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¿Por qué fracasan las naciones?, por Angel Alayón

Por Angel Alayón | 13 de Agosto, 2012
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El país donde naces determina las oportunidades económicas y sociales a las que tendrás acceso durante tu vida. Hay países que te ofrecen una vida de oportunidades, plena de posibilidades. Hay otros, cuya oferta se compone de obstáculos y penurias.

Vivimos en una era de profunda desigualdad económica y social entre países. No pocos han decidido llamarla “la era de la desigualdad”. Y esa desigualdad tiene un origen reciente en la historia de la humanidad: fue la revolución industrial en el siglo XIX el evento que marcó el despegue económico y social de un grupo de países, mientras que otros se quedaron atrás. ¿Pero cuál es la causa de que algunos países prosperen y otros no? ¿Por qué algunos países son ricos y otros parecen condenados a la pobreza?

El economista Daron Acemoglu (MIT) y el historiador James Robinson (Harvard), en su libro Why nations fail, sostienen que los países que prosperan presentan como característica común la defensa y protección de los derechos de propiedad en un ambiente económico que promueve las inversiones, la creación y adopción de nuevas tecnologías y que, además, estimula la adquisición y el desarrollo de habilidades y conocimientos útiles para el emprendimiento. Esta mezcla de factores ocurre en países cuyas instituciones económicas (léase “reglas de juego”) son incluyentes. Y por incluyentes debemos entender que todos los ciudadanos tienen oportunidad de desarrollar su iniciativa empresarial y comercial, teniendo como única limitación su esfuerzo y la perspectiva económica de su emprendimientos. En resumen: el emprendedor confía en que su esfuerzo, en un país con instituciones económicas incluyentes, no será expropiado.

En el otro espectro se encuentran los países con instituciones económicas extractivas. Y estos son los países cuyas reglas de juego han sido diseñadas para que una minoría se beneficie económicamente de la mayoría. Son sociedades en las que una élite extrae recursos de la sociedad a costa del bienestar y las posibilidades económicas del resto de la población. Una sociedad con instituciones económicas extractivas no respeta los derechos de propiedad ni genera incentivos a la inversión. En una sociedad con instituciones económicas extractivas, esforzarse e invertir pierde sentido en la medida que el fruto del esfuerzo puede ser expropiado.

Acemoglu y Robinson colocan en el centro de su teoría la relación entre las instituciones económicas, las instituciones políticas y la prosperidad. Es así como la persistencia o el cambio de las instituciones económicas depende de las instituciones políticas. Las instituciones económicas extractivas coexisten con instituciones políticas extractivas, instituciones en las que el poder se concentra en pocas manos e intentan mantener y desarrollar reglas de juego económicas que los beneficien personalmente y faciliten (y aseguren) su continuidad en el manejo del poder político.

La prosperidad tiene poderosos enemigos cuando los que se benefician de instituciones económicas y políticas extractivas ven amenazados sus privilegios. El progreso económico requiere de innovación y la innovación trae consigo la desaparición, quiebra o debilitamiento de empresas. Y quienes se beneficiaban de las empresas afectadas por la innovación, si poseen poder político, harán todo lo que esté a su alcance para no perder los privilegios. Los procesos de destrucción creativa, necesarios para el progreso económico, tienen la capacidad de desestabilizar el poder político que se aprovechaba económicamente del viejo estado de cosas y por eso el cambio siempre tendrán enemigos.

Acemoglu y Robinson demuestran que todas las sociedades han estado, durante buena parte de la historia, bajo instituciones políticas y económicas extractivas. Pero algunas naciones han podido romper el modelo y pasar de instituciones extractivas a instituciones incluyentes. No hay nada mágico en este proceso de transformación: los autores identifican coyunturas críticas históricas, políticas o económicas que han cambiado las relaciones de fuerza de una sociedad y que han generado un cambio en el marco institucional de los países a favor de la inclusión política y económica.

Algo más: los autores desestiman, con evidencias en la mano, las teorías deterministas de la prosperidad, aquellas que pretenden explicar la prosperidad o la pobreza a partir de la geografía, la raza, la religión o la cultura. Hay países con ventajas o desventajas iniciales, pero a la larga es la estructura de los incentivos que generan sus instituciones lo que determina si un país avanza por una senda de progreso o se estanca en la pobreza.

