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Sobre las raíces del fracaso americano, de Morris Berman

Por Prodavinci | 22 de junio, 2012

Artículo escrito por Inés Martín Rodrigo, publicado en El País (España). A continuación un extracto:

Ya lo escribió John Steinbeck (1902-1968): «El problema en Estados Unidos es que los pobres consideran que son millonarios sin dinero». Partiendo de esa premisa, el crítico social e historiador cultural Morris Berman concibió Las raíces del fracaso americano (Sexto Piso), un lúcido ensayo en el que disecciona los fallos del capitalismo hasta desmontarlo, tomando el «sueño americano» como erróneo paradigma.

Berman confiesa sin pudor que el título original era Malestar en el capitalismo, pero su editor en Estados Unidos decidió cambiarlo «para vender más». Y es que, según el escritor, «cuando dos americanos se encuentran la idea siempre es venderle algo al otro, las conversaciones no son reales». Ese afán comercial del estadounidense le deprimía mucho, por lo que en 2006 dejó su puesto como profesor en la Catholic University of America en Washington y se trasladó a Guanajuato (México), donde vive desde entonces volcado en la escritura.

«Estaba agotado del estilo de vida americano, no tienes amigos reales, no tienes un trabajo real, la meta es siempre más». Un claro reflejo de lo que pasa a nivel global, con el capitalismo como único «Credo». «El problema es que el capitalismo en sí mismo no tiene un centro moral, espiritual, su meta es simplemente acumular». Pero, ¿para qué? «Cuanto más tienes, más quieres, la idea del capitalismo es el infinito, un mundo sin límites», pero el mundo tiene límites, especialmente en lo que a recursos materiales se refiere, por lo que Berman sostiene la imposibilidad de continuar con este sistema.

Dadas las raíces tan sólidas de este sistema y puesto que la tradición alternativa en Estados Unidos de rechazar la cultura dominante fue solo espiritual, el cambio se aventura dramático, pero obligado. «El problema es que durante 400 años no ha entrado aire fresco en el sistema», hasta el punto de que el inglés tiene hasta 200 sinónimos para la palabra estafa, pero «nuestro tiempo es el final de este modo de vida».

¿Y cuál es la alternativa? Tradicionalmente fue el socialismo, pero, en opinión de Morris Berman, «no es tan diferente del capitalismo porque la base de ambos es el crecimiento, y el crecimiento es el problema, no la solución». La solución «está a medio camino entre una economía de crecimiento y homeostática, como en la Edad Media». Según este historiador, el sistema está tan viciado que dentro de 30 o 40 años no tendremos alternativa, habrá «austeridad para todos» y por el camino «se quedarán muchos pobres y clase media, será una especie de selección natural económica».

En estos momentos nos encontramos, según Berman, en ese proceso dual en el que asistimos, impávidos, al fracaso del capitalismo y al crecimiento de un nuevo sistema, cuyas características se basan en recursos energéticos alternativos al petróleo y se alejan del «sueño americano». «Para poder tener recursos para todos, para Bulgaria, para Ghana, para España, necesitaríamos al menos seis planetas, pero desafortunadamente tenemos solo uno, por lo que la meta correcta es la abolición del sueño americano, porque no es posible».

Política y realidad

Un sueño que, quizás, tiene en Obama a su máximo representante, algo que no convence al historiador. «Obama es honesto, pero estúpido porque se cree el “sueño americano” y, para él, el capitalismo y el crecimiento no son problemas». Por ello, Morris Berman dejó de votar hace tiempo en su país de origen y tampoco lo hará en las próximas elecciones presidenciales que se celebrarán en noviembre: «Uno de los mayores problemas de la sociedad estadounidense es su profundo individualismo. Goldman Sachs es una colección de criminales, pero el muchacho que está en la calle quiere trabajar para ellos».

Lo importante, entre tanto, es «explorar los experimentos» que van surgiendo, como «negocios que repartan sus beneficios entre la comunidad» (ya hay movimientos reales de secesión en Vermont o en alta California), y buscar a los líderes del futuro. «En el caso de Occupy Wall Street no había jerarquía, ese fue el problema. Para hacer política se necesita autoridad, la historia se mueve con poder», sentencia.

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