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La iglesia y la sexualidad, por Fernando Mires

Por Fernando Mires | 25 de Enero, 2012
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En Holanda: “Desde 1945, entre 10.000 y 20.000 menores fueron víctimas de agresiones que oscilaron entre la violación (un millar) y los tocamientos no deseados. Ocurrió en internados, orfelinatos, colegios y seminarios, y los autores fueron unos 800 religiosos adultos. Al menos 105 de ellos siguen vivos

La Conferencia Episcopal holandesa y la Asociación de Órdenes Religiosas pidieron perdón por “la lacra de los abusos sexuales cometidos en el seno de la Iglesia católica”. “Nunca debió suceder. Padres y niños depositaron su confianza en nosotros y hemos fallado”, dijo el arzobispo de Utrecht, Willem Eijk. Eso fue a media tarde. Apenas unas horas antes, Wim Deetman, presidente de la comisión que lleva su nombre, encargada de investigar los abusos, había descrito un panorama desolador”.

1.

La cita es parte del texto de una noticia -una más de las tantas sobre el mismo tema- divulgada en todos los periódicos del mundo nada menos que en vísperas de la Navidad del 2011. Obispos, arzobispos, cardenales, el Papa, toda clase de autoridades religiosas, no atinan más que a pedir perdón por faltas cometidas a ciudadanos de diversas naciones.

En verdad, no se trata sólo de pecados (ausencia de la presencia de Dios en el ser) sino de delitos, vale decir, transgresiones penadas por la Ley en todos los países civilizados. De más está decir que el prestigio del sacerdocio católico –aunque paguen justos más que pecadores- está por los suelos. No pocos son los padres de familia dispuestos a no confiar la educación de sus hijos a curas católicos. Incluso ya están siendo exhibidos filmes donde los sacerdotes aparecen como símbolos de aberrantes perversiones sexuales.

Quien lo iba a pensar. Cuando Almodóvar presentó su film “La mala educación”, fue vilipendiado en los medios vaticanos. Hoy estamos viendo, en cambio, como la realidad supera a la ficción. Son tantos las casos de transgresiones llevadas a cabo por sacerdotes que resulta imposible seguir hablando de hechos aislados. Ha llegado entonces la hora de decirlo –con todas sus letras y en voz muy alta– la Iglesia Católica está enferma. Una disociante patología sexual la recorre de punta a cabo.

Estamos frente a un mal –la palabra la utilizo en dos sentidos: religioso y clínico- que no puede ser lavado ni con simples peticiones de perdón ni con sinceros reconocimientos de culpa. Se trata de uno que hay que –aunque parezca ironía tratándose de curas- curar (sanar). Y ese mal tiene su origen, es mi opinión, en el propio celibato eclesiástico.

Entiéndase: no estoy diciendo que el celibato sea “en sí” el mal; estoy diciendo que el mal se origina desde la institución del celibato, es decir, desde el momento cuando la Iglesia, quizás por motivos históricamente justificados, intentó regular la energía genital de sus huestes. Voy a fundamentar enseguida esa opinión

Los orígenes históricos del celibato se remontan al año 305 d.C. (Concilio de Elvira) Las razones de su implantación no pueden, luego, ser separadas del contexto signado por el desmoronamiento del imperio romano el que no sólo fue institucional sino también cultural y, sobre todo, moral. La Iglesia, en esas condiciones, hubo de cerrar filas alrededor de hombres cuya misión era la de servir de ejemplo en medio de la más caótica barbarie. A esa razón fue agregada otra no menos importante: impedir que los bienes de la Iglesia fueran convertidos en patrimonios, familiares y hereditarios (Concilio de Nicea, 324 d.C.). Hay, y no por último, una tercera razón, y es la que predomina todavía en círculos eclesiásticos: separar a los sacerdotes de la vida doméstica a fin de que dediquen todo su tiempo a la causa de Dios. Idea que en cualquier caso no es cristiana. Como muchos otros atributos del cristianismo, ella proviene del mundo griego.

Dedicar tiempo a la filosofía (amor por el saber) era para los griegos un medio para vincularse con el más allá mediante el pensamiento dialógico. Las tareas domésticas, por muy importantes que fueran, no deberían ser ejercidas por filósofos. Como es sabido, Platón llevó esa idea al extremo cuando fundó las Academias en cuyos interiores solo convivían hombres dedicados al pensamiento, a las artes y al saber. Las órdenes religiosas y los primeros conventos de la cristiandad surgieron a imagen y semejanza de las Academias platónicas.

2.

