Artes

Sobre Groucho Marx

Por Prodavinci | 21 de agosto, 2012

Artículo de Óscar Bellot, publicado en ABC.es. Un extracto a continuación:

“No estoy seguro de cómo me convertí en comediante o actor cómico. Tal vez no lo sea. En cualquier caso me he ganado la vida muy bien durante una serie de años haciéndome pasar por uno de ellos”. Es una de las innumerables perlas legadas por Groucho Marx, el genio más mordaz de cuantos han habitado el planeta cinematográfico, maestro de la comedia y referente ineludible de intérpretes y realizadores que han hecho de una aproximación humorística a la realidad su modo de vida. Un mito gracias a su corrosiva y surrealista interpretación del mundo de cuya muerte se cumplen 35 años.

Julius Henry Marx fue el cuarto hijo de un sastre sin talento y una frustrada artista de variedades. Su infancia estuvo marcada por las penurias económicas. Encerrado con sus cuatro hermanos, sus padres, dos de sus abuelos y una hermana adoptada en una modesta vivienda, soñaba con hacerse escritor, pero acabó entregándose al teatro, espoleado por su progenitora. Fue ella quien le introdujo en el vodevil junto a sus hermanos Chico, Harpo, Gummo y Zeppo. Juntos recorrerían el país con números en los que cantaban, bailaban, tocaban todo tipo de instrumentos y, sobre todo, provocaban las carcajadas del público con su irreverente humor.

A comienzos de los años veinte, debutaban en Broadway, alcanzando el éxito con obras como ‘I’ll Say She Is’, ‘Animal Crakers’ o ‘The Coconuts’. Los estudios Paramount les dieron la oportunidad de saltar a Hollywood con la adaptación del último de esos títulos en 1929. Groucho, con su característico bigote falso, su inseparable puro y su inagotable parloteo; Chico, con su elegante forma de tocar el piano; y el ‘mudo’ Harpo, pertrechado con su sombrero de copa, su gabardina y su arpa, irrumpían a lo grande en un campo poblado por ‘vacas sagradas’ como Charles Chaplin o Buster Keaton.

Tras rodar varias películas más con la Paramount, Zeppo se descolgaba del grupo -Gummo ya lo había hecho mucho antes- y el trío resultante era reclutado por Irving G. Thalberg para la Metro Goldwyn Mayer. Bajo su paraguas, firmarían cintas como ‘Una noche en la ópera’ o ‘El hotel de los líos’. El fin de la asociación llegaba con ‘Amor en conserva’, en la que tenía un pequeño papel Marilyn Monroe, una de las muchas féminas a las que se vincularía al ‘casanova’ Groucho.

“Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Detrás de ella, está su esposa”, espetaba en una de sus sentencias más populares. De estas últimas tuvo tres, pero ninguna consiguió que aminorase su afición por correr detrás de las faldas. “Quiten a las esposas del matrimonio y no habrá ningún divorcio”, apuntaba en otro de sus alardes de humor un hombre cuya última conquista sería Erin Fleming, de la que le separaban más de 50 años y que no cejó en su empeño de que la Academia de Hollywood reconociese la contribución de los hermanos Marx al séptimo arte hasta que les concedió un Oscar honorífico en 1974.

Tres años más tarde, el 19 de agosto de 1977, el genio del absurdo fallecía en Los Ángeles a causa de una neumonía. Atrás quedaban tres hijos, una veintena de películas, varios libros, memorables intervenciones en el programa de televisión ‘You Bet Your Life’ y, sobre todo, una inagotable colección de citas que sirven como testimonio de un talento sin par para dar la réplica adecuada en el momento preciso. “Cuando muera quiero que me incineren y que el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi empresario”, había manifestado. Así se hizo, al menos en lo tocante a la primera parte de su deseo. Sus restos mortales reposan en el Eden Memorial Park -aunque sin el tan famoso como falso epitafio “perdonen que no me levante”-, convertido en lugar de peregrinación para los devotos con que sigue contando un hombre que continúa provocando carcajadas 35 años después de su muerte.

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