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La Escuela de Vida de Alain de Botton

Por Prodavinci | 21 de julio, 2012

Artículo escrito por Lola Huete Machado, publicado en El País (España). A continuación un extracto:

Todos necesitamos ayuda. Lo afirma Alain de Botton, sentado en su oficina en Londres, ante una estantería verde mar que habla mucho de él y sus intereses. Tiene allí los libros justos agrupados por pasado, presente y futuro: lo hecho, lo que está en marcha, lo que vendrá. Sobre viajes, arquitectura, religión, literatura… Sus temas recurrentes, los que le han convertido en best seller, en estrella de la filosofía nueva, consoladora, pegada a la tierra y a nuestro tiempo. Botton lo mismo escribe de cómo Proust puede cambiar tu vida que de edificios felices en libros y columnas o documentales que produce en su empresa de nombre ilustrativo, Seneca Productions. Su reivindicación de los clásicos es uno de sus sellos.

Hay aquí un diván para la siesta, la meditación o la derrota y objetos personales: la maqueta de un avión que le regalaron tras pasar una semana en el aeropuerto de Heathrow para uno de sus libros, fotos de sus dos hijos y dos cuadros de un roble que un pintor usa como modelo único de toda su obra. Una historia que De Botton incluyó en Miserias y esplendores del trabajo, en el que habla de las personas que hay tras lo que consumimos: quién fabrica y cómo las galletas que comemos, quién se encarga de los tendidos eléctricos del país… Un libro que cerraba con frase suya para la historia: “Dejemos que la muerte nos pille mientras hacemos algo por la vida”.

Y él lo hace. En 2008, De Botton (Zúrich, 1969), ateo confeso, hijo de judíos laicos “para quienes creer en Dios tenía el mismo valor que creer en Santa Claus”, abrió escuela, una empresa social al estilo de su anterior fundación Living Architecture. Y nada de lo que aborda este hombre con pinta de niño bueno y look austero es indiferente desde que sorprendió con aquel Del amor, a sus 23 años. Los ventanales miran a un jardín muy British, que destaca entre el blanco de las paredes y la palidez de su piel y ojos claros. “Todos necesitamos ayuda”, repite, antes de apuntar que The School of Life nació por pura provocación, en respuesta a la mala fama de ese nicho editorial llamado de autoayuda. “Muchos creen que solo los estúpidos necesitan ayuda”.

Todos necesitamos consuelo

De Bottom convocó a intelectuales de amplio espectro y alta calidad para demostrar que no, que todos sin excepción necesitamos consejo, consuelo y dirección. Así nació el centro, para rehabilitar un género maltratado. Y para demostrarlo han parido una colección de seis libros, puro festín de optimismo, una suerte de canto coral a la vida, publicados ya en Reino Unido y que ahora Ediciones B trae a España. “Todos son verdaderamente realistas, ninguno te cuenta sueños imposibles”, asegura. Es momento de ir a la escuela.

Llueve sobre Londres. Llueve sobre las cristaleras de The School of Life en Bloomsbury, barrio de reminiscencias literarias y espíritus a lo Virginia Woolf vagando por sus calles. En cuanto cruzas la puerta verde oliva (otra vez el verde), desaparece toda sensación de abatimiento. Todo lo que hay dentro, libros, objetos… es optimista y caldeado, tiene enfoque de superación y crecimiento personal.

Los seis volúmenes lucen en la vitrina, pequeños y sobrios. Hablan de reflexionar sobre el modo en que vivimos y nos relacionamos. De conocernos, siguiendo la máxima de Sócrates: “Una vida sin examen no merece la pena ser vivida”. De aprender a “autoasistirnos” para que nuestra existencia no devenga tormento. En esta escuela asumen como línea de salida que la fiesta es la vida. Pensemos: ¿qué tiempo o época de nuestra historia no ha sido caos, cambio, desasosiego, crisis…?

