Artes

Sobre Miranda July

Por Prodavinci | 6 de julio, 2012

Artículo escrito por Andrea Aguilar, publicado en El País (España). A continuación un extracto:

Aún no ha cumplido los 40 y ya ha grabado discos; expuesto sus esculturas en la Bienal de Venecia; mostrado sus performances en el Whitney o el MoMA; ha escrito, dirigido y protagonizado dos películas, con la primera de las cuales ganó el Premio Cámara de Oro en Cannes; ha puesto en marcha un proyecto artístico en la web en el que participaron centenares de personas, y publicado una colección de cuentos con la que obtuvo el galardón Frank O’Connor. A Miranda July (Vermont, 1974) le gustan las listas de recados o ideas, y esta, de su trabajo, la presenta más como abeja laboriosa y exitosa que como zángana. Sin embargo, ella confiesa en Te elige (Seix Barral) que a menudo le cuesta ponerse manos a la obra, se dispersa y elude la tarea.

Ha aprendido que de este remoloneo surgen nuevas ideas. Quizá por eso no cedió completamente ante el sentimiento de culpa cuando, atascada con el guion de su segunda película, le dio por leer Pennysavers, el boletín gratuito de anuncios por palabras que se distribuye con el correo en todas las casas de Los Ángeles. Decidió no desechar la distracción sino explorarla: fue a buscar a las personas que se escondían tras esos anuncios de álbumes, renacuajos o ropa india, armada con una grabadora, acompañada por Brigitte Sinde —la fotógrafa de su boda a quien apenas conocía— y su asistente.

¿Quién vendía una chaqueta de cuero por 10 dólares y por qué? ¿Y qué esperaba ella sacar de esos encuentros? ¿Qué la movía a lanzarse sin rumbo fijo? La respuesta a la primera pregunta la encontró en Michael, un hombre de 60 años residente en un decadente edificio de apartamentos de starlets en Hollywood Boulevard, que trataba de ahorrar para pagarse una operación de cambio de sexo. July le pagó cinco veces el precio de la prenda, pero no se la llevó, se sentó a charlar y cotilleó su colección de vídeos porno. Lo demás resultó algo más complicado de contestar y la llevaría hasta Joe, un “ángel obsesivo-compulsivo”, que a sus más de ochenta años aún escribía versos verdes a su mujer y que acabaría participando en su película. Aquel fue el último de los 10 encuentros que July acabó por reunir en Te elige, un libro en el que intercala un extraño paisaje humano de Los Ángeles, con un viaje personal y creativo. “A diferencia de un periodista, no trabajo con unas reglas preestablecidas y el proyecto estaba tan abierto que era como decir ‘perdóneme, déjeme que le pague por su tiempo’. Esto era un experimento sobre mí. En los intercambios que tuve no era yo siendo Miranda July, y esto me ponía nerviosa. Soy mucho más agradable y amable en el escenario que fuera de él. Allí me siento relajada, en una fiesta me pongo más nerviosa”, explica sentada en el salón de la casa que comparte con su esposo, Michael Mills, el director de la película Beginners.

En las primeras páginas de su nuevo libro, July cuenta que tardó dos años en trasladarse aquí, la casa de su entonces novio y hoy marido. Se resistía a dejar su “cueva”, un pequeño apartamento en este mismo barrio liberal y bohemio, Echo Park, que aún mantiene como estudio, aunque desde el nacimiento de su hijo, hace apenas dos meses, siente que no le queda tiempo para llegar hasta allí. Fue en esa cueva, cuando aún le acechaban algunas dudas sobre la maternidad, donde escuchó las cintas de las entrevistas y descartó la idea de convertirlas en un artículo. “Recordé mi experiencia, los nervios, la sorpresa, lo que me pasaba por la mente cuando hablaba con ellos. Si transcribía y simplemente editaba no quedaba clara cuál era su importancia. Decidí ser honesta con mi parte de la historia”, dice.

July tiende a meterse en el centro de las historias y Te elige no es una excepción. Pero este es su primer trabajo de no ficción. “Una vez que comprendí que podía escribir sobre mí misma como si fuera un personaje, resultó fácil”, asegura. Escrito nada más terminar la película El futuro, dice que, en cierta medida, el libro trata de mitigar la nostalgia que le producía pensar en todas las historias reales y personajes que se habían quedado fuera, la cara B de la película, su historia de gestación. “Mi trabajo hasta este momento no ha sido autobiográfico, la relación con mi vida era más libre, más simbólica. No era yo en las películas y los cuentos”.

Inquieta y prolífica, amada y odiada a partes iguales por el público de Estados Unidos, July es una de las voces de mujer más potentes del panorama actual estadounidense. Admiradora de Sophie Calle, entre sus influencias cita a Patti Smith, a Cindy Sherman y a Kathleen Hanna del movimiento Riot Grrrls, de quien aprendió que estaba bien mentir para conseguir lo que se quiere. “Me pasé mucho tiempo mintiendo sin parar, siguiendo este principio feminista. Una década después pensé que quizá ya era momento de acabar con aquello”, cuenta divertida. ¿Aún se reconoce en sus primeros trabajos? “Sé que parece loco, pero cuando miro atrás veo consistencia. Quizá ahora que ha nacido mi hijo he pulsado el botón de reprogramación. He estirado al máximo el momento chica joven, y ahora arranca un nuevo capítulo”, responde sin rodeos.

