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Artes

Popule Meus, por Francisco Suniaga

Francisco Suniaga describe la despedida de un mito en un texto publicado en su libro Margarita Infanta (Mondadori)

Por Francisco Suniaga | 6 de Abril, 2012
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Fue después cuando supe que la cuaresma no tenía nada que ver con el clima. Que esos días de vientos áridos que nosotros llenábamos de cometas no era un estío sobrevenido al verano eterno de Margarita. Que esa primavera seca y transparente que perfumaba de amarillo los robles del bulevar y de la plaza Bolívar no era una primavera. Que la cuaresma, el marco de juegos infantiles, no era una estación sino una festividad religiosa lo supe después, cuando ya no era un niño y cuando La Asunción ya no era mi ciudad. Pero todo ese tiempo de dulce ignorancia se quedó en mi memoria como la época mágica que, año tras año, casi por casualidad, comenzaba con los primeros alisios y terminaba en semana santa, el viernes,  con la procesión del sepulcro.

Al día siguiente, el Sábado de Gloria, se iban los primos y los amigos que habían venido de vacaciones, volvían las clases y La Asunción se difuminaba en su rutina de silencio. Así, el Viernes Santo tuvo siempre un sabor a despedida que se iba haciendo más amargo a medida que transcurrían esas seis horas abrasantes -entre las nueve de la mañana y las tres en punto de la tarde- que se toma la procesión para recorrer las escasas cuadras que separan al antiguo monasterio de San Francisco de la iglesia catedral. Espacio y tiempo suficientes para que la vieja ciudad capital, cual la deidad romana, muestre las dos caras opuestas de su alma bífida. Una grave, católica, castellana, gruesa como las paredes de la iglesia, triste; la cara del funeral interminable. La otra alegre, pagana, la de la irreverencia Caribe; la cara que cubre el sentimiento de culpa que nos vino del otro lado del océano. Ambas, según vaya la sombra de los árboles y de los aleros, serpentean, indisolubles, el bulevar en insólita y contradictoria procesión.

La procesión alcanza su climax a las 12 del mediodía, en el cruce de la calle Rodulfo, cuando la banda de Nueva Esparta interpreta el Popule Meus, de José Angel Lamas. Los cargadores de la procesión acoplan entonces el paso al ritmo funerario de la composición sacra y, salvo sus notas tristes, nada más se escucha. Cuando la banda termina la pieza, hay un silencio que se prolonga por unos largos segundos; la feligresía contiene el aliento y solo lo exhala cuando un tambor redoblante marca de nuevo la cadencia del sepulcro. A partir de ese momento, la procesión comienza una irreversible bajada anímica, aunque en términos topográficos vaya haciendo justo lo contrario, al comenzar a subir la pequeña cuesta que lleva a la catedral. Así ocurría antes y así ocurre siempre.

No recuerdo la primera vez que escuché el Popule Meus. En fin de cuentas, mi casa –mi vieja casa de adobe, bahareque y techo de tejas, donde nací y fui niño, que en los años setenta fue demolida y sustituida por una de esas construcciones horribles que no son casa ni nada– estaba casi enfrente de donde la banda se despliega para tocar, por lo que la pieza sacra formaba parte del inseparable conjunto de elementos que conformaban el universo preexistente. Lo que sí recuerdo fue la primera vez que mi padre, mitad sastre, mitad músico, me habló de la pieza sacra. Era una de esas tardes serenas en la sastrería, entre las tres y las cuatro, cuando La Asunción honraba su fama de silenciosa y todavía no habían llegado los amigos habituales para comentar los sucesos escuchados en las noticias de la radio –en esa época en La Asunción ocurrían muy pocas cosas dignas de comentarios– y tomar café.

Me contó que José Angel Lamas era de La Guaira, que era muy pobre y que, como casi todos los músicos, guardaba con el aguardiente una estrecha camaradería. Que la partitura, que alguna vez había empeñado a cambio de una botella, estuvo extraviada por años y que sólo se dio a conocer después de su muerte. Me dijo también que el Popule Meus era una de las muy contadas piezas sacras que tocaban los viernes santos, en Roma, en la mismísima catedral de San Pedro, donde la escuchaba gente de todo el mundo, y que como venezolano debía siempre sentirme orgulloso de eso. La historia no habría podido olvidarla ni que hubiera querido, entre otras cosas, porque papá se encargaba de refrescármela, contándomela exacta, inveterada, todos los viernes santos antes del mediodía, cuando ya la banda de La Asunción se preparaba para tocarlo. Costumbre que mantuvo hasta cuando ya yo era un adulto, casado y con hijos.

