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Artes

Los espejos de Vasco Szinetar

Por Prodavinci | 16 de Agosto, 2012
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Artículo de Alejandra S. Inzunza, publicado en El País (España). A continuación un extracto:

Vasco Szinetar roba un espejo del baño en un café en el centro de Caracas y sale corriendo a la calle. Coge la cámara y mira intensamente su reflejo. Aprieta el botón. La foto está lista. Sin ensayos, al natural. Así trabaja el fotógrafo venezolano que más retratos de gente famosa ha capturado: Jorge Luis Borges, Umberto Eco, Emile Cioran, la lista es interminable. Su vieja Nikon ha visto de todo en los cientos de baños públicos que se han convertido en su estudio y sello particular.

Szinetar era un niño huérfano, creció en un mundo político rodeado de intelectuales, ministros y artistas. Su abuelo era el último caudillo que tuvo Venezuela en los años veinte. Aunque su sueño siempre fue ser cineasta –por eso sus estudios de cine en Polonia–, pronto se vio atrapado por la cámara de fotos. Empezó fotografiando poetas venezolanos y personajes de la cultura, y la obsesión fue a más. Cada vez que viajaba hacía una lista de personajes a plasmar: Allen Ginsberg, John Ashbery, Geraldine Chaplin, Juan Goytisolo. “Ha sido un trabajo de hormiga, cada día una persona más”, cuenta el fotógrafo, mientras admite que el truco de conseguir los retratos está en el ego: “Son unos vanidosos y yo les proporciono un espejito para que ellos se vean. Hay un trato perverso. Todos sabemos de qué se trata y jugamos con nuestra propia vanidad”.

Hasta el propio Borges, que en varios de sus cuentos solía decir que los espejos y las reproducciones “son abominables”, sucumbió a sus encantos. Fue en junio de 1982. Borges y Tomas Eloy Martínez estaban en casa del escritor, Miguel Otero Silva, rodeados de periodistas. Szinetar sabía la dificultad de la misión, así que decidió centrarse en María Kodama, la mujer de Borges. “Yo me dediqué a ella, hablamos, le hice retratos y le convencí para que condujese al escritor al baño”, comenta. Así surgió uno de los retratos más famosos en el que el argentino, a ciegas, se refleja en el espejo al lado de un Vasco Szinetar de pelo rizado y sonrisa simpática.

La foto de Borges se convirtió en su tarjeta de presentación, gracias a la que otros muchos aceptaron ser retratados por él: “Así convencí Salman Rushdie. Me dijo: ‘dame cinco minutos’ y nos fuimos al baño”.

Su archivo histórico es una colección de la fama: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Álvaro Mutis, Joaquín Sabina, Fernando Savater (a quien viene fotografiando desde los ochenta). “Si yo le tomo una foto a Felipe González, todo mundo sabe que tiene un antes y un después, una impronta particular. Una foto de un anónimo puede ser una gran foto pero no sabes nada de lo que hay delante y detrás del personaje”, cuenta el venezolano.

Saliendo del estilo que ha marcado durante años, ha conseguido retratos de personajes inaccesibles como Fidel Castro: “Vino en el 92 a la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez. Me asomé a un balcón y le grité: ¡Fidel!, como si fuera el llamado de un amigo. Él se dio la vuelta y entendió que era un retrato y se quedó mirando. Es una foto muy particular”.

Szinetar trabaja actualmente en la curaduría de una exposición colombo-venezolana, en un libro de 70 años de fotoperiodismo y en las series Cuerpo en Exilio e Historias Personales, en las que se retrata a sí mismo y a su familia. Pero entre su lista de pendientes están todavía Woody Allen, Meryl Streep y J.M. Coetzee, por decir algunos. Uno de sus proyectos de futuro es retratar a 20 escritores neoyorquinos como Paul Auster, Phillip Roth y Don Delillo.

– ¿Y para cuando un retrato de Hugo Chávez?, se le pregunta.

– Cuando me deje hacer la foto que le quiero hacer.

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Prodavinci 

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