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Artes

Rosa María Malet habla sobre Miró

Por Prodavinci | 28 de Diciembre, 2011
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Entrevista realizada por Lluís Amiguet, publicada en La Vanguardia. Un extracto a continuación:

Creía que lo había aprendido en el parvulario. Pero no. Yo no sabía lo que era el azul hasta que he visto Blau de Joan Miró. Pueden descubrirlo (verlo en foto es una mala aproximación) en la Fundació Miró, que exhibe L’escala de l’evasió hasta marzo. Como aperitivo, les brindo algunos de los títulos de la muestra, que son excelentes cuadros mironianos avant l’image (y siguiendo a Rosa Maria Malet, que lo conoció bien, no descarto que el creador destilara en su lirismo algunas gotas de ironía): Jeune fille moitié brune moitié rousse glissant sur le sang des jacinthes gelées d’un camp de football en flammes… Por mucho que lo traduzcan, hay que verlo para saber de qué habla. Vale la pena.

¿Cómo recuerda a Miró?

Expresivo con los ojos y los gestos, pero parco en palabras y, cuando las usaba, era para crear imágenes. Este primer cuadro que ve –La masia– es su casa familiar de Mont-roig. Al final, se lo quedó Ernest Hemingway y se lo llevó a Cuba.

¿Eran amigos?

Y compañeros de cuadrilátero en París. Miró era buen deportista y se ejercitaba en el boxeo, como Hemingway, un gran púgil.

¿Cruzaron guantes los dos genios?

No tengo constancia, pero sé que Miró se llevó La masia a París para acabarla…

¡Está llena de vida!

Y anticipa los motivos mironianos: los astros y la tierra. Y entre los dos niveles: los pájaros y los animales. Pero era muy grande para venderlo (132×147 cm). Un marchante sugirió a Miró que lo partiera en ocho cuadros pequeñitos, porque “hoy los pisos son minúsculos y así lo podría vender mejor”.

¡Ese sí que era un animal!

Hemingway al fin le pagó –poquito– por él.

¡Cuántas barretinas!

Es la serie Pagesos catalans, que pintó durante la dictadura de Primo de Rivera: en ella anticipaba su compromiso con los valores de la tierra, la cultura y la libertad.

Pero Miró no era de familia payesa.

Su padre era relojero, nacido en Siurana y su madre, mallorquina. Mantuvo con su padre una relación respetuosa pero fría. En sus cartas, Miró se afirma como artista frente al padre, quien lo presiona para que él, el hereu, fuera algo más serio que pintor.

Menos mal que le desobedeció.

La madre, en cambio, le enviaba sus ahorritos para que sobreviviera en París.

Los aprovechó.

Allí le atrapa el surrealismo, singularmente su amigo Breton, con quien se entusiasma y se rebela hasta el punto de que Miró llega a proclamar entusiasmado en uno de sus cónclaves: “¡Muera el Mediterráneo!”.

¿…?

Infiero que era un modo de matar al padre por delegación en uno de los mitos fundacionales del noucentisme…

¿Acaso Miró veía su destino más allá de su origen?

Quiso enraizarse en lo más próximo, pero no para encerrarse, sino para abrirse al mundo con más fuerza y generosidad.

¡Y cuántas mujeres en su obra!

Su amigo Català-Roca refiere que Miró tuvo su primera experiencia erótica de niño cuando atisbaba cómo se desnudaba en la penumbra del camarote la matrona que lo acompañaba a la casa materna de Mallorca.

¿Miró fue fiel a su esposa?

Miró se casó, ya maduro, con Pilar Juncosa, en la que encontró a una compañera discreta y cariñosa que respetaba su espacio de creador y, sobre todo, le hacía la vida fácil.

¿Cómo lo sabe?

Lo pude apreciar cuando vivía con los Miró. Su hija, por cierto, se me quejó un día de que su padre era muy estricto con los horarios “de la nena”.

Estos cuadros… ¡qué belleza!

Son las Constelaciones: Miró vendió a Pierre Matisse las 23 por una nevera eléctrica. Ya ve que Pilar era muy influyente.

¿Por eso el taller estaba impoluto?

¡Nooo! Miró no hubiera dejado nunca a Pilar entrar en su taller. Él de por sí ya era ordenado, pulcro, puntual, metódico y trabajador. La prueba es la ingente cantidad de sus bocetos, que custodiamos aquí.

Y este hueco… ¿No falta un cuadro?

Sólo hay fotos de Segador català en revolta del pabellón de la República –¡qué pena que se perdió!– en París. Este otro, anterior, ya expresa su compromiso antifascista y su sombrío presentimiento de la guerra: Home i dona davant un munt de excrements.

Título elocuente.

Alude a la frase de Rembrandt: “Entre la basura es donde hallo rubíes y esmeraldas”.

¿Miró ya era universal en la guerra?

Sí, pero lo consagra su retrospectiva en el MoMA neoyorquino de 1940. Más tarde llega a vivir en Nueva York, donde manifiesta un interés –correspondido– por Pollock y el grupo de los expresionistas abstractos.

Esto es… es… es… Te deja mudo.

El tríptico Blau.

¿Y estas telas quemadas?

Miró experimentó con todo. Todo le interesaba. También el fuego. Se dijo que estos cuadros y sus agujeros eran una burla del artista hacía el negocio del arte y los millones que se pagan por las obras…

¿Y podría ser?

Tenía sentido del humor, pero no: aquí experimentaba con el fuego, como hizo con todos los elementos y texturas imaginables. Vea aquí la lona con que cubrían las uvas del carro de la vendimia: materialidad reveladora para él, aunque hubiera pasado desapercibida para cualquier otro mortal.

Une étoile caresse le sein d’une négresse...

Es una obra llena de poesía desde el título. Miró era un gran lector de poemas y frecuentó en París a Aragon, Leiris, Éluard… También este otro es revelador: Femme poignardée par le soleil récitant de poèmes fusées en formes géometriques du vol musical chauve-souris crachat de la mer.

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Lea la entrevista completa aquí.

Prodavinci 

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