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Con tan poquita fe, por Oscar Medina

Por Oscar Medina | 16 de Noviembre, 2011

Quiero creer que el primer mundial del que guardo memoria es Argentina 78. Todo eso de los papelillos, los goles atropellados de un Kempes impetuoso y melenudo. Sé que algo de eso vi en la televisión, en grises claro. Y creo recordar la indignación enorme por ese momento insólito en el que un árbitro pitó el final de un partido mientras el balón viajaba por el aire directo al gol que hubiera significado la permanencia de Brasil.

Y digo creo porque entonces tenía 9 años y ya para España 82 había visto todos los resúmenes, todos los programas especiales y con el tiempo es posible que esa información se haya mezclado con los recuerdos. Pero algo sí tengo claro: ese balón yo lo vi y ese gol que lo cambiaba todo tenía que haber contado.

También leía, una y otra vez, los fascículos de un coleccionable sobre la historia de los mundiales. Una publicación fabulosa, llena de datos y de historias, que resultaba un tesoro en esos viejos tiempos en los que nadie que uno conociera soñaba con Google ni Wikipedia, y que te permitía pasar por sabihondo planteando dudas sobre si era mejor Pelé que el olvidado Garrincha y cosas así.

Por supuesto que a nadie le importaba la selección de Venezuela. Los mundiales eran cosa de grandes, de otras gentes más capaces. Había países para el fútbol y países para el béisbol. Y las habilidades para uno de los deportes excluían al otro. El mundo era más sencillo: comunistas, no comunistas, árabes, africanos y chinos y todo lo que pareciera chino. Todo era claro: o destacaban en béisbol o destacaban en fútbol. Y, como los gringos, éramos más de lo primero que de lo segundo.

De manera que si te gustaba el fútbol tomabas partido por otro país sin remordimiento alguno. Era sencillo porque el tuyo no contaba. Ni contaban contigo para ir al estadio a apoyarlo. En realidad veías los encuentros por el oponente. Y para saber cuál de los venezolanos corría más rápido para quedarse con la camiseta de la estrella del bando rival. En algunos casos era francamente vergonzoso.

Pese a todo, recuerdo vagamente un momento en el que la selección logró despertar algo de entusiasmo. No aspirábamos a mucho: apenas a empatar contra algún peso completo, apenas a que alguno de los muchachos metiera un gol… Sí, éramos tan poca cosa…

Casi todo el bachillerato lo estudié en un pequeño colegio de Macuto en el que lo normal era jugar futbolito hasta con los mangos. Allí estudiaba una chica llamada Adriana Baena, prima –decía- de César “Guacharaca” Baena. Y en aquellos tiempos te sabías sólo dos nombres de jugadores del equipo nacional: Guacharaca Baena y Pedro Febles, el mismo –creo- que aparecía en un comercial de gaseosa haciendo una chilena nunca vista en el balompié criollo. Si conocías algún otro pasabas a contar como fanático cabeza caliente de una causa perdida.

En algún recreo apareció este flaco, alto, surfista, gritándole a Adriana para que volteara a ver la primera plana de un ejemplar de Meridiano. Todos volteamos a mirar. El titular enorme: “Baena no pudo más”. Ella sonrió y siguió en lo suyo. Se refería a una goleada del día anterior. Lo habitual. Nada del otro mundo.

No sé por qué nunca he olvidado ese episodio. También quiero creer, para darle algún significado a ese recuerdo, que a partir de ese momento se consolidó mi falta de fe en la Vinotinto. Eso mismo: falta de fe.

Semejante cosa no la puede entender alguien que hoy transite por sus veinte o sus treinta más tempranos. Estas son vainas de cuarentones: de quienes vimos el desempeño en los malos viejos tiempos. Supongo que los de esa generación quedamos instalados en el trauma. En el titular ese en el que Baena no pudo más. Algunos deben haberlo superado, claro, y se les hace fácil emocionarse incluso ante un partido contra Haití y se dejan arrastrar por la euforia de las cuñas de Polar. A otros ese proceso nos cuesta un poco más. Pero ahí vamos. Sólo los estúpidos no cambian de opinión, dijo Teodoro citando a otro. Esto de hoy no es lo de antes. Y ahora –aunque lo digo con prudencia- sí hay razones para creer que es posible.

***

Texto publicado en originalmente publicado por la revista digital 11amigos.com

Oscar Medina 

Comentarios (6)

GC
16 de Noviembre, 2011

Pues yo soy mas o menos contemporaneo con usted, y desde la copa America de Ecuador 93 (la segunda o tercera que vi, si mal no recuerdo), yo le iba al mio (o sea Venezuela), esto no significa que no difrutaba (y aun disfruto) ver jugar a los grandes.