Ahora no recuerdo la ocasión, debió ser a finales de los años noventa, cuando mi padre vivía y Aldemaro Romero también, en uno de esos programas de la televisión en la mañana, entrevistaban al prestigioso músico. Haciendo gala de su cultura de viajero, con el desparpajo que lo caracterizaba y  el peso de su autoridad de músico reconocido allende los mares, Aldemaro soltó un juicio lapidario: “Los venezolanos tenemos suficientes méritos dentro de la música como para estar haciéndonos eco de mitos sin sustentación alguna. Por ejemplo, eso de que el Popule Meus forme parte del repertorio sacro del viernes santo en Roma es absolutamente falso. Eso es algo que muchos venezolanos han creído por largo tiempo, pero no es verdad. Nunca fue así. Así que no debería repetirse”.  Mi primer pensamiento fue desear que mi padre no estuviese también viendo la televisión en ese momento, después, Caracas se encargó de que me olvidara de ese programa.

Hasta el viernes santo siguiente en La Asunción, justo antes del mediodía, cuando la historia de José Angel Lamas y el Popule Meus en la catedral de San Pedro en Roma, por primera vez en muchos años, falló a la cita en el bulevar. La sustituyó un amargo comentario sobre la forma brutal, según mi padre, en que su admirado Aldemaro Romero había hecho aquel comentario. Traté de confortarlo resaltando las ventajas de conocer la verdad, que si esa era, había que aceptarla. Pero mi padre se mostró irreductible. “¿Cuál verdad? A Aldemaro no le costaba nada callar. En Venezuela donde hay tantas cosas para sentirse mal no tiene sentido destruir una historia que nos hace sentir bien. Por eso aunque Aldemaro diga lo contrario, para mí la verdad sigue siendo que al Popule Meus lo tocan en Roma el viernes santo, en fin de cuentas ha sido demasiada la gente que se murió creyéndolo y ya nada podrá cambiar eso”. Todavía hoy, cuando me preparo por enésima vez en mi vida para ir al bulevar de La Asunción a la procesión del sepulcro, puedo evocar el Popule Meus de aquel día; fue el más triste de todos, la despedida de un mito.

Francisco Suniaga 

Comentarios (49)

krina
29 de Marzo, 2010

Un relato magistralmente bien escrito, hermoso y conmovedor. Gracias!

Jesús Maldonado
29 de Marzo, 2010

Si, una magnífica historia, además de plantear varias preguntas filosóficas en torno a la verdad.

Nelly Tsokonas
29 de Marzo, 2010

¡Qué anécdota tan hermosa y conmovedora!, una pieza digna de la narrativa costumbrista venezolana.

Excelente pluma la de este joven autor venezolano, Francisco Suniaga. No desluce, para nada, en la foto al lado del Gabo, que bien podría escribir el prólogo de su próxima novela. ¡Ojalá!

miriam osorio
29 de Marzo, 2010

Parafraseando a Joan Manuel Serrat “nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio”….! Simplemente hermosa y conmovedora historia…. olvido el comentario de Aldemaro (a quién admiré siempre y aún extraño su partida) y me concentro en en el cuento que voy a seguir creyendo del Popule Meus en Roma , me lo contó mi abuelo y él NUNCA DECÏA MENTIRAS!!!!…. Les agrego el link acá…. lo que hice fue volver a leer el relato mientras la oía…. http://www.goear.com/listen/0f5033a/popule-meus-jose-angel-lamas

mamifunk
29 de Marzo, 2010

Muy hermoso relato, ademas de oportuno para la temporada que estamos viviendo, lo que yo si afirmo es que aunque haya sido un mito lo de su caràcter universal, debe haber pensado en un Nazareno muy real el maestro Lamas, porque el Popule Meus es una pieza que nos hace erizar la piel y hasta nos arranca làgrimas desde nuestra màs temprana niñez.

mamifunk
29 de Marzo, 2010

Me recuerda esta pieza a mi niñez cuando mi papà y mi mamà nos la colocaban y orabamos en Semana Santa. Gracias a Miriam Osorio por el link, precioso. Se me nublan los ojos al pensar que mi papito goza ahorita de esas bellezas de piezas de mùsica que junto con otras se deben escuchar en el Cielo junto al Padre.

elena terife
29 de Marzo, 2010

qué bonita historia… gracias!

