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Zona libre de reggaetón y vallenatos, por Norberto José Olivar

Por Norberto José Olivar | 12 de enero, 2012

Zona libre de reggaetón y vallenatos
(Brevísimo tratado de moral educativa)

Mi abuelo era un burro muy sabio, no dejaba que mi mamá saliera a bailar con mi padre porque decía que eso era una excusa para los abrazos licenciosos. Las letras de los boleros, refunfuñaba, eran de una depravación insultante, un atentado a las buenas maneras: despecho, suicidios, adulterios, fornicación, y pare usted de sufrir. Esas líricas eran la constatación del declive púdico de los últimos tiempos, y él, mi abuelo, era defensor fogoso de la moral cívica y familiar. Entonces tomó una gran decisión: prohibió que mi madre y sus hermanas salieran a bailar, con quien fuera, y que cualquier LP que entrará en su casa, tenía que ser, estrictamente, de música instrumental: ¡la poesía es un invento del diablo!, perjuraba fúrico cuando mi madre, tratando de enfrentarlo, gritaba que las novelas que le obligaban a leer en el liceo también tenían sus descalabros: «¡esa que me compraste, por ejemplo, Madame Bovary, mejor ni te la cuento pa’ que no te de un soponcio!», pero no había manera de hacer entrar en razón al desquiciado viejo, que en el fondo, solo quería proteger a sus hijas de una barriga prematura y de otras calamidades que hoy son invisibles para todos, menos, para quien le toca el padecimiento.

El burro de mi abuelo no alcanzó a ver el baile de la Lambada, ni a escuchar la salsa erótica, ni los escandalosos merengues. Se salvó de un infarto moral de tanto entretenimiento y arte desvergonzado que estaba a la vuelta de la esquina, pero gracias a Dios que el viejo murió a tiempo, porque no lo imagino fastidiándome por estar leyendo Cumboto, o algunas otras novelas venezolanas del bachillerato para masturbarme y pasar unas tardes divinas, o aprobando qué película podíamos ver o no, y en cuanto a la biografía de mi abuelo, pues mejor no hablemos, sus travesuras eróticas son de una “normalidad muy rara” y ya estaban allí, digo, antes que el bolero, la Lambada, la salsa erótica, y de esos libros insolentes de Vargas Llosa, García Márquez, de un tal Shakespeare o de la mismísima Biblia que tanto veneraba el anciano jefe de mi tribu.

Estos retazos de memoria familiar me asaltan ante el asombro de la resolución de la Zona Educativa del Estado Zulia que no ha tenido la inteligencia, como diría McKey, pero sí el coraje de prohibir el reggaetón y el vallenato en las escuelas de la región por «obscenos» y «promiscuos. ¿De verdad dejarán los muchachos (y los maestros) de escuchar esta música porque ahora es una decisión burocrática?, ¿los colegios revisarán las listas de reproducción en los celulares de estudiantes y docentes? Si se trataba de tomar alguna iniciativa académica, el camino más sensato sería el de promover el acervo criollo, eso sí, luego de un examen lírico-policial para determinar que esas obras autóctonas no inciten a las bebidas alcohólicas, al sexo, a la desunión del núcleo familiar, a las relaciones extramatrimoniales, al despecho y a un largo etcétera de desmadres, que es lo que expresa el documento oficial para justificarse —y que pareciera redactado por mi abuelo, por cierto— porque cientos de gaitas, por mencionar un género e ilustrar el asunto, exaltan la «parranda» desaforada y la «caña» a niveles despiadados para cualquier hígado promedio sin mención del decoro y la conveniente compostura.

Creo que el tiempo es el mejor juez y laxante para limpiar las «inmundicias» sociales, si es que lo son, porque todo se reduce a los gustos y la libre elección de cada quien, por supuesto. Pero que un reggaetonero pase más tiempo en el gimnasio que en la escuela de música es una buena noticia para quienes odian esta «manifestación sonora», pero insisto, será el tiempo quien dé el veredicto y no una turba de moralistas trasnochados. No va igual con el vallenato, aclaremos, que a estas alturas del partido, ha demostrado su perdurabilidad y buena salud entre nosotros, aunque cause grima reconocerlo.

