Artes

Retrato del artista como imbécil jovial, por Patricio Pron

Por Patricio Pron | 20 de agosto, 2012

Anthony Cronin menciona que, cuando Samuel Beckett leyó la biografía de Oscar Wilde escrita por Richard Ellmann, “el libro le pareció demasiado largo y demasiado detallado”, de modo que no es improbable que pensase lo mismo del que le dedica Cronin. Samuel Beckett, el último modernista es, efectivamente, demasiado largo y abunda en detalles (en mayor o menor medida innecesarios), pero estos no son sus únicos defectos: su autor lee los primeros libros de ficción de Beckett como si fuesen principalmente autobiográficos y extrapola de ellos una información para la que no parece haber ningún tipo de ratificación fuera de esos textos (que, repito, son ficciones), se detiene demasiado en personajes secundarios, cuya trayectoria sigue incluso después de que se haya apartado de la de Beckett, y ejerce una interpretación principalmente moral de la vida del escritor irlandés a resultas de la cual (paradójicamente) el lector acaba sabiendo más sobre lo que Cronin piensa acerca de una serie de temas (el suicidio, la literatura modernista, la frecuentación de prostitutas, la enseñanza de la literatura) que sobre lo que Beckett (por otra parte, siempre tan poco dado a discutir sus ideas) pudo haber pensado acerca de estos asuntos.

No son pegas menores, y bastarían para no recomendar su lectura (si es que estos apuntes tuvieran la voluntad de recomendar algo, lo que no es el caso); sin embargo (y a pesar de una primera mitad del libro en la que, sencillamente, Beckett se comporta como un imbécil sin que ni siquiera la enorme indulgencia del biógrafo consiga disculparlo del todo), esta biografía de Cronin acaba venciendo las resistencias del lector por el mero hecho de que la trayectoria vital de su biografiado es absolutamente única: la voluntad de vivir con rectitud una vida que no tiende a beneficiar a los rectos, la vocación espartana de prescindir de todo lo superfluo hasta llegar al desnudamiento y al silencio, la necesidad de expresar sumada a la certeza de que es imposible hacerlo, todo ello consigue despertar en el lector una admiración y un respeto por Beckett incluso mayor que los que el lector sentía antes de leer esta obra (y lo dice alguien para quien Beckett y James Joyce siempre han sido como su padre y su madre). Por ello (y por los pasajes en los que aparece Joyce, el más extraordinario de los villanos de la literatura), pero no sólo por ello, vale la pena leer este libro “demasiado largo y demasiado detallado” de Anthony Cronin, traducido por Miguel Martínez-Lage, uno de los traductores más excepcionales de los últimos tiempos.

Patricio Pron 

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.