Willians Contreras.
29 de Marzo, 2010

Muy bonito relato el del Sr. Fransisco Suniaga,definitivamente me recuerda mi alegre niñez,siempre en estos dias santos cuando los amigos y la familia se reencuentran por el asueto,y luego lo triste de las despedidas por quien sabe que tiempo,Felicitaciones y muchas gracias por esta narracion Sr. Suniaga.

Sylvia Dorante
29 de Marzo, 2010

Nosotros supimos de la “blasfemia” de Aldemaro por mi abuela caroreña, madre de mi papá que también era músico y amigo del maestro. El chisme completo es que al parecer Dorante, en una salida típica suya, le dijo a Romero: “Ah Diablo, ¿y por qué no va usted a Roma y le toca el Popule Meus al Papa, arreglado en esa Onda Nueva suya tan buena, a ver si la pone de verdad en el programa musical de Semana Santa? como ahora en las misas se toca con tanto ritmo… Gracias, Francisco, por ese cuento tan musical y apropiado para esta Semana Santa Sensacional

alexandre Buvat
29 de Marzo, 2010

Que hermoso artículo! bien escrito y para mi evocador de las historias y fantasias nacionales y locales que me contaban de niño mi abuela , mi madre y tias y amigos de familia, tambien margariteños, de Santa ana y juangriego. Los mitos y los heroes de nustra infanci de algun modo perviven ..y a veces nosotros mismos mitificamos momentos de nuestras vidas, verdad Suniaga?

Leopoldo Tablante
29 de Marzo, 2010

Qué buen relato, Francisco.

Raul Aular
29 de Marzo, 2010

Bellísimo. Necesitamos tanto este tipo de calidez de familia!! Gracias.

M. Inés
29 de Marzo, 2010

Las semanas santas de mi infancia también las viví con el Popule Meus. A mi abuela le fascinaba esta obra y nos enseñó a admirarla. Pero lo que más me gustó del relato fue el cuento de la cuaresma y el clima. Gracias Francisco.

M. Inés
29 de Marzo, 2010

Aquí va el link con la Camerata Barroca dirigida por Isabel Palacios+ http://www.youtube.com/watch?v=NMawifNdBN0

Diego Salas
29 de Marzo, 2010

Si bien el bello relato de Suniaga suscita el mas amplio reconocimiento, el corolario que le pone el comentario de Silvia Dorante es la guinda imprescindible… Allá en Trujilo donde nací, califican a aquellas personas a quienes no les gusta llevar la contraria a los demás, como “gente parejera”. Sería a esa faceta a la que aludía el maesto Aldemaro? Al no aclararse, el juicio se siente duro en la epidermis popular, por lo demás solidarizada con el inventor del mito a fuerza de alimentados sentimientos de nacionalismo barato. ¡Quien nos manda a estar buscando referentes! El Popule Meus es una joya en si mismo, no por lo que dispongan en Roma, la cual como hoy vemos, exhibe motivos de no pocos arrepentimientos…

Antonio
29 de Marzo, 2010

Fino humor, reminiscencias y un relato que muchos venezolanos han vivido en otras circunstancias y escenarios, pero, al fin y al cabo parecidos. El Popule Meus es una magnífica obra sacra al igual que todo lo que en su estilo se hizo en la época colonial hizo en la colonia , son joyas que hay que volver a escuchar. Suniaga tuvo la dicha de escuchar a la banda. En Caracas, la Banda Marcial, la tocaba en Santa Teresa ó, la Banda Bolívar de la PM, grandes las dos . Hoy en día, solo una bandita seca, muy seca, tratando de emular a lo sevillano , hace ruido discordante al paso del nazareno en Santa Teresa. Una pena.

Ana María Pigna
29 de Marzo, 2010

Excelente artículo. He disfrutado mucho la lectura de este relato familiar, que probablemente muchas personas encuentren afin a alguno de sus vidas.

