
Foto: @vemeko
Murió Luis Alberto Spinetta, le digo a J, mi mujer
¿Quién era? me responde del otro lado del teléfono
Un artista, le respondo (no le digo un músico, le digo un artista)
¿Era tu amigo? ¿Lo conocías?
No, le contesto. Aunque puedo decirle el nombre de cada uno de sus hijos, su edad, muchas de sus canciones. Incluso, recuerdo el episodio cuando se negó a cantar “Rezo por Vos” junto a Charly García (coautor del tema) pues según él, pasaban cosas raras cuando tocaban juntos.
No, no era mi amigo. Apenas lo vi una vez, atento, como parte del público, la noche del debut de su hijo, Dante, en el proyecto Illya Kuryaki. Él era, también, parte del cartel.
¿Era famoso? Me pregunta J
Lo pienso…seguramente fuera de Argentina no era tan conocido como otros. Tal vez por eso, J, necesitaba más pistas para entender mi angustia por la muerte de Spinetta.
J extiende las preguntas entre mis propias pausas, hasta llegar a la definitiva
¿Te duele?
Espero, trato de responder, pero mi memoria se extiende entre canciones, nombres de grupos y los títulos de sus discos. En especial se detiene en el album “Exactas” un disco grabado en vivo en la Facultad de Ciencias Exactas, que se convirtió en 1991 en una auténtica tabla flotadora para mi. Ir una y otra vez sobre las canciones de ese album produjo un bálsamo curativo que hoy, seguramente, necesitaremos muchos.
¿Me duele?
No, en realidad no. Me desconcierta, me saca del centro donde, con frecuencia, nos sostenemos, ese lugar que sirve para evadirnos de la única realidad, las más contundente, nuestros dioses son mortales y todos, en algún momento nos abandonarán, dejándonos, así, solos, dando la cara al desconcierto de la realidad.
***
Me costó cerca de una hora quitarme el espanto.
Esta mañana decidí escuchar Artaud mientras iba al trabajo. Lo hice porque V tenía una entrevista hoy. Una entrevista importante. Una entrevista que yo tuve hace tiempo y en la que me fue bien y se hizo un día cuya mañana me fui caminando oyendo Artaud. “Cuida bien al niño, cuida bien su mente./ Dale sol de enero, dale un vientre blanco, / dale tibia leche de tu cuerpo”. La poesía a veces, siempre cerca de la Muerte, suele ser una gran hija de puta.
Lo vimos juntos. Guiábamos por Caracas a un extranjero (que desapareció de nuestras vidas bastante rápido) y a la mamá de V. No teníamos nada de dinero para entrar a verlo tocar. El Flaco estaba afinando mientras nosotros le mostrábamos a un turista la Plaza Cubierta de la UCV. Era 1 de abril. Nos invitaron la entrada. De la nada. Un antojo hermoso de la mamá de V. Ella nunca lo había escuchado sino puesto en mi boca. En mi boca. Como hoy en esa camioneta que atraviesa la Av. Francisco de Miranda con una imagen de la Santísima Muerte al lado de un bulldog de plástico que cabecea con cada bache y cada frenazo.
No verlo venir. Yo tenía un año sin escuchar Artaud tan de mañana. Me costó cerca de una hora quitarme el espanto.
“Todas las hojas son del viento, / ya que él las mueve hasta en la muerte”
Hija de puta.
Ahora nos enteramos de las muertes por escrito. Y quizás demasiado rápido.
***
Ahora, ya J está aquí, a mi lado
Le digo que hoy fue difícil concentrarme, más de lo habitual. A la gripe naciente, se le agregó la noticia de la muerte de Spinetta que, literalmente, oscureció buena parte de mi entendimiento.
¿Cómo fue esa nube que interfirió mi concentración? (ahora me pregunto yo mismo)
Una masa donde flotaba la letra de “El Anillo del Capitán Beto”, esa voz que saltaba de una manera casi imposible y unos versos que parecían cazados a última hora. La primera vez que la escuché tuve que anotarla y hasta me obligué a buscar en el diccionario el significado de “periplo”. Mi miserable vocabulario de joven criado en la macilenta era punk caraqueña jamás supo de la existencia de esa palabra hasta ese día. Sólo alguien como Spinetta podía usar “periplo” en lugar de otras más vulgares y corrientes como “viaje”.
