Quizás lo que distinga a un escritor realmente grande de uno mediano o pequeño no sea más que la imposibilidad de leer sus textos pasando por alto lo que sabemos de él; cuando ese escritor es Gabriel García Márquez, la dificultad es enorme. A la figura del premio Nobel colombiano se adhieren algunas imágenes surgidas de sus libros y otras que le son extrañas pero que lo persiguen insistentemente a raíz de sus posiciones públicas y su compromiso político. Más interesante que ellas es el hecho singular de que su obra haya sido, de algún modo, “secuestrada” por un cierto tipo de literatura comercial que se ha valido de una entonación y de unos procedimientos y recursos que le son propios para producir textos inferiores a los del colombiano y en las antípodas de su visión de la literatura y de la vida: una buena cantidad de estudiantes alemanes de filología (por ejemplo) solía afirmar al comienzo del curso que de los así llamados “escritores del Boom” sólo conocía a Gabriel García Márquez y a Isabel Allende y que prefería a esta última por ser más simple.
Ningún lector está obligado a conocer las periodizaciones de la historia de la literatura; leída como si fuese epigonal de textos posteriores, la obra de García Márquez es insatisfactoria y redundante, una versión poco atractiva de ese tipo de textos comerciales al que las editoriales parecen deber un par de éxitos de ventas y los lectores una cierta cantidad de decepciones. Naturalmente, nada puede impedir que los escritores latinoamericanos vuelvan a inventarse pueblos imaginarios donde la gente vuela (por lo mismo, nada hará que ciertas editoriales europeas dejen de creer que ese tipo de literatura es representativo de lo que se produce actualmente en ese territorio y dejen de otorgarle premios y de publicarla), pero pienso que es importante discutir el secuestro de la obra de García Márquez por parte de esa literatura comercial si lo que queremos es comprender su valor e importancia.
Un verano, a los diez años de edad, descubrí esa obra entre los libros de mis padres y quedé fascinado: no sabía nada de su autor, no conocía los textos epigonales que esa obra había producido (como un viejo árbol perdido en un bosque de vástagos suyos) pero pensé que yo quería ser como ese autor y provocar en los lectores la impresión que sus libros producían en mí. La recuperación de esa fascinación inicial parece imprescindible para que recordemos (ya que a muchos parece habérsele olvidado) cuán importante es esa obra y cuán afortunados somos de poder leerla.
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5 de Marzo, 2012
Me pasó igual…. y por eso me gusta escribir.
5 de Marzo, 2012
Tienes razón, ha sido un verdadero privilegio; sobre todo digerirla tan recién hecha.
6 de Marzo, 2012
Bueno, la estatura de García Márquez, puesto al lado de cualquiera de sus enanos imitadores, igual se pierde de vista. Solo quien no es un verdadero lector puede poner a Isabel Allende en su misma categoría.
6 de Marzo, 2012
Excelente artículo. Con Gabriel Garcia Marquez me inicié en la literatura, lamentablemente con la cándida (terrible para una adolscente) pero en adelante aprendí a aprerciar su maravillosa y soñadora obra. Feliz cumple al Gabo. MACONDO….