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Actualidad

Sobre el voto de las mujeres saudíes

Por Prodavinci | 27 de Septiembre, 2011
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Artículo publicado en El País (España), escrito por Ángeles Espinosa. Un extracto a continuación:

La decisión del rey Abdalá de extender el voto a las saudíes es hoy noticia de portada en todos los periódicos del reino. “La sociedad saudí cambiará para siempre”, afirma el liberal Arab News. Sin embargo, en la calle no ha habido ni cohetes ni celebraciones. Por más que la medida agrade a las interesadas y los liberales, todos reconocen que se trata más de un gesto, con toda la carga simbólica que se quiera, que de un verdadero cambio. Además de los escasos derechos políticos a los que acceden (ni el Consejo Consultivo ni los Consejos Municipales tienen verdadero poder), las mujeres siguen resultando incómodas en público.

En el Ministerio de Asuntos Municipales (como en otros centros oficiales), la llegada de la periodista hace saltar de su silla al guarda de seguridad que con tanta amabilidad como firmeza le indica la partición detrás de la cual se atiende a las féminas. Pura comedia puesto que los mismos funcionarios responden a la ventanilla de hombres y a la de mujeres. Pero lo que cualquier occidental interpretaría como una segregación humillante, es en esta conservadora monarquía absoluta un gran avance. Hace veinte años, cuando esta corresponsal visitó por primera vez Arabia Saudí, se empezaban a abrir esas secciones de mujeres en oficinas del Gobierno y bancos. Hasta entonces las saudíes ni siquiera tenían acceso a las instituciones de su país.

La feminista Wajeha al Howaider ha expresado su deseo de que la decisión real sea un primer paso, tras el que lleguen otros como la autorización a conducir o la eliminación de la figura delmehram, guardián o custodio legal. El monarca no mencionó ninguno de estos aspectos durante su discurso. Y todas las mujeres consultadas coinciden en que esa anacrónica figura jurídica es la que limita su desarrollo como personas adultas. En puridad, las saudíes sólo pueden salir de su casa acompañadas de su guardián, que, además del padre o el marido, puede ser un hermano, un tío o un hijo menor, siempre un varón de su familia.

Con el tiempo, las costumbres se han relajado, sobre todo entre las capas urbanas educadas. Más mujeres que hombres completan los estudios universitarios y, cada vez más, quieren o necesitan trabajar. Pero el inmovilismo, que las autoridades justifican en “la cultura o las tradiciones”, lastra su progreso. Privadas de una identidad jurídica propia, necesitan el permiso de su guardián para estudiar, trabajar, viajar, alojarse en un hotel e incluso someterse a una intervención quirúrgica. Al lado de esas limitaciones, la prohibición de que conduzcan que tanto llama la atención al resto del mundo, es casi secundaria, aunque también coarta su independencia.

Una larga lucha contra la discriminación

Hace ya años que las mujeres saudíes luchan contra la discriminación. Antes de que un grupo de valientes se atreviera a conducir por el centro de Riad en 1991 (y terminaran en el cuartelillo), Fawziyah al Bakr fue pionera en firmar artículos periodísticos a primeros de los ochenta, una osadía que le valió la cárcel. En 2003, la socióloga y escritora Fawziyah Abu Khalid encabezó una petición para que mejorara la situación de las mujeres. El entonces todavía heredero Abdalá incluyó a las saudíes en sus sesiones de Diálogo Nacional alentando la esperanza de cambios cuando accediera al trono. Cuando no fue así, empezaron a surgir grupos que, a través de internet y las redes sociales, lanzaron campañas por el derecho a conducir (la última el pasado verano) o a participar en las elecciones municipales, las únicas que se celebran en el país.

No sólo las saudíes, también activistas de los derechos humanos y liberales defienden la necesidad de una reforma del estatuto de la mujer. Una y otra vez, la justificación oficial ha sido que el país no estaba preparado y que la mayoría de la población se opone a un cambio de ese cariz. El propio monarca hizo una referencia a ese sector cuando manifestó que “una modernización equilibrada, en conformidad con nuestros valores islámicos que defienden los derechos, es una exigencia importante en este siglo en el que no hay lugar para los recalcitrantes”. Sin embargo, su gesto no toca nada esencial en un sistema político que concentra todo el poder en manos de la familia real. “Es como invitar a alguien a servirse de una bandeja vacía”, señala una activista. Aún así, otras se muestran esperanzadas. “Tal vez la participación de las mujeres traiga otros cambios”, señala Naila Attar, una de las organizadoras de la campaña por el voto.

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Prodavinci 

Comentarios (1)

Alfredo Ascanio
27 de Septiembre, 2011

Por Fin ¡¡…algo es algo. Porque ese retraso cultural tiene que terminar en use país petrolero y gobernado por una familia real.

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