Ahora J, juega con el iPad y yo sigo en lo mismo, pensando que Spinetta volvió hoy a mi vida con un solo propósito: enterrar a un anciano que aún vivía en mí. Un cuerpo viejo y enano de 1985 con los pasillos de la Universidad Católica, una playa de Margarita y unas calles de Firenze grabados. Spinetta llegó, saludó y echó tierra a quien fui y lo hizo riendo, riéndose de todos quienes cometen el sacrilegio de llorarlo, de recordarlo, de evocar sus canciones. Spinetta se ríe de las cadenas en Twitter, de los DM, de las lágrimas, de este texto, se ríe de los fanáticos, a quienes siempre miró de reojo,
“Ya no intento convencerte más,/ la verdad no es verdad / y no hay que llorar así bu bu bu” ["No seas fanática", de LAS]
***
“Muchacha ojos de papel” es una canción perfecta. Es una metáfora apelativa. Y eso —como la poesía conversacional, como los abismos entre los signos y el sentido, como los paisajes— no existe. La tristeza nos pone afirmaciones peligrosas en la boca (en los dedos). Y nos importa poco: ahora, que todo duerme, nadie tiene manos para robarse algún color. Corazones de tiza.
Hace tiempo la TV, esa especie electrónica en extinción, me permitió saber que Spinetta escuchaba a su papá cantando tangos en la radio. Siempre que repasaba la anécdota, cuando hablábamos de música, afirmaba que no usaban bandoneón los músicos que acompañaban a su viejo. “Usaban violines”, decía con mi torpeza catódica, “y él agarraba una escoba y hacía que tocaba tangos”. No estaba jugando: se precursaba.
No cometo la tontería de inventariar cuántos discos grabó. Soy un mutante: sé menos sin Internet. Quizás alguien como @borisfelipe68 sí lo sepa. La telefonía conspira y no doy con Boris, pero sé que está triste. Al volver la conexión, pude dar con la entrevista gracias a YouTube. No eran violines, sino violas lo que le fascinaba ver sacar de los estuches a los músicos que tocaban con su papá. No reconozco los largos episodios que ahora puedo ver. Lo que recuerdo son fragmentos.
Ahora expresamos los duelos por escrito. Y quizás demasiado rápido.
Hay comentarios hechos hace minutos debajo de este hombre que ahora habla con mayor distancia. El rocanrol se ha convertido, malhaya, en paisaje:
“Si me dicen que soy músico, pues soy músico. Si es que soy poeta, soy poeta. Yo sé dónde está todo eso: convivo con esas dos especies de flores y creo que se germinan mutuamente de una manera notable sin que yo a veces haga demasiado, ¿me entendés?, más que obrar con la intuición y buen corazón”.
¿Cuántos más estaremos intentando aliviar la culpa navegando en torno a esta ronquera? Hace años conseguí en una computadora ajena un supuesto manuscrito de “Rezo por vos” que… que nada. Ni siquiera es un objeto esto que recuerdo, esto que no encuentro.
El duelo convertido en trending-topic. Quizás no haya manera de perder algo en la traducción.
***
Entre la marea de mis pensamientos, encuentro la manera más efectiva de explicar quién era Luis Alberto Spinetta, una manera de acercarlo a quienes ya no escuchan música, a quienes la consumen, la tragan sin masticar. Spinetta es el autor de esa canción que cantaba Cerati, “Bajan”.
“Tengo tiempo para saber si lo que sueño concluye en algo”
***
“Dónde está aquel lugar / al que todos llaman cielo?”
*******
Por Boris Felipe y Willy Mckey
Vea también: Video: Luis Alberto Spinetta (1950 -2012), Seguir Viviendo Sin Tu Amor
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9 de Febrero, 2012
Un talento que no se definía a través de otros, sino sobre su propia estructura. Spinetta fue siempre Spinetta: un sonido exclusivo, una búsqueda permanente y una estética que desdeñó lo obvio, los lugares comunes.
