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Artes

Domingo en Fenway Park, por Francisco Suniaga

Por un golpe de suerte, para mí esta temporada de beisbol no comenzó en el estadio de la Ciudad Universitaria sino en el mítico Fenway Park de Boston, el pasado domingo 11 de octubre.

Por Francisco Suniaga | 20 de Abril, 2012
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Por un golpe de suerte, para mí esta temporada de beisbol no comenzó en el estadio de la Ciudad Universitaria sino en el mítico Fenway Park de Boston, el pasado domingo 11 de octubre. Un viejo sueño beisbolero de la infancia se hizo así realidad: un gran juego en el templo mayor del beisbol, una cervecita, un perro caliente y una compañía por demás grata y variada: un poeta, un economista y un sacerdote católico.

El equivalente de asistir a un juego de domingo en el viejo Fenway Park es el de asistir a una misa en la basílica San Pedro. Allí ciertamente se le rinde culto al juego de una manera que es alegre y solemne a la vez, como si Dios estuviera presente en la tribuna. Más que animárseles, a los Medias Rojas se les reza y se le cantan coros religiosos.

El juego, como saben los aficionados al beisbol, era crucial. Los Sox tenían la espalda contra la pared (contra el mismísimo “monstruo verde”) y estaban obligados a ganar. Hasta el último minuto del partido el milagro parecía posible, a un strike de la victoria llegaron a estar. Pero los Angelinos de Anaheim les tendieron una emboscada y, en un anticlímax pagano, voltearon el marcador. Peor aun, allí mismo, cual herejes enloquecidos, sobre el montículo sagrado de Fenway Park, los falsos ángeles celebraron su victoria.

Había más de 38 mil feligreses en la catedral beisbolera de Boston y confieso que nunca he presenciado a una masa tan silente, tan compungida, con los rostros lacerados por ese dolor que sólo los fanáticos del juego conocemos y estamos en condiciones de entender. Mis amigos y yo, testigos de aquel desastre emocional de toda una ciudad, nos quedamos en nuestros asientos observando con respeto la salida de los deudos, callados también ante aquel funeral sin féretro. Había tanta pena, que mi amigo sacerdote, según me comentó más tarde, tuvo que contenerse para no decir un sermón y darles algún consuelo.

Más que el juego y el sabor beisbolero en la tribuna, fue esa procesión silenciosa, absolutamente muda, de decenas de miles de adoloridos fanáticos, que vimos salir del estadio, lo que me causó mayor impresión.

Mientras los veía pasar reflexionaba sobre nuestro beisbol; ajeno a esa solemnidad, aunque poseedor de una fanaticada también apasionada por el juego y por sus respectivas divisas. Iguales, nomás que diferentes, como diría un mexicano. La sensación de pérdida sufrida el domingo por la vasta Red Sox Nation no es desconocida para un fanático venezolano. Menos si lo es de un equipo que, como los Medias Rojas, se caracteriza por someter a sus seguidores, temporada tras temporada, juego tras juego, e incluso inning tras inning, a una montaña rusa emocional: de la euforia a la depresión. Me refiero, por supuesto, al Magallanes, equipo que forma parte de mi historia personal y por el que profeso una devoción maniática.

En el beisbol venezolano hay tres tipos de equipos: los ganadores, los perdedores y el Magallanes. Los fanáticos de los primeros no tienen problemas, saben que con su team basta sentarse a esperar. Aun cuando pierden, están convencidos de que es cuestión de tiempo, son ganadores y la victoria se les da. Ya saben de quienes hablo, pero, por respeto a mi fanatismo, entre octubre y febrero ni siquiera los menciono por su nombre.

Luego están los otros, los perdedores. Los fanáticos de estas divisas, a las que tampoco viene al caso mencionar (para profundizar e informarse mejor sobre el más conspicuo de los equipos perdedores de nuestro beisbol se recomienda a un autor con una extensa y enjundiosa obra en esa materia: Rodrigo Blanco), saben desde el comienzo que van a perder y eso hace que las derrotas no sean tan dolorosas (de hecho, algunos psiquiatras han encontrado evidencias entre estos fanáticos de una marcada propensión a obtener placer a través del martirio beisbolero –ver Ignacio Ávalos, obras completas).