Silva F.
29 de Marzo, 2010

Excelente. Los Asuntinos nos sentimos orgullosos del hijo de Chiquito

Ramón P.
29 de Marzo, 2010

Cual “Pasajero de Truman”, Aldemaro montó en su avión el mito del Popule Meus en Roma.A lo mejor tenía razón, pero no importa, lo seguimos escuchando cada viernes santo imaginándonos que resuena en la cúpula de San Pedro y que el maestro Lamas también lo escucha con una botellita de ron al lado recostado en una de las columnas de Bernini

Federico Vegas
30 de Marzo, 2010

Es tan grato admirar a Francisco. Hay algo de conversación con uno mismo en esas lecturas que celebran lo sencillo, lo colectivo desde la intimidad. Tiene, Francisco, lo que le resulta más elusivo a un escritor: la gracia. E incluyo en esta gracia lo graciosamente nuestro, lo genuinamente conmovedor y lo misteriosamente divino. Y no exagero, pues su relato me ha dado el impulso para salir sonriente y en procesión.

Aquiles Baez
30 de Marzo, 2010

Excelente articulo.Me recuerdo vagamente de esa controversia y a Aldemaro repitiendo esa sentencia que pienso en el fondo puede tener algo de verdad. Es posible que en algún momento se tocara el Popule Meus de Lamas en Roma. La música litúrgica del siglo XIX no fue tan abundante como lo fue en el barroco. Estoy especulando un poco, pero hay músicas que son parte de una rotación. Haciendo una especulación histórica no descarto que en algún momento se haya tocado esa pieza en el Vaticano. Mas alla de la controversia, quizás para mi lo hermoso es ese carácter que tiene una música compuesta dedicada a dios como la composición de Lamas, independientemente que sea o no tocada en Roma. La fuerza de eso es demasiado contundente y no se si se escuchara en Roma pero cada vez que escucho el Popule Meus siento el dolor de la muerte de Jesús.

David Coifman
30 de Marzo, 2010

Me encantan los mitos. Y estos no deben nunca desaparecer. Sin embargo, también es importante conocer más sobre la historia del Popule meus, de Lamas, del cual hoy conocemos dos manuscritos originales, uno sin fechar y el otro fechado en 1801, copiado por J.M.M. que son las siglas de José María Mendibles. En 1826-27, a solicitud de un edecán de Simón Bolívar en Bogotá, cuyo nombre es Nicolás Quevedo Rachadell, vino “alguien” a Caracas, a la Iglesia Catedral, a realizar una copia para tocársela a Bolívar. Esta copia, que se preserva en la Biblioteca Nacional de Colombia, en Bogotá, registra un dato muy interesante. Al parecer, el copista habría preguntado al maestro de capilla José Cayetano Carreño la fecha de composición del Popule meus, y éste le habría dicho que entre 1808 o 1809. Lo cual demuestra que la obra original utiliada por el copista era la que no estaba fechada, y no la fechada en 1801. Todo parece indicar que esta última habría pertenecido a la Iglesia de San Pablo. Si a esto se le agrega el hecho de que existe un recibo de compra de la Iglesia catedral por “dos motetes” (como entonces se describían los manuscritos escritos en dos partes) para la procesión de Viernes Santo, fechado en 1796, es posible que se trate del original de Lamas sin fechar. Además, el Cabildo reclamó a Cayetano Carreño por adquirir música que no necesitaba la institución, lo que de hecho cumplió, porque no volvió a adquirir ningún otro Popule meus después del adquirido en 1791, compuesto por Juan Manuel Olivares. Podemos por lo tanto concluir que la obra tuvo desde sus orígenes mucha repercusión ya que fue la única obra “duplicada” en su original durante el período colonial venezolano adquirida por otra institución diferente a la catedral, para luego pasar a engrosar la literatura musical de la catedral de Bogotá desde 1728. Desde entonces, el interés por esta obra puede contejarse en las muchas veces que fue tocada durante el siglo XIX, y quien sabe si alguna vez en Roma, al menos tarareada por Juan Bautista Plaza mientras éste estudiaba música en Italia.

oscar
30 de Marzo, 2010

Excelente, como todo Suniaga. No importa que no haya sido tocada en Roma. Tampoco la quinta sinfonía de BeeThoven ha sido tocada allá y sus primeros compases tienen el mismo efecto sobrenatural que los de nuestro Popule Meus. Gracias, Francisco.