Huelga decir que los fundamentos teológicos del celibato eclesiástico son muy débiles. Eso explica por qué la mayoría de sus defensores ha intentado forzar las palabras de Jesús de acuerdo a una muy mala interpretación de un pasaje del Evangelio según Mateo. Es el siguiente: “Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, cometerá adulterio; y el que se casa con la repudiada, cometerá adulterio. – Le dijeron sus discípulos: -Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse. Entonces él les dijo: -No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado. Hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.” (19: 9-12)

El párrafo de Mateo contiene dos partes. En la primera, Jesús, de acuerdo a la más estricta tradición judía, defiende los derechos de la mujer en la familia. En la segunda, cuando se refiere a los eunucos (personas desgenitalizadas) lo hace en términos literales y simbólicos a la vez. Primero, hay según Jesús, seres no sexualizados y lo son por naturaleza. Segundo, hay quienes han llegado a serlo por las circunstancias de la vida. Y tercero, hay quienes han llegado a serlo al haber trasladado su energía amatoria hacia Dios. Estos son los menos: los iluminados, los santos, los que han visto la luz del cielo antes de morir. Pero, léase bien: en ningún caso Jesús exigió a sus discípulos que asumieran la tercera alternativa, la de ser eunucos espirituales, como una obligación a cumplir en esta vida. ¿Cómo puede exigir entonces la Iglesia a sus sacerdotes algo que jamás exigió Jesús a sus discípulos? ¿No estamos frente a un “clásico” pecado de soberbia?

Iluminados que han abandonado sus bienes para dedicarse a sublimes misiones ha habido muchos. Seres para quienes la sexualidad ocupa un lugar muy secundario frente a un ideal superior de vida, los podemos encontrar en artistas, filósofos e incluso en científicos, tanto o más que en las religiones. Pero ninguno ha alcanzado ese estadio destruyendo su propia materia sino siguiendo, desde su materia, el mandato de una naturaleza espiritual, o de acuerdo a Jesús: como un don que viene del cielo. Esa naturaleza espiritual, imposible de imponer a nadie, es la que ha intentado imponer la Iglesia a sus sacerdotes. Razón por la cual los delincuentes sexuales –religiosos o no- son, como ocurre en toda delincuencia, hechores pero también víctimas. Víctimas de un rigorismo sexual frente al cual, por ser humanos, no están preparados la gran mayoría de los sacerdotes. Ni siquiera los de “el nombre de la rosa” de Umberto Eco.

Si el sentido de la abstención sexual era liberar el tiempo para que fuera dedicado a Dios, hay que convenir que, siendo la intención buena, ha ocurrido todo lo contrario. Pues si pensamos en términos de economía temporal hay que preguntarse ¿Cuánto tiempo gasta un sacerdote en aventar sus deseos sexuales? ¿En atormentarse por poluciones involuntarias? ¿Cuántas penitencias para castigar el simple recuerdo de los sueños eróticos? ¿Cuánta mortificación cuando en ausencia de la piel de una mujer el deseo aparece frente a un muchachito lampiño?

3.

El sexo y el hambre son deseos del cuerpo. Ambos sirven a la perpetuación de la vida, algo que no puede ser contrario al deseo de Dios, que es la vida misma. Si ponemos a un ser humano –el ejemplo es hoy muy válido- al borde de la inanición: ¿puede en esas condiciones pensar en Dios? Con el sexo ocurre lo mismo: frente a la ausencia del objeto, el deseo sólo sabe crecer, hasta convertirse en patológica obsesión.

La abstención del objeto del deseo tiene como efecto aumentar el deseo del objeto. Eso lo sabe cualquier sicoanalista de mediana formación. Mientras más prohibido el deseo, más fuerte será su llamado. Lo dijo Sócrates muy bien: “el ser desea lo que no tiene porque si lo tuviera no lo desearía”. Y mientras menos se tiene, más grande será el deseo. Luego, si el objeto del deseo es interdicto, el deseo buscará objetos sustitutivos. Ese será –lo sabemos desde Freud- el momento de la “perversión”. La perversión (o desvío) emerge justamente ahí donde aparece la prohibición. La perversión es el deseo que se estrella contra el muro de la prohibición y busca salida a través de los menos imaginados acueductos.

Si el deseo se dirige a Dios, es divino. Si el deseo se dirige al humano, es humano. Pero lo humano en el ser es condición de su divinidad, del mismo modo que la materia es condición del espíritu. A partir del amor hacia lo humano podemos pre-sentir el amor hacia lo divino. Nunca ocurrirá al revés. Lo superior sólo puede existir sobre la base de lo inferior pero lo inferior puede seguir existiendo sin lo superior. Quien niega la materialidad del ser niega por lo mismo la potencia de su espiritualidad. El espíritu, hay que reiterarlo, no es la negación de la materia, pero la materia es condición del espíritu. Eso lo entendió muy bien la doctrina cristiana cuando nos habla de la resurrección de los cuerpos: ¿No es también ese el sentido de la revelación del Nazareno cuando nos dijo que el vino es su sangre y el pan su cuerpo? La negación del cuerpo es, por lo mismo, la negación del alma. Es pecado. El celibato obligatorio, como negación del placer que nos da la reproducción de la vida es, por lo tanto, pecado. Y el pecado sólo puede producir pecado (ausencia de la presencia de Dios en el ser)

