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Mi discurso a los graduados en finanzas, por Robert J. Shiller

Por Prodavinci | 27 de Mayo, 2012

A esta altura del año, en las ceremonias de graduación en Estados Unidos y en otras partes, quienes están por abandonar la universidad muchas veces escuchan algunos consejos finales antes de recibir sus diplomas. El siguiente discurso es para aquellos que están interesados en forjarse una carrera en el mundo de las finanzas, o en carreras relacionadas en seguros, contabilidad, auditoría, derecho o gestión corporativa:

La mejor de las suertes para todos ustedes ahora que dejan atrás la academia para dedicarse a las profesiones que eligieron en las finanzas. En el transcurso de vuestras carreras, Wall Street y sus instituciones afines los necesitarán. La formación que han recibido en teoría financiera, economía, matemáticas y estadística les vendrá muy bien. Pero las clases de historia, filosofía y literatura serán igualmente importantes, porque es vital no sólo que cuenten con las herramientas apropiadas, sino también que nunca pierdan de vista las intenciones y los objetivos sociales primordiales de las finanzas.

A menos que hayan estado estudiando en el fondo del océano, sabrán que el sector financiero ha sido objeto de fuertes críticas -muchas de ellas justificadas- por empujar a la economía mundial a su peor crisis desde la Gran Depresión. Y no tienen más que hablar con algunos de vuestros compañeros de clase que participaron de los movimientos Occupy en todo el mundo para percibir el resentimiento generalizado hacia los financistas y el 1% de los ciudadanos de mayores ingresos para quienes ellos normalmente trabajan (y al que suelen pertenecer).

Si bien algunas de estas críticas pueden ser exageradas o desubicadas, subrayan de todos modos la necesidad de reformar las instituciones y las prácticas financieras. Desde hace mucho tiempo las finanzas han sido esenciales para las florecientes democracias de mercado, razón por la cual es necesario ocuparse de sus problemas actuales. Gracias a vuestra percepción mejorada de nuestra interconectividad y de nuestras necesidades diversas, ustedes pueden hacerlo. De hecho, ése es el verdadero desafío profesional que tienen por delante, y deberían tomarlo como una oportunidad.

Los profesionales jóvenes de las finanzas necesitan familiarizarse con la historia de la banca y reconocer que su mejor faceta es cuando sirve a esferas cada vez más amplias de la sociedad. Me vienen a la mente el movimiento de bancos de ahorro en el Reino Unido y Europa en el siglo XIX y el movimiento de microfinanzas liderado por el Grameen Bank en Bangladesh en el siglo XX. Hoy, la mejor manera de proceder es actualizar la tecnología financiera y de comunicaciones con el objetivo de ofrecer una gama completa de servicios bancarios pertinentes a la clase media baja y a los pobres.

Los graduados que ingresen a la banca hipotecaria se enfrentan a un desafío diferente pero igualmente vital: diseñar préstamos nuevos y flexibles que ayuden a los propietarios de viviendas a capear mejor el tipo de turbulencia económica que hizo que millones de personas hoy estén sumidas en deudas.

Los banqueros de inversión jóvenes, por su parte, tienen la gran oportunidad de diseñar formas más participativas de capital riesgo -representadas por los nuevos sitios web de financiación en masa (crowd funding)- para fomentar el crecimiento de pequeñas empresas nuevas e innovadoras. Mientras tanto, sobrarán las oportunidades para que los profesionales novatos en el campo de los seguros diseñen nuevas maneras de evitar los riesgos a los que teme la gente real y los que realmente importan -aquellos que tienen que ver con sus empleos, su estilo de vida y los valores del hogar.

Más allá de los bancos de inversión y de las casas de corretaje, las finanzas modernas tienen una dimensión pública y gubernamental, que claramente necesita reinventarse tras la reciente crisis financiera. Fijar las reglas de juego para un sector financiero sólido y socialmente útil nunca ha sido más importante. Se necesitan graduados recientes en las agencias legislativas y administrativas para que analicen la infraestructura legal de las finanzas, y las regulen de manera que generen los mejores resultados para la sociedad.

Una nueva generación de líderes políticos necesita entender la importancia del conocimiento financiero y encontrar maneras de ofrecerles a los ciudadanos el asesoramiento legal y financiero que necesitan. Mientras tanto, los responsables de las políticas económicas enfrentan el gran desafío de diseñar nuevas instituciones financieras, como sistemas de pensión y derechos públicos, en base al cimiento sólido de una distribución de riesgos intergeneracional.

Aquellos de ustedes que decidan seguir carreras de economistas y académicos de las finanzas necesitan desarrollar una mejor comprensión de las burbujas de activos -y mejores maneras de comunicar este conocimiento al sector de las finanzas y al público en general-. Por más que Wall Street tuviera que ver con la crisis actual, ésta comenzó como una noción ampliamente generalizada de que los precios de las viviendas no podían caer -una idea que alimentó un contagio social con todas las letras-. Aprender a detectar este tipo de burbujas y ocuparse de ellas antes de que infecten a toda la economía será un desafío importante para la próxima generación de académicos en finanzas.

Al contar con ideas financieras sofisticadas que van del modelo de valuación de activos de capital a fórmulas intrincadas de valoración de opciones, ustedes decididamente y con razón están interesados en forjarse carreras que los compensen materialmente. No hay nada de vergonzoso en ello, y vuestro éxito financiero reflejará en gran medida vuestra efectividad a la hora de generar resultados sólidos para las firmas que les dan empleo. Pero, aunque imperceptiblemente, las recompensas por el éxito en Wall Street, y en las finanzas en general, están cambiando, de la misma manera que debe cambiar la definición de las finanzas si han de recuperar su estatura en la sociedad y la confianza de los ciudadanos y los dirigentes.

Las finanzas, en el mejor de los casos, no se ocupan simplemente de manejar el riesgo, sino que también actúan como el guardián de los activos de la sociedad y un defensor de sus objetivos más profundos. Más allá de la compensación, la próxima generación de profesionales de las finanzas encontrará sus recompensas más válidas en la satisfacción que generan los réditos de la democratización de las finanzas -extendiendo sus beneficios a los rincones de la sociedad donde más se los necesita-. Este es un nuevo desafío para una nueva generación, y requerirá de toda la imaginación y el ingenio que se puedan desplegar.

Buena suerte en la reinvención de las finanzas. El mundo necesita que les vaya bien.

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Project Syndicate

Prodavinci 

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