pide que se despenalicen las drogas y se siga el modelo portugués para acabar con el crimen organizado. Su Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad tiene la pureza de ser apolítico, de estar guiado por un artista, de tener entre sus miembros madres, padres y hermanos de las víctimas. Los detractores de la despenalización podrán discrepar con la solución que proponen los activistas, pero no con sus reclamos de paz y justicia. Nadie puede oponerse a ellos a menos que sea un canalla.

El poeta dio entonces en Los Ángeles una conferencia de prensa donde le contó a algunos periodistas estadounidenses la situación de México. Conseguí conversar 10 minutos con él a la salida, junto a un investigador de la Drug Policy Alliance, Daniel Robelo. Fue una charla muy informal. Sicilia comentó al pasar que le gustaría emprender una caravana hasta Washington. “Sería lo mismo, pero esta vez desde el otro lado del problema”, fantaseó. Porque –dijo– en Estados Unidos es donde están los millones de consumidores a los que abastece México, porque Estados Unidos financia la guerra y porque las armas que se venden legalmente en Estados Unidos terminan, vía contrabando, en las manos de los carteles.

Sicilia y Robelo comenzaron a imaginar la caravana en Estados Unidos como quien sueña con ir a la Luna. Ellos sabían, pero tal vez olvidaron, que yo era periodista. Le pregunté al poeta: “¿Puedo publicar esto?”. “¿Por qué no?”, me respondió. Creo que no estaba muy al tanto del alcance de AFP.

Al día siguiente, decenas de medios digitales e impresos de Latinoamérica y Estados Unidos publicaron en inglés y español que el poeta Sicilia quería hacer una caravana desde la frontera hasta Washington. El impacto de la noticia los tomó por sorpresa. Nueve meses después, el 12 de agosto de este año, el convoy de casi 200 activistas arrancó en San Diego. Ahora está en Nuevo México. Llegará a Washington en septiembre.

“¡Ahí está la periodista que nos balconeó!”, me dijo Sicilia al darme un abrazo cuando me vio en San Diego, adonde fui a reportear su partida. Tuve que preguntarle qué significa balconear, porque no estaba segura de que fuera algo bueno. “Que nos expusiste, pues, nos diste a conocer”, me explicó, todo risas, presentándome a su equipo como “la responsable”. Luego, más serio, me dijo: “Publica que te dije esto”. Bueno, aquí lo estoy obedeciendo. Según Robelo, el de la Drug Policy Alliance, mi nota facilitó la caravana. Más de cien ONGs en Estados Unidos les ofrecieron apoyo. He llamado a otros activistas itinerantes, presentándome como periodista, y me interrumpen: “Claro que te conozco, tú eres la culpable”, bromean. Por primera vez en mi vida, sentí que mi trabajo había servido para algo bueno.

El tema es muy complejo y es necesario estudiarlo desde todos los ángulos. Uruguay, por ejemplo, estudia actualmente una iniciativa para legalizar la marihuana, a mi juicio ineficaz porque su propuesta es convertirla en un monopolio. Aunque es una idea. La política estadounidense contra las drogas no va a cambiar a partir de la caravana de Sicilia, pero si el asunto es debatido por un puñado de norteamericanos será suficiente. Si se genera una discusión, será suficiente. Si se manejan alternativas, será suficiente. Porque así no podemos seguir. Estamos hasta la madre.

***

Leila Macor es corresponsal de la agencia de noticias AFP en Los Ángeles. Bloguea en escribirparaque.blogspot.com y tuitea en @LeilaMacor.

Prodavinci 

Comentarios (6)

Nabor Garrido
23 de Agosto, 2012

¡Gran reflexión, Leila, conversaba hace tiempo con un amigo sobre esto y hoy me queda muy claro que al usar cualquier droga ilegal se debe tener claro lo que costó, incluyendo a los muertos, sobre todo.

Alfredo Ascanio
23 de Agosto, 2012

Leila voy de inmediato a colocar tu BLOG en el mio para divulgar tu trabajo de periodista y redactora.

Eduardo Ramirez
24 de Agosto, 2012

Excelente articulo luego de un nefasto primer párrafo.

Confieso la implicación de que los ‘activistas del foi gras’ son en su mayoría usuarios de drogas ilegales me molestó por ser el tipo de argumento nacido de los estereotipos. Similarmente, la pregunta retórica sobre si los millones de usuarios de drogas ilegales no leen las noticias me pareció ingenua ya que estimo entre esos millones de usuarios hay muchos que en efecto no están enterados de la cruda realidad ni siguen las noticias sobre la guerra contra las drogas.

Después de leer esas lineas me dije aquí viene otro periodista conservador a proponer la abstención como una solución; como si cambiar la conducta de millones de personas, muchas de ellas adictas a las drogas, fuera mas fácil que cambiar la conducta de reducidos grupos de legisladores. Sin embargo seguí leyendo -culpa más bien de la torrencial lluvia que hace esta tarde tediosa que de los argumentos que hasta entonces había leído. Fue entonces cuando ya a la mitad del articulo se menciona la despenalización y donde comprendí mi error: para cambiar la conducta de esos reducidos grupos de legisladores hace en efecto falta que una masa crítica de activistas empiecen la conversación. Hace falta que el costo político de las muertes al sur de la frontera de los Estados Unidos sea mayor que el costo de la despenalización.