Pero el pecado no existe sin el conocimiento del pecado –lo sabemos desde Adán y Eva- es decir, por la prohibición que lo da a conocer. Esa es, por lo demás, una de las tesis centrales del fundador del cristianismo: el apóstol Pablo. “¿Es la ley pecado? Jamás sea eso cierto. Pero yo no habría llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por la ley, y no hubiese conocido la codicia si la ley no hubiese dicho: “No debes codiciar”. Mas, el pecado recibiendo incentivo por medio del mandamiento, obró en mí toda clase de codicia, porque aparte de la ley, el pecado estaba muerto. De hecho yo estaba vivo en otro tiempo aparte de la ley; mas cuando llegó la ley, el pecado revivió pero yo morí” (Romanos 7: 7-8-9)

La ley mediante la prohibición nos da a conocer el pecado y por eso mismo el deseo del pecado. El deseo prohibido se transforma así en patológica obsesión. Esa es la que vive la Iglesia Católica de nuestro tiempo. Al negar al deseo sexual la Iglesia no desexualizó a sus contingentes. Todo lo contrario: los hipersexualizó. Casi no hay, efectivamente, institución más sexualizada que la Iglesia Católica. La Iglesia ha terminado por convertirse así, en un sinónimo de la sexualidad. Y eso no puede ser. Esa no es la Iglesia que necesitamos.

La Iglesia Católica fue, es, y quizás será, uno de los pilares sobre los cuales reposa el pensamiento moral, filosófico y político de esa unidad no geográfica que es Occidente. Más allá de sus históricos extravíos, que han sido muchos, la propia idea de Occidente no habría sido posible sin la Iglesia. Quiero decir: la democracia y la libertad necesita de instituciones que resguarden ese tesoro acumulado desde los días en que el cristianismo histórico emergió de la convergencia que se dio entre la sabiduría moral de los judíos, el pensamiento lógico de los griegos, y la legalidad republicana de los romanos. Dicho rol resguardador ha sido cumplido por la Iglesia Católica. Por eso es que no solo los católicos necesitamos de la Iglesia.

El mundo de la libertad necesita una Iglesia libre de obsesiones, sean sexuales o no. Necesitamos también sus sacerdotes. Algunos han sido mártires, otros santos. Ocurre lo mismo en las artes: hay miles de pintores, pero como Leonardo o Miguel Ángel no hay muchos. Esa es la razón por la cual ningún mártir, ningún santo, podrá sustituir el rol que cumplen abnegados sacerdotes (y monjas) en los más remotos rincones del planeta. Nadie exige, por lo tanto, que los curas sean mártires o santos; tampoco superhombres elevados hacia el cielo sobre las ruinas de sus propios cuerpos. Pero sí requerimos de profesionales de la fe; es decir, seres que profesan una vocación con eficiencia, responsabilidad, y en este caso, como profesores que enseñen la palabra de Cristo en su literalidad, en su significado y en su sentido. Más no se les puede pedir a los curas: son seres humanos, como tú y yo. Más no pidió tampoco Jesús a sus discípulos.

 

Fernando Mires 

Comentarios (21)

leonardo molero
25 de Enero, 2012

Excelente articulo me ha gustado mucho colega.

Maripili Salas
25 de Enero, 2012

Yo no entiendo cuál es el problema de que los curas tengan a sus familias, eso más bien les dá conocimiento acerca de la pareja, la relación con los hijos,entro muchas otras cosas. De lo prohibido vienen las aberraciones… “el ser desea lo que no tiene porque si lo tuviera no lo desearía”. Y mientras menos se tiene,

