Por Prodavinci | 15 de Agosto, 2012

Artículo de Rosario G. Gómez, publicado en El País (España). Un extracto a continuación:

Inmersas en la sociedad de la información, las nuevas generaciones nacen con el ADN digital. Llegan al mundo no con el clásico pan debajo del brazo, sino con una multipantalla. Son capaces de usar las tabletas electrónicas antes incluso de aprender a andar. Para muchos niños, estos pequeños aparatos se han convertido ya en su juguete favorito. La tableta viene a ser como los Juegos Reunidos Geyper del siglo XXI. Con una diferencia cuantitativa: mientras que los clásicos estuches de cartón o de madera que causaron furor a mediados del siglo pasado contenían un máximo de 55 juegos, App Store tiene más de 105.000. Anclada en el imaginario colectivo de padres y abuelos, la marca Geyper desapareció en 1987 como consecuencia de una suspensión de pagos y con ella se esfumaron los legendarios pasatiempos de mesa. Ahora empieza el reinado de los teléfonos avanzados y de las tabletas.

Otro de los iconos de la infancia de millones de españoles, los míticos Cuadernos Rubio (con el que las generaciones analógicas aprendieron buena letra) ha dado el salto a las tabletas y a los teléfonos inteligentes. La Universidad Pontificia de Salamanca ha creado una aplicación para que los niños aprendan a leer y escribir, aunque sin lápiz ni papel.

Pero el impacto del mundo online en los más pequeños desata controversias. Antón Álvarez, profesor de la Universidad Complutense, afirma que los niños en general son muy permeables y abiertos a la tecnología. Distinguen bastante bien los soportes, pero para ellos la televisión o Internet son solo pantallas que solo difieren en el nivel de interactividad.

La eclosión de la tecnológica es incuestionable y así lo reflejan las estadísticas: en el mundo nacen cada día tres veces más smartphones que bebés. El 25% de los niños de 8 a 12 años tiene móvil y prefiere de regalo navideño un teléfono inteligente que un juguete más convencional.

Estos aparatos son un instrumento habitual en uno de cada tres niños de más de 13 años. Todas estas estadísticas han sido desgranadas en la última edición de El Chupete, el festival internacional de comunicación infantil que este año ha puesto sus ojos en la relación de los menores con el entorno digital.

A la hora de establecer la relación con los dispositivos móviles, los expertos aseguran que hay que aplicar los mismos criterios que con la televisión: encenderla a tiempo parcial, vigilar contenidos que ven los menores y evitar que se convierta en una impagable y paciente canguro.

Yago Fandiño, subdirector de contenidos infantiles de RTVE.es, distingue claramente entre los medios audiovisuales y los digitales. “Internet tiene sus propias reglas. No tiene franjas horarias, como ocurre en la televisión, para los distintos rangos de edad”, dice.

La televisión ha preservado un horario de protección infantil (entre las 6.00 y las 22.00) en el que está prohibida la emisión de contenidos que puedan perjudicar el desarrollo físico, moral o mental de los menores. Y aunque las cadenas generalistas no siempre lo respetan, el Gobierno vigila para que no se emitan imágenes violentas o pornográficas en esa horquilla de tiempo.

Los que no pisan la línea son los canales infantiles como Clan TV. También en su página web el cuidado es extremo. Fandiño sabe que los niños son muy fieles (los datos indican que la edición online suma 1.900.000 usuarios únicos al mes, alrededor del 70% de los niños con acceso a Internet). Y adelantados. A partir de los tres años, los niños ya navegan y hay guarderías que tienen ordenadores con acceso a Internet. “Hay niños que con un año manejan en las tabletas la aplicación de Clan”, asegura.

Para los pequeños, estos son entornos muy naturales. Solo tienen que tocar con el dedo. El directivo de RTVE.es ve en el canal infantil un claro ejemplo de la convivencia entre los medios tradicionales y los táctiles. En 2009, la televisión pública lanzó una web para concentrar los contenidos. Ahora alberga 106 series (49 de ellas en inglés) que suman 2.400 vídeos de libre acceso. Las productoras, en un gesto poco frecuente, aceptaron ceder los derechos. “Los contenidos ya estaban en YouTube, pero quisimos darle un sitio a padres e hijos en el que se sintieran más tranquilos”, cuenta Fandiño. Por cuestiones de derechos, estas series solo se pueden ver desde España.

Pero a diferencia de la televisión, un medio de acceso universal que llega prácticamente al 100% del territorio español, Internet tiene una implantación mucho más reducida. De hecho, uno de cada tres españoles no ha usado nunca la Red. Esta estadística salta por los aires cuando se trata de cuantificar los menores que tienen acceso a Internet. Aunque no son el 100%, como advierte el antropólogo de la Universidad de Extremadura Alfonso Vázquez. A sabiendas de que la digitalización es un fenómeno imparable, sostiene que hay alrededor de un 10% de niños que está fuera del circuito de los llamados nativos digitales. “Hay alumnos de secundaria y de primero de ESO que nunca han encendido un ordenador ni navegado”, advierte.

