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Las dificultades de Estados Unidos, por Nouriel Roubini

Por Prodavinci | 13 de Enero, 2012
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Los indicadores macroeconómicos de Estados Unidos han sido mejores de lo esperado en los últimos meses. La creación de empleo se ha acelerado. Los indicadores de los sectores de manufactura y servicios han mejorado de forma moderada. Incluso la industria de la vivienda ha mostrado algunas señales de vida. Y el crecimiento del consumo ha sido relativamente resistente.

Sin embargo, a pesar de los datos favorables, el crecimiento económico de EE.UU. seguirá débil y estando por debajo de la tendencia a lo largo de 2012. ¿Por qué no son creíbles las buenas noticias económicas recientes?

En primer lugar, los consumidores estadounidenses siguen sufriendo problemas de ingresos y estando limitados por las deudas. La renta disponible ha crecido modestamente -a pesar de un estancamiento de los salarios reales- principalmente como resultado de los recortes de impuestos y las transferencias. Esto no es sostenible: tarde o temprano será necesario reducir los pagos de transferencias y elevar los impuestos para reducir el déficit fiscal. Los datos recientes de consumo ya se están debilitando en relación con un par de meses atrás, marcados por unas ventas navideñas minoristas apenas pasables.

Al mismo tiempo, el crecimiento del empleo en EE.UU. sigue siendo demasiado mediocre como para hacer mella en la tasa de desempleo general y en las rentas del trabajo. Estados Unidos necesita crear al menos 150.000 empleos por mes de manera constante solo para estabilizar la tasa de desempleo. Más del 40% de los desempleados lo son ahora de larga duración, lo que reduce sus posibilidades de alguna vez recuperar un trabajo decente. De hecho, las empresas todavía están tratando de encontrar maneras de reducir los costes laborales.

El aumento de la desigualdad de los ingresos también limitará el crecimiento del consumo, a medida que las proporciones del ingreso pasen desde quienes muestran una mayor propensión marginal a gastar (trabajadores y los menos ricos) a los que tienen una mayor propensión marginal a ahorrar (empresas corporativas y hogares ricos).

Por otra parte, se acabará el rebote reciente en el gasto de inversión (y vivienda), con sombrías perspectivas para el año 2012, a medida que caduquen los beneficios fiscales, las empresas esperen los llamados “riesgos de cola” (sucesos de alto impacto y baja probabilidad), y la insuficiencia de la demanda final mantenga bajos los índices de utilización de la capacidad. Y la mayor parte de los gastos de capital seguirá destinándose a tecnologías que ahorran mano de obra, lo que implica una vez más una limitada creación de empleos.

Al mismo tiempo, incluso tras seis años de recesión en el ámbito de la vivienda, el sector está en estado de coma. La demanda de nuevas viviendas ha caído en un 80% en relación con su máximo y es probable que el ajuste de precios a la baja continúe en el 2012 mientras la oferta de viviendas nuevas y existentes siga excediendo la demanda. Hasta el 40% de los hogares con una hipoteca -20 millones- podría terminar con un valor patrimonial negativo en sus viviendas. De este modo, es probable que continúe el círculo vicioso de las ejecuciones hipotecarias y la baja de precios, y, con tantos hogares severamente limitados por la falta de crédito, la confianza del consumidor, si bien experimentará una cierta mejora, seguirá siendo débil.

Dado el crecimiento anémico de la demanda interna, la única oportunidad de que Estados Unidos se acerque a su tasa de crecimiento potencial sería reducir su gran déficit comercial. Sin embargo, las exportaciones netas serán un lastre para el crecimiento en 2012, por varias razones:

- El dólar tendría que debilitarse aún más, lo cual es improbable debido a que muchos bancos centrales han seguido a la Reserva Federal en implementar “flexibilización cuantitativa” adicional, con la probabilidad de que el euro se mantenga bajo presión a la baja y China y otros países de mercados emergentes sigan interviniendo agresivamente para impedir que sus monedas suban demasiado rápido.

- El menor crecimiento de muchas economías avanzadas, China y otros mercados emergentes significará una menor demanda de exportaciones de EE.UU.

- Es probable que los precios del petróleo se mantengan elevados, teniendo en cuenta los riesgos geopolíticos en Oriente Próximo, manteniendo alta la factura que EE.UU. deba pagar por importación de energía.

Es poco probable que la política de EE.UU. venga al rescate. Por el contrario, habrá una carga fiscal importante en 2012, y el estancamiento político en el período previo a las elecciones presidenciales de noviembre impedirá a las autoridades hacer frente a los problemas fiscales en el largo plazo.

Teniendo en cuenta la perspectiva a la baja para el crecimiento económico de EE.UU., se puede espera que la Reserva Federal participe en otra ronda de flexibilización cuantitativa. Pero también se enfrenta a restricciones políticas, y hará muy poco y demasiado tarde para ayudar a la economía de manera significativa. Por otra parte, una minoría que se hace oír en el Comité Federal de Mercado Abierto, que fija las tasas, está en contra de una mayor flexibilización. En cualquier caso, la política monetaria no puede abordar solamente los problemas de liquidez, y los bancos están inundados con el exceso de reservas.

Más importante aún, Estados Unidos -y muchas otras economías avanzadas- se mantiene en las primeras etapas de un ciclo de desapalancamiento. Una recesión causada por demasiada deuda y apalancamiento (primero en el sector privado, y luego en los balances públicos) requerirá de un largo período de gastar menos y ahorrar más. Este año no será diferente, ya que el desapalancamiento del sector público apenas ha comenzado.

Por último, están los riesgos de cola que hacen que los inversores, las empresas y los consumidores se comporten con máxima cautela: la eurozona, donde las reestructuraciones de la deuda -o peor aún, la ruptura- son riesgos de consecuencias sistémica; el resultado de las elecciones presidenciales de EE.UU.; riesgos geopolíticos como la Primavera Árabe, la confrontación militar con Irán, la inestabilidad en Afganistán y Pakistán, la sucesión de Corea del Norte, y la transición del liderazgo en China; y las consecuencias de una desaceleración económica mundial.

Teniendo en cuenta todos estos riesgos grandes y pequeños, las empresas, los consumidores y los inversores tienen un fuerte incentivo para esperar y hacer poco. El problema, por supuesto, es que cuando suficiente gente espera y no actúa, aumentan el mismo riesgo que están tratando de evitar.

***

Nouriel Roubini es presidente de Roubini Global Economics (www.roubini.com) y Profesor de la Escuela de Negocios Stern, NYU.

Copyright: Project Syndicate, 2012.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

 

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