Actualidad

El acertijo del asesino en la puerta, por Umberto Eco

Por Umberto Eco | 27 de febrero, 2012

Hace no mucho tiempo, siguiendo las huellas de Jonathan Swift y su panfleto The Art of Art of Political Lying, publicado en 1712, escribí acerca de los grandes mentirosos y mencioné la vieja disputa entre moderados rigoristas.

Los primeros conceden que, en última instancia, es aceptable decir algunas mentiras (por ejemplo, en aras de la diplomacia o la cortesía), en tanto que el segundo grupo siempre ha mantenido que no se debe mentir: ni siquiera para salvar la vida de una persona.

El clásico acertijo del “asesino en la puerta” fue planteado por San Agustín, quien era un rigorista: un pobre hombre busca refugio en tu casa, y tú accedes a ocultarlo en tu hogar. Al cabo de un rato el asesino llega y pregunta acerca del paradero del hombre que está buscando. ¿Qué es lo que haces? El sentido común nos dice que debemos mentir y decirle al asesino que ignoramos el paradero del otro hombre o que lo vimos encaminarse hacia otra parte. Pero el rigorista te dirá que, dado que no debemos mentir bajo ninguna circunstancia, debes confesar al asesino que el hombre está oculto en tu propia casa. Naturalmente, con el tiempo han cambiado las convenciones al respecto, y este acertijo parece menos severo hoy en día: una persona puede simplemente abstenerse de dar la información al asesino, sin mentir abiertamente. No obstante, en general los rigoristas nunca han abandonado su completa oposición a mentir.

Esto nos lleva a Immanuel Kant, uno de los más renombrados defensores de la posición rigorista.

Kant, quisiera señalar, fue también una de las grandes mentes en la historia de la filosofía. Pero en ocasiones emitía declaraciones que, como Homero, nos dejan desconcertados todavía hoy en día. Una de las más conocidas de ellas fue su condena de la música como una forma inferior de arte, en The Critique of Judgement (1790). La música no es más que un arte “agradable”, escribió, porque “sólo juega con las sensaciones” —a diferencia de las artes “formativas”, como la pintura, la escultura y la arquitectura, que dejan una “impresión más duradera”. También señaló que la música altera a aquellos que no desean escucharla: la comparó con el pañuelo perfumado que los hombres acostumbraban llevar en los bolsillos y sacaban de vez en cuando, forzando a otros a inhalar involuntariamente su aroma.

Sin embargo, en el tema del asesino que pregunta si el hombre que pretende convertir en su víctima está en tu casa, Kant ofreció un argumento extraordinario. En In a Supposed Right to Lie From Altruistic Motives (1797), escribió:

“Si por decir un mentira has prevenido un asesinato, te has hecho legalmente responsable por todas las consecuencias; pero si te ha atenido rigurosamente a la verdad, la justicia no puede castigarte en modo alguno, cualesquiera que sean las consecuencias imprevistas. Después de que has contestado honestamente la pregunta del asesino acerca de si su víctima potencial está en casa, puede suceder que ésta haya huido de la casa para no toparse con el asesino y, en consecuencia, el asesinato no se comete. Pero si hubieras mentido y dicho que no estaba en casa cuando realmente se había escapado sin que tú lo supieras, y si el asesino se lo hubiera encontrado al salir y lo hubiera matado, tú podrías ser acusado justamente de su muerte. Porque si hubieras dicho la verdad tal como la conocías, quizás el asesino hubiera sido aprehendido por los vecinos mientras buscaba en la casa y, en consecuencia, el crimen se hubiera prevenido. Por tanto, quien diga una mentira, por más bien intencionada que ésta pueda ser, debe responder por las consecuencias, por más imprevisibles que éstas sean, y cumplir la condena por ellas incluso ante un tribunal civil”.

Espero que el propio buen Kant nunca haya sido castigado por mentir debido a “motivos altruistas”. En cuanto a su fe en esos hipotéticos vecinos, si tuvieran el mismo valor que Kant, entonces la víctima potencial estaría condenada.

¿Por qué estoy narrando nuevamente esta historia, que hubiera sido generoso (para el legado de Kant) olvidar? Siempre me siento fascinado por la estupidez, pero cuando expresiones de estupidez aparecen en los escritos de hombres verdaderamente grandes, es como ser sacudido por una visión redentora: el hecho de que incluso los genios pueden decir tonterías es una fuente de gran consuelo para el resto de nosotros, que ponemos en duda nuestro sentido común cada día.

Umberto Eco 

Comentarios (5)

dariela
27 de febrero, 2012

Buena lectura, nos deja ese sabor de amargura y dulzura que nos hace la vida agradable por ser humanos y tener el poder de decidir sí mentir o no.

kino ochoa
27 de abril, 2013

Si se sabe con certeza que el sujeto es un asesino y le mientes puedes salvarla la vida a la victima pero es probable que te asesine a ti para evitar futuros problemas, en cuanto a la moralidad de haber delatado a un refugiado se puede ser perdonado siendo que esta en peligro tu propia vida, en cuanto a las repercusiones de tu acto dependen del victimario pues si este fuera algún tipo de autoridad y tu lo encubrieras desconociendo las causas de la persecución es posible que te hicieras cómplice de un crimen por desconocimiento y este no es perdonado si no se conoce que es penado. Por lo tanto lo mejor es decir en donde esta y acto seguido huir de la escena advirtiendo lo mas rápido a un agente del orden.

