Ciudad

Cápsulas sobre Caracas, por Alonso Moleiro

Por Alonso Moleiro | 5 de Agosto, 2011

Si no estuviera tan peligrosa, si el caos no fuera tan acentuado, si el tráfico no nos amargara tantas tardes, yo podría afirmar que Caracas es una linda ciudad. El Avila es una caja de resonancia cromática; con toda responsabilidad puedo afirmar que jamás he visto en ninguna parte días tan perfectos como los que se pueden retratar en estos confines en enero. Su entorno vegetal es un privilegio: la avenida Los Jabillos o la principal de Sebucán presentan una arquitectura natural de luces y sombras. Algunas visuales de sus colinas y vías expresas siguen siendo postales.

Si estoy irritado puedo pasar largo rato quejándome del país, pero hago silencio cuando la tertulia se aproxima a entrar a despotricar sobre Caracas. Soy caraqueño, y aquí sigue instalada la oficina desde donde veo al resto de la humanidad.

Tiene Caracas muchas autopistas, que se despliegan sobre su espalda como serpentinas, avenidas muy estrechas, y una arquitectura con un predominio de la línea recta. Antes estaba orgulloso de ese entramado vial millonario que se ha venido eclipsando conforme se impone la superpoblación de automóviles. Con los años, de boca de algunos arquitectos, he ido aprendiendo que ninguna ciudad sana debería permitir que las vías expresas inunden sus entrañas de esa forma.

A diferencia del resto de las ciudades que he visitado en mi vida, en Caracas, salvo en contadas iglesias y en el Panteón Nacional, está ausente el barroco. No hay, como si en Lima, La Habana, Buenos Aires o Montevideo, estructuras cupulares clásicas ni edificios monumentales antiguos.

Es cierto: arrendajos, azulejos, tórtolas y tordos; guacharacas, guacamayas y loros de todo calibre siguen surcando a placer los cielos de una ciudad que vive en techicolor. Despiertan a la gente, se comen las frutas de los árboles, dejan su huella en automóviles inocentes. Puede uno verlo en las tardes, buscando posada en las hojas de los árboles, intercalando graznidos mientras comienza a ponerse el sol. Es esta ciudad un insospechado emporio de pájaros; en ella encuentran muchas aves un hábitat perfecto para llevar una vida feliz. Son los humanos que les acompañamos, en cambio, los que no la pasamos tan bien. En la tierra los vemos pasar, desde Chuao, La Carlota o Bello Monte, rumbo a la montaña, inocentes y felices, mientras reparamos en que, abajo, las señales de tránsito y los carteles que indican la nomenclatura de las urbanizaciones están cruzados por orificios de balas.

Parque Central, El Teatro Teresa Carreño, la Plaza Francia de Altamira, las Torres de El Silencio, la Torre La Previsora. Todos los símbolos de ésta ciudad son contemporáneos. Era muy poco Caracas, también a diferencia de estas ciudades, antes de los años 20. Cuando estoy fuera del país, y pienso en Caracas, sin embargo, me viene a la memoria una edificación que, ni es muy citada, ni es apreciada por los arquitectos: la Torre Pirámide Invertida del CCT. Encuentro en este sobrio edificio de oficinas con ciertas pretensiones universales un símbolo perfecto de la ciudad cotidiana en la cual vivo. Todos, comenzando por el último, tienen el rasgo que estoy describiendo: la tutela de la línea recta en su aspecto. La ausencia total de arabescos, garabatos, estatuas o arcos de medio punto que son tan comunes en otros confines.

El minarete de la exótica mezquita de Quebrada Honda, la segunda en tamaño en toda Sudamérica, desconocida en sus entrañas por literalmente toda la ciudad, ofrece un grato contrapunto visual de Caracas. Ante todo, Caracas tiene buen lejos, y aquí hay un ejemplo perfecto para ilustrarlo.

Si Parque Central, el Metro, el polígono cultural de Bellas Artes y Sabana Grande dejaron de ser lo que fueron, es imposible no tomar nota de la actual decadencia de Caracas. Sabana Grande ha salido de la ruina y presenta un aspecto aceptable, pero el lustre de otrora le queda lejos. La ruina de Parque Central, y de todos los museos que la circundan al remolque, simbolizan hoy el estancamiento de esta ciudad.