Domingo Subero
26 de Enero, 2012

El artículo reposa sobre la idea de que el celibato es el causante de los abusos de sacerdotes y monjas católicos a cientos de miles de niños y niñas en todo el mundo. Aunque ahora se denuncien tan viles actos (la mea culpa es tardía) el señor Mires, al igual que otros, sólo tiene la intención de lavarle la cara la Iglesia Católica. Se le olvida, muy convenientemente, que esta institución planificó alevosamente acciones para ocultar los hechos y proteger a los culpables de la “verdadera” justicia. Que esta operación delictiva fue ordenada por altos prelados de la Iglesia. Que hay evidencias documentales de que Juan Pablo II estaba al tanto de lo acontecido y, además, fue el propio señor Ratzinger quien firmó las ordenes donde se indicaban los pasos a seguir para tapar estas atrocidades. Por algo el gobierno de Irlanda ha acusado al Vaticano de encubrir estas acciones y entorpecer el curso de las investigaciones. Ahora veamos la disparatada idea del celibato como origen de estos hechos. El “objeto” sexual de los sanos (sin causar daño en otros) deseos de una adulto debería ser otro adulto (y, la mayoría de las veces, del sexo opuesto); ¿cómo es, entonces, que la abstinecia voluntaria lo cambia por la tortura a niños? No explica esta idea por qué estos personajes violaron reiteradamente a cientos de niños, ni por qué, ante las urgencias del deseo reprimido, no buscaron satisfacción con otras personas de su misma edad… hubiese sido lo “natural”. ¿Por qué, señor Mires, no abandonaron la secta y buscaron fuera de ella lo que adentro se les prohibía?; será por que la Iglesia dió cabida a personas que la usaron como fachada para ocultar sus “urgencias” y sentirse a salvo de represalias. Lo que se obvia decir es que la doctrina católica es dogmáticamente represiva, aún más en las cuestiones de la sexualidad humana, la cual degrada a la mera reproducción y condena el placer. Estamos en el siglo XXI. Usar un concepto medieval como el del “pecado” o presentar a la Biblia como referencia moral es alquimia intelectual. ¿Qué es eso de la ausencia de Dios? Se equivoca de cabo a rabo al decir que la Iglesia Católica ha sido guardiana de la cultura occidental, digamos (siendo más exactos) que Occidente ha podido progresar a pesar de ella y su perenne oscurantismo. No hay que equivocarse con explicaciones tan banales como esta. La verdad amerita una mayor honestidad.

CD
26 de Enero, 2012

Excelente!! Nada que quitar… ni agregar

enrique corpancho león
26 de Enero, 2012

Me parece plausible el deseo del autor de ilustrarnos la historia del celibato en la Iglesia católica, pero en mi modesto entender aterriza muy mal cuando entra al terreno de la tipificación de la pederastía, que claro que es un delito punible y perseguible en todos los países civilizados del mundo. Pero, aclaremos ante todo una cosa: la pedofilia es una patología sexual, es una perversión grave en la conducta sexual de una persona. El que los psiquiatras llaman una parafilia ¿El celibato hace que se manifieste? De ninguna manera. Si tal razonamiento fuera válido entonces podríamos llegar a la conclusión de que todos los sacerdotes de la iglesia Católica son pederastas. O que todos los hombres que no tienen una pareja estable (y por lo tanto transitan periodos de abstinencia sexual) son pederastas. El pederasta lo es, con sotana o sin sotana, con abstinencia o sin abstinencia. ¿Habrán menos pedófilos en la iglesia católica si el celibato se terminara? No, porque el sacerdote pedófilo no encuentra en otro lugar como en la iglesia el status y la autoridad, la ascendencia y la sumisión de sus fieles, terreno propicio para dar rienda suelta a sus perversiones. Ahora bien, la iglesia católica es una institución vertical, autoritaria y burocrática. No puede deshacerse de sus miembros pedófilos porque los necesita vista la notoria disminución de las “vocaciones” y porque ha invertido mucho en cada uno de ellos, es por eso que cuando comienzan los rumores de abuso sexual de un sacerdote inmediatamente lo cambia de parroquia. Y así sucesivamente, hasta cambiarlo de país. En ese periplo nuestro simpático sacerdote ya violó a decenos (sino centenares) de niños y niñas, destrozando sus vidas afectivas y sexuales de por vida ¿y la caridad cristiana para con ellos, las víctimas de estos delincuentes sexuales con sotana? Pues seguramente lo encontrarán en el más allá porque aquí no lo encuentran. ¿porqué un ciudadano común y silvestre, que viola a un niño o niña, termina con sus huesos en la cárcel y porqué un sacerdote que hace lo mismo centenares de veces no le pasa nada? ¿tanto poder tiene la iglesia católica como para pisotear y zurrarse en el ordenamiento jurídico de tantos países? ¿Necesitamos a la Iglesia Católica? No lo creo. Porque una institución que asesinó a millares de musulmanes, pasó por el cuchillo a sus propios compañeros de creencias (las guerras religiosas en Europa, las cruzadas o guerras de exterminio contra los albigenses o cátaros), la que creó a la mortal Inquisición, que no solo asesinó (previo “juicio justo según Ratzinger) judíos y “herejes” y “brujas”, sino que se apropió de sus propiedades y riquezas (gran parte de las propiedades de la iglesia católica tienen un origen sangriento), la que sistemáticamente se ha opuesto a las campañas estatales de planificación familiar, saboteándolas y logrando, como en el caso peruano, que el Tribunal Constitucional prohibiera la distribución del Anticonceptivo Oral de Emergencia, provocando miles de abortos por embarazos no deseados o colocando ministros de salud que desabastecían las postas médicas del interior del país de los medios de control de la natalidad, provocando lo mismo. Una Iglesia así no necesitamos. No necesitamos una iglesia que apoyó a Hitler y se hizo de la vista gorda cuando el exterminio de judíos, socialistas y comunistas, que practica el maridaje con las fuerzas más oscuras y más retardatarias, más cavernarias y represivas. No, definitivamente no necesitamos una iglesia así

Didi
26 de Enero, 2012

Tenía tantas cosas que decir después de leer el artículo pero todas las ha dicho magistralmente Domingo Subero. Felicidades a él y a Enrique Corpancho, concuerdo totalmente. Léanlos a ellos, ya dijeron todo. Aplausos

Obed Munoz
27 de Enero, 2012

Gracias Sr. Mires, mas claro no se puede hablar sobre el tema. Referirse a otros asuntos sobre la religión católica esta demás.