Para cerrar estas líneas y por pura curiosidad, llamé a mi sobrina Nohelia, que anda elaborando, casualmente, una lista de reproducción para la celebración de sus 15 años, el próximo 28 de enero, y dijo muy feliz y despreocupada, que la cosa va de Lady Gaga, Beyoncé, entre otras y otros, y de mucho reggeatón.

Le expliqué lo de la mentada resolución  y de cómo tendría que pasar, ahora,  ese repertorio festivo por alguna de las taquillas de la Zona Educativa para el respectivo aval y certificación. Me ripostó un «¡ajá!» irónico, burlón y colgó sin despedirse siquiera. Yo recordé, al instante, a aquel gobernador del Zulia, de los años 70, que prohibió, vía decreto, que los hombres menores de 18 años anduvieran por ahí con el pelo largo, «mechúos», porque no era honorable que un varón de estos lares luciera tan estrafalariamente afeminado.

No pienso hacer una enumeración de «improsólitos» burocráticos acontecidos en esta playa insalubre, pero por lo visto, acá en el Zulia tenemos una propensión genética al ridículo voluntario que resalta, escandalosamente, y con cierta alegría, nuestro gentilicio único y sideral. ¡Gloria a ti Casta Señora!

***

Participa en la encuesta: ¿Estás de acuerdo con prohibición del reaggetón y el vallenato en los colegios? pulsando aquí.

Norberto José Olivar 

Comentarios (17)

Willy McKey
12 de enero, 2012

¡Grande, vampiro! Hay que estar atentos cuando la Ley intenta traducir en prohibiciones lo que es mejor evitar con formaciones (no formaciones de orden cerrado… me refiero a la formación, pero no a la hilera). Es síntoma de pereza ejecutiva, de flojera política, de achinchorramiento vocacional. Ninguna limpieza social ha quedado bien parada, así que como leí por ahí que dijo nuestro querido Huxley: la única y gran lección de la Historia es que nadie aprende las lecciones de la Historia. Mi abrazo.

Raymond
12 de enero, 2012

Sólo se prohibió el uso de esos géneros musicales en actos culturales y representaciones dentro de los colegios. Es absurdo tratar de prohibir que los estudiantes lo escuchen.

Héctor Torres
12 de enero, 2012

Vampiro: aunque la experiencia indica que toda prohibición incentiva su consumo furtivo, entiendo, como Raymond, que lo que se prohibió fue que se hicieran actos culturales usando al regetton como música, lo cual, visto así, no luce tampoco tan insensato, tomando en cuenta la pésima formación que tienen maestros y lo odioso que es ver niñitas contra la pared mientras los amiguitos las sujetan por las caderas perreando duro.

Si está prohibida la marihuana, cuyo consumo no ofende a la vista de los demás, no veo tan descabellado que prohíban que en las escuelas los niños perreen incentivados por las maestras.

Salud y sangre fresca para este 2012, estimado.

Arnulfo Poyer
12 de enero, 2012

Perfecto el artículo. Soy un anti reggeatonero de raíz, pero la prohibición me pareció más inculta que cuerda, si no hay opciones que las mismas emisoras vayan introduciendo en los cabales, pero claro, el veneno ya está inoculado en esos decadentes djs que alimentan el morbo. Tengo hijas, sobrinas, amigas de todas ellas, amigos, etc, pero también tenemos una cultura musical que también está inculcada en ellas y ellos, que semejante banalidad no les pasa por la cabeza, también anti-morbos dizque musicales. Ni siquiera escuchan radio, porque no solo esa prohibida es de muy baja calaña, sino la general que impone la payola mercantilista.