Estelio Mario Pedreáñez
22 de julio, 2015

Que alguien sea un genio no lo convierte en infalible: Puede equivocarse. Ejemplos: 1) Aristóteles justificó la esclavitud sosteniendo la tesis de la “esclavitud natural”, esto se debió en mucha medida a que él formó parte de la élite de una sociedad esclavista: Su padre fue el médico del Rey de Macedonia y él mismo maestro o tutor del príncipe Alejandro de Macedonia, llamado después “Magno” y “El Grande”. 2) Karl Marx descubrió un factor fundamental en la Historia Humana, el de las fuerzas ecnómicas, pero redujo la compleja naturaleza humana, al Hombre, a su solo aspecto económico, es decir, tomó una parte por el todo. Y contrariando su propia metodología se metió “a profeta” y vaticinó la “Dictadura del Proletariado” como un mecanismo de gobierno transitorio y sucedió que nunca se dió dicha Dictadura, sino la Dictadura de los Partidos Comunistas, porque los obreros nunca gobernaron en la sosciedades cuyos gobiernos proclamaron basarse en su ideología. 3) Simón de Bolívar se proclamó republicano y creía serlo, pero se empecinó en establecer una monarquía disfrazada o encubierta con un “Presidente Vitalicio con derecho a elegir sucesor” (un “Rey sin corona”) y un “Senado vitalicio y hereditario” (igual que la poderosa Cámara de los Lores de la Gran Bretaña de su época), lo que lo llevó al fracaso político cuando sus contemporaneos entendieron que después de una larga y cruentísima guerra contra la Monarquía Española pretendía ser un nuevo monarca, bajo el título de “Presidente Vitalicio”, copiado del haitiano Alexander Petión, quien se copió del traidor “Cónsul Vitalicio” Napoléon Bonaparte (en imitación del traidor romano Julio César), quien después se dejó de eufemismos y se autotituló “Emperador de los Franceses”.

Edgard J. González.-
22 de julio, 2015

1. “la música altera a aquellos que no desean escucharla”: Si en la actualidad, con potentes equipos de sonido, la música a volumen alto es percibida a pocas cuadras de distancia de la fuente (un concierto en un estadio, por ejemplo, y en países con regulaciones laxas), en tiempos de Kant difícilmente afectarían a quienes no se acercaran a la fuente por propia voluntad (lo que hace doblemente estúpida la posición de Kant). El mayor defecto de la tesis de Marx deriva de haber generalizado para el mundo entero a partir de su escaso conocimiento de pequeñas parcelas geográficas, y para el futuro desde las limitaciones tecno-científicas de su tiempo, obviamente superadas en los 132 años transcurridos desde su muerte. Perdieron el significado que él pretendió darles, términos como “plusvalía, explotación, dictadura del proletariado, socialismo, comunismo, etc. En lo único en que Chávez fue genuinamente bolivariano, fue en copiar sus desvaríos y contradicciones de sus últimos años: Bolívar se proclamó republicano y creía serlo, pero se empecinó en establecer una monarquía disfrazada o encubierta con un “Presidente Vitalicio con derecho a elegir sucesor”, con los matices del caso, fue un vulgar caudillo con ínfulas de emperador, y llegó al colmo de imponer un sucesor (que a su vez le fue impuesto a él en La Habana).

Estelio Mario Pedreáñez
23 de julio, 2015

Ciertamente el amigo Edgar J. González tiene razón al afirmar que “…En lo único en que Chávez fue genuinamente bolivariano” fue en intentar frustrado de establecer una “Presidencia Vitalicia”, aunque logró la “Reelección Indefinida”. No creo que el difunto Chávez fuera un caudillo porque este concepto implica un jefe capaz de organizar a sus seguidores e integrarlos como fuerza de combate para hacer la guerra como lo fue Simón de Bolívar, José Antonio Páez, Ezequiel Zamora, José Tomás Boves, Santiago Mariño y Manuel Piar, entre otros. Chávez fue un militar dentro de un ejército organizado con carácter pretoriano pero caudillo jamás. ¿Cómo comparar? Simón de Bolívar, no era un militar de escuela sino un rico terrateniente que logró por sus acciones y capacidades (militares, políticas e intelectuales) no solo el generalato, sino la Jefatura de los Ejércitos Libertadores, formados por pueblos en armas contra la monarquía española, en el desarrollo de una guerra larga (casi 15 años) y sanguinaria, que peleó y dirigió verdaderas batallas con muertos y heridos, no un soldado de papel. Además, Simón de Bolívar fue un hombre valiente, un verdadero patriota y un hombre honrado, no pobre, porque nació y murió rico. Así pues Simón de Bolívar nnca fue un cobarde, nunca fue un traidor y nunca fue un ladrón, al contrario, se caracterizó por fusilar a los traidores, a los cobardes y a los ladrones, sin contar que fusiló al verdaderamente revolucionario Manuel Piar (gran estratega militar y partidario irreductible de la abolición absoluta de la esclavitud)por no permitir nadie que intentara disputarle el mando absoluto. Bolívar cometió errores y no fue un demócrata (le tenía temor y desprecio a “la Pardocracia”), pero su actuación histórica es orgullo no solo para los venezolanos, sino también para los colombianos, ecuatorianos, panameños y bolivianos.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.