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Actualidad

Los cuatro hombres que quebraron al mundo, por Ibsen Martínez

Por Ibsen Martínez | 3 de Enero, 2012
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Un elemento fascinante de este libro es el modo en que traza paralelos con el actual desarreglo de las finanzas mundiales. El lector se estremece al topar en sus páginas con esta cita de Lord Keynes: “Nos hallamos en un colosal atolladero luego de fallar en controlar una máquina delicada cuyo mecanismo, sencillamente, no comprendemos”.

Durante un cuarto de siglo, Liaquat Ahamed ha sido administrador de inversiones. Graduado en Economia por Harvard y Cambridge, trabajó por un tiempo para el Banco Mundial y actualmente ocupa un cago de relive en la Brookings Institution. Poniendo a salvo su currículo, hay que añadir que Ahamed es un consumado historiador económico, dueño de una prosa narrativa cautivante y de una erudición sobrecogedroa, que en 2010 le valieron el premio Pulitzer con su libro “Los Señores de las Finanzas: Cuatro Hombres que Arruinaron al Mundo” ( Deusto S.A. Ediciones, 2010)[*]

Un día de 1999, Ahamed vio en la portada de la revista Time la foto de Alan Greenspan (por entonces “chairman” de la Reserva Federal estadounidense) junto a la de Robert Rubin (el Secretario del Tesoro de entonces)y otra de Lawrence Summers (ex rector de Harvard y, en aquel tiempo, sub –secretario del Tesoro). Ahamed cuenta en una entrevista que el título de aquella edición le dio mucho en qué pensar. El título era: “El comité que salvará al mundo”.En aquel preciso momento germinó lo que, luego de casi una década de investigación, sería este libro que releí en los días finales del año pasado y que hoy recomiendo con entusiasmo.

La portada de Time hizo recordar a Ahamed que hubo en los años veinte del siglo pasado, un gruop selecto de hombres que encarnaban a los ojos de la prensa y del público la misma dimensión mítica de salvadores del mundo al borde de un colapso global.

“Señores de las finanzas” se concentra en las figuras de cuatro hombres cuyas decisiones, tomadas en el temprano período de entreguerras, dieron forma a la “tormenta perfecta” que el fue el crack del 29. Eran nada menos que los presidentes o directores ejecutivos de la Reserva Federal ( Benjamin StronG), del Banco de Inglaterra ( Sir Montagu Norman), la Banque de France (Émile Moreau) y el Banco Central de Alemania ( Hjalmar Shacht).

Se trata de un relato histórico, hecho desde una muy abarcadora perspectiva y narrado con un aliento narrativo sumamente poderoso. Ahamed logra trasmutar la historia económica del período más trepidante del capitalismo moderno en el retrato mental y moral de cuatro personalidades, cuatro banqueros de élite que afrontaron el reto de reconstruir la economía mundial luego de la catástrofe que significó la Primera Guerra Mundial.

Cada uno de ellos fue una personalidad vigorosa traspasada por un humano registro de fortalezas y debilidades, de perspicacia, intuición y excentricidad. Puesto que el libro se ocupa del cómo fueron tomadas decisiones que a la postre resultan cruciales para reconstruir históricamente el período, el autor da en el clavo al escoger esos cuatro personajes como “locomotoras” del relato.

Ahamed logra darles vida de un modo tal que Strong, por ejemplo, ya deja de ser un asterisco y un nombre al pie de página y podemos ver en él al americanote de temperamento dominante. Schacht es el laborioso, callado y arrogante alemán, muy pagado de su brillantez; Moreau y Norman son dos europeos conservadores y maliciosos de todos los demás. Strong y Norman llegaron a ser grandes amigos y su correspondencia, comentada por Ahamed, nos devuelve vívidamente un rasgo de aquellos tiempos: la perplejidad teórica acerca de qué era lo que realmente pasaba con la economía mundial y su más lancinante pregunta: ¿era posible en 1920 detener la marcha hacia el abismo?

Aquellos “banqueros del mundo” eran prisioneros de la ortodoxia económica de sus tiempos: los paralizaba la firme creencia en el patrón oro. Hoy sabemos a lo que condujo tan desacertada obstinación. ¿No serán los actuales responsables de manejar la crisis global igualmente prisioneros de sabidurías convencionales y de una ortodoxia inactual, ambas rebasadas por la gravedad de lo que ocurre en la zona del euro, por ejemplo?

