Artes

Sobre Raymond Chandler

Por Prodavinci | 26 de Julio, 2012

Artículo publicado en El Mundo (España), de Pablo Scarpellini. Un extracto a continuación:

A veces los grandes novelistas surgen detrás de la desgastada ventanilla de un banco, o del marginal escritorio de una oficina de burócratas de provincia, tipos grises de carcasa destilando genio abandonado, a punto de explotar con la debida combinación de nudillos en la puerta y un trago del whisky más amargo.

A Raymond Chandler no le fueron a llamar para reconocerle su inmenso talento aquella mañana sino para echarle a la calle de forma impúdica, ex ejecutivo del mundo del petróleo desde entonces y afiliado a una máquina de escribir poco después. La depresión del 29 le acercó a su verdadero motivo en la vida y a una botella, siempre con el trago en la mesa hasta alcanzar ese punto álgido de embriaguez que le diera la brillantez suficientes a sus textos.

Dicen que así parió su primera gran novela policiaca, negra, o la primera simplemente, cuando ya parecía demasiado tarde. Cuesta creer que un genio sarcástico y endemoniado, de frases rotundas continuas, tardase 51 años en publicar su primer novela, El sueño eterno, de 1939, un hecho histórico del que da fe Tom Williams en una biografía sobre el escritor, angelino empedernido aunque nacido en Chicago.

Cuenta el libro de Williams que una vez descubierto, Chandler se volvió un ser cotizado en Hollywood en labores de adaptación de guiones, y que llegaron a aceptar sus condiciones excéntricas. En abril de 1945, semanas después de que la Paramount le hubiera encargado el guión de ‘La dalia azul’ para el mítico Fritz Lang, el escritor solicitó tener a su disposición a dos secretarias dispuestas a escribir al dictado sus ideas, una que vez que hubiera alcanzado el punto exacto de borrachera para inspirarle como era debido.

Pidió además dos Cadillacs aparcados en la puerta de su casa y operativos las 24 horas del día para poder hacer sus recados y los pertinentes intercambios de notas sobre la marcha del guión con el estudio. Chandler abusó de su posición de fuerza como uno de los seres más cotizados de aquella meca del cine en pleno esplendor, justo un año después de haber firmado una obra maestra, el guión de ‘Perdición’ para otro maestro, Billy Wilder.

Mucho antes había dejado constancia de su don literario construyendo la figura histórica del detective Marlowe, aquel ser bajito, intrigante y de seguridad aplastante que encarnó Humphrey Bogart junto al gran amor de vida, la flaca Lauren Bacall.

Curioso además por el hecho de la relación dubitativa que mantuvo Chandler con las mujeres durante toda su vida, virgen hasta mediados los 30 y protector al máximo del sexo opuesto, siempre en busca de una figura materna como Florence, la irlandesa que le dio a luz en julio de 1888 después de haber emigrado a Estados Unidos en 1886.

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Prodavinci 

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