Algunos de los edificios más feos que he visto en toda mi vida también encuentran asiento en Caracas. San Martín y San Juan; Los Ruices y La California; El Valle y El Paraíso; la avenida Baralt y algunas cotas de la avenida Fuerzas Armadas. Moles desproporcionadas, planificadas por algún arquitecto ebrio, remedos lamentables de la modernidad, apuestas funcionales sin la menor consideración con la estética. Panales de personas que acumulan todos los problemas posibles. En algunos de sus costados, parece Caracas la réplica tercermundista de Blade Runner: un retrato futurista donde todo salió mal.

El Abra Solar de Alejandro Otero; la fisicromía de Carlos Cruz Diez en la Plaza Venezuela; las obras de Soto en la Torre Seniat, El Cubo Negro, la Plaza Brión y el distribuidor de Santa Cecilia. Las deliciosas intervenciones al entorno que tienen lugar en la Ciudad Universitaria. Ha sido Caracas la orgullosa sede de una notable generación de artistas contemporáneos. Fue ese el perfil que la distinguió durante mucho tiempo: el hilo conductor en la concepción y el decoro de sus espacios públicos. La gran mayoría de los caraqueños ni conoce, ni les interesa, ni valora el legado de estos venezolanos universales

Aunque no resistirían jamás una comparación con sus pares de Buenos Aires, México, Río o Lima, para no hablar de Madrid, debo que confesar que tengo una especial debilidad por el modesto casco histórico de Caracas. Ni siquiera podemos hablar acá de una arquitectura “colonial”: hasta 1870, está ciudad seguía cruzada por las ruinas del terremoto de 1812. Encuentro especialmente encantadores el neogótico en miniatura del Palacio de las Academias; el Palacio Federal Legislativo, con sus salones y sus dos alas; La Vicepresidencia de la República, la Iglesia de Santa Capilla, el Correo de Carmelitas y el edificio Principal, en la esquina del mismo nombre.

La arquitectura de Caracas correspondiente a los años 40, 50 y 60 tiene en Caracas episodios muy afortunados. La que fue levantada de los setenta en adelante, sobre todo en sus zonas residenciales, es, en cambio, bastante mediocre. En la primera están inscritas zonas de Santa Mónica, Valle Abajo, Maripérez, El Bosque, Los Palos Grandes, Propatria, Puente Hierro y Quinta Crespo. En la segunda están El Cafetal, El Marqués, Montalbán y Caricuao.

El caótico y empobrecido nudo urbano de la Hoyada, en pleno centro de la ciudad, plantea los dilemas y los desafíos más dramáticos de la Caracas del futuro.

Siempre tuve a Caracas como una estrecha ciudad dominada por imponentes rascacielos. Es una impresión que descansaba en la percepción de la longitud de algunos edificios del centro, muy especialmente el del Minci y el del Banco de Venezuela, y, sobre todo, por el predominio de las torres de Parque Central, todavía la estructura de concreto armado más alta de Sudamérica. Con tales construcciones, esta ciudad imita los ejercicios de poderío gerencial de algunos emblemas norteamericanos. Alardes de pretensión urbana que, hoy por hoy, lucen más que discutibles. Regresando de Buenos Aires o Madrid, sin embargo, he vuelto la mirada hacia una estructura más bien chata y apelmazada. La segunda parte de la avenida Francisco de Miranda, en las alturas de la estación Chacao, a la altura del Centro Perú, es, a estos efectos, particularmente mediocre y prescindible.

Amenazado: no hay otra palabra para describir la sensación que puede sentir cualquier transeúnte inocente si las circunstancias lo emboscan en las cercas alambradas de la Florida, en las mansiones sin fachada de Los Chorros, en las perturbadoras insinuaciones de El Llanito, en la fortificación alambrada en torno a Terrazas del Avila, en la periferia de El Silencio, en algunos bares desgarbados de la avenida Casanova. La hostilidad de Caracas es objetiva, y se expresa, no sólo en la ausencia de hemodinamia de sus corredores viales y la dictadura anarquizada de sus motorizados, en el día, sino en la perturbadora soledad nocturna de sus urbanizaciones. Caracas puede ser a veces hermosa, pero también es sucia, agresiva y sin modales.