Martín Neuman
12 de enero, 2012

Justamente Héctor, poco puede entenderse que se prohiba algo que los maestros pueden controlar. Si justificas la prohibición por la pésima formación de los maestros, imagínate cuántas cosas más se podrían prohibir. Que hay que mejorar la calidad de los maestros, ¿quién lo duda?. ¿Crees que se soluciona algo prohibiendo el reaggeton y el vallenato? Lo dudo.

omar rojas
12 de enero, 2012

Que prohiban el regettón y el vallenato en los actos culturales de las escuelas(lo que dice mucho de los docentes de nuestro país,porque son ellos los que los montan;lo he visto.)me parece razonable y sensato.Los actos culturales de la escuela deben tener su motivación y fin en la formación de los alumnos.EStoy seguro ,creo estarlo, que en las escuelas colombianas no montan actos culturales ni con nuestra música típica.

Héctor Torres
12 de enero, 2012

No, no estoy apoyando prohibiciones, Martín. Comencé aclarando que toda prohibición sólo incentiva, pero también aclaré que, al parecer, la prohibición no es en celulares ni en mentes, sino que se limita, según entiendo, a evitar que se hagan actos culturales en los colegios usando regetón. Quizá la torpeza está en el edicto (en Venezuela todo se pretende resolver con una ley en papel, como si eso de por sí fuese a cambiar a la sociedad), pero si alguien hace un acto cultural con Black Sabatth y cruces invertidas en un colegio de monjas, seguramente se lo impedirán, aunque no esté escrito en ninguna norma.

@EldoctorNo
12 de enero, 2012

Yo no me atrevo a prohibir una iniciativa de mis alumnos, orientarla sí. Bien, el “acto cultural” no va con esa música, pero en la calle hagan los que les venga en gana,¿ese es el mensaje? ¿de qué sirve?, ¿eso es educar? Tampoco creo que ninguna música sea “mala”. ¿Por cierto, han escuchado un vallenato que canta Serrat en “CanSiones”, una maravilla, quizá se anime y nos sorprenda con un reggaetón en algún otro disco. No soy amante de estos géneros, pero respeto el gusto de los muchachos. La vulgaridad de los bailes creo que es otra cosa, y va con cualquiera. El asunto hay que pensarlo con cuidado, y veo que le preocupa a muchos, y eso es bueno, muy bueno. Gracias por las reflexiones y sigamos pensando y escribiendo.

juan
13 de enero, 2012

No me gusta el reguetón, pero defiendo el derecho de quien lo tenga en estima de escucharlo, siempre que no sea a todo volumen y encima de mi cogote.

@rossrouge
13 de enero, 2012

Mi querido Prof. Vampiro no soy amante de ninguno de estos géneros pero en lo particular pienso que una prohibición de esa naturaleza no ayuda en nada, esa no es la manera de educar, pues lo seres humanos tendemos a rebelarnos cuando algo se nos impone de manera tajante, estoy de acuerdo con ud. en eso de que “Acá en el Zulla hay una propensión genética al ridículo voluntario…” muy cierto! un abrazo

Kira
14 de enero, 2012

Suerte de Footlose criollo… Esto podría dar origen a una versión zuliana de la película homónima… ¿No sería genial? Maravilloso artículo.

Martín Adán
14 de enero, 2012

No deberían prohibirlo los gobiernos, sino los padres. Pero y si los padres no dicen nada, si no que ellos también lo bailan… Quien diga que está bien que escuchen eso, espero que no se moleste si le digo un día, a a alguna de sus hijas quinceañeras, que yo quiero “metelo, mami, metelo”, o le digo que lo “mío está duro y lo suyo está blando”, tú tienes la boca grande ahora ponte a gozar, etc