Jorge Izquierdo es de esos adolescentes enganchados a los medios digitales. Hace un año, con 14, comenzó a desarrollar aplicaciones en sus ratos libres. En el festival contó su experiencia, pese a que, asegura, no es mucho el apoyo que se recibe por parte del colegio y que las aplicaciones no se hacen en el recreo. Él empezó así con su famosa Urlate: “Un día estaba lloviendo e iba al cole. Había un atasco y pensé: qué dirán estas personas cuando lleguen al trabajo. Para poder tener una excusa visual y que les creyeran, pensé en diseñar el trayecto y el tiempo, con las claves del atasco”. Con todo, reconoce que la parte más difícil fue la de publicarla y enviársela a Apple.

Otro día, junto a un amigo, pensó en hacer una agenda 2.0 para el colegio en la que apuntar los deberes, los horarios de las clases, las notas. “Hice una aplicación como quería que fuera una agenda escolar. Pero el colegio me dijo que no la usara. Con lo útil que es: te halla la media de las notas, te notifica cuándo tienes que hacer los deberes y el día anterior al examen te desea suerte”.

Se quiera o no, la brecha digital existe. “No todo el mundo es digital entre los adolescentes, y eso va a ser algo determinante”, insiste el profesor Vázquez. Y pone como ejemplo su tierra. “En Extremadura hay mucho espacio rural y agrícola. Querían poner ADSL en todas las localidades. Pueden concienciar, pero si el usuario no lo tiene fácil queda aún mucho por hacer”.

Desde el punto de vista pedagógico, los medios electrónicos no son necesariamente una panacea. “Los contenidos aprendidos con los medios digitales no se quedan en la memoria como los tradicionales. Son más rápidos y visuales, pero perduran menos en la memoria”, apunta el profesor.

En la misma línea, su colega de la Complutense señala la gran diferencia entre la formación basada en texto (“como decía McLuhan, el hombre gutemberiano”) y las nuevas generaciones (“el nuevo hombre digital”). Todo porque ya nadie duda de que la forma en que se accede al conocimiento condiciona la forma de pensar. “En un texto todo es secuencial. Está ordenado, se distingue lo que son las ideas principales y las subordinadas. Quienes leen son personas con buena estructura mental”.

Frente a ellos, los nativos digitales tienen una formación opuesta que se centra en cómo descodifican la información que les llega. En los medios de imagen todo llega a la vez y aparentemente sin estructura, lo cual favorece la superficialidad pero también agudiza la necesidad de comprensión lógica. “A los primeros, les cuesta más cambiar de opinión. Los segundos son más maleables, menos rígidos en sus ideas, pero también más fáciles de persuadir”, resume el profesor Antón Álvarez.

Por eso es importante, dicen los expertos, que los niños le dediquen el mismo tiempo a los medios audiovisuales que a los escritos. Ahora aprenden a leer más tarde (cunde la teoría oficial de que no hay que forzar a los niños en su aprendizaje) y están más atentos a los soportes gráficos. “A largo plazo, los medios digitales actúan como invernaderos: se produce una maduración forzada de niños o adolescentes. Son más resabiados y se retrasa su incorporación a la sociedad real”, dice Álvarez.

“La electrónica es cada vez más accesible y en épocas de crisis los padres salen menos. La televisión es un ocio barato. Pero las tecnologías no son ni buenas ni malas; son lúdicas y absorbentes. En casos extremos, pueden acabar anulando el mundo exterior”.

Para los más pequeños, entrañan grandes desafíos. Las tecnologías digitales no estimulan la sensación real de volumen porque no transmiten de forma correcta la representación en un espacio tridimensional. Por eso muchos psiquiatras dudan de que sean un instrumento adecuado para el desarrollo intelectual de los más pequeños. Pero tampoco refleja visualmente ese volumen la lectura, y nunca nadie la ha cuestionado por ello.

En la escuela, su utilidad no es puesta en duda por el músico y docente Javier Monteagudo, que destaca el papel de las tabletas como motor de la creación. Lo importante es cómo se utilizan. “Hay que tener criterio y sentido común” dice.

Monteagudo alerta de los riesgos y, entre ellos, uno de los más peligrosos es ponerse en el escaparate y mostrar en las redes sociales aspectos que corresponden a la intimidad. Por eso es necesario proteger la privacidad. Puede llegar a ser una tabla de salvación. “A la hora de encontrar trabajo se nos va a ver el perfil digital y puede que no coincida con el real. Hay que ser el mismo en la vida física que en la virtual”, dice. De paso, recomienda que se enseñe a los menores a desconectar, a esconderse del gran hermano. ¿La receta? “Hay que enseñar a la gente a desconectar para conectar con la gente”.

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