Como siempre sucede con esta literatura, queda pendiente el tema del cambio institucional. No basta con entender por qué algunos países son pobres y otros no: queremos saber cómo producir una transformación política y económica que permita a una sociedad pasar de sufrir instituciones extractivas a prosperar gracias a instituciones incluyentes. ¿Tiene algún sentido intentar responder esta pregunta o hay que esperar que ocurra alguna coyuntura crítica que determine el cambio institucional? Acemoglu y Robinson no son optimistas en cuanto la posibilidad exógena del cambio institucional. Al final, como dice Jim Collier, la prosperidad de un país requiere de una sociedad y de políticos dispuestos a luchar contra los privilegiados y sus privilegios.

Angel Alayón es economista. Puedes leer más textos de Angel en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @angelalayon

Comentarios (10)

Moises P Ramirez
13 de Agosto, 2012

Angel, Excelente referencia al libro. Lo voy a buscar para leerlo. Esa idea de ir contra privilegios y privilegiados es clave para entender lo que significa un cambio progresista. Para mi progresista o de izquierda no significa cambiar para estatizar sino para que se promuevan cambios democraticos en lo politico y en lo economico. Por eso creo que hay gobiernos que se dicen de izquierda pero que en la practica son profundamente de derecha, porque no hacen sino conservarle privilegios a burocratas estatales y grupos allegados, a traves de instituciones economicas extractivas. Cuba es un ejemplo de regimen conservador de derecha con mas de 5 decadas de la misma miasma. Lamentablemente Venezuela, despues de una decada y pico, se le acerca cada vez mas. El 7Oct el pais votara por un cambio y sera a favor de instituciones economicas incluyentes, un cambio progresista, un cambio civil contra privilegios y privilegiados..

José R Pirela
13 de Agosto, 2012

La cultura sí determina el atraso, y su secuela la pobreza, mientras no se cambie, y sí es factible cambiarla, pero se necesita de la voluntad política de las élites y de la opinión pública. En Venezuela las élites políticas sembraron el Estado militarista como comandante de la sociedad, dejando a ésta sin autonomía, y por tanto, sin iniciativa propia, y como si fuera poco, se reservaron el dominio de los recursos naturales a través del Estado. Así se creó la cultura de la dependencia del Estado. Todo lo hace el Estado, y la poca actividad económica que ejercen los ciudadanos está indirectamente supeditada a las divisas petroleras y, por supuesto, al visto bueno del Estado. La gente se acostumbró a vivir del Estado y a ser dirigidos por el Gobierno-Estado. ¿Estaremos los venezolanos en esa coyuntura crítica?

fernando
13 de Agosto, 2012

Excelente perspectiva del artículo. El problema de “estos países extractivistas” básicamente es de EDUCACIÓN, cuyas soluciones son lentas, no son lucidas ni populistas; no compra votos. Educación que comienza por la que deberían tener los líderes. Cuando la Constitución no reclama que el Presidente de la República ni los funcionarios públicos sepan siquiera leer y escribir (arts. 41 y 227 e.a.) ¿es que podemos esperar algo? Más bien luce que lo que somos es un verdadero milagro.

Savi Vila
14 de Agosto, 2012

Desde “La desaparición de los Estados Nación”, Kenichi Ohmae, 1995, se viene sintiendo el pobre manejo de los recursos humanos de una nación y el aprovechamiento de las oportunidades en la aplicación del conocimiento aplicado por las sociedades mediados por pésimas -y todavía llamadas- “Políticas Públicas”. La desigualdad es un hecho biológico no superable, de manera que el crecimiento sostenible en el más amplio sentido, es algo que se mitiga, pero no se supera del todo. Hoy la administración pública como la conocemos empieza a quedar anticuada, aún en los países del grupo de los 7. ¿Es tolerable ceder la administración a políticos incompetentes que producen esta enorme cantidad pobreza de todo orden e índole? No. Aquí vendrá un quiebre, una disrrupción una nueva forma de crecer sin esas enormes diferencias.

Podria Emerger- como sostiene mi mentor- una suerte de sociedad extremadamente abierta, y persistentemente orientada a la innovación de manera muy socializada- al estilo Internet- donde- todos los procesos del Estado sean transparentes y un absoluto foco hacia una sociedad más confiable y educada.

vivian
14 de Agosto, 2012

En nuestro pais la cultura del Estado Todopoderoso y de monoproductor han frenado durante décadas el crecimiento. Es necesario entender que el sistema político que hoy se ha afianzado en el poder, es producto de políticas exclusionistas del pasado que sólo beneficiaron a un grupo minoritario vinculado al gobierno y a los aparatos productivos del país. Ascender socialmente era cada vez más dificil y la educación de calidad empezó a escasear.Progresivamente se terminaron con políticas que brindaban beneficios de alimentación, educación, salud, vivienda, etc…por considerarse como perdida y los menos favorecidos quedaron relegados a la pobreza permanente. Hay que reconocer errores del pasado y corregir ACTITUDES. No nos quedemos con discursos políticos, pasar a la acción es lo mas dificil. Muchos países desarrollados alguna vez tuvieron un sistema fuerte que garantizaba el crecimiento y su estabilidad, pero ya hoy no es asi, sino no existiera la gran crisis mundial que hay ahora. En resumidas cuentas,las recetas pasadas no dieron resultado. Hay que empezar a considerar a esa gran masa que se vuelve en inmanejable y manipulable cada vez que hay crisis economicas. La Historia una y otra vez nos lo recuerda…