Creo que siempre habia fe y la fe como yo la entiendo es ciega… no importa si nos goleaban, siempre le iba al mio hasta que nos eliminaran.

Creo que el problema ahora con la seleccion es que muchos de los que tienen fe ahora ni sufrieron ni padecieron las goleadas y tal vez por eso mismo se le da un exagerado apoyo a Farias y a Vega que no deben tener.

Sigo pensando que nos iria mucho mejor si FARIAS y VEGA estubieran en sus casas viendo los juegos por TV.

Por que? pues porque creo que la seleccion ha tenido muchos y mejores porteros que VEGA y no entiendo porque aun sigue en la arqueria. Y con respecto a FARIAS, el hombre no cree de verdad que podamos ir al mudial y por eso regala los juegos que se pueden pelear frente a frenta (por ejempplo Ecuador)… Con Argentina solo planteo sacar un empate y el equipo es tan bueno que gano. LA VINOTINTO ESTA DE TERCERO EN LA TABLA PO GRACIAS A FARIAS SINO A PESAR DE EL!!!

Saludos GC

Peleziño
17 de Noviembre, 2011

Antes el objetivo era perder por poco, una derrota por un gol se celebraba como aquel 2-3 contra la Argentina de Maradona en Pueblo Nuevo que pareciera estar en nuestra columnas de victorias. Ahora hay dinero y tiempo invertido y Venezuela está jugando bien. Ayuda y mucho la inclusión de los extranjeros que juegan y han vivido siempre en España y Suiza tienen nivel y se incorporaron a un proyecto creíble, un equipo que tiene para llegar a Brasil 2014, todos los años que la base de esta Vinotinto tiene jugando juntos y el énfasis en las condiciones fisicas nos dan una ventaja sobre los demás.

Yo sigo al equipo desde el 81 cuando me llevaron de niño a ver a la Vinotinto perder contra Brasil (0-1) en El Universitario, gol de Zico de penal pero en esa eliminatoria conseguimos nuestra primera victoria contra Bolivia, el gol fue de Pedro Acosta de cabeza a La Vizcarrondo en un corner.

Si viví goleadas y nuestro ascenso poco a poco que todavía tiene que ir a más para estar en El Mundial.

Nota de freak futbolero: El gol anulado a brasil en Argetina 78 no lo eliminó del mundial fue en la primera ronda a Zico, Brasil terminaría tercero cuando el mundial eran solo 16 equipos, la mitad de la actualidad.Gran nota de Oscar Medina, me sentí identificado. No te confundas nací en el 72.

oscar medina
17 de Noviembre, 2011

es cierto peleziño. el partido fue brasil-suecia. el triunfo le hubiera dado al equipo de zico el pase como líder de grupo. gracias por la aclaratoria. saludos

Franco
19 de Noviembre, 2011

¡Muy buen artículo! Lo he disfrutado porque me identificó con tanto de lo que describes. El primer mundial que apenas recuerdo fue México 70, desde Alemania 74 para acá me acuerdo claramente de todos. La primera vez que vi a la Vinotinto, Brasil nos metió 5 en un amistoso, a principios de los 70, después del mundial y todavía con Pelé y su orquesta. No tenía expectativas. Pero en ese juego que perdimos 1 a 0 cogí mi primera arrechera por no haber mantenido el empate, y festejé el cabezazo de Acosta contra Bolivia como si nos hubiera clasificado. La primera vez que vi a Venezuela ganar en vivo fue un amistoso contra Bolivia por allá por 1985, en el Brígido Iriarte. Fue un 5 a 0 (¿o a 1?).

Desde hace 30 años tengo la expectativa de mejorar día a día para poder ir a un mundial: ahora lo veo muy cerca.

María Eugenia
24 de Noviembre, 2011

¡ProDaVinci está de altura!Estupendo trabajo periodístico; acabo de pasarme por varias revistas internacionales de primera y ésta gana

Joeif
28 de Noviembre, 2011

Argentina 78 fue, en efecto, mi primer mundial, desde ahí, ligaba siempre a Argentina, porque futbol nacional pues bueno, era como una excentricidad. Si a Oscar no se le olvida lo de Guacharaca Baena “no pudo más”, a mí no se me olvida una caricatura de Meridiano creo, donde salía el 11 de Venezuela cerrando toda la portería a como diera lugar, y que decía algo así como: “Todos a no perder”. Creo que sí, que nos hace falta “Un poquito de fe”, pero definitivamente, la Vinotinto que hemos visto durante los últimos 10 años, nada que ver con la selección de hace 30-35 años. A toda una generación obvio es que nos cuesta, pero estoy segura que al mismo tiempo nos sentimos encantados de ver este progreso. Adelante Vinotinto!!

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