Por Prodavinci | 22 de Diciembre, 2011

Artículo escrito por Pilar Pérez, publicado en ABC.es. Un extracto a continuación:

Por las noches, papá o mamá despiertan las historias que hay dentro de los libros que tiene en las estanterías de su dormitorio. Es un momento mágico que sueña durante todo el día: la ducha, la cena, la paz del final de la jornada. La pequeña luz de su dormitorio hace que de pronto todo parezca diferente y, entonces, todo cambia cuando surge la historia del cuento elegido. Vive entre personas que nunca conocerá, en lugares que nunca visitará, aventuras que no vivirá. Busca curiosa con su mirada las ilustraciones y los signos que dentro de poco va a entender. Y, sobre todo, escucha la cálida voz de papá, de mamá, simulando las voces del cuento: hadas buenas, brujas perversas, dragones enfurecidos, duendes traviesos, un montón de personajes a los que distingue simplemente por el timbre de la voz que adopta el narrador.

Llega el día: ya empieza a juntar sílabas y a entender frases. Su ilusión hace que en poco tiempo pueda leer pequeñas historias. ¡Por fin sabe leer!

Entonces, todo cambia. Ahora, después de haber encendido la luz de su dormitorio y una vez que ha escogido el cuento, llega la soledad. «Ya sabes leer. Ahora puedes hacerlo sola». Es verdad. Es capaz de leer, pero no sabe por qué no tiene ilusión por hacerlo.

Y es que la lectura en familia no es sólo eso, lectura, es también un encuentro afectivo con nuestros hijos. Al vivir juntos la lectura transmitimos el amor a los nuestros, los protegemos para salvar los miedos, nos reímos para contagiarles la alegría, les susurramos para alcanzar al sueño. Acompañarles después de que ellos ya sepan leer es seguir disfrutando de todo eso hasta que la madurez lectora de nuestros hijos les lleve a vivir las historias solos. Así seguiremos aportándoles la ilusión para seguir motivados con la lectura y, sobre todo, seguiremos muy cerca de ellos.

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Lea el artículo completo aquí.

Prodavinci 

Comentarios (1)

Maria Carnicero
23 de Diciembre, 2011

Mi libro de lectura se llamaba Victoria. Tenía 4 años y vivíamos en Ciudad Bolívar. “El nené está en la sala. La sala se inunda de sapos”. Hice muchas preguntas y mi mamá no pudo que contestarme. Tengo 60 años y no he olvidado ese texto. Para mí siempre ha sido una introducción a la literatura fantástica. Mi hija tuvo libros con títulos como “Mi mamá es una bruja” y “Mi papá es un ogro”. También tuvo todos los libros de dragones, magos y dinosaurios que quiso. Pero no es lectora voraz como lo soy yo. Por qué?

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