Hay en Caracas algunos reductos europeizados, hijos de la vibrante inmigración de los años 40 y 50, encantadores y más bien poco comentados entre sus conciudadanos como áreas de interés. Bello Monte, Las Acacias, La Carlota, Los Chaguaramos, Chacao, Las Delicias, Valle Abajo, y hasta el hoy arisco San Bernardino. Con sus restaurantes y churrerías, El Hatillo porta una aureola muy similar, pero tiene otra historia. Con sus altas y sus bajas, son oasis en los cuales se consiguen rincones interesantes y la vida parece ir a otra velocidad. La Candelaria es, sin duda, un nido español tradicional, y sus tascas conservan sus encantos, pero su morfología es demasiado mestiza para lucir exactamente europea.

Se come bien en Caracas, dicen lo que de esto saben. Pero no también como antes, agregan otros tantos. Es ésta una ciudad cosmopolita, mucho más que otras en su entorno próximo, quién lo duda, pero los rigores de la política y la economía le han hecho perder en mucho la variedad y el encanto.

Más allá de los lugares comunes, hay en Caracas algunos edificios de arquitectura moderna sofisticados, sobresalientes y dueños de un atractivo que a mi me parece universal. Parque Cristal, Atlantique, el Cubo Negro, la Torre Corp Banca, la torre Coinasa, el Centro Iasa, el Centro San Ignacio. El Centro Galipán. Algunos ejemplares de El Rosal. Se sirven de las bondades del clima; nos regalan sombras naturales, son espacios sofisticados y llenos de un desenfado elegante muy propio de esta ciudad.

Difícil encontrar un reducto más caraqueño que Las Mercedes, tradicional laguna donde los ciudadanos de todas las clases concurren a distraerse en las noches. Ecléctica, desordenada y ruidosa. Una urbanización que se fagocita y se reconstruye a si misma de forma endiablada tramando edificaciones con nuevos restaurantes y bares. Manzanas en las cuales no hay espacio para las fechas ni la memoria. Ultimamente ha recobrado cierta coherencia con la remozada –y criticada- plaza Alfredo Sadel. Decía William Niño que la colina que domina Las Mercedes, presidida por el Hotel Tamanaco, es probablemente la más bella de toda la ciudad. Puedo suscribir esa apreciación.

Es imposible no ofrecer una panorámica de Caracas sin incluir a su otra mitad, la que vive en improvisadas barriadas autoconstruidas, con servicios públicos intermitentes y un intricado acceso a sus viviendas. La deuda social que no se salda. El eterno bofetón que nos recibe y nos despide camino al aeropuerto.

En fin. El sentido común me impide culminar de forma edulcorada estas líneas improvisadas del lugar donde vivo. En Caracas está escrita toda mi vida; por supuesto que ella me habla más que cualquier otra ciudad. Podría Caracas ser linda en otras circunstancias. Pero las circunstancias no son otras, son éstas. Y si yo tuviera ruedas fuera una bicicleta.

 

 

Alonso Moleiro 

Comentarios (28)

Mildred Chacon
5 de Agosto, 2011

Excelente crónica Moleiro. Frente al Chacao Bistrot hay una joya arquitectónica muy venida a menos, que valdría la pena restaurar, al igual q muchos otros edificios de San Bernardino. Quizá en un futuro próximo?

josuel uyabab
5 de Agosto, 2011

Excelente… Como quisiera conocer esa caracas que usted describe

sonia
5 de Agosto, 2011

La ciudad que pudo haber sido y no fue. ¿Podrá ser?, a lo mejor le ponemos las ruedas. Nostalgia, desilusión, con la inagotable esperanza.

Sylvia Paúl
5 de Agosto, 2011

Gracias por hacerme ver la Caracas que tuvimos como si la tuviéramos ahora. Leo y me paseo por todos los lugares y los gozo recordándolos. Unas omisiones dignas de agregar: las perezas que todavía caen sobre carros y transeúntes y el edificio Procter&Gamble en La Trinidad así como el Atrium en El Rosal, ambos con una arquitectura dignas del trópico donde vivimos.