Por último está el Magallanes, que no es un equipo ganador ni perdedor ni todo lo contrario ni un carajo. Es el equipo de las derrotas imposibles, de esas que no alcanzan las lágrimas para llorarlas; de las victorias tan impensables que casi no se disfrutan; y de las esperanzas tan dolorosas que sería mejor no tenerlas. Ser magallanero no es ser fanático del beisbol, es una forma de padecer la vida (inventada por los estoicos griegos con la ayuda del rey Pirro, practicada luego por los cristianos en tiempos de Nerón y perfeccionada por Dámaso Blanco en sus comentarios finales de cada partido). Sinceramente, magallanero es lo único que soy que habría preferido no ser. Es un culto demoníaco, tan incontrolable que me llevó a la inmoralidad de iniciar a mis hijos en él, a pesar de saber que los exponía a perpetuidad a ser emocionalmente inestables entre los meses de octubre y febrero de cada año. En fin, un seguidor irracional de un equipo absurdo. Eso es lo que tristemente soy.

Y ya que esa es mi condición por los tiempos de los tiempos, que la cosa no tiene remedio, sólo me queda decirles a nuestros adversarios que se preparen, que este año, otra vez, aunque el alma me sangre, ¡Magallanes para todo el mundo! Y palo, y palo, y palo…

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Octubre, 2009

Francisco Suniaga 

Comentarios (26)

tintan
14 de Octubre, 2009

Extraordinario , que buen narrador es Suniaga , que Dios nos lo cuide siempre

José León
14 de Octubre, 2009

No es casual que a Suniaga le haya venido a la memoria su bienamado Magallanes luego de la derrota de los medias rojas. Son asociaciones inevitables, como él deja entrever. Gran crónica.

Adrian Garret Jr.
14 de Octubre, 2009

Qué definas a los Leones como ganadores dice más de la sicología de los magallaneros que de los Leones y sus fanáticos. En cuanto a los Tiburones, estamos de acuerdo. Por cierto, ¿Algún sicólogo habrá estudiado el problema de identidad que tienen los fanáticos de los tiburones?¿Por qué tocan Samba en un estadio de béisbol en Caracas?¿Qué le debe el beisbol a Brasil?¿No deberían tocar tambores de la costa?¿No habrá una “maldición de la samba”?

Gabriel Barrios
14 de Octubre, 2009

La verdad que me he reido mucho con cada linea del artículo…. Sin embargo, yo si hubiese deseado ser magallanero desde el principio (aun lo soy) pero me refiero a que lo soy y de haber podido elegir lo hubiese elegido. La mayor fanaticada del país, el respeto de todos los feligreses del beisbol nacional, la inmensa hsitoria que nos rodea y una montaña rusa de empociones (por los altos y bajos) son cosas que me hacen sentir orgulloso de ser MAGALLANERO. Y la verdad que aunque hemos sufrido mucho en los ultimos años, hay que tener en cuenta que la pelota es redonda pero la esperanza sigue como ud dice… MAGALLLANES ESTE AÑO SERÁ CAMPEÓN, Y APOYEMOS AL EQUIPO EN LAS BUENAS Y LAS MALAS

Rafael L. Ollarves Velásquez
14 de Octubre, 2009

La mejor definición de ser Magallanero que he leído, demasiado real y hermosa.

salvador fleján
14 de Octubre, 2009

¡MARAVILLOSO, FRANCISCO!

Rodnei Casares
14 de Octubre, 2009

Estimado Francisco muy buena tu cronica aunque la entiendo como mera ficcion, Como nombras a Rodrigo Blanco que es buen amigo y se de su fanaticada hacia Los Tiburones de la Guaira igual que yo, entiendo que te refieres a nuestro equipo como el eterno perdedor de el Beisbol Venezolano, pues nada mas lejos de la verdad, como debes saber de los 6 equipos antes de la expasion el mas perdedor es Cardenales de Lara con solo 4 campeonatos conseguidos. Los Tiburones de la Guaira quedaron campeones en su segunda temporada en la liga por alla en la temporada 1964-1965 reeditando la corona en la 65-66, 68-69 y en la 70-71 contando entre sus filas con el hasta ahora el primer jugador Venezolano en el salon de la Fama de el Beisbol Estadounidense Luis Aparicio, en la decada de los 80 se titularon tres veces campeones contando con la famosa “Guerrilla” para llegar a siete campeonatos, dos mas que las Aguilas del Zulia y tres mas que los Cardenales de Lara. En cuanto a Magallanes si es verdad que tienen la mayor fanaticada en el Pais y que en su Palmares tienen 10 campeonatos de la liga pero a sus fanaticos les falta espiritu y garra.