Eduardo Mujica
30 de Marzo, 2010

Excelente artículo y muy conmovedora anécdota, además del resto de comentarios enriquecedores de conocimiento sobre esta materia, gracias a Mirian Osorio y M. Ines por compartir con nosotros tan insigne composición

obed Muñoz A
30 de Marzo, 2010

No sé si es cierto que se haya dicho, que en Roma se interpretaba El Popule Meus del Maestro Lama, ni que Aldemaro haya hecho ese comentario. Ninguna de las dos me parecen increìbles; lo que si sé, es que en mis recuerdo de la niñez, no siendo educado en la religiòn católica, recuerdo al Popule Meus como algo grandioso. Lo oìa y veìa entre los postigos de la ventana, cuando pasaba la procesiòn , (la cual no nos dejaban ver) frente a mi casa en mi ciudad natal Valencia. Era tan sobre acogedor. Mucho tiempo despuès me preguntaba si esa pieza habia sido compuesta por Mozart. Gracias por el recuerdo.

Francisco Suniaga
31 de Marzo, 2010

Apreciados amigos: Gracias por estos comentarios que tanto enriquecen esta nota sobre el Popule Meus, y tanto amplían el radio de nuestras emociones en torno a esas cosas venezolanas que nos acercan. El Viernes Santo, si están en Margarita, acérquense a La Asunción a ver El Sepulcro y escuchar el Popule Meus, es una experiencia mística (y mítica). Allí nos vemos, saludos.

Juan Carlos Hucul L.
31 de Marzo, 2010

Lleva el sello Suniaga. A todas luces. Increíble. Bravo. Gracias

Antonio Hernández
1 de Abril, 2010

Que recuerdos sobrevienendespues de esta lectura. En La Asunción la procesión del Santo Sepulcro, en el momento del Popule Meus, adquiere una dimensión dificil de describir…y la fuerza aludida por Aquiles Báez es aun mayor. Gracias Francisco por el recuerdo…..

ADina
3 de Abril, 2010

En aquellos lejanos tiempos de los disco de pasta, tuve el honor de “estar del otro lado” del Popule Meus con mi concierto para flauta, tocado magnificamente por Luis Julio Toro. A las radios siempre les sobraba tiempo después del Popule Meus…y volteaban el LP, y venía Luis Julio con sus cantos de pájaros. Todos los años, alguien me llamaba a decirme que después del Popule Meus…venía yo. Lastimosamente ya los CD no se voltean y los tiempos de las radios están digitalmente calculados. …Y perdí todas las copias de ese LP.

Julieta
3 de Abril, 2010

Una vez más fascinada por esos relatos!!! son lo máximo…

Raul Abzueta
4 de Abril, 2010

Excelente historia, por esas cosas de la vida el Viernes Santo estaba matando un tigre en El Hatillo y debíamos comenzar a tocar después que finalizara la procesión, que era en la noche. Me conmovió escuchar una vez más el Popule Meus pues mi abuelo fue Maestro de Capilla en Zaraza y la música sacra formaba parte de las vacaciones infantiles. Estoy seguro de que él también pensaba que la tocaban en Roma !!!. Tocaba con Hana Kobayashi, quien también estuvo vinculada a la música religiosa de niña y nos dedicamos a hablar de la fuerza profunda de esta música y de nuestros recuerdos. Lo mejor de ese tigre tan raro, en Viernes Santo fue el Popule Meus. Y hoy me consigo con esta hermosa historia para cerrar la Semana Santa. Gracias

Rolando Loewenstein
5 de Abril, 2010

Que cuento tan bueno vale, que afortunados somos. Gracias.

Adérito J. Romero
7 de Abril, 2010

Siempre he sido un ferviente devoto del “Popule meus” desde niño cuando mi papá me lo hacía oír, y por ende he intentado empaparme de la historia de esa pieza sacra y de su autor. Y aquí salta la liebre: en todas las biografías que he leído aparecen como su ciudad de nacimiento Caracas o La Guaira, cuando, hasta donde yo sé pero no lo puedo afirmar porque no tengo pruebas, José Angel Lamas nació en Santa Cruz de Aragua. Esto lo he tenido por cierto gracias a que esa población está casi amorochada con Cagua (mi pueblo natal), a unos piches 5 kilómetros de distancia. Por otra parte, debe haber una razón argumentada para que el 23 de octubre de 1782, según decreto del Obispo Mariano Martí, fuera establecida como Parroquia Eclesiástica José Angel Lamas, ahora Municipio José Angel Lamas, capital Santa Cruz de Aragua. Por si fuera poco, en mi época escolar existió en Cagua la escuela primaria José Angel Lamas. Repito, sé que, como dicen los Abogados, son evidencias circunstanciales, pero pienso que valdría la pena consultarle al Cronista de la Ciudad.