Magaly Salazar Sanabria
5 de Agosto, 2011

Me agrada el artículo de Moleiro. Recorre la querida y la malquerida ciudad. Ladina y bella, Caracas gulusmea el infortunio como una gata hermosa pero callejera, porque de noche y también de día se le eriza el espinazo por la balacera. La arquitectura superlativa y la antañona( lo poco que queda o mejor dicho, la expropiada)parecen convivir con la tarantinización. Mientras tanto, los pájaros asumen la mañana y El Avila nos recuerda la hermosura que sube y baja en teleférico.Una mujer pasa contoneándose con un tumbao apasionado y a pesar de los huecos de las calles y la basura, el verdor de los árboles festeja a esta ciudad que nos subyuga.

Gustavo Ramírez
5 de Agosto, 2011

Como caraqueño y pastoreño con 71 ruedas arriba, visualizo bastante lo cronicado por Alonso Moleiro. He sido testigo, desde mediados de los 40s, de sus cambios físicos y sociales. Hago énfasis en un aspecto que A.M. creo que dejó afuera: El clima maravilloso de la ciudad -En junio, julio y agosto no te sancochas, ni en diciembre, enero y febrero te congelas- No tiene competencia en Venezuela, y pocas en el mundo. Añoro las caminatas familiares por el centro, la ciudad vieja, uno que otro domingo, incluyendo almuerzo. ¡Ojo! Hablo de hasta unos 15 años atrás apenas (Por no decir 12…) También por La Candelaria, en su recurrente y muy sabroso “tasqueo”. Los Caobos, la vieja Sabana Grande (No he visitado la nueva todavía). En fin, para mí, Caracas es una ciudad muy bonita y agradable (Si tuviese un millón de personas y doscientos mil vehículos menos) En lo concerniente a la imagen arquitectónica, sin ser yo un experto en la materia, concuerdo con Moleiro, aunque noto que dejó afuera uno de mis edificios preferidos desde el aspecto visual: la Torre Británica en Altamira Sur. Sobria e imponente. No sé si A.M.la omitió adrede porque no le gusta,o fue sólo una omisión involuntaria. En fin, “entre gustos y colores…” Buena crónica. Felicitaciones.

Malena Edward
6 de Agosto, 2011

Sr. Moleiro: Me han dado ganas de ir a conocer esa hermosa ciudad!!!! Gracias por describirla con tanto amor!(Buenos Aires)

maria teresa
6 de Agosto, 2011

Efectivamente, la Caracas de los últimos decenios ha perdido mucho en lo agradable que era su cotidianeidad, pero lamentablemente eso sucede en casi todas las ciudades importantes y con un gran movimiento inmigratorio y temporal (no me refiero al turismo). Pero lo más lamentable es su inseguridad, su cinturón marginal, que lleno de gente estupenda y trabajadora, también alberga para su desgracia y para la de los que vivimos “abajo” en el valle, un día a día angustioso, peligroso y desesperanzador a causa de la inseguridad personal. Caracas seguirá siendo bella porque tiene un enclave extraordinario y un clima excepcional debido a su altura y posición geográfica…y por supuesto a esas imponentes montañas que la rodean y que le dan ese respiro tan necesario del que muchas otras ciudades en el mundo carecen. Soy optimista en el sentido de que el caos se puede controlar, como también se pueden controlar las mejoras de las condicones socio ambientales y culturales. Todo depende de los dirigentes de turno y los que les sucedan. En vez de tanto pelear y enfrentarse, deberían dedicarse a colaborar y participar en la recuperación y conservación de los edificios importantes que están todavía en pie, y que por su excelente construcción, estilo y materiales de primera calidad (realizados por expertos ingenieros, arquitectos y mano de obra especializada) merecen seguir estando presente en nuestra bella ciudad. Me sentí muy triste cuando demolieron el edificio Galipán y los que estaban a su alrededor. Por qué habiendo tantos lugares feos han tenido el capricho de construir edificaciones nuevas y hacer desaparecer otras emblemáticas y con solera?… todos sabemos que en cada barrio (urbanización) justo al lado de encuentran “barrios de ranchos”…por qué los gobiernos siguen permitiendo que esto suceda. En Venezuela, afortunadamente, sigue habiendo más qie suficientes recursos naturales y por ende mucho dinero circulando. Por qué no se construyen urgentemente más urbanizaciones nuevas para reubicar a estos ciudadanos de los barrios y cerros y puedan vivir en sitidos más saludables y sin peligro cuando “llegan las lluvias del invierno caraqueño”, por qué no controlan la delincuencia? Recuerden los bloques de Propatria… Existe un ejército, existen medidos suficientes para poder controlar estos problemas…la unión y el poder hacen la fuerza y este asunto es prioritario. No se trata de mejorar los barrios, se trata de eliminarlos y reemplazarlos por urbanizaciones decentes. Pero esto ya lo saben de sobra los políticos, entonces por qué no lo hacen? Recuperear el bienestar y la belleza de Caracas es una empresa difícil pero no imposible, y a pesar del progreso y el aumento de la población urbana, en mi humilde opinión, veo posible que esto se pueda hacar. No es una realid virtual es una realidad REAL. Ojalá que desepertemos y en vez de seguir adelante con casi inalcanzables proyectos nuevos proyectos, los gobiernos actuales y venideros se cocilien en beneficio y disfrute de todos los que tengamos la posibiidad de vivir en es bellísima ciudad que es Caracas. Yo particularmente, estoy completamente a favor de la conservación y restauración de todo el patrimonio existente y de la eliminación de lo que afecta y afea el centro y entorno de Caracas. Podría seguir escribiendo mucho, pero creo que ya ustedes lo saben tan bien como yo y sería muy redundante. Mis sinceros saludos a todos los que me hayan leído.