Luis
27 de Enero, 2012

Durante años he oído a varias personas desaprobar el celibato religioso. Contesto algo que puse en otro blog: En todas las religiones, aún en aquellas que expresamente desaprueban el celibato, ha habido varones y mujeres que deciden dedicar su vida solo a Dios, ya sea a través de la contemplación, ya sea a través del cuidado del prójimo (enseñanza, defensa, hospitales, etc.), ya sea a través del estudio y la investigación. Miles de personas insignes y santas, místicos y sabios, han sido célibes. No solo cristianos: Budistas, musulmanes, judíos, etc. Mientras se haga con caridad, Dios lo bendice.

¿No es curioso que la desaprobación del celibato religioso no se da entre personas devotas o practicantes, sino entre personas qwue ni siquiera cumplen los sacramentos o creen firmemente en los principios religiosos? ¿Y ESO NO PARECE CONTRADICTORIO? ¿No nos reprochan que metamos argumentos religiosos en temas científicos? ¿Y en esto pueden opinar los que no son tan religiosos como si fuesen expertos en la fe y la creencia? ¿Que clase de mundo al revés de porquería estamos viendo? Por favor… Hay que ser sensatos y conscuentes. Si no se entiende de qué va la renuncia y entrega que supone dar cuerpo y alma a Dios, mejor quedarse callado, antes de decir burradas que no solo atentan contra la religiosidad sino contra la fe misma de quienes la están formando.

Rafael Núñez
28 de Enero, 2012

Muy interesante y muy bien argumentado, como de costumbre, el artículo del Sr. Mires, felicitaciones. Pienso que los sacerdotes que utilizan y abusan de su posición para ultrajar a menores, no deben ser protejidos por nadie, deben ser juzgados individualmente y responder ante las leyes civiles. Y no bajo el amparo de la institución a la que representan. Si la justicia los encuentra culpables, las autoridades eclesiales, en resguardo de los fieles, los han de remover sus cargos. Como humano, como padre de familia, como tio, como hermano, como amigo, como ciudadano y como católico éxijo que se cumplan las leyes, sin miramiento y sin preferencias. Pero, el artículo del Sr Mires me lleva a plantearme algunas preguntas: ¿Es la pedofilía una averración exclusiva de los sacerdotes católicos, es el único gremio afectado? ¿Cuales son las estadísticas de casos en otros grupos, como por ejemplo, la misma familia, maestros y profesores, policias, rabinos, pastores de otras denominaciones cristianas? A la luz de los números estadísticos, conviene preguntarse: ¿verdaderamente es el celibato la causa de la pedofilia en la iglesia? ¿por qué en otros gremios, donde no está presente el celibato, la pedofilia alcanza niveles estadísticos superiores? Exalto la labor de los medios de comunicación al denunciar los casos de sacerdotes católicos pedófilos, pero rechazo que no le den el mismo tratamiento a los pedófilos de otros gremios, como deberian hacerlo por justicia a las víctimas y como prevención.

Domingo Subero
28 de Enero, 2012

Vamos por parte. A) en mi caso no desapruebo “el celibato” como institución sino toda la idea religiosa. Pero esa es mi opinión, poco me importa si la van a compartir o no. La crítica al artículo del señor Mires se debe a la idea sin fundamento alguno que el celibato haya sido la causa de las aberraciones cometidas por sacerdotes y monjas contra niños encomendados a ellos para su protección y educación (en palabras comunes: adoctrinamiento religioso). Es absurdo el argumento y, como se ve, pretende decir que con un sólo acto administrativo de la Iglesia (eliminar el celibato), ¡Zuas! Problema resuelto, no más clérigos pederástas. Eso, señoras y señores, es una falacia. Toda la idea religiosa implica subordinación a la fe, a creer sin necesidad de pruebas, pero en el caso de la realidad (sitio donde las mentes lúcidas se encuentran, no en la fantasía mística) se necesitan pruebas duras y contundentes para demostrar la verdad. No necesito que Dios bendiga nada para actuar con caridad y amor al prójimo. ¿Hacia dónde estaba mirando Dios cuando estos sacerdotes violaban a los niños? B) ya la Iglesia trató de utilizar el argumento de que el número porcentual de trasgresores sexuales en su seno no supera al de otras instituciones, por ejemplo, el sistema educativo. Dos puntos hay que resaltar aquí: i – al irse conociendo los casos, el número de víctimas y de victimarios se comprobó que es mucho mayor (en el sistema educativo norteamericano es cerca del 4%, si mal no recuerdo) y ii- en otras instituciones no ha habido acciones de ocultamiento premeditado y alevoso de los actos punibles. Cuando estos se producen y son descubiertos los implicados son sometidos a la justicia y la institución compensa a la víctima. Compárese la actitud de la Iglesia con la de cualquier otra corporación y se podrá apreciar la diferencia. Saludos. Por último, los abusos ahora denunciados no se limitan a los depredadores sexuales, que son los más, en España, por ejemplo, se han descubiertos que muchos niños fueron “separados a la fuerza” de sus padres durante la Guerra Civil, llevados a otras naciones o cedidos a familias para ser re-educados… Acciones estas realizadas por la Iglesia Católica. Algunos niños en orfanatos menejados por monjas sufrieron el trabajo esclavo y de maltrato físico.