Adérito J. Romero

Adriana
19 de Junio, 2010

me encanto y eso q soy una niña de 11 años…me mandaron a investigar sobre lamas y encontre esto, lo lei todo y me fassino…espero q tengas un libro. Probablemente no seas escritor pero pareces uno y de los buenos..espero q tengas exito a todos les encanta..y…gracias por hacerme la investigacion mas facil y divertida!! suerte! Adriana O.

noris
6 de Abril, 2012

Execelente relato. Intimo, sincero, costumbrista, como todo lo que escribe el autor.

Feanklin Padilla
6 de Abril, 2012

Lo felicito por su artículo. Su padre no estaba del todo equivocado. El popule meus sí se ejecuta en la liturgia de viernes santos en Roma… Sólo que no el de José Ángel Lamas. Al respecto le envío el vínculo de un blog que estoy recién publicando con textos ajenos y de interés; el cual aclara el asunto.

http://conescapularioajeno.blogspot.com/2012/04/un-venezolano-desde-roma-habla-sobre.html

Reciba un cordial saludo.

Elena
6 de Abril, 2012

También me pregunto ¿cuál verdad?…Entre tantos mitos, uno más.

Cristina
6 de Abril, 2012

Me encanta esa narrativa tan maravillosa de Suniaga. Leyendo su anécdota sentía que estaba presente y escuchaba de forma magistral el Popule Meus… Gracias por compartir parte de su niñez

Argenis
6 de Abril, 2012

Gracias por narrarnos de forma tan amena esa experiencia que nos permite conocer quien es el autor del Popule Meus y, sentir con mucho orgullo que es venezolano y bueno, no importa que no sea el que se ejecuta en la liturgia del viernes santo en Roma pero, en este país en semana santa está siempre presente. Gracias Señor Suniaga y también a su padre que le enseñó esa parte importante de nuestra cultura.

Miguel
6 de Abril, 2012

Me parece recordar que en más de uno de los artículos que Cabrujas publicó en El Nacional, incluyó lo del “popule Meus” de Lamas los viernes santos en El vaticano, como uno de los “mitos” en los que nos refugiábamos los venezolanos, junto con la invención del tequeño y la fórmula secreta del “Ponche Crema”… digo y lo menciono, porque en estos días del Festival Internacional de Teatro han vuelto a poner a sonar su nombre.

Ana Yajaira Salazar
6 de Abril, 2012

No en la Catedral de San Pedro, acá en la Tierra, sino en el mismo Cielo,con San Pedro presente y estremecido de emoción,los acordes del Popule Meus,en Viernes Santo se escuchan. No es mitología ni invento para estimular el ego de los venezolanos, en estas horas menguadas de la Patria, tal aseveración la inscribo dentro de los denominados “actos de fé” que no precisan de pruebas. Por mi parte, el Popule Meus también forma parte de mi vida, de una manera familiar, ya que mi padre, asuntino de pura cepa, tuvo el honor y la honra de integrar la Banda de Músicos del Estado Nueva Esparta, y era para él todo un amoroso ritual, interpretarlo, todas las Semana Santa de su vida, pues cuando dejó de integrar dicha Banda, igual se trasladaba desde Caracas y con su trompeta bajo el brazo, se integraba con ellos y ejecutaba la venerada pieza. A tal extremo llegó su devoción, que en las clases de música, que en casa nos impartía, el Popule Meus era el ofertorio de amor que él nos enseñaba, honrando a su Patrona, a su ciudad natal y al Jesús en el Sepulcro. POr eso sé que hoy, el Popule Meus resonó “allá arriba”.-

JN
6 de Abril, 2012

Sobre el Popule Meus hay muchas expectativas incluso hay documentos que señalan que el mismo fue compuesto por un esclavo negro y se presume que efue el primer plagio en la historia musical registrado! le aconsejo revisar la revista EL DESAFIO DE LA HISTORIA en la cual se explica a detalle la información sobre el mismo.

