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Los extremistas climáticos, por Bjørn Lomborg

Por Prodavinci | 26 de diciembre, 2011

Muchas veces se dice que el tiempo extremo es una de las principales razones para tomar medidas firmes respecto del calentamiento global. Hoy en día, ningún huracán ni ola de calor pasa sin que un político o activista lo presente como evidencia de la necesidad de un acuerdo sobre el clima global, como el que se acaba de posponer hasta fines de la década en Durban, Sudáfrica.

Estas afirmaciones merecen un escrutinio minucioso. En 2007, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC por su sigla en inglés) dio a conocer un informe sobre los extremos climáticos que recibió considerable atención por parte de los medios. Pero, dos años más tarde, se descubrió que algunas de las afirmaciones fundamentales del informe del IPCC -por ejemplo, que el calentamiento global causaría que los inmensos glaciares del Himalaya desaparecieran para 2035, o reduciría a la mitad los rendimientos de los cultivos africanos para 2020- se basaban en declaraciones hechas en llamamientos de organizaciones ambientalistas, y estaban respaldadas por escasa evidencia, o directamente ninguna.

A pesar de este error, el IPCC desde hace mucho tiempo es una fuente bastante confiable de estimaciones sensatas y responsables en un debate por lo demás histriónico. Desafortunadamente, las estimaciones sensatas no son primicia. Por ejemplo, de acuerdo con el IPCC, los niveles del mar aumentarán un volumen relativamente manejable de 18-59 centímetros (7-23 pulgadas) para fines del siglo, mientras que los medios y los activistas suelen decir que deberíamos estar preparados para que el incremento de los niveles del mar se mida en metros.

De la misma manera, los medios tergiversaron los resultados del informe de 2010 del IPCC sobre los extremos climáticos. El diario más prestigioso de Suecia, Svenske Dagbladet, llenó casi toda una primera página del diario del domingo con un cuerpo eviscerado que mostraba arterias expuestas, adornado con la advertencia: “El clima cada vez más cálido amenaza con más muerte”. En una doble página completa en el interior del periódico, se mostraba un gráfico de muertes estacionales en la pasada década, y se indicaba con alarmantes puntos rojos cómo las olas de calor estivales han matado a decenas de suecos. Sin embargo, hasta una lectura rápida del gráfico demostraba claramente que muere mucha más gente de frío que de calor.

El informe del IPCC decía efectivamente que el calentamiento global implicaría temperaturas cálidas más extremas, pero también señalaba que habría menos temperaturas frías extremas. Como cada vez muere más gente casi en todos los rincones del planeta por las temperaturas frías que por las temperaturas cálidas, el impacto general en el calentamiento global serán menos muertes por temperaturas extremas. De hecho, según una estimación, para mediados de siglo, aproximadamente 400.000 personas más morirán por el calor de las que habrían muerto con las temperaturas actuales, pero morirán 1,8 millones menos de personas por el frío. Desafortunadamente, las no muertes son una no noticia.

En noviembre, The Christian Science Monitor se centró en los hallazgos del IPCC sobre los huracanes, cuya fuerza y frecuencia se han asociado al calentamiento global desde que el filme Una verdad incómoda del ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore ganó preponderancia en los medios gracias al huracán Katrina. El titular del Monitor decía con estridencia: “Advertencia sobre el calentamiento climático: prepárense para olas de calor más calientes, tormentas más fuertes”. Sin embargo, mientras que el IPCC sugiere que las velocidades máximas de los vientos de los huracanes muy probablemente aumenten, también predice que la cantidad total de huracanes tropicales decaerá, y que la frecuencia de los huracanes extra tropicales muy probablemente también merme.

El IPCC claramente sostiene que los costos por los daños producidos por los huracanes han aumentado sostenidamente porque hay más gente, con propiedades más costosas, que hoy vive donde azotan los huracanes. La población, la exposición y la vulnerabilidad, no los gases de tipo invernadero, son los principales factores detrás del futuro daño también.

Por cierto, el IPCC observa que los mayores costos ocasionados por los huracanes “no han sido atribuidos al cambio climático”. En consecuencia, si queremos evitar futuros daños causados por huracanes, tenemos que invertir en adaptación. Eso implica mejor gestión del riesgo, lo que conlleva códigos de edificación más estrictos y humedales mejorados para mitigar el aumento de las tormentas.

Existe evidencia considerable que sí sugiere que el calentamiento global causa incrementos de las lluvias, especialmente de las lluvias torrenciales. Eso ha llevado a muchos observadores a culpar al calentamiento global por las inundaciones devastadoras en Pakistán, Australia y Tailandia en los últimos años. Pero el IPCC cuenta una historia diferente: la evidencia no puede ni siquiera indicar de manera confiable si la mayor cantidad de precipitaciones, en efecto, ha afectado la magnitud y la frecuencia de las inundaciones (en terminología de las Naciones Unidas, “baja confianza a escala global respecto inclusive del signo de estos cambios”).

Eso puede sonar contrario a la intuición. Pero se produjeron cambios mucho más importantes: en particular, la construcción de represas y los grandes asentamientos en planicies aluviales hicieron que los ríos no pudieran fluir naturalmente. Si queremos ayudar a las potenciales víctimas de las inundaciones, la evidencia claramente demuestra que deberíamos recuperar las planicies aluviales.

Una mayor precipitación también tiene consecuencias positivas -sobre todo, más agua dulce para un mundo que tiene sed-. Hoy, aproximadamente 2.000 millones de personas sufren escasez de agua, lo que significa que se las arreglan con menos de 1.700 metros cúbicos (60.035 pies cúbicos) por año. El crecimiento de la población por sí solo sugiere que este número podría aumentar a alrededor de 3.000 millones hacia fines del siglo. Pero más precipitaciones como consecuencia del calentamiento global muy probablemente reduzcan la cifra a unos 1.700 millones.

Las historias tenebrosas sobre el clima se basan en una narrativa simple: más CO2 significa más daño ambiental y muerte -y la única manera de resolverlo es reduciendo las emisiones de carbono-. Si bien esto sirve para un mensaje político pegadizo, tiene la clara desventaja de ser erróneo.

El calentamiento global hará que ciertos fenómenos, como las olas de calor y las velocidades de los vientos huracanados, se vuelvan más extremas, mientras que otros, como las olas de frío y la frecuencia de los huracanes, se mitiguen. Y, en algunos casos, como las mayores precipitaciones, el calentamiento global tendrá efectos positivos y negativos.

Por supuesto, nada de esto significa que no deberíamos ocuparnos del cambio climático y concentrarnos en la innovación para generar energía ecológica menos costosa. El último informe del IPCC es importante precisamente porque ilustra los verdaderos problemas ambientales planteados por el calentamiento global, sin exagerarlos para conseguir un buen titular. Ofrece información confiable sobre el clima y hace hincapié en que la adaptación es esencial para mejorar la calidad de vida de las generaciones futuras.

También demuestra por qué el último fracaso a la hora de concluir un acuerdo integral sobre el clima no son todas malas noticias. Pero, cuando se trata del cambio climático, a los medios evidentemente no les gusta que sea de otra manera.

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Bjørn Lomborg es el autor de The Skeptical Environmentalist y Cool It, director del Centro para el Consenso de Copenhague y profesor adjunto de la Copenhagen Business School.

 

Prodavinci 

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