Adrian Garret Jr. Estas bastante equivocado con la percepcion que tienes de los fanaticos de los Tiburones, los fanaticos que tenemos mayor identidad somos nosotros, tenemos una Samba que como bien debes saber proviene de Africa y no de Brasil, tenemos nuestros canticos que los demas equipos los han copiado burdamente, somos los fanaticos mas fieles de todo el Beisbol porque si bien tenemos 21 años sin ser campeones nunca durante este tiempo hemos dejado de ir al Estadio, ni hemos dejado de ponernos nuestras franelas y gorras con la T, cosa que si hicieron los Magallaneros durante los 13 años que no clasificaban a la instancia final, no se dejen confundir, tengan criterio propio y antes de emitir una opinion lean un poco, muchas gracias y disculpen lo largo de mi comentario Rodnei Casares Librero y Fanatico de los Tiburones de la Guaira.

Jorge Supelano
14 de Octubre, 2009

jajajaja, que buen post. Hay magallaneros aunténticos y de tradición pero también hay muchos cuya única alegría es ver perder al Caracas, lo cual les da casi mas alegría que cuando gana su equipo. A un fanático serio y respetable se le acaba la temporada cuando su equipo se va del torneo.

J. M. Guilarte
14 de Octubre, 2009

Francisco, la crónica de tu vivencia en el Fenway Park me pareció maravillosa, cuestión lograda quizás por la distancia con que la acometiste. El problema llega cuando intentas extrapolar la desdicha de los patirrojos (temporal: recuerda que la “maldición de Babe Ruth” es historia) a una suerte de imaginario-mea-culpa-magallanero que francamente no puedo compartir del todo, sobre todo porque, como bien dijo el amigo Rodnei, no está sustentado en los números. Como hijo de margariteño, y magallanero criado en Valencia desde que el equipo se instaló en el José Bernardo Pérez hace cuarenta años, creo que nos merecemos una crónica con más contenido. Pero, bueno, lo importante es que tu pluma nos motiva a seguir disfrutando de este fabuloso deporte. Un abrazo, JM

betulio
14 de Octubre, 2009

Creo que el cuento de Suniaga de los domingos de Prodavinci se les coló el miércoles. Entendamos su cansancio por las horas de viaje, los vuelos poéticos y teológicos y alguna cerveza aguada, que puede ocasionar estas confusiones de buena fé. Hablar de los gloriosos Tiburones de la Guaira de la forma tan ingénua y simplona con que lo hizo Don Francisco y autoflagelarse como fanático del Magallanes de esa manera me lleva a sugerir una nueva sección en Prodavinci que se titule algo así como “el rincón del guayabo”. Lo que ocurre es que los fanáticos del Caracas y Magallanes son a veces como los seres primarios (Un Foreman, digamos, tirándo golpes en Zaire), mientras que los tiburoneros acusamos el castigo, pero vamos siempre pa’encima, con clase, fortaleza interna, sentido de solidaridad y recordando que más allá de figuras y ruído somos un equipo. No padecemos la vida, la gozamos. Las derrotas, así duren 20 años, tendrán su final. Nuestra constancia y fidelidad es tan cuidada como nuestro dogout. La recompensa diaria es saber que antes, durante y después que nosotros siempre habrá una energía que nos represente y renueve: la gloriosa divisa de los Tiburones de La Guaira. Al júnior Adrian le digo que no existe la “maldición de la samba”. Lo que existe, maldición, es samba y tambores que resuenan, para alegría de los fanáticos del equipo y como anuncio fatídico para la víctima de turno. Rodnei, te felicito por tus serenas reflexiones (nada de griticos, como Salvador).