Los anuncios en los tablones nos dan pistas: cursos, fines de semana colectivos y hasta sermones al estilo eclesiástico sobre valores que se dan los sábados en el teatro Conway Hall, sede de la South Place Ethical Society, donde organizan charlas tipo ¿Son los Juegos Olímpicos buenos para la humanidad? Un ambiente que remite a las sociedades civiles y antiabolicionistas del siglo XIX. Algunos recortes de prensa muestran la acogida a la escuela y retratan a la sociedad británica misma. No sex, please, we are British (nada de sexo, por favor, somos británicos), titula un periódico. “Se trata de ganar terreno a la existencia plena, gustosa, que anda un tanto perdida y sin el contexto debido entre tanta economía del desastre y dramas guerreros…”, dirá uno de los autores, John-Paul Flintoff.

“Desde que nacemos hasta que morimos necesitamos que los demás nos busquen y nos ayuden a sentirnos seguros…”, escribe la psicoterapeuta Philippa Perry, otra autora. En realidad, la autoayuda es inherente a nuestra cultura, es parte del mundo clásico, predica De Botton. Por eso, todo aquí está lleno de referencias a Sócrates, Platón, Séneca o Virgilio. La idea es juntarse en plaza pública a debatir. ¿Que llueve…? Ya escampará.

Primer ejemplo

¿Que tienes obsesión por el sexo…? A equilibrar atracción y deseo ayuda el mismo Botton en Cómo pensar más en el sexo, su libro en esta colección.

Segundo. ¿Que dilapido mi tiempo en Internet y en redes sociales…?, te voy a enseñar a prosperar con el mundo digital. “No importan los dispositivos usados, sino para qué los usamos”, escribe Tom Chatfield en Cómo prosperar en la era digital. Opina que los conceptos “de excelencia, análisis crítico y chispa creativa no quedarán arrumbados tan fácilmente” con Internet. Y pone de ejemplo de buen uso de las redes el caso de la ejecución del afroamericano Troy Davis en Georgia (EE UU) el año pasado. “Se leían y seguían en Twitter las reflexiones del mundo como un solo ser”.

Tercero. El periodista y escritor Flintoff, de 44 años, alto, delgado, aire a lo Hugh Grant, es de conversación apasionada sobre cualquier tema y tiempo. “Se dice habitualmente que la historia la construyen grandes hombres y así se estudia, pero no, la hacemos millones de personas al unísono”, afirma. Tenemos un papel que desempeñar cada uno, hagámoslo en vez de lamentarnos. De eso va su libro, de Cómo cambiar el mundo. Flintoff recomienda las citas a ciegas que organiza la escuela para comer en restaurantes. “El menú indica el tema de conversación en la mesa. Son muy divertidas”, dice, sentado en el aula de la escuela, un sótano decorado con dibujos en rotulador. “Esto no es un centro para ricos”, asegura. “Se trata justo de lo contrario, de cómo se pueden hacer muchas cosas sin dinero o más allá de él”.

Cuarto ejemplo. Hablemos de dinero. ¿Tiene usted problemas o son más bien preocupaciones sobre él? Lo primero no depende de usted. Lo segundo sí. Y se puede controlar. Lo explica el australiano John Armstrong en Cómo preocuparse menos por el dinero, donde desmitifica que la riqueza se acumule solo por explotación. “El beneficio no es el enemigo”.

Quinto. Asuntos laborales. Turno del pensador Roman Krznaric en Cómo encontrar un trabajo satisfactorio. “No hay mayor tortura que trabajar en algo inútil y sin sentido”, decía Dostoievski. “No temer al cambio”, propone este experto, que ha tenido mil oficios y se vuelca ahora en el estudio de la empatía como llave del cambio social. “Decía Picasso que el arte es la eliminación de lo innecesario”.

Y sexto ejemplo. Philippa Perry considera su participación en el maratón de Londres un hito en su carrera contra sí misma… “Yo era incapaz de trotar de aquí a la esquina”, asegura esta mujer de gran envergadura y 54 años. Un gran reto. Sobre todo mental. En su libro titulado Cómo estar mentalmente equilibrado lo menciona a menudo.

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