Actualidad

Sobre la enfermedad de García Márquez, por Juan Gabriel Vásquez

Por Prodavinci | 17 de julio, 2012

Una revista bienintencionada me escribió el otro día para pedirme una opinión sobre la enfermedad de García Márquez. Como yo había pasado las últimas horas metido en un vuelo de doce horas, no me había enterado de que los medios de comunicación estaban hirviendo con la noticia: primero fue su hermano Jaime, que habló en Cartagena de los estragos de la demencia senil; luego fue un twitter en que Jaime Abello, director de la Fundación Nuevo Periodismo, contradijo ese diagnóstico. (Por suerte para los que no tenemos Twitter, El Espectador citó sus palabras). De manera que un debate se había montado en la red, y la noticia de la enfermedad se reproducía en todas partes: yo la vi en el Guardian de Londres y en Le Monde de París y en el Times de Nueva Delhi. Y antes de que me diera cuenta otros tres medios me habían pedido opiniones, como sin duda le ocurrió a más de un escritor colombiano. A todos, aunque no siempre con las mismas palabras, les contesté lo mismo: que por favor, por favor, dejemos a García Márquez en paz.

Es sin duda lo que también hubieran querido —lo que todavía quieren— Jaime García Márquez y Jaime Abello. Del primero se citaron mucho las dos palabras malditas, “demencia senil”, pero poco las que pronunció en otro momento: “No se trata de que haya nada grave que no se pueda saber. Se trata simplemente de que es su vida y él siempre ha procurado protegerla, siempre ha dicho que hay una vida pública y una vida privada a la que no podemos entrar”. Abello, con muy buen juicio, dijo que no iba a comentar acerca de la intimidad de García Márquez, y terminó con una sentencia irritada. “Por favor no más comunicaciones de solidaridad”, dijo. “Gabo no está demente”. Yo no sé si las comunicaciones se hayan detenido; pero, visto el morbo previsible que ha despertado todo el asunto, me permito dudarlo. Y así resulta que una alianza non sancta entre la red y los morbosos se ha convertido en una nueva amenaza contra la vida privada de una figura pública, exponiéndola a la mirada de todos, sacando a la calle lo que debería quedarse en la casa, poniendo en la ridícula palestra del debate mediático —aunque la palabra debate le quede grande a tantos de los intercambios que pululan por ahí— lo que sólo debería estar en boca de la familia.

“A veces da la sensación de que quisieran que se muriera”, dijo también Jaime García Márquez. “Como si la muerte de él fuera una gran noticia”. Pero es que lo será: Gabriel García Márquez es, después de todo, el escritor en lengua española más conocido después de Cervantes, y yo sé de medios que ya tienen el especial sobre su vida listo para que se publique tan pronto se conozca la noticia de su muerte. El escritor más conocido, digo: no hablo de su calidad ni de su influencia, porque no son estas cosas las que provocan el morbo barato, la impertinencia disfrazada de solidaridad y la violación de la intimidad disfrazada de comunicación noticiosa. No, no son estas cosas: es la fama. Nada podemos hacer al respecto; pero quizás sí podamos, quienes escribimos en los medios, comportarnos frente a la enfermedad de un gran escritor con cierta dignidad, y en todo caso con el respeto que sus libros extraordinarios deberían haberle granjeado entre sus lectores.

Prodavinci 

Comentarios (12)

José Miguel Roig
17 de julio, 2012

2012 menos 1605 son 407. Lo interesante sería saber que opinarán de Gabriel García Márquez en 2419.

Ignacio Arias
18 de julio, 2012

Opinarán… que ya no es poco, amigo Roig.

A C V
18 de julio, 2012

El secretismo es lo que ha traído la respuesta exacerbada del público. Son cinco años de silencio. Decir la verdad es un gesto de humildad de parte de la familia. Alguno sufren de cáncer en su vejez, otros de demencia senil. De su enfermedad no tiene la culpa. De sus ideas políticas sí. No ha pedido perdón, no ha rectificado. Y ya se ha ido.