NOMBRE DEL ARTICULO : ¿”Dos” Popule meus? Indicios de un creíble plagio histórico – AUTOR: David Coifman

REVISTA NUMERO Edición 3 El Guzmancismo: Esplendores y misterios

Cara de candado
6 de Abril, 2012

estimado amigo Suniaga, antes que nada, mil felicitaciones por haber abierto esta excelente controversia. de Aldemaro, le dirè, por mi parte nunca fuè persona que actuò de buena fè, siempre existiò como un egoismo hacia otros musicos, tales como contra Billo,s, Alfredo Sadel, Chucho Sanoja y muchos otros, su explicaciòn sobre el Popule Meus, si lo tocaron o no en Roma, vaya, es nuestro, yo trato d escucharlo todos los años, y en cualquier otra fecha, enciendo mi equipo y lo escucho, lo siento muy triste y trae muchos recuerdos a mi mente, sobre todo el martirio por donde nuestro señor Jesus pasò y toda la historia que sabemos. Si a alguien le interesa, siempre se dijo que habia cambiado esta composicion por una botella de licor (han habido cambios peores y no los criticamos) tambien sepan la avenida que està en Caracas que comienza paralela a la Av Ppal del Guarataro, termina d0nde esta el Hosp.Militar,lleva honrosamente el nombre de J. A. Lamas, recordemoles a el y no a personas que han querido protagonizar capitulos que no le corresponden, en este caso podiamos enaltecer nuestro gentilicio y nuestra cultura musical, gracias por haber tenido esta oportunidad.

Lucho
6 de Abril, 2012

Este magnífico relato me hace recordar algo que pensé hace tiempo: que los venezolanos somos muy (demasiado) rousseaunianos. A Juan Jacobo no le importaba que un relato histórico fuera mentira, mientras fuera moral, mientras “creara vida” como diría un rapero moderno. No soy un fanático de la verdad: la he visto hacer mucho daño sin beneficio. Pero tampoco soy fanático de conservar mentiras, por bonitas que sean.

Francisco Suniaga
7 de Abril, 2012

¡Muchas gracias! A Prodavinci por la “reimpresión” y a los lectores por sus comentarios. Este relato en el que la ficción no está ausente, forma parte de mi libro “Margarita infanta”, un intento por levantar un mural de la infancia en un mundo perdido. Solo podría añadir, en razón de algunos de sus comentarios, que, como dice Lucho, la verdad o mentira en esto no es lo que más interesa. Creo que los venezolanos compartimos cada vez menos mitos y que no tiene sentido arremeter contra los que tenemos, en particular si son inofensivos y cándidos, como el del Popule Meus. Soy de La Asunción (como Ana Yahaira) y allá esta pieza sacra forma parte de la vida de todos. En lo personal, la escucho los viernes santos dondequiera que esté. Mucho más si estoy en Margarita, pues como saben los asuntinos, quien no vaya a escucharla ese día será objeto de una maldición (la del Popule Meus). Saludos y, de nuevo, gracias por su interés.

laki
7 de Abril, 2012

Hermoso relato. Pensar que la fábula de mi infancia era que el Popule Meus era, ¡el Himno del Vaticano!, inocencia que a nadie ofendió.

olinto mendez
10 de Abril, 2012

Hola Francisco, he aprendido a querer mas a Margarita despues de leer todas tus maravillosas obras. En una entrevista que te hizo Cesar Miguel Rondon, recientemente, afirmaste que estabas escribiendo tu quinta obra. He leido las tres que conozco, me podrias informar cual es la cuarta escrita. Un gran abrazo.

antonio marquez otalva
10 de Agosto, 2012

Excelente relato y mejor todavía el fondito de reflexión que me deja: ¿Cuándo y quién hará lo mismo que hizo Aldemaro con el Popule Meus con las famozas hazañas de Bolívar?. Entonces si podremos decir que entramos al siglo 21.

Mauricio Larez
19 de Abril, 2014

Gracias, amigo Francisco, por tan excelente y refrescante cronica. Haciendo mas relevante el sentirnos orgullos de que seas hijo de esta tierra, donde “hasta los mangos son Bachillere”.Un abrazo Hermano.

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