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Por Prodavinci | 26 de Julio, 2012
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Artículo de José Manuel Nieves, publicado en ABC.es. A continuación un extracto:

Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto que tres de cada cuatro gigantes azules forman parte de un sistema binario en el que otra estrella menor “vampiriza” su materia hasta dejarla exhausta. El hallazgo, que se publica este jueves en Science, ayudará a comprender cómo se forman y evolucionan las galaxias.

No todas las estrellas del Universo se parecen al Sol. De hecho, las hay de muy diferentes colores, tamaños y temperaturas. Desde las gigantes azules, las más masivas y calientes, a las enanas rojas, las más frías, la mayoría de las estrellas se clasifican con las letras O, B, A, F, G, K y M.

Ahora, un equipo internacional de astrónomos, utilizando el Very Large Telescope (VLT), del Observatorio Europeo del Sur, ha estudiado con detalle un buen número de estrellas del tipo O, las más grandes y brillantes. A diferencia del Sol, mucho más estable, estas estrellas suelen tener una existencia corta y agitada.

Ellas son, en muchos casos, las emisoras de los potentes estallidos de rayos gamma que no dejan de sorprender a los astrónomos y que a menudo ciegan, con su brillo, los intrumentos de los satélites de observación. Y ellas son, también, las protagonistas del extremadamente violento fenómeno de las “estrellas vampiro”, donde una compañera más pequeña absorbe, hasta agotarla, la materia de la que está formada la vecina mayor.

“Estas estrellas son absolutamente monstruosas -afirma Hugues Sana, de la Universidad de Amsterdam, autor principal de un estudio que hoy publica Science-. Tienen más de 15 veces la masa de nuestro Sol y pueden llegar a ser millones de veces más brillantes. Están tan calientes que brillan con una luz azulada o blanquecina, con una temperatura superficial que ronda los 30.000 grados”.

Pero lo más importante es que el número de estas “parejas estelares” que están lo suficientemente cerca como para que sus dos miembros interaccionen (transfiriéndose masa o fundiéndose en una única estrella) es mucho mayor de lo que nadie se hubiera atrevido a pensar. Y eso tiene profundas implicaciones para nuestra comprensión de cómo se forman y evolucionan las galaxias.

Estallidos de rayos gamma

Las estrellas del tipo O apenas si son una pequeña parte del total de estrellas del Universo, pero los violentos fenómenos que se asocian con ellas les confiere una importancia desproporcionada a la hora de “modelar” sus alrededores. Los fuertes vientos y estallidos de energía de estas estrellas tienen el poder, en efecto, de desencadenar, o detener, el proceso de formación de nuevas estrellas.

Cuando estallan en forma de supernovas, siembran las galaxias de los elementos pesados que son necesarios para la vida. Y están, además, íntimamente relacionadas con los estallidos de rayos gamma, que se cuentan entre los fenómenos más energéticos y violentos de todo el Universo.

“La vida de una estrella se ve enormemente alterada si tiene a otra cerca de ella -explica Selma de Mink, coautora del estudio-. Si dos estrellas orbitan muy cerca la una de la otra pueden llegar a fusionarse. Pero incluso si no lo hacen, una de ellas absorberá materia de la superficie de su compañera”.

La fusión de dos estrellas en una sola, cosa que los investigadores estiman que es el destino final de entre el 20 y el 30% de las estrellas del tipo O, es un fenómeno muy violento. Pero incluso el escenario de las “estrellas vampiro”, que en comparación puede parecer suave y que afecta a entre el 40 y el 50% de las estrellas del tipo O, puede tener, y tiene, profundas implicaciones en la evolución estelar.

El corazón expuesto

Hasta ahora, los astrónomos estaban convencidos de que la presencia de una compañera alrededor de una estrella muy masiva era algo excepcional, pero el nuevo estudio revela que no es así, y que este hecho las hace profundamente diferentes del resto de las estrellas del Universo.

Por ejemplo, en el caso de las estrellas vampiro, el miembro menor y menos masivo de la pareja “rejuvenece” a medida que absorbe hidrógeno fresco de su compañera. Su masa se incrementa así de forma notable, y estas estrellas suelen vivir mucho más tiempo que sus enormes parejas. La estrella “víctima”, sin embargo, es despojada de su envoltura y su gran corazón azul queda expuesto. Este hecho, que puede engañar a simple vista, hace que la estrella parezca mucho más joven de lo que es en realidad. Lo cual puede confundir a los astrónomos, que se basan en las estrellas del tipo O para clasificar y estudiar las galaxias lejanas.

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