Luis
15 de enero, 2012

Norberto, interesante tu escrito. Por mi parte, ya puse algo de lo que opino de esto en la votación de la encuesta: Me parece bien justo y pro-estético prohibir ambas cosas. Pero… a veces es preferible una libertad peligrosa que una esclavitud tranquila, como decía un señor antigüito. Me da náuseas prohibir nada, así sea el reggaetón. ¿Qué hacer entonces? Lo más difícil: con la exposición a la basura, estar ahí con nuestros hijos enseñándoles por qué la basura es nociva, por qué no es buena, por qué degrada, por qué no coopera a lo mejor del ser humano. Sí: expongamos a nuestros hijos a esos peligros y esa porquería, pero expongámoslos aún más a nuestra orientación, nuestro afecto, nuestro mejor consejo. Igual: se los prohibamos o no, al final harán su voluntad. Tratemos de sembrar su voluntad con las mejores ideas que podamos aportarles. Cuando lo bueno y lo malo se encuentran y se reconocen como lo que son, no tiene muchas oportunidades lo malo. Tengamos fe en nosotros y en nuestros hijos. Ya demasiadas cosas se prohiben y demasiadas propiedades e ideas se expropian en nuestra realidad como para ser cómplices de eso, aunque sea en buena derecha. A veces es mejor ceder con prudencia, que cerrar con pasión.

Nerio Enrique Romero
16 de enero, 2012

Muy atinado el escrito de Norberto. Defiende la libertad en la cultura, y además, partiendo de una experiencia de su familia, pone el dedo sobre falencias de nuestra moral (como la hipocresía). A mí me hubiese gustado más aún si se hubiese ahorrado el “Gloria a tí, Casta Señora” del final, que me parece al menos una indelicadeza para quienes conservamos y valoramos nuestra fe religiosa. Ser iconoclasta sí, Norberto, eso también hace falta, pero como en todo, hace falta un poquito de cuidado, para no caer en “audacias” no respetuosas de elementos buenos de nuestra cultura, “audacias” inútiles, por lo demás. Saludos

yarelis
16 de enero, 2012

Un colegio de acá de Coro Falcón todos los años realiza un evento donde los estudiantes presentan bailes, bien sea representaciones culturales de los estados, países o épocas(años 60, 70, 80…)¿qué pasa cuando deban representar la realidad de estos jóvenes, es decir, la música del 2000? ¿qué o quién me autoriza a decir “tu música no sirve”?. La orientación,creo,es lo mejor,en esto coincido con la opinión de Luis,hay que mostrarles las opciones y ellos que tomen su decisión con conciencia. Ah,debo confesar que el reggeaton en ocasiones me hace mover los pies y a otras tantas hasta me sorprendo tarariándolo, pero el vallenato me pone de mal humor. P.D. !¡EXCELENTE ARTÍCULO, COMO SIEMPRE!

Nancy Nuñez
17 de enero, 2012

Excelente articulo, que ha puesto en la palestra un asunto de vieja data que lo resolvió de un plumazo la zona educativa. Totalmente de acuerdo con Martín Neuman si los padres no supieron resolverlo por que nos les interesa,les encanta que a sus hijos se los perreen en público. Una vez proteste por este tipo de acto y el Departamento de Pastoral del Colegio me tildo de puritana jajaja. No queda de otra que ocuparse por lo que oyen nuestros hijos,ya que el problema no es ni el Vallenato, ni la lambada y menos el reggeton aunque con gusto viviria en un zona libre de eso…

Lo malo es que necesitemos de prohiciones para algo que solo requiere sentido común

Jason Maldonado
18 de enero, 2012

Mis saludos Conde. Siempre haciendo de las tuyas y haciéndolas tan nuestras. Tema sabroso para debatir, porque más allá de la “lírica”, de lo que se dice en dicho género musical (lo cual no es nuevo gracias a las rancheras, boleros, la buena salsa y otros géneros), el punto también es de “música”, del ritmo repetitivo y poco creativo que ofrece el “reguetón”, que más allá de exacerbar el morbo en los adolescentes, el problema también es que los pone violentos. Puerto Rico debe estar dándose golpes en el pecho por semejante creación, porque si hay un país en donde se hizo buena música, es ese. En todo caso, con la prohibición se logra poco. Nos toca al menos decirle a los “reguetoneros” cercanos, ¿has escuchado tal cosa…? No? toma, disfrútalo… Namaste.

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