Actualidad

Iqbal Masih, el mártir de la esclavitud infantil; por Albinson Linares

Hace 16 años este ex-esclavo y joven activista paquistaní fue asesinado luego de una intensa lucha por la erradicación de los abusos contra la infancia en su país. Por ello, en cada aniversario de su muerte, se celebra el Día Mundial contra la Esclavitud Infantil

Por Albinson Linares | 16 de Abril, 2012
1

Iqbal Masih era un chiquillo flaquísimo que veía con extrañeza a todo el mundo. Encorvado y avejentado, a los nueve años parecía de seis, esa mañana de 1992 cuando tomó el micrófono en un mitín del “Frente de liberación del Trabajo Forzado” en Haddoquey, una pequeña villa de Pakistán. Con sus manos ensangrentadas por los finos hilos del telar donde trabajaba, la voz quebrada por una tos seca, Iqbal simplemente contó su vida. Y la pesadilla dantesca que era su día a día conmovió a los que le escucharon.

Despertarse al rayar el alba, comer apresuradamente unos pocos mendrugos de pan y correr a un telar manual para fabricar alfombras, suena como un oficio antiquísimo, ya superado en esta era post-industrial. Jornadas de 15 horas, sentados en posiciones que encorvan la espalda, con muy pocos descansos para estirar las piernas y tener que soportar los golpes diestros de los jefes de estos talleres eran la rutina de Iqbal y sus compañeros a fines de la pasada centuria.

Organismos supranacionales y Ong’s de todo el mundo han denunciado que unos 400 millones de niños entre cuatro y 14 años viven en situaciones infrahumanas, consideradas como esclavitud laboral. Y de esa cifra 165 millones tienen menos de cinco años.

Misiones Salesianas, ha declarado que “millones de menores trabajan en la India haciendo ladrillos todo el día por sueldos de miseria”. Además han afirmado que en países suramericanos la situación es preocupante. Son los casos de los 10 mil niños que trabajan en las minas de esmeraldas en Colombia, los 367.000 esclavos domésticos o prostituidos en Ecuador y el 38% de infantes peruanos que trabajan en las minas de Suyo.

En China los infantes preparan explosivos, Sierra Leona busca esclavos jóvenes para las minas de diamantes, en el Congo otro tanto pasa con la explotación de coltán y en Benín y Egipto se calcula que un millón de niños son obligados a trabajar en las plantaciones algodoneras por ser “más baratos y obedientes que los adultos”. Además tienen la estatura idónea.

Organizaciones como la Confederación Española de Religiosos han declarado que: “Puede ser que los plátanos que comemos y el café que degustamos estén empapados del sudor de muchos niños y niñas latinoamericanos o africanos (…) Puede ser que las alfombras que pisamos estén tejidas por esclavos paquistaníes; cortinas, camisas, joyas y otros manufacturados podrían ser fruto del trabajo oculto y forzado de menores de la India; balones y juguetes de nuestros niños podrían gotear sangre de tantos menores asiáticos y caribeños”.

Unicef publicó en su página web que en África Subsahariana, uno de cada tres infantes trabajan, esto arrojaría la cifra de 69 millones de menores de edad. En Asia meridional se estima que existan unos 44 millones de niños en las mismas condiciones. Este organismo define el trabajo infantil como “cualquier trabajo que supere una cantidad mínima de horas, dependiendo de la edad del niño o niña y de la naturaleza del trabajo. Este tipo de trabajo se considera perjudicial para la infancia y por tanto debería eliminarse”.

Huelga recordar que la lucha por proteger los derechos infantiles es de larga data. La primera ley que buscó regular estas actividades fue promulgada por el Parlamento del Reino Unido a inicios del siglo XIX. Se llamó Factory Act 1802 y especificaba que los menores de nueve años no estaban obligados a trabajar.

Las convenciones 138 (1973) y 182 (1999) de la Organización Internacional del Trabajo definen a como “trabajadores infantiles” a los menores de 12 años que “realizan actividades remuneradas, a los de 12 a 14 años que realizan trabajos más que livianos, y a todos los niños y niñas sometidos a las peores formas de trabajo infantil por medio de las cuales se les esclaviza”.

El artículo 32 de la Convención sobre los Derechos del Niño (1989), exige el “reconocimiento del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social”.