Hace falta, en otras palabras, que los mal llamados activistas del foi gras tomen esta causa como suya. No que dejen de prender los porros u oler la coca ya que aún sostengo que el símil liberal=consumidor se cae por su propio peso.

Francisco
24 de Agosto, 2012

No fumes ese joint! Sí claro, ahogado el niño a tapar el pozo. Yo no estoy de acuerdo con el uso recreacional de las drogas ilegales, nunca lo he estado, nunca las he usado. Siempre hice la conexión entre, ilicito = mafia … comprar = fortalecerlos . Claramente, comprar piratería significa lo mismo, pero ahí está la gente comprando sus pelis piratas. Yo creo que la sociedad misma ha creado muchísimos de los problemas que la aquejan y luego empieza a reclamar y quejarse de su mal gobierno (que no es que sea bueno, pues también son grandes generadores de problemas) cuando ve las consecuencias de sus acciones o acaso el gobierno les dijo: “vamos consuman de lo ilegal”. ¿Cuántas veces se le dice a la gente, me refiero sobre todo a la clase media, que es la más conformista y mediocre, “no tire basura en la calle” y después ésta se queja de que hay inundaciones? El problema es, entre otras causas, causado por una pobreza de valores cívicos, tanto aquí como en EEUU y en el mundo.

En fin.

Siempre le he dicho a mis amigos marihuanos que dejen esa madre si están inconformes en como están las cosas, pero un porrito es muy difícil de resistirse (y no se llaman adictos a ellos mismos pfffta) y se justifican con el típico: “yo no lo compré, yo nada más lo probé”. La marihuana, por muy inocua que sea, es un problema social grave y su consumo, ilegal o no, sí acarrea consecuencias tanto fisiológicas, sociales y psicológicas. Por lo tanto, yo no creo que despenalizarla sea una solución de nada, que dicho sea de paso, en México está despenalizado portar cierta cantidad de droga. Legalizarla tampoco solucionaría el problema, pues los grupos criminales seguirían produciéndola de manera ilegal y verían el modo de filtrarla entre lo legal, además de que no podrías legalizar absolutamente todas las drogas y, consecuentemente, la producción ilegal continuaría. El uso recreativo, sobretodo cuando la persona no produce su propia droga, no es más que consumismo puro y vil. Hay que cambiar la actitud de consumidores irresponsables. Se trata pues, de educarSE uno mismo, pues el hombre se educa solo a partir de cierta edad, porque uno no puede obligar al otro a aceptar una verdad o hacer que aprendas algo, eso es un proceso interno y personal.

Ya me extendí demasiado con este choro… Al final concuerdo con algo del artículo: hay que dejar de hacerse p3nd3j0 y parar de consumir. Yo le agregaría que también hay que cambiar nuestra actitud de “ahogado el niño” por la de la prevención.

Salvador
24 de Agosto, 2012

Me molestó sobremanera el comentario de Francisco: su tono chocante, sabihondo y rezumante de moralina. Con todo respeto, amigo, deje de pontificar sobre asuntos que evidentemente no domina, deje de asumir esa recalcitrante posición de “aprendan de mí, yo no consumo, nunca lo he hecho, todos ustedes están condenados,¡arrepiéntanse, pecadores!” Lo menos que necesitamos aquí son supremacistas morales y paladines de los “valores cívicos”. El problema es demasiado complejo como para despacharlo con un “no consuman y ya”. Se supone que los comentarios son para enriquecer la discusión; en tu caso ésta se empobrece notablemente. Felicitaciones a Leila, a quien conozco desde su época ucevista, y a Prodavinci por hacerse de su pluma, para beneplácito de sus lectores.

Pedro Velasco Astudillo
28 de Agosto, 2012

DAVID !…aldeano, desprovisto, pequeño y muchacho; liquidó al GIGANTÓN GOLIAT, veterano, bien provisto y armado…y tal sólo llevaba una honda en el hombro y una piedra en la mano ! …Y aquí – después de milenios-tenemos : “vivito y coleando” al su pueblo liberado, multiplicado y “universalizado”, que el pequeño , pero VALIENTE y DECIDIDO adolescente, libró de los FILISTEOS, sus enemigos más mortales y violentos ! …Ante la EVIDENCIA de aquello, que hizo gloriosa HISTORIA en su tiempo, nos preguntamos: por qué no podemos, a pesar de lo pequeños que – “ahora” somos, derrotar al GIGANTÓN – promotor y negociador- del vicio “RECREATIVO, DAÑINO y ADICTIVO ?…Si actuamos como lo hizo el “héroe del relato”: con CORAZÓN, VALOR y DECISIÓN, es claro que PODREMOS !!! Juntemos VOLUNTADES y…LO VEREMOS !!! Mis sufragios por la ACCIÓN del “decidido promotor” SICILIA !…y su extraordinaria “balconeadora” : la inteligente editora y periodista MACOR !!!

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