J. M. Guilarte
14 de Octubre, 2009

Adrián, no es la “maldición de la samba”: ahora la llaman la “maldición de Urbano Lugo”, lo cual es perfecto, ya que desde el no hitter de 1987 La Guaira no acude a una final. En cuanto a lo que afirmas sobre la actitud, pudiera estar de acuerdo contigo, pero me parece que en ello hay mucho de mediático. Si un extranjero llega al país, observa el palmarés de los equipos y se encuentra con lloronas como las de Suniaga, creo que no entendería bien la realidad del beisbol venezolano, ¿no crees? Además, no sé desde dónde emites tu comentario, pero el magallanero de Valencia, a pesar de su apatía como asistente al estadio, ha aprendido a mostrar su orgullo por la camiseta con más entusiasmo que el que se ve en Caracas. Es lo que he percibido en los últimos años.

A. O
14 de Octubre, 2009

Querido Francisco, lo que le falta a los ganadores y le sobra a los redsox y a los magallaneros es la dignidad de los vencidos.

ChArlos
14 de Octubre, 2009

Nadie es perfecto, como dicen en estas tierras, pero claro no esperaba que entre las no perfecciones de Francisco estuviese esa falla, seguramente congénita, de ser magallanero. Algunos de mis amigos lo son y he aprendido a tolerarlos maravillosamente. Ahora, hay que tratar de poner las cosas con mayor equilibrio que lo que el amigo historiador hace. Eso de llamar casi que perdedores natos, como él sugiere, al glorioso team de LOS TIBURONES DE LA GUAIRA es una deformación propia de su fanatismo beisbolero porque ser de los TIBURONES también es una forma de vivir y no es la de los derrotados ni perdedores, sino la de competir y si se gana que bueno y si se pierde, que diablos, no es la primera vez y los hacemos con aquella hidalguía casi que inocente. Que buena es la Samba que viene de la tribuna y que sube desde el litoral. Por cierto, que saudade me produjo también ese resultado de los Sox. Eso te salva Francisco.

Violeta Terralavoro
14 de Octubre, 2009

Asi se habla Carlos! Nunca antes habia escuchado a un magallanero hablar con tanta tristeza y resignacion, suelen ser arrogantes y prepotentes. Ademas cuentan entre su fanaticada con el “pavoso mayor” .. uuggsss !!

Miguel Octavio
14 de Octubre, 2009

Es una religion. Vivi en Boston un decada y no me pierdo un partido por Internet hoy (Antes por onda corta). He ido y a los ultimos playoffs y estaba listo para salir a NY este fin (hay que trabajar!). Fenway es lo maximo, baseball, emocion y recuerdos…

Y por supuesto…religion.

Rodrigo Blanco Calderón
15 de Octubre, 2009

señores, si algo bueno tiene el señor Francisco Suniaga (aparte de sus magníficas novelas) es la sinceridad: ya en un artículo anterior reconoció solapadamente ser un embustero. Así que no gasten pólvora en zamuros argumentales.

Rodnei, viejo, has demostrado que los verdaderos fanáticos están a la altura de sus equipos. Betulio: que risa y que cantidad de verdad hay en tus comentarios.

Con respecto al magallanes, a la pavosería que implica esa militancia, me remito a recordar una listA de sus fanáticos M´AS “ilustres”: Carlos Andrés Pérez, Rafael Caldera….y….Hugo Chávez.

una tía caraquista afirma que la desgracia de este país es que buena parte de sus presidentes han sido magallaneros. Ella lo dice, obviamente, con la esperanza leopoldista de que algún día tengamos un presidente caraquista. Sin embargo, los Leones tienen una pava aún mayor: su dueño, el inefable Cisneros.

de modo que…ya lo saben TIBURONES PA ENCIMA!!!!!

Sonia Duque
15 de Octubre, 2009

Rodrigo, si un hombre sincero reconoce que es embustero: ¿Es o no es embustero?

Por otra parte, noten el silencio felino de los tigres. No hablan y nadie se mete con ellos, pero son unos grandes depredadores, como lo han demostrado en esta década.

Rodrigo Blanco Calderón
15 de Octubre, 2009

Brillante acotación, Sonia. Y con respecto a los tigres, pues, entiéndalos: los tiburones los han agarrado de sopa. Pero sí, igual hay que cuidarse de esa gente.