fernando
28 de Enero, 2012

El artículo de Mirés es excelente. La encuesta lo confirma. Además del Concilio de Elvira y la interpretación interesada de los Evangelios, los cuatro redactados por hombres casi seguramente casados, hay que recordar que Pedro, la piedra fundacional, era casado. ¿Qué edad tendrían sus hijos cuando se dedicó a su ministerio, los abandonó, los educó, sería eso lo a lo que Jesús lo indujo; es tan superior a lo cotidiano la búsqueda del cielo?. En esto del celibato concurre la importancia primordial y desenfocada que se le atribuye al “deseo carnal lujurioso” entronizado como pecado capital por el Papa Gregorio Magno en el siglo VI. La importancia de esos pecados debe reorganizarse, concediéndole prioridad a la soberbia, pecado que causó expulsión de Luzbel, el más importante y seguramente el único, que pudiera generar a casi todos. Sin embargo en las paredes de El Vaticano se observa que no solamente no importa que el obispo tal o el cual deje su huella para posteridad señalando su contribución para la edificación, sino que tal vicio horrendo está congelado en el mármol. En estos tiempos es exaltada gula, de gran moda gastronómica; todo el mundo disfruta y se incita a ese placer-pecado. Hay mucho cura gordo, boccato di cardinale, panza de obispo … Y el deseo carnal que no es sinónimo de lujuria, se constituye en la piedra de tranca del celibato. Finalmente, es bien sabido que no hay escuela de esposos ni de padres: ¿Cómo se puede orientar a una comunidad en estos importantes aspectos desde la pura y abstracta teoría, por quienes no son ni esposos ni padres? Sofística pura. El celibato eclesiástico debe cesar para tranquilizar a los religiosos y a la comunidad. Persistir es permanecer en la baja Edad Media y contribuir al deterioro numérico de las vocaciones en este mundo “pecaminoso”.

Alfredo Rivas
28 de Enero, 2012

No se puede tapar el sol con un dedo…

Humberto
28 de Enero, 2012

Excelente artículo. Excelente análisis. Imposible agregar o quitarle algo. Creo que la los jerarcas de la Iglesia Católica deben llevarlo a sus reuniones, concilios, para tratarlo y hacer proposiciones que ayuden a eliminar estos viejos vicios.

FABIO WERTHER
28 de Enero, 2012

ÉSTE ARTÍCULO, DEBEMOS DE REPRODUCIRLE EN LAS REDES, Y A TRAVÉS DE LOS E-MAIL. ES UNA FORMIDABLE COLUMNA, QUE ADEMÁS SU BASE ARGUMENTATIVA ES MARAVILLOSA E, INDISCUTIBLE!

Domingo Subero
28 de Enero, 2012

Vamos a ver; para los ciegos. Alguna persona puede presentar, más allá de las elucubraciones psicoteológicas algún estudio que establezca relación causal entre celibato y pederastería. No se les olvide que correlación no es causalidad. Si fuese la así, entonces la mejor correlación que podemos establecer es cura = pederasta… Y eso, ni yo me lo creo. Válgame, lo que la gente dice. Basta buscar en la Red para darse cuenta que esto del celibato y los sacerdotes pederastas es una campaña sin fundamento racional, sustentada toda por las opiniones de católicos.