Los años que siguieron a la Gran Guerra y a la Conferencia de París deparan al estudioso sugestivas similitudes con el momento actual. Una de ellas es que, a pesar de lo graves que se tornan las cosas día a día; a pesar de los sorpresivos vaivenes de los “índices macro”, prevalecía en todos los interesados la certeza de que todavía no se llegaba al orilla del precipicio, que todavía existía una posibilidad y se contaba con tiempo suficente de aprovecharla antes de detenerse al borde del abismo. Con jugadas acertadas por parte de la banca mundial y un poco de suerte ― se pensaba ― todo volvería al cauce anterior a 1914.

Ahora, a comienzos de 2012, ¿realmente comprenden los superhéroes financieros del momento el a veces desconcertante mecanismo de la “delicada máquina” mejor que sus antecesores de hace ochenta años?

***

[*] Lords of finance: The bankers who broke the world, Penguin Books, 2009).

Ibsen Martínez 

Comentarios (6)

Alexandre Daniel Buvat
3 de Enero, 2012

El libro promete ser fascinante no solo para economistas sino para cualquier mediano observador de la situación actual, sobre todo porque parece indicar que al igual que antes, la “delicada máquina” es como un reloj al que se quiere corregir el lujo exterior (el oropel, la riqueza financiera, el consumo con endeudamiento y tantas otras manifestaciones que podríamos imaginar) pero sin poder corregir mecanismos atómicos y electrónicos que determinan su funcionamiento, mecanismos que siendo precisos, ahorradores de energía, trabajo y materiales, es decir no generadores de riqueza real y empleo, si no se saben corregir con la orientación puesta en el mantenimiento de la falsa riqueza, el fantasma de que la riqueza es lo financiero, estallarán….Hasta que como sucedió antes se encuentre una nueva teoría o explicación, que al igual que antes ya existia-y ahora existe- no aceptada por la élite académica y del poder. Quizá y ojalá que no, debamos sufrir la crisis y el colapso para luego de sus penurias, resurgir

Luis Mineli
3 de Enero, 2012

“Aquellos “banqueros del mundo” eran prisioneros de la ortodoxia económica de sus tiempos: los paralizaba la firme creencia en el patrón oro.”

¿Y cuáles fueron las consecuencias de abandonarlo? Ahí está la cuestión. ¿Menciona el libro las consecuencias del dinero fiduciario? ¿La experiencia venezolana no es suficiente para temer la desaparición del patrón-oro (y su reemplazo inevitable: el dinero fiduciario, causante de la inflación endémica que padecemos)?

Tan solo con esta piedra de toque (rechazo al patrón-oro), se puede percibir que el libro va enrumbado a recitar la colección de falsas explicaciones keynesianas sobre la crisis que hoy día siguen empantanándonos en la estanflación.

GC
4 de Enero, 2012

Les dejo un trailer sobre un Documental que se hace en espanha, se llama FRAUDE:

http://www.youtube.com/watch?v=hOz1wiS_678

La frase que mas me gusta es esta: “Aqui lo que sucede es que vivimos en una era de Socialismos Monetario absoluta”

Saludos GC

Emundo Dantes
6 de Enero, 2012

A la luz del comentario de Ibsen toma carácter de inmediatez lógica la lecura de “El cisne negro” de Nassim Nicholas Taleb . Desconozco si ya está traducido al español.

The Black Swan, the impact of the highly improbable;Random House; 2007

Alexandre Daniel Buvat
6 de Enero, 2012

El cisne negro ya existe traducido, aunque no encuentro el por qué se torna de inmediata lectura luego del artículo de Ibsen Martínez. ¿podria explicarnos porque lo considera así? o es que yo tengo una apreciación errada del libro el cual, confieso, no he leido en profundidad ni completo?. Gracias

Ezio Serrano
28 de Marzo, 2012

Creo que las llamadas Crisis del Capitalismo, a pesar de poder diferenciarse con notas históricas específicas, tienen un componente común, muy escurridizo, ubicado probablemente en el centro de la “delicada máquina”. Y es un asunto más antropológico que económico, si se desea ser muy específico: los humanos siempre estaremos desgarrdos por la necesidad de abocarnos a producir, o dejar eso a otros y dedicarnos a disfrutar lo producido por otros. Me temo que siempre fue y seguirá siendo así, por lo tanto siempre habrá acusados y acusadores, culpables e inocentes, es decir, justificaciones según el rol asumido.

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