Artes

Sueños de invidente

Por Prodavinci | 19 de Agosto, 2012
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Artículo de Fietta Jarque, publicado en El País (España). Un extracto a continuación:

Siempre quise preguntarle a un ciego de nacimiento cómo son sus sueños. No sólo eso, siempre quise preguntarle cómo diferencia la vigilia del sueño, cuando despertar tiene la misma oscuridad que estando dormido. Hasta ahora no lo he hecho. La artista francesa Sophie Calle también tiene preguntas para los ciegos. Las primeras, en 1986, se concretaron en un trabajo titulado Les aveugles (Los ciegos). El punto de partida, tal como lo explicaba ella misma, fue el siguiente: “Hice este trabajo en Francia y Australia. No sé por qué pregunté sobre la belleza. Simplemente, me encontré con un grupo de ciegos en la calle y uno le decía a sus amigos: ‘Ayer vi una película preciosa’. Tardé dos años en terminar esa obra. Tenía miedo del elemento de crueldad implícito en preguntarle a una persona ciega qué es la belleza. Además en esta obra volvemos a encontrar la idea de mirar sin ser mirados. No se trata aquí de una investigación sobre la idea de belleza. No me interesa demostrar que los ciegos pueden ver.” Al principio le costó acercarse a ellos y hacerles la pregunta. Un día se atrevió y paró un hombre ciego en la calle y este le contestó: “Lo más bello que he visto es el mar, el mar hasta perderse de vista”. Una hermosa respuesta que la llevó a seguir adelante. Más de una treintena le proporcionaron sus ideas de la belleza hasta que uno, dolorido, le dijo que no podía soportar la belleza porque no la podía entender. Fue el punto final de ese proyecto.

En 2010 volvió a plantearse otras preguntas sobre los invidentes. En la serie La dernière image, les pregunta cuál fue la ultima imagen que recuerdan, justo antes de quedarse sin vista. Decidió hacerlo en Estambul, que alguna vez fue llamada “la ciudad de los ciegos”. Unos la llevaron a su casa y le mostraron su pecera, otros le describieron paisajes, como el del amanecer en el Bósforo, y uno lamentó no poder ver más frente a su sillón, cara a cara, los rostros de sus tres hijos. En la ciudad turca, rodeada de agua, se dio cuenta de que había mucha gente que nunca había visto el mar. Ella decidió llevarlos y grabar su primera impresión. Es el tema de una segunda serie, con siete videos realizados por Caroline Champetier, titulada Voir la mer (2010-2011).

El trabajo de Sophie Calle ha fascinado a varios escritores, como Enrique Vila-Matas o Paul Auster, que la convirtió en uno de los personajes de su novela Leviatán. Y es que sus estrategias tienen mucho que ver con la intriga, con los secretos ajenos. A ella siempre le ha interesado observar el comportamiento de las personas. En Suite Venitienne (1979) siguió de incógnito a un hombre que había conocido en una fiesta en París en un viaje que este hace a Venecia. Hizo fotos y tomó apuntes. De esa manera señaló el camino que seguiría desde entonces. Para Les dormeurs(1979) invitó a 28 personas a dormir en su cama, sucesivamente, durante ocho horas seguidas, mientras ella fotografiaba su sueño. Eran desconocidos que abordaba por la calle. Según relata en la conferencia antes mencionada, la gente está más dispuesta a aceptar este tipo de extrañas propuestas de lo que uno cabría imaginar. Una de ellas era la mujer de un crítico de arte, que fue quien le abrió las puertas del mundo del arte contemporáneo. Se ha hecho seguir por un detctive (La Filature, 1981) y ha trabajado como una camarera de hotel para “reconstruir” la vida de los viajeros a través de sus objetos personales.

Cada uno de sus proyectos es una especie de obsesión programada. Acciones que se convierten en una ansiosa búsqueda, pero en las que ella mantiene el control. Casi siempre. Sophie Calle admite que solo una vez se le fue de las manos. Fue en una de las más sonadas de sus obras, L’homme au carnet (1983), un encargo del diario francés Liberation, en forma de folletón de 28 capítulos. Calle había encontrado una agenda telefónica perdida. La fotocopió, se la envió a su dueño y empezó a visitar, una a una, a las personas que figuraban en ella, preguntándoles datos o anécdotas de ese hombre. Confiesa en la conferencia, que se fue enamorando de él. Pero todo salió mal. El hombre volvió de un viaje y al enterarse de que su intimidad había quedado expuesta de esa manera, aunque no se daba su nombre, la demandó. Al final exigió que se publicara un retrato de la artista desnuda en el mismo periódico. Lo consiguió.

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