carlos rodriguez
6 de Agosto, 2011

Sr. Moleiro:

Gracias por esta maravillosa reseña!!. Si, la Caracas de mi juventud era moderna, de clima fresco y segura. Hemos perdido los más importante: el sentido de la calidad y el concepto de responsabilidad personal: Caracas tiene barriadas populares si, pero de estas podremos hablar en otra oportunidad; tambien tiene zonas de clase media construidas por el trabajo de gente honesta y responsable. Lamentablemente hemos permitido el caos.

Gracias de nuevo por ese maravilloso artículo

Casi una Neandertal
6 de Agosto, 2011

El artículo se parece a esas conversaciones que se hacen sobre el difunto en el velorio o en los días siguientes del novenario. Recordamos lo que amábamos pero ya no está.

Guillermo Velarde
6 de Agosto, 2011

Soy un caraqueño actualmente residenciado en el interior del pais desde hace casi 5 años,y mediante esta cronica de Alonso Moleiro(excelente)me he paseado por la ciudad donde naci y pase los mejores años de mi vida.Una ciudad que lamentablemente ha perdido muchas cosas y tradiciones,pero siempre recuerdo con amor unico.La eterna Caracas de mis grandes vivencias¡¡¡Buen paseo me he dado con su cronica sr.Moleiro,aunque creo(a manera de critica)que ha omitido por ejemplo importantes iconos de nuestra ciudad(para bien o para mal)como los bloques del 23 de enero o el historico parque El Calvario con las vetustas torres del Centro Simon Bolivar¡¡

Mariana
6 de Agosto, 2011

Este texto refleja en gran medida la Caracas que me gusta. Al igual que Alonso, tengo un vínculo con ella que, hasta ahora, sus marcados defectos no han podido romper. Me gusta la Caracas de a pie, me gusta observar la fauna del Metro y analizarla, tratar de sonreír lo más que puedo y hacer la diferencia desde mi metro cuadrado. Gracias por esta linda crónica.

Myrna Silva
6 de Agosto, 2011

Sólo quien ama de verdad, es capaz de señalarnos con ecuanimidad nuestras virtudes y nuestros defectos. Gracias Sr. Moleiro, por esta descarnada, sincera, valiente y hermosa crónica de la ciudad que tanto amo y donde nací. Me ha hecho usted llorar de pensar lo que pudo haber sido y no es… Ojala algún día pueda ser.

maria teresa
7 de Agosto, 2011

¿Ha sido mi comentario envíado a otras personas? Lo pregunto porque acabo de revisar mi correo y he visto los comentarios de quienes han escrito al Sr. Moleiro el día de ayer. Supongo que debe ser porque no lo remiten a la persona que lo envió y sí lo hacen al resto de los participantes ¿me equivoco? Por favor aclárenme esto para salir de mis dudas. No tengo práctica en esto, y es la primera vez que entro en un comentario de este tipo. Saludos