Noticias desde el infierno

El inframundo, alucinado por El Bosco, parece menos cruel que la brutalidad con que muchos niños lidian a diario. Iqbal fue cedido por su padre a un fabricante de alfombras por un préstamo para ayudar con los gastos de la boda de su hijo mayor. Sólo 600 rupias (unos 12 dólares), fueron la suma que esclavizó a este jovencito.

Rescatado por los abogados del “Frente de liberación del Trabajo Forzado”, pronto se convirtió en un jovencísimo líder del movimiento para la erradicación del trabajo infantil en su país. En 1994 ganó el “Premio Reebok a la juventud en acción” y fue una de las voces principales en varios documentales.

Al año siguiente fue asesinado de un escopetazo en un oscuro incidente vial, mientras volvía a su casa en bicicleta. Pero ya la leyenda había nacido. En 2000 se le concedió el “Premio de los niños del mundo”, como un homenaje póstumo y desde entonces se le recuerda en esta fecha como un activista que ofrendó su vida por denunciar las terribles condiciones laborales de los niños.

La historia de Iqbal, impresiona por su dramatismo pero no es un ejemplo aislado. Son múltiples las denuncias de estas formas aberrantes de producción industrial que usan a los jóvenes como mano de obra barata. Algo preocupante son las acusaciones constantes sobre los enormes beneficios que las corporaciones occidentales sacan de estas situaciones.

Los periodistas austriacos Klaus Werner y Hans Weiss, se han hecho eco de estas irregularidades desde 2001 cuando publicaron el célebre Libro negro de las firmas de marca. Empresas que en conjunto facturan más de 10 mil millones de dólares de beneficios anuales, han estado en el ojo del huracán desde hace años.

Adidas, Nike, Levi´s, Disney, Chicco, Samsung, Siemens, McDonald´s y Nestlé han sido acusadas de diversas irregularidades entre las que se destaca el trabajo infantil. Hace poco Malcolm Moore de The Telegraph reportaba desde Shanghai que por lo menos 11 jóvenes de 15 años han sido descubiertos trabajando en las factorías que manufacturan los equipos de Apple.

Caso Venezuela

El año pasado Unicef publicó las cifras de un estudio centrado en esta problemática en Suramérica. Reveló que Venezuela es uno de los países con menor tasa de trabajo infantil: un 2,2%. El informe señaló que en 2007, “80.774 niños y niñas de 10 a 15 años formaban parte de la fuerza laboral activa de Venezuela (un 2,2% del total de menores de esa edad), mientras que 100.349 de la misma franja de edad ni estudiaban ni trabajaban (un 2,73%)”.

“No más trabajo infantil: una meta posible de alcanzar”, es el título de este informe que arroja datos alentadores sobre esta situación. Daniel Camazón, uno de los autores afirmó que: “La buena noticia es que las cifras en Venezuela son reducidas y la mala es que, ya sea uno o ochenta mil niños, es inaceptable esta vulneración de derechos”.

El documento destaca que la cifra de 80.774 niños y niñas menores de 15 años insertos en la fuerza laboral, ya sea como trabajadores o que buscan trabajo “es una cifra, que aunque inaceptable, es manejable y permite establecer metas ambiciosas y realistas en el corto plazo”.

Este estudio resalta aspectos positivos de las políticas del gobierno venezolano como los crecientes niveles de asistencia escolar, la disminución del retraso escolar y la reducción sostenida de la magnitud “absoluta y relativa” del trabajo infantil. Sin embargo, los autores advierten: “son más los niños y niñas que ni estudian, ni trabajan (100.349), que los incorporados a la fuerza laboral”.

Además aseveran que existe una clara relación entre el trabajo infantil y problemas como la inasistencia, deserción y rezago escolar. Por ello recomiendan, entre otras cosas, el “fortalecimiento de la voluntad política, que permita liderar un proceso de generación de consensos” para aprovechar los recursos estatales financieros con el fin de lograr la erradicación de esta problemática.

Albinson Linares 

Comentarios (1)

Generación Perdida.
16 de Abril, 2012

Afortunadamente mis ingresos son tan malos que no puedo comprar ninguna de estas alfombras. Ya había visto programas de televisión por cable con noticias de niños trabajando. Aún así la noticia es terrible y dolorosa. En mi familia hay niños pequeños (6, 3 y 1 años de edad) y puedo hacerme una idea muy clara de lo terrible que es un niño sin infancia porque trabaja hasta morir.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.