enrique corpancho león
28 de Enero, 2012

En el 2002, el jesuita colombiano Alfonso Llano Escobar, a propósito de la condena del sacerdote Enrique Díaz Jiménez por el delito de violar niños en ese país, escribió lo siguiente: « quiero llamar la atención de mis lectores sobre el escándalo que armaron algunos medios y laicos(as) (…) escándalo que me atrevo a calificar de farisaico. Y me explico. Llámese escándalo al alboroto que se forma para llamar la atención del público sobre un hecho que pasaría inadvertido, de no hacer tanto ruido. En nuestro caso, se trata del abuso sexual de niños por parte de algunos sacerdotes católicos. Que está mal, no cabe duda. Tales hechos los repudia toda persona sensata. Pero cuando se levanta un escándalo y el escándalo lo arman los medios y algunos laicos (…) untados de sexo hasta los bigotes, y que ahora vengan a rasgar sus vestiduras y a lanzar improperios contra los curas, es lo que se conoce con el típico nombre de escándalo farisaico. (…….) »No trato, pues, de “defender” a los sacerdotes, casi indefendibles, por tan indignas acciones, sino de hacer ver que quienes los atacan suelen estar manchados hasta los codos con conductas sexuales posiblemente peores: pornografía, adulterios, violaciones, infidelidades, también pedofilia internacional en viajes de turismo, etc. <Con qué derecho, quien está manchado de ciertos pecados, denuncia en otros, los mismos pecados? (…) piense por un instante en todo lo que implica de dificultad y de heroísmo guardar castidad y celibato, en este mundo pansexualista (…) Se nos pide algo injusto y prácticamente imposible: no quemarnos en medio de las llamas. ¿Por qué? »El mito griego nos cuenta cómo a Tántalo, muerto de hambre y de sed, lo sumergieron en una laguna con el agua hasta al cuello y una rica bandeja, llena de frutas y vinos, que le llegaba al borde de los labios, y no se le permitía consumirlos. Así somete el mundo moderno a los sacerdotes: "Miren, comen, huelan, pero no coman, ni beban", y algunos "comen lo que tienen más a la mano y es más débil e indefenso: los niños. Y se levantan los fariseos, los medios, y ponen el grito en el cielo, rasgando sus vestiduras, podridas y fétidas, por supuesto, y acusando a los sacerdotes de impuros y perversos. ¡Qué bueno sería que algunos de ellos vinieran a un convento y ensayaran vivir nuestra vida por un mes! Les aseguro que no aguantarían ni un solo día. Entonces, que no armen escándalo (…) Y hoy día, tiempos difíciles de relajación sexual, se exige abstinencia total a los curas, y se rasgan las vestiduras los medios por las caídas de unos pocos. ¡Sean justos!». A confesión de parte, relevo de pruebas. Para este jesuita, el celibato es imposible de sostener. Los pobres sacerdotes sufren mucho en estos tiempos difíciles de relajación sexual ¿pero no es que escogieron libremente servir a Dios con todo lo que el sacerdocio exige? Si aspiran a la santidad, servir a Dios y al prójimo, pues que bien. Pero de ahí a no experimentar indignación cuando muchos sacerdotes, so pretexto de la abstinencia sexual "comen del manjar que está más a la mano", es decir, sodomizan y violan inocentes niñas y niños, tengo todo el derecho de armar todos los escándalos del mundo. Para algunos despistados, indignarse ante las violaciones de estos pervertidos ensotanados significa atacar a la iglesia y al celibato. No, no pretendan torcer las cosas y querer pasar gato por liebre. Si han perdido la capacidad de indignarse ante el abuso y la prepotencia venga de donde venga, entonces dejan mucho que desear estos "seguidores de Dios". Y si esto sucede en pleno siglo XXI ¿Que no sucedería en los tiempos del medioevo, cuando la iglesia era todopoderosa y mandaba matar a quien le diera la gana por judío, "hereje" o "bruja" o porque sencillamente quería hacer callar a alguien que sabía de sus "pecadillos". Seguramente los que hoy defienden sin ton ni son a la santa madre iglesia católica los veríamos como los torturadores de la "santa" inquisición. Ganas no le faltan

enrique corpancho león
30 de Enero, 2012

Me olvidaba de algo muy importante. La cita de mi anterior intervención lo he sacado del magnífico, sobrio y bien documentado libro de PEPE RODRÍGUEZ “PEDERASTÍA EN LA IGLESIA CATÓLICA”, que lo pueden bajar de internet. Igualmente recomiendo, y disculpen el atrevimiento, el estupendo y valiente trabajo del ex jesuita SALVADOR FREIXEDO, “EL CRISTIANISMO, UN MITO MÁS”. Gracias

luisa molina
30 de Enero, 2012

Jesucristo dijo: “Yo Soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al padre sino por mi” Juan 14:6 veamos bien que claramente nos dice que es a traves de Jesucristo de nadie mas … meditemos en este verso de las sagradas escrituras para que nos demos cuenta por que hay tantas fallas en el catolicismo, una verdadera comunion con Dios solo se logra a traves de su hijo Jesus, quien fue inmolado por nuestras reveliones ya el sacrificio por nuestros pecados fue hecho, ahora nos toca hacer nuestra parte que no es que cumplir con lo que Dios establecio en su palabra. Escudriñemos la Biblia, esta escrito: “mi pueblo perece por falta de conocimiento” Dios les bendiga en gran manera

