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Artes

Sobre el Elogio del odio

Por Prodavinci | 28 de Junio, 2012
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Artículo publicado en ABC.es, escrito por Susana Gaviña. A continuación un extracto:

En la editorial no las tenían todas consigo sobre la salida o no de Khaled Khalifa (Aleppo, 1964) de Damasco. El escritor y guionista de cine y televisión tenía que presentar este lunes en Madrid su última novela, Elogio del odio (Lumen). Un texto publicado en 2006 y traducido a varios idiomas, pero censurado en su propio país. Finalmente llegó, pero con un brazo roto tras haber participado en el entierro de un amigo que se transformó en una manifestación, a la que se sumó, sin ser intivada, «la policía secreta» del gobierno de Bashar Al-Assad, que arremetió contra los manifestantes. El escritor también fue retenido durante varias horas, «sin recibir ninguna atención médica», pero puesto en libertad en el momento que los medios de comunicación se hicieron eco del incidente. «La presión me ayudo», reconoce.

El motivo de la censura de Elogio del odio, su tercera novela, es, según el escritor, «haber cruzado la línea roja». Una línea que separa el silencio bajo el que fue sepultada la masacre que sufrió la ciudad de Hama en 1982 por parte del ejercito del presidente Hafez Al-Assad (padre del actual presidente de Siria) de la libertad de dejar testimonio de los dramáticos hechos.

En aquel «genocidio», como lo define el escritor sirio, murieron miles de personas de la religión sunní (algunas fuentes hablan de 1.000 muertos, y otras los elevan a 40.000). Transcurridas casi tres décadas, Khalifa consideró que era el momento de recordar aquellos sucesos «de los que fui testigo ocular».

El libro ha cobrado actualidad ante la nueva masacre sufrida en Homs, como consecuencia de la Primavera Árabe. «Por primera vez, y gracias a la actual revolución, se ha empezado a hablar en voz alta de lo que sucedió entonces».

La pregunta que se planteo Khalifa antes de empezar no fue por qué abordar esta historia, sino «cómo hacerlo, porque me daba miedo. Quería contar todo lo que sucedió en los años 80. Algo muy triste que no trascendió entonces al mundo, tan solo algunos hechos fragmentados».

Para recuperarlos, Khalifa se sumerge en una familia de Aleppo, en especial en sus mujeres, con deseos y frustraciones muy diferentes. Narrada en primera persona por una de ellas (cuyo nombre no aparece a lo largo de la novela), Khalifa retrata la opresión en la que viven madres e hijas, que deben ocultar bajo su velo negro todo atisbo de deseo. La protagonista, una adolescente, encontrará como único refugio a su frustración el odio: «Necesitamos el odio para que la vida tenga sentido», afirma al comienzo de la novela.

A lo largo de veinte años veremos evolucionar a la familia (hay quien ha comparado la novela con Cien años de Soledad de García Márquez) y a la protagonista, cuya relación con la «Organización» (los Hermanos Musulmanes), a la que pertenece también su hermano Hussam, llevará a prisión durante siete años, y más tarde a exiliarse a Londres. El sufrimiento, el encarcelamiento, la pérdida de los seres queridos harán temblar los pilares de su adolescencia.

«El odio que había defendido como una verdad única se había descompuesto… Mi vida no era más que un montón de metáforas tomadas de los demás. durante todo el tiempo había creído lo que otros querían que creyera; había elegido para mí un nombre que debía amar y defender, habían elegido para mi un dios al que adorar, y yo tenía que atacar a quien no estuviera de acuerdo y blandir mi bastón sobre la cabeza de aquellos a los que denominan impíos», argumenta la protagonista en cautiverio, en el que tiene que convivir con el gran enemigo, el otro polo del radicalismo en Siria: los que defienden el marxismo.

—La protagonista de la novela habla del odio como de una necesidad…

—Ella expresa su opinión, pero yo, ante lo que está pasando actualmente, también creo que a veces necesitamos el odio. ¿Cómo te puedes sentir ahora ante el régimen de Al-Assad?. Nadie pide que ames a tu enemigo. Tienes que odiarle. Quizá no puedo justificar lo que dice mi personaje, pero con lo que está pasando ahora sí se justifica.

—¿El odio no genera más odio? ¿No se está perpetuando así?

—En realidad eso es lo que está pasando en el mundo. Nosotros tenemos esperanzas de que cambie, pero está aumentando su salvajismo y su crueldad. Y el odio refleja eso.

—En el libro se habla también de la necesidad por imponer un color monocromo, una única idea, a un país que es policromo…

—Ese es uno de los motivos, el radicalismo. El mundo entero necesita una nueva forma de convivir, con más tolerancia entre unos y otros. Tenemos que replantear nuestro concepto de la felicidad. Necesitamos sincerarnos entre las propias culturas. La vida se está convirtiendo en algo cada vez en más miserable y más cruel, por eso es necesario ese replanteamiento. No entiendo la revolución tecnológica en la que vivimos cuando existe un 80% de la población de algunos países que no pueden comer.

—Usted es contrario al régimen de Al-Assad que ha denunciado públicamente, a través de una carta enviada el pasado mes de febrero al Huffington Post, el «genocidio» que se está produciendo en Siria de los que apoyan la Primavera Árabe…

—Ese fue un mensaje que coincidió con el aniversario de la masacre de Hama, en un momento que se produjo otro genocidio en Homs. Sentí mucha rabia, porque incluso lo hicieron con cámaras de televisión delante, sin emportarles nada.

—Hay quien afirma que lo que está sufriendo Siria es una guerra civil, en la que cada bando está apoyado por aliados internacionales…

—No es ni será una guerra civil, es una revolución contra el régimen.

—Volviendo al libro, usted muestra una parte de las víctimas, pero no la otra. Parece que recuerda a los muertos de un lado pero olvida a los del otro lado, los del régimen…

—Yo no quería intervenir y dejé que los personajes hablaran. En la novela cada uno defiende lo suyo, porque la literatura no es una corte o un tribunal. Incluso, el mismo criminal o delicuente también tiene derecho a defenderse en un tribunal.

—¿Cree que finalmente triunfará la Primavera Árabe y que Al-Assad dejará el poder?

—Sí, a la fuerza. Una de dos, o él se marcha o nos marchamos nosotros, y somos veinte millones de personas. No nos vamos a ir todos. Es más fácil que se vaya él (bromea).

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Prodavinci 

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