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Artes

Instrucciones para bajar una escalera, por Héctor Abad Faciolince

Por Héctor Abad Faciolince | 18 de Julio, 2012
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Todo aquel que se haya caído escaleras abajo, y en ese martilleo rítmico de nalgas sobre los peldaños se haya roto el cóccix, de modo que por el resto de sus días el huesito de la alegría se haya convertido en el huesito de su desgracia; todo aquel que haya sido el centro de la consternación o de la risa por rodar como un monigote escaleras abajo hasta caer maltrecho y extendido sobre el piso, frente a una multitud de ojos atónitos, sabe bien que Cortázar se equivocó de sentido al escribir sus célebres “Instrucciones para subir una escalera”, cuando lo realmente difícil y peligroso es bajarlas.

Subir escaleras requiere cierta coordinación y resistencia, pero bajarlas puede ser mortal. El 90% de las caídas en una escalera ocurren, efectivamente, en el descenso; a la subida nos caemos menos veces y el golpe, en general, es mucho menos grave tanto para el cuerpo como para el orgullo. Cada año se mata mucha más gente bajando escaleras que ahogada en el mar, picada por culebras, quemada en incendios o atacada por las fieras; y sin embargo a nadie se le dice con qué cautelas debe bajar una escalera.

Hace poco leí un libro fascinante de Bill Bryson (En casa. Una breve historia de la vida privada) que les recomiendo mucho. En el capítulo dedicado a las escaleras se descubren datos tan curiosos como que, en un mundo ideal, debería haber unas escaleras diseñadas para subir y otras escaleras hechas específicamente para bajar: “Cuando subimos nos inclinamos hacia las escaleras, mientras que cuando bajamos echamos hacia atrás nuestro centro de gravedad, como si aplicásemos un freno. Por lo tanto, las escaleras que resultan seguras y cómodas en el ascenso tal vez no lo sean tanto para bajar, y viceversa”.

Según Bryson todo el mundo se ha tropezado alguna vez en la vida subiendo o bajando una escalera. Y hay datos más curiosos, revelados pacientemente por las estadísticas: “Los solteros presentan más probabilidades de caer que los casados (…). La gente en buena forma cae más a menudo que la gente con mala condición física, en gran parte porque dan más saltos y no bajan con tanto cuidado ni realizando tantas pausas como los rechonchos o los enfermizos”.

Algo terrible para alguien que ya haya rodado escaleras abajo es este ominoso vaticinio: “El mejor indicador de su riesgo personal es haberse caído muchas veces previamente”. Es decir: el que ya se ha caído por las escaleras, casi irremediablemente se volverá a caer. Pensando en esto, Bryson nos hace la siguiente advertencia: “Los dos momentos en que debe prestarse especial atención a una escalera son al principio y al final del recorrido. Es entonces cuando tendemos a estar más distraídos. Hasta un tercio de todos los accidentes en escaleras se producen en el primero o en el último peldaño, y dos tercios se producen en los tres primeros o en los tres últimos peldaños”. Si la caída sucede “en el último peldaño, el resultado no será otro que un desagradable sobresalto, más bien una afrenta a la dignidad que otra cosa. Pero si sucede más arriba, los pies no serán capaces de llevar a cabo una recuperación con el debido estilo y habrá que confiar en que podamos agarrarnos al pasamanos o, en realidad, en que haya un pasamanos. En tres cuartas partes de todas las caídas por escalera no había pasamanos en el punto donde se inició la misma”.

Es muy común que los viejos se mueran después de una caída. Una fractura de tibia, de fémur, de cadera, después de los 70, si no se opera rápido, es, sencillamente, mortal. Para quienes todavía no estamos tan cerca de los 70, el miedo a rodar por las escaleras parece prematuro e inútil. Pero para alguien que tiene un dolor crónico en mala parte, es decir, un memorándum perpetuo en el trasero, ya es inevitable ver la bajada al metro, la salida del atrio de la iglesia, el viaje al sótano de la casa, como una aventura tan peligrosa, o incluso más peligrosa, que internarse solo en la más remota y oscura de las selvas.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (2)

Sexo Mujer Edad 60
18 de Julio, 2012

Para alguien que se ha caído varias veces de dos o tres peldaños y con fractura en el pie como resultado de la caída solo puedo decir que el artículo es estupendo. Mi traumatólogo, un hombre joven, simpático y muy guapo me indicó que me agarrara de la baranda y que abandora las prisas y eso es lo que hago.

Federico Vegas
19 de Julio, 2012

Tuve un amigo que llamaban “pasamano” porque se le aflojaba la muñeca cuando veía unas nalgas bonitas. Murió escalando una montaña en Wisconsin. Creo que iba subiendo.

Sol
22 de Julio, 2012

El inicio de este artículo es mi propia experiencia personal, una pirueta de juventud que ha traido algunas consecuencias y que en ocasiones trato de sobrellevar en mi edad madura, con estiramientos y mucho ejercicio físico que he adoptado como modo de vida desde hace algunos años atrás.

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