Oscar Marcano
15 de Octubre, 2009

Amables todos:

En mala hora se le ha ocurrido al pasajero de Truman vituperar a los gloriosos. Ayer, luego de un frugal almuerzo, de vuelta a la oficina, lo encontré orondo en el Lonchy´s, de mano alzada, vanagloriándose de la infamia. Ignora el navegado ñero que ser escualo es virtud, esencia de areté griega. Es, ni más ni menos, una cosmovisión, una weltanschauung no inteligible en el reino mineral, para no ofender. Ser de los Tiburones de La Guaira y gritar el mantra “¡Pa´encima!” comporta una experiencia señera, que no tiene nada que ver con sensaciones peristálticas tales como ganar o perder. Para nosotros, el éxito y el fracaso son simples impostores.

betulio
15 de Octubre, 2009

¡Aber naturlich, lieber Oskar!! ¿Será que a Don Francisco se le pegó el mal de uno de sus personajes? Yo también lo ví en Lonchy’s, llamándo a grito pelado a Bob Darwin, mientras Karl Krispin y José Luis trataban de calmarlo. Al final pagó la cuenta con un cheque que firmó “Harold King”. Espero que de la otra isla pueda regresar sin contratiempos. Pero si naufraga allí estaremos los tiburones para escoltarlo hasta la orilla.

salvador fleján
15 de Octubre, 2009

Francisco: no le pares a público de galería, que en este caso es grada.

betulio
15 de Octubre, 2009

Francisco: no le pares a Salvador, que no hace honor a su nombre y en este caso degrada.

Spielberg Arrepentido
15 de Octubre, 2009

Lástima que por culpa de Spielberg la humanidad le agarró un miedo exagerado, irracional, a los tiburones. Mueren mas personas por una caída en la bañera de la casa que por un ataque de tiburón. Claro, cuando un tiburón ataca a un humano, por ser algo realmente excepcional, el ataque aparece en las primeras planas de todos los periódicos (noten los paralelismos, cuando los de la Guaira ganan, hay mucho ruido en los medios, pues es algo realmente excepcional).

Adriana Ponte
19 de Octubre, 2009

El único magallanero confeso al que le tengo respeto es Suniaga (y eso, a partir de esta lectura).

De resto no puedo sino tenerles cierta compasión temerosa. Que el inquilino de Miraflores sea del Magallanes resume lo que configura el espíritu de ese equipo: se puede venir del más rotundo fracaso y al cabo de un tiempo estar en la gloria…tener miles de personas que odian lo que encarnas mientras tienes miles de seguidores incondicionales. A la final, nadie comprende cómo se llegó hasta allá y cómo se sigue estando allí…

Tere Liendo Rey
21 de Abril, 2012

Leido no solo el articulo sino tambien todos los comentarios y como fiel seguidora del equipo de los tormentos de este escritor, tambien de los mios he de confesar, pues no me queda mas que decirles que estoy de acuerdo con algunas, que no todas apreciaciones que aqui se hacen. Primero que nada y antes de ser seguidora de algun club, me encanta el beisbol, por supuesto si gana mi equipo me gusta aun mas, pero cuando se juega mal beisbol, no lo disfruto, asi que puedo ser racional con esto. Efectivamente uno sufre el Magallanes, en eso hay irracionalidad, pero por eso es que la mayoria se llama fanatic@ de un equipo, busquen su concepto en un diccionario. Finalmente siempre digo que a buen entendedor pocas o ninguna palabra, el señor no nombra a ningun equipo en especial, pero aqui cada quien se puso en un bando o en otro y empezo a defenderse ¿? ¿Que juzgamos a un equipo por que tal o cual es su seguidor? Pues por cada mamarracho/a que es fan de un club, hay 400 inteligentes, agradables e imperfectas personas que tambien lo siguen, lo sufren y lo defienden, para muestra varios botones aquí. No es necesario ser tan fundamentalista :-) ¿o será minimalista? Un abrazo cordial

Nasly Ustáriz
23 de Abril, 2012

Me divertí mucho con tu crónica Francisco, y aunque perteneciente a los hinchas del equipo de los ganadores (que te queda grande mencionar),igual me dio mi friito en la tripa al ver lo que comentabas sobre nuestra fanaticada más fiel, a no dudarlo (y el equipo de mi queridisimo papá), los Tiburones de la Guaira: Por eso te has echado a todo ese montón de gente encima, pero, repito, lo cierto es que me divertí mucho con el escrito, con los comentarios en general, aunque no esté de acuerdo con algunos. En resumen, creo que recordarle a los magallaneros la mabita que les ha caido con algunos de sus seguidores es demasiado triste como recurso,hasta para la rivialidad más eterna de nuestro beisbol.

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