Economía y negocios

Los ganadores (relativos) de la nueva economía mundial, por Dani Rodrik

Por Prodavinci | 15 de Julio, 2012

La economía mundial se enfrenta a una importante incertidumbre en el corto plazo. ¿Podrá la eurozona resolver sus problemas y evitar su desintegración? ¿Podrá Estados Unidos trazar una senda que lo lleve otra vez al crecimiento? ¿Encontrará China un modo de revertir su desaceleración económica?

Las respuestas a estas preguntas determinarán el curso de la economía global en los próximos años. Pero, independientemente de cómo se resuelvan los desafíos inmediatos, es evidente que la economía mundial también está ingresando en una nueva etapa de dificultades a más largo plazo, que será mucho menos propicia para el crecimiento económico que cualquier otra época desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Sin importar cómo resuelvan sus problemas actuales, Europa y Estados Unidos saldrán de esta crisis con altos niveles de endeudamiento, bajas tasas de crecimiento y un entorno político interno conflictivo. Aun en el mejor de los casos (suponiendo la permanencia del euro), Europa quedará sumida en la difícil tarea de reconstruir su desgastada unión. Y la política económica en Estados Unidos seguirá paralizada por la polarización ideológica entre demócratas y republicanos.

De hecho, en casi todas las economías avanzadas, la mezcla de altos niveles de desigualdad, presiones sobre la clase media y envejecimiento poblacional alimentará conflictos políticos en un contexto de desempleo y escasez de recursos fiscales. A medida que estas viejas democracias se vuelquen al interior, su participación internacional será menos constructiva y se mostrarán más reacias a sostener el sistema multilateral de comercio internacional y más propensas a responder unilateralmente a las políticas económicas de otros países que perciban como contrarias a sus intereses.

Mientras tanto, es difícil que el lugar que dejarán vacante lo ocupen otras grandes economías de mercado emergentes como China, India y Brasil, deseosas como se mantendrán de proteger su soberanía nacional y su espacio de maniobra. Esto reducirá aún más las oportunidades de cooperación internacional en asuntos económicos y de otra índole.

Será un entorno internacional de un tipo que disminuirá el potencial de crecimiento de cada uno de los países. Es casi seguro que no volveremos a ver el tipo de crecimiento que el mundo (especialmente, los países en desarrollo) experimentó en las dos décadas que precedieron a la crisis financiera. En este contexto, se producirán profundas divergencias económicas a lo largo y ancho del planeta, y algunos países sufrirán los efectos más que otros.

Aquellos a los que les irá relativamente mejor compartirán tres características. La primera, no estar embargados con altos niveles de deuda pública. La segunda, no depender excesivamente de la economía mundial y contar con motores de crecimiento económico internos más que externos. Y finalmente, ser democracias sólidas.

Que la deuda pública sea baja o reducida es importante, porque cuando alcanza un 80 o 90% del PIB, se convierte en un lastre para el crecimiento económico, que paraliza la política fiscal, produce serias distorsiones en el sistema financiero, genera disputas en torno a la política impositiva y suscita costosas pujas distributivas. Es difícil que un gobierno preocupado por reducir sus deudas encare las inversiones necesarias para el cambio estructural a largo plazo. Con pocas excepciones (como Australia y Nueva Zelanda), la inmensa mayoría de las economías avanzadas del planeta están o estarán pronto en esta categoría.

Muchas economías de mercado emergentes, como Brasil y Turquía, lograron poner freno al crecimiento de la deuda pública por esta vez, pero permitieron a sus sectores privados caer en un endeudamiento desmesurado. Puesto que las deudas privadas tienen un modo de convertirse en obligaciones públicas, la inexistencia de una deuda pública elevada tal vez no ofrezca a estos países la protección que creen tener.

Los países cuyo crecimiento económico sea demasiado dependiente de los mercados internacionales y de las finanzas mundiales también estarán en desventaja. Una economía mundial frágil será un ambiente poco propicio para países con un alto nivel de deuda externa neta (o que sean grandes acreedores netos con el extranjero). Aquellos que mantengan grandes déficits de cuenta corriente (como Turquía) seguirán siendo rehenes del humor cambiante de los mercados. Los muy superavitarios (como China) enfrentarán una presión creciente (incluso, con amenazas de represalias) para que pongan freno a sus políticas “mercantilistas”.

Un crecimiento basado en la demanda interna será una estrategia más confiable que un crecimiento basado en las exportaciones. Es decir que los países con mercados internos grandes y una clase media próspera tendrán una importante ventaja.

Finalmente, a las democracias les irá mejor porque tienen mecanismos institucionalizados de manejo de conflictos, algo que falta en los regímenes autoritarios. Aunque a veces pueda parecer que las democracias, como la India, son demasiado lentas y propensas a la parálisis, este sistema ofrece ámbitos de consulta, cooperación y negociación entre grupos sociales opuestos, elementos que son fundamentales en épocas de turbulencia y conmoción.

La falta de instituciones como las señaladas puede convertir fácilmente la puja distributiva en protestas, disturbios y caos civil. Por eso los países democráticos como India y Sudáfrica llevan las de ganar respecto de China o Rusia. Los que han caído en manos de líderes autocráticos (por ejemplo, Argentina y Turquía) también estarán cada vez más en desventaja.

Un indicador significativo de la magnitud de los desafíos que presenta la nueva economía mundial es que muy pocos países satisfacen los tres requisitos. De hecho, algunos de los ejemplos de éxito económico más espectaculares de la actualidad (sobre todo, China) incumplen más de uno. Se acercan tiempos difíciles para todos. Pero hay algunos países (como Brasil, India y Corea del Sur) que estarán mejor posicionados que el resto.

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Project Syndicate

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