En su libro habla de la fe, un rasgo que parece recorrer el trabajo de esta artista, algo que no parece haberle faltado. “En los malos momentos te aferras a ella y tienes esta cosa casi mágica de pensar que si crees en ello, el proyecto será bueno. En el arte tienes que quedarte ahí colgado, no sabes qué estás haciendo y de repente todo da un giro y llega el significado y la conexión. Tienes que hacer el trabajo de todos modos con una devoción que roza el rito y luego algo ocurre, como en un matrimonio. Al final todo tiene que ver con el esfuerzo, así es como funcionan las cosas”, afirma. Te elige expresa también la ansiedad que la idea de la maternidad le provocaba, la anticipación del cambio. “Me he pasado bastante tiempo pensando si existiría después de tener un hijo y ahora veo que es una buena pregunta, que no está mal hacérsela, porque algo muere. Además, no es que haya habido muchas generaciones de mujeres que han podido plantearse estas cosas”, dice. Tras el nacimiento de su bebé, ella se ha volcado de lleno en la que será su primera novela, un proyecto que no le intimida. “Escribir es la cosa más libre y barata que hay, tanto que puedes fastidiarla sin que cueste dinero. Tampoco me siento demasiado apegada a lo que escribo, las películas son algo más encantador”, dice y reconoce que en el campo de las letras es en el que ha necesitado más aliento. El novelista Rick Moody, a quien conoció en un proyecto en la radio, fue el primero que la animó a dar el salto.

Criada en Oakland en el seno de una familia liberal de profesores universitarios y editores independientes, Miranda recuerda en Te elige uno de sus primeros proyectos, la correspondencia que con 14 años mantuvo durante cerca de dos años con un preso y que después transformó en una obra de teatro que dirigió. “La obra era bastante mala, una buena idea y un proyecto muy ambicioso, eso sí” apunta. A los siete había comenzado un diario que siguió hasta el rodaje de su primera película. “Entonces los cuadernos pasaron a contener ideas para proyectos de trabajo y solo si algo realmente no iba bien, intercalaba un par de páginas. Pensé que ya hay suficientes mujeres anotando sus cosas en pequeños cuadernitos, a lo mejor no pasaba nada por volcar mis sentimientos en mi trabajo”, afirma.

Desde aquel proyecto adolescente en el teatro ha saltado por un buen número de disciplinas artísticas. “Tengo un irrefrenable deseo de expresar lo que siento. El medio es algo secundario. Me gusta cambiar de terreno y sentir el hándicap de que no perteneces completamente a ningún club”, asegura. July habla de cómo muchos reconocidos escritores pintan o bailarines que escriben, aunque a menudo todo este material queda lejos del público. A ella le gusta tensar el límite. De un trabajo como consultora para el director Wayne Wang —tres sesiones de entrevistas sobre su vida sexual—, surgió el impulso de hacer su primera película. “Él me propuso hacer un guion con el material y rodar una película. Pensé que también podía hacerlo yo sola”, recuerda. “Necesité un poco de agresividad para encontrar las agallas. Había algo inherentemente lascivo en todo aquello”. El sexo es algo a lo que a menudo se refieren cuando hablan de su trabajo, ¿porque es mujer? “Bueno, creo que me interesa más el sexo que a otra gente. Hay mucho espacio para escribir sobre este tema”, reflexiona.

Independiente, pero muy presente, July produce la misma animosidad en Estados Unidos que el universo retratado en la película Amélie entre el público europeo. ¿Piensa que hay algo intrínsecamente americano en su trabajo? “Quizá el creerse con derecho a la autorreferencia y también la ambición. Pero para una mujer estas cosas pueden ser útiles, y al final se trata de usar las herramientas con cabeza. Esto me ayuda a superar algunas inhibiciones”. Sus detractores cargan contra lo que consideran que es un tono ñoño, carente de ironía, con Miranda siempre en el centro. Ella escribe en Te elige que atascada con el guion buscaba su nombre en Internet “como si la respuesta a mis problemas estuviera en algún post sobre cuán de insoportable soy”. Ninguno de sus entrevistados tenía Internet y en cualquier caso, ella ha sabido darle la vuelta a las críticas y parodias. El cantante Michael Idov llegó incluso a escribir una canción disco en la que la describía como una versión femenina de Roberto Benigni. Un par de años después hicieron una nueva versión juntos, titulada I heart Miranda July (yo amo a Miranda July). La artista se despide, dispuesta a almorzar una ensalada con su esposo, que la aguarda al otro extremo del salón. Con la vista de la ciudad al fondo, cabe recordar lo que escribió sobre este lugar: “… Comprendí que el mundo, y especialmente Los Ángeles, estaba diseñado para protegerme de esta gente a la que estaba visitando. Los Ángeles no es una ciudad donde se camine o se viaje en metro, así que nunca estaremos juntos, ni siquiera un momento, si alguien no entra en mi coche o en mi casa”.

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