Angel Alayón
15 de Agosto, 2012

Cierto Moisés. Los privilegiados y sus privilegios son enemigos del progreso. José R Pirela, cuando se habla de que la cultura no determina el progreso se trata de cosas como esta: por mucho tiempo se dijo que los chinos no progresarían por la influencia de Confucio en su cultura, o que India jamás crecería por sus sistema de castas, o de que la tasa de fertilidad italiana sería siempre alta por ser de cultura latina. Esas “explicaciones culturales” se derrumban ante los hechos. Como dicen por allí, la gente responde a incentivos. Fernando, el problema es educación y la estructura de incentivos. Hay muchos ejemplos en la historia de países con alto nivel educativo y poco progreso en el bienestar de la población: las instituciones importan. Savi, suena utópico ese tipo de organización, pero sin duda vendrán cambios como se organizan las sociedades. La clave está en que las instituciones estimulen la innovación y el progreso. Veremos. Vivian, es cierto: las sociedades cambian. Gracias por sus comentarios y reflexiones.

José R Pirela
15 de Agosto, 2012

Estoy de acuerdo con Ángel Alayón: los incentivos estimulan el cambio de cultura, pero también la mantienen. La concentración del poder político y el privilegio que se le ha dado al gobierno para repartir la renta petrolera ha sido el mejor incentivo para mantener la costumbre social del Presidencialismo benefactor y justiciero, dejando al ciudadano venezolano al arbitrio y capricho presidencial. Esa costumbre (cultura) suprime la iniciativa y la autonomía del ciudadano para procurarse su propio desarrollo y bienestar. ¿De dónde vendrán los incentivos para desconcentrar el poder absoluto que ejerce el Presidente y su gobierno y dispérsalo en el resto de las instituciones sociales? ¿Quién o quienes tomarán la iniciativa? ¿Esperamos la reencarnación de Salomón? ¿Dónde y cuándo aparecerán los hechos? Mientras no aparezcan, la costumbre sigue siendo determinista. La clave de la democracia está en la dispersión de poderes; es así como se logra fortalecer la moral de las instituciones. Alabo su disposición a la interacción. Es un buen comienzo para desarrollar conciencia e incentivar la cultura de la pluralidad democrática.

César Yegres
27 de Agosto, 2012

Las piezas del “rompecabezas del desarrollo” parecieran estar definidas para muchos investigadores…El meollo sigue siendo cómo armarlo…¿Hasta qué punto una democracia puede resistir esa metamorfosis en sus instituciones, sin comprometer los derechos y las libertades de la gente en el proceso? ¿Están dispuestos los “cazadores de rentas” a ceder sus privilegios?

Arnaldo Gutierrez
15 de Octubre, 2012

A proposito del programa La ciudad deseada de este domingo 14 de octubre, sugiero incluir en Prodavinci o hacer llegar a Federico Vegas, Chile: el lado oscuro de una política de vivienda exitosa, por MAria Elena Ducci

luis caicaguare
8 de Enero, 2013

Es muy bonito lo expuesto aquí, donde una sociedad se pone de acuerdo y ponen todo su empeño para sacar adelante un país incluso dejando a un lado los interese personales con fin desarrollar social, política, económicamente una sociedad. Pero lamentablemente lo expuesto aquí no toma en cuenta que los países que actualmente son un modelo de desarrollo económico, social y políticamente han atravesado por grandes coyunturas ” guerras mundiales” para que estas sociedades tomaren consciencia del verdadero valor de las cosas y trabajaran como un todo para lograr lo que hoy son “países desarrollados” difícilmente y no digo imposible que una sociedad que no ha tenido ningún tropiezo de esa naturaleza tome consciencia de lo que significa valorar su país y es lamentable porque el ser humano es así, hasta que no se ve el agua al cuello no va hacer nada para cambiar seguirá pensando individualmente como hasta hoy lo a hecho. miremos los ejemplos de nuestros países unos pocos cada día tienen mas y la brecha se hace cada día mas larga.

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