antonio
31 de Enero, 2012

¿Ser sacerdote le quita a un ser humano ser humano? ¿Le da una especie de gracia sobrenatural que lo hace inmune a todos los defectos del hombre, agregando el de la carne? ¿Acaso no son hombres al igual que muchos educadores, psicólogos, médicos (pederastas y violadores) que superan en exceso el número de sacerdotes pederastas? Entonces ¿qué hace de estos seres diferente a todos ellos si son los únicos que se divulgan, si también ponemos en las manos de estos profesionales a nuestro niños? ¿Acaso son mayores los sacerdotes que caen en este pecado que los que luchan por la santidad? ¿Acaso no son mayores las cifras de sacerdotes y religiosos que ayudan a seres rechazados por nosotros que los religiosos violadores? Entonces háganos ver los dos lados de la moneda porque el más importante se esconde por la presión con que los medios de comunicación divulgan los hechos de pederestia de religiosos que resulta una cifra mínima, absurda en comparación con la otra… Hace más ruido un árbol que cae que un árbol que crece, es una realidad nuevamente afirmada.

Atahualpa
2 de Febrero, 2012

Me parece que está mal concebido este artículo. Es muy claro que el escritor no logra despojarse de sus motivaciones católicas al redactarlo y se desvía de la problemática principal de la iglesia católica: es una iglesia corrupta que encubre los abusos sexuales cometidos contra menores de edad. El celibato, la sexualidad y demás son cosas secundarias. El delito de abusar de seres inocentes como niños es el peor crimen que puede existir y si la iglesia católica usa su poder para encubrir esto, debe desaparecer. De ninguna manera debe anteponerse el valor histórico de esta institución al sufrimiento de miles de niños y la consecuente herencia de este a las próximas generaciones. Concuerdo con Enrique Corpancho en sus apreciaciones y considero que “peca” de ignorante el autor al pretender que la pedofilia se debe a la represión prolongada de los deseos sexuales, un tremendo error, talvez producto de la misma formación católica que lo lleva a concluir su artículo como lo hace. Para su información, las investigaciones realizadas a algunos de los pocos curas pedófilos sentenciados por las leyes de los países donde han cometido sus crimenes, han demostrado que ellos buscaron consciente y premeditadamente el oficio de cura para estar cerca del fruto de su placer: los niños, Los pedófilos que van a los seminarios para convertirse en sacerdotes saben perfectamente que tendrán la plena confianza de los padres para llevarse a sus hijos a solas, saben que si son descubiertos la iglesia católica los protegerá de recibir el peso de la ley; un ejemplo de esto eran las anotaciones que fueron encontradas en el cuaderno de un sacerdote que fue denunciado por abusos en su parroquia de una población de Irlanda y fue trasladado a otra población de bajos recursos en Brasil, donde continuó desgraciando la vida de centenares de infantes más, incluso llevando a una de sus víctimas (de cinco años) a buscar suicidarse. Los pedófilos van a los seminarios y se hacen curas porque saben perfectamente que mediante el sacerdocio se asegurarán la cercanía a sus víctimas de por vida y que obtendrán la impunidad a sus actos , en el caso de ser descubiertos.

Erman
3 de Febrero, 2012

Las Cartas de Pablo a tito y timoteo son aleccionadoras para pensar en el perfil de un obispo, presbitero y diacono. Latima que algunos jerarcas catolico romanos no reflexionen sobre estos pasajes. Conozco muchos y excelentes curas casados que con su familia hacen labor de evangelizacion. Muchos son reconocidos como los “mas honestos” al reconocer su situacion y no vivir en hipocresia.

A lo largo de la historia de la iglesia existen testimonios de curas y obispos con familia. Los apostoles (excepto Juan) entre ellos Pedro tuvieron familia y JESUS los llamo: “VEN Y SIGUEME”, sin condicionar.

En estos tiempos, se requiere de PASTORES entregados a su comunidad (casados y/o celibes) viviendo en autentica pobreza, predicando la PALABRA DE DIOS, sin exigir cobros (aranceles) o diezmos. Pastores que viven de su trabajo civil, como nos lo testimonia San Pablo: “no fui carga para nadie”.

Antonio
19 de Febrero, 2012

Estimado Fernando Mires. Su artículo me parece muy acertado sin embargo, comparándolo a muchos textos que leí de usted en mis cursos universitarios noto un giro “menos sustantivo” en busca de una solución a la situación de la pederastia en la Iglesia Católica. Concuerdo con muchos usuarios de aquí, su aterrizaje jurídico sobre esta situación me parece flojo. Ojalá y pueda continuar y mejorar esta reflexión. Saludos cordiales.

Antonio P.
1 de Marzo, 2012

El encontrar al celibato como causa de la pederastia lo encuentro un error argumental, es una manera fácil de encontrar un grupo fácilmente culpable. En la población hay un porcentaje de aberrados de este tipo en particular, es de suponer que buscaran colocarse en lugares que les permita más directo acercamiento a menores. Lo que apunta no solo a la iglesia católica, sugeriría que se utilizaran métodos de detección temprana de estos individuos, cuando busquen ingresar a instituciones en las que se relacionen con menores de edad.

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