Alexandre Daniel Buvat
7 de Agosto, 2011

Es un, diriamos, elegante y diplomático artículo, un retablo de impresiones con un sesgo muy particular al gusto arquitectónico del autor, enmarcado en lo eterno de Caracas. su Ávila, su clima, su vegetación, sus muy particulares cambios de color cada mes. No obstante, creo que falta algo esencial para entender, historiar , y definir ( y así poder iniciar políticas correctivas de las notables fallas): Las caracteristicas de su poblamiento y las culturas e intereses de quienes han detentado el poder político y económico .Así podríamos encontrar , en una descripción muy somera por supuesto, la desaparición – y casi la inexistencia, como no sucede en otras capitales- de rancias familias fundadoras, la abrupta desaparición de una cultura entre refinada y rural ingenua, sustituída por rentismo, la intensa migración desde otros lugares del país y sobre todo de los mas marginales no tanto pobres sino “lumpen” y delincuentes de otros países, la inmigración de europeos de muy bajo nivel cultural, aunque de elevadas capacidades laborales y económicas, la progresiva toma del poder de decisiones públicas y privadas (imbricadas) por parte de gente sin amor a la ciudad, sin apego,y consecuentemente, sin amor a su patrimonio paisajistico, monumental, y arquitectónico, que se destruye tanto por el “poder del pensamiento populachero” ( o sea marginal que no popular)…En fin para no hacer muy largo este comentario: Esta ciudad tanquerida y aún con sus permanetes íconos y claves de belleza, es una víctima de su modo de poblarse y de la calidad e intereses de quienes la han dominado desde hace ya unos cuantos años y de quienes la usan solo como un sitio de sobrevivencia mejor que sus sitios de origen. En cualquier caso, amigo Moleiro, su artículo, al igual que otros anteriores, es de grata lectura, con buenas reflexiones y manifestaciones de amor y dolor por su ciudad y ojalá que estas muy sintéticas reflexiones mías, (de un estudioso ad honorem del tema y en otros casos como investigador profesiona) puedan contribuír para que en fururo muy próximo se puedan realizar análisis mas completos y acciones transformadoras al menos en nuestra capital

Nasly Ustáriz
7 de Agosto, 2011

Alonso, que crónica más certera y llena de afecto de una caraqueña cuya vida está casi “toda escrita en Caracas” a otro; de alguien a quien esta ciudad malquerida con quien me une una relación de amor/odio (el amor primero, ojo) también me sigue “hablando más que cualquier otra ciudad” para decirlo con tus palabras. Tu crónica me trae a la cabeza una frase de una canción reciente de los Caramelos hablando de nuestra Caracas y su otrora inefable mirador de la Cota mil “Recuerda bien el sitio donde tu creciste, porque ahora esa ciudad ya no existe”. Pero, como intento mantenerme inmune al desaliento, rescato el inicio del escrito y quiero creer que las bandadas de pájaros que ahora mucho más que en mi infancia y adolescencia surcan nuestros cielos, ven, desde arriba, claro, algo que nosotros aún ignoramos y me atrevo a confiar en que será una fórmula en la que nuestra Caracas no se sienta ya acosada por sus habitantes, y sí y de nuevo querida, deseada como a cualquier mujer le hace falta sentirse. Me despido con estas ideas de Federico Vegas, que suscribo plenamente como aplaudo tu artículo Alonso: “A una ciudad tan frágil y confundida, le hace falta, primero que todo, conocerse a sí misma, entender qué diablos le sucede, hacerse consciente de sus posibilidades y de su belleza innata e indestructible. Cuando un ser ha vivido en el menosprecio y la degradación necesita ser protegido, incitado al deseo y a ser contexto de deseos. Si descubrimos y logramos explicar el contenido de la ciudad se irán produciendo una serie de consecuencias lógicas e inevitables en el contenedor”

Sylvia Paúl
7 de Agosto, 2011

Si María Teresa, tu comentario me llegó a mi correo pues marqué la opción donde dice si deseo recibir los comentarios a este artículo. Si también lo marcaste recibirás el mío. Saludos.

maria teresa
8 de Agosto, 2011

Alexandre Daniel Buvat, tu comentario me ha parecido bastante acertado, pero tu frase “la inmigración de europeos de muy bajo nivel cultural, aunque de elevadas capacidades laborales y económicas” creo que está un poco fuera de contexto. Supