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Vida y opiniones del “Mago”, por Juan Gabriel Vásquez

Por Prodavinci | 22 de Agosto, 2012
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Paulo Coelho, un productor en serie de esoterismo barato y manuales de autoayuda, dio hace pocos días una entrevista en que trataba de explicar su éxito. Si sus libros se leen de Nueva York a Ulan Bator, dijo, es porque él, a pesar de lo que digan los críticos, es un autor moderno. “Soy moderno porque hago que lo difícil parezca fácil”: al parecer Coelho es incapaz de pronunciar una frase sin que le salga un eslogan bueno para vender camperos. Coelho, que se llama a sí mismo “Mago de la Literatura”, comenzó entonces a hablar del momento en que los escritores cayeron en desgracia. “Los autores de hoy sólo quieren impresionar a otros autores”, declaró. (Estamos de acuerdo en que Coelho se halla a salvo de ese riesgo.) Y luego: “Uno de los libros que hizo mal a la humanidad fue el Ulises, que es puro estilo. No hay nada allí. Si usted disecciona el Ulises, le sale un twit”.

Era una memez sin importancia, una de tantas a que nos tiene acostumbrado este hábil promotor de sí mismo: el consabido intento de lograr titulares hablando mal de un gran libro. Pero Stuart Kelly (escritor, crítico y editor literario de un diario escocés) no pudo dejarlo pasar. En el Guardian de Londres recordó a Samuel Johnson y su respuesta a los ataques de un mediocre: “Una mosca puede picar a un caballo, pero el caballo seguirá siendo caballo, y la mosca seguirá siendo mosca”. Y después sentenció: “Coelho, por supuesto, tiene derecho a su tonta opinión, así como yo tengo derecho a pensar que la obra de Coelho es un caldo nauseabundo de egolatría y misticismo charlatán con levemente menos intelecto, empatía y destreza verbal que el camembert de una semana que tiré ayer a la basura”.

Mis reacciones fueron dos: primera, suscribir cada palabra de Kelly, lamentando todo el tiempo que el pobre camembert, que al fin y al cabo es un queso simpático, se haya visto arrastrado a la discusión; y segunda, preguntarme si sus palabras eran necesarias. En efecto, ¿por qué tanta indignación? ¿Por qué no dejar pasar una de esas opiniones que dicen mucho más de quien opina que de lo opinado? ¿Por qué no encogerse de hombros, agarrar el Ulises y comprobar que se trata de uno de los libros más entretenidos, más inteligentes y más ricos en humanidad que se han escrito jamás, y que lo sigue siendo a pesar de las demagogias de un culebrero que ha hecho carrera con el facilismo, que vive en Suiza para pagar menos impuestos y se piratea a sí mismo para no perder dinero con editores y libreros?

Posibles respuestas: Kelly lamentó que miles de lectores, influenciados por la ignorancia del “Mago”, vayan a perderse uno de los grandes placeres que da la vida de lector. O también: Kelly notó la ironía de que Coelho, cuya obra es una serie de latiguillos tontos (como aquel que nos asegura que el universo conspira para darnos lo que deseamos), escoja justamente la figura del twit para despreciar un libro, e insulte al mismo tiempo al libro y a los tuiteros. O tal vez Kelly se fijó menos en lo del Ulises que en la mencionada idea de modernidad que tiene Coelho: hacer que lo difícil parezca fácil. Tal vez se dijo que la buena literatura siempre ha hecho lo contrario: demostrarnos que el mundo es más complejo de lo que parece. Los grandes libros respetan, ensalzan e incluso honran esa complejidad.

Prodavinci 

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