9 de Febrero, 2012
Muy bien Boris….ni una palabra más ni una menos… una gran reflexión!!!!….
9 de Febrero, 2012
Amé la publicación, estoy muy agradecida por esto. No muchas veces se logra dar en el clavo al transcribir tantos sentimientos, recuerdos, sensaciones al fin, que nos marcan de manera completamente diferentes a todos. Cada uno tendrá su propia historia con este gran artista con su obra completa, quizás con una sola canción, pero debo reiterar que fue hermoso para mí leer esto.
Saludos con la seguridad de que el FLACO vive en todo lo que logró, vivió y nos dejó.
10 de Febrero, 2012
Hermoso texto. En medio de tantos elogios como suelen aparecer cuando se cree que alguien se ha ido, tus palabras tienen la simpleza de unos ojos de papel o un corazón de tiza. Así tan frágiles que la lluvia se los lleva, pero tan contundentes que el viento los hace recorrer todos los espacios hacia los cuales se fugan. Así es la memoria, la que queda como parte de uno. La que va y viene como un equipaje sagrado. Y los que amamos siempre nos dejan ese tipo de huella. Andamos con ellas y las volvemos presente o futuro a veces hasta sin darnos cuenta. Y eso es lo que perdura más allá de todos los adioses, porque en fin de cuentas estamos es arribando siempre y no creeremos nunca en despedidas. Un abrazo, mery
11 de Febrero, 2012
Si…nuestros dioses mueren, y duele más cuando han sido luz y compañía en el vacío, en la inexorable certeza de la soledad. Cuántos años, días, noches, en el walkman, en el vinilo, los casettes que nos pasábamos de mano en mano, en cedés, ahora en ipods, estuvimos -estamos, si- bajo la magia de los acordes de las guitarras de LAS, demiurgo del misterio?…hermanos, amigos, amantes, amores pasajeros, canciones de cuna, eterna música de fondo…
No quiero, no voy a despedirlo…el llanto y la tristeza de su partida es cosa jodida, pero me niego a despedirlo…su maravillosa obra y su fuerza vital -como la mejor eau de vie-, seguirá calmando mi sed…
Ahora, por fin, sé quien es Beto, el capitán, y más que nunca soy Invisible, y que me gustan más las Almendras y los textos de Artaud, y que gracias a él seguiré siendo un Pescado Rabioso, difícil de atrapar…
Ahora más que nunca se que tengo un Socio en este extraño Desierto -tal vez el único-, y que el frondoso árbol Spinetta estará conmigo, incondicional y hermoso, filoso, honesto e implacable, hasta la hora de mi muerte, regalándome su sombra, amorosa y tibia, hasta que me vuelva barro, y viaje al otro mundo, como Beto, silbando su canción…
“Si no canto lo que siento
me voy a morir por dentro.
He de gritarle a los vientos hasta reventar
aunque sólo quede tiempo en mi lugar.
Si quiero me toco el alma
pues mi carne ya no es nada.
He de fusionar mi resto con el despertar
aunque se pudra mi boca por callar.
Ya lo estoy queriendo
ya me estoy volviendo canción
barro tal vez…
Y es que esta es mi corteza
donde el hacha golpeará
donde el río secará para callar.
Ya me apuran los momentos
ya mi sien es un lamento.
Mi cerebro escupe ya el final del historial
del comienzo que tal vez reemprenderá.
Si quiero me toco el alma
pues mi carne ya no es nada.
He de fusionar mi resto con el despertar
aunque se pudra mi boca por callar.
Ya lo estoy queriendo
ya me estoy volviendo canción
barro tal vez…
Y es que esta es mi corteza
donde el hacha golpeará
donde el río secará para callar.” LAS
12 de Febrero, 2012
El sonido exclusivo en parte se debe a que por su tono de voz alto el tocaba la mayoría de sus temas desafinando la guitarra.