Víctor Garay Oleas
19 de julio, 2012

Gabriel García Márquez no solo es el extraordinario escribidor con su realística maravillosa tía Julia a cuestas de la fama, es el hombre que ha hecho perniciosas amistades peligrosas con perversos personajes archimafiosamente conocidos de este banalizado e incivilizado mundillo del espectáculo, del cual también forma parte su ex cofrade del almanaque Varguitas Llosa Mario, con quien mantuvo una puñetiza polémica de antología. Y otro de los tristemente célebres y calamitosos correligionarios del boomerántico y nobelizado Gabino Ganbini, es el mefistofélico mandarín castroenterítico vitalicio, que mantiene protervamente pisoteada a su caribeña ínsula extraña antillana, por más de media centuria de infame ignominia. Y esto en realidad es lo que ocasiona tanto revoluflero revolú mediático cibernético, porque las espantajosas enfermedades de estos fantasiosos personajillos de farrucosa fama fulera, motiva una morbosilla curiosidad en el común y silvestre de los mefistofélicos mortales. Y no se diga de la esperpéntica enfermedad molieresca del chavistotétrico sátrapa y bestezuela bolivariana, que con su cancerosa cantaleta a cuestas, continúa atropellando atroz y autocráticamente a más de media humanidad con su fariseica verborrea tiranosáurica de creerse el mesiánico mandamás salavalotodo sigloveintiúnico de esta centuria, al que borreguísticamente se adhieren como lamerdosos lacayos ladillosos sus aberrados acólitos lamefalos falsarios como Correa, Evo, Lugo,Cristinita y otras apestosas ánimas del purgatorio o del averno. De cualquier anónimo veneciano ser humano, nadie se preocupa, cuando se manifiestan sus estercolíticos padecimientos, a estas alturas del arepazo partidista socialistoide sigloveintiúnico, con todos los advenedizos sátrapas de siete suelas, que omnímoda y oprobiosamente pretenden enquistarse impune e infamente en sus perniciosos poderes de sanguinarias sanguijuelas por los siglos de los siglos aleluya y que la patria os premie por todas sus genocidas asquerosidades. Gracias, cordialmente, Víctor Garay Oleas.

José Miguel Roig
19 de julio, 2012

Amigo Arias: ¿Quién sabe? Imposible adivinar. Karl Adolph Gjllerup, Rudolf Cristop Euken, Giosué Carducci. ¿Tu has oído hablar de ellos? Yo, no. Los tres también ganaron el Premio Nobel.

Estimado Victor Garay: Aunque no llegué a entender del todo su barroquísima intervención, le informo que estoy totalmente de acuerdo con lo que dice.

José Quiroga
20 de julio, 2012

¿Deberíamos separar la inclinación política de su carrera literaria? ¿La obra de García Marquez fue sobrevalorada? Yo particularmente, no lo creo. Que tuvo su momento en un momento determinado, sí. Yo leí casi toda su obra y siempre me ha “agarrado”. Hay buenos libros que me cuesta terminarlos de leer. No me ocurre eso con García Marquez y estoy seguro que lo mismo pasa con quienes tienen gusto por la buena literatura. Las preferencias políticas del escritor nunca me interesaron, nunca me llamaron la atención. El mismo señalaba que es un error tratar de volcar la política a una obra literaria. Que haya sido cuestionable su amistad con Castro, eso es algo diferente y no creo que la historia lo vaya a juzgar por sus inclinaciones socialistas, sino por su obra.

Bochini
20 de julio, 2012

Un grande el Gabo

Leonardo Siré
21 de julio, 2012

Amigo Victor Garay, muy interesante su exposición; lástima que se nota que no ha leído a Gabo, pues, la Tia Julia y el escribidor es de Vargas Llosa y no de García Marquez. Deje de dar tanto giro idiomático a la cuestión, tanta retórica inútil y superflua y trate de fundamentar sus opiniones futuras en el basamento de la experiencia y el conocimiento, no en el prejuicio de los ideales ajenos.

Ignacio Arias
21 de julio, 2012

Si Cervantes hubiese sido salteador de caminos, proxeneta, granuja o bribón a secas, tendría eso la menor importancia ante haber escrito El Quijote? Al Gabo le deberemos por siempre haber escrito “El Quijote” (o algo equivalente). No será su vida privada (que la tuvo y la tiene bien bonita y respetable) ni sus inclinaciones políticas lo que se tome en cuenta ni ahora ni mucho menos en el futuro, para hacer juicios de valor. No es fácil ni cómodo compartir barricada con muchos de ustedes. Esa miopía, esa mezquindad, es lo que nos tiene fregados. Igual al cuento del negro Mandela, otro inmenso, que porque le estrechó un día la mano a Castro, muchos querrían crucificarlo. Lo siento, no estoy para valses.

Francisco Jaramillo
25 de julio, 2012

Retransmito un mensaje que me ha enviado un querido amigo a propósito de este artículo: “Los que crecimos en sus rodillas no podemos menos que desearle al Gabo la existencia màs feliz. Lo de la prolongaciòn es un hecho sin importancia si ya me legò los libros màs bellos de mi biblioteca, desde el Coronel no tiene quien le escriba hasta sus pulidos cuentos, como uno que he releido mil veces que se llama Marìa dos Praceres. Hoy mismo hablando de trata de personas en mi trabajo me acordé de la magnìfica Càndida Erèndira y su Abuela desalmadìsima, de los que aùn me valgo para ejemplificar la tortura de la esclavitud. Ojalà te llegara este mensaje de absoluto aprecio Gabo. Que Dios te regale los dìas que te falten… Santiago Argüello Mejìa (ECUADOR)”

Ignacio Arias
25 de julio, 2012

“Los que crecimos en sus rodillas…. ” Frncisco, que bonito lo dijo tu querido amigo Santiago.

Noel Pantoja
3 de abril, 2014

Sr Víctor Garay, lo que te quiso decir el amigo Leonardo Siré, por sí no lo entendiste, pues el idioma que hablas es un poco desconocido, lo que te quiso decir, repito, es que no hables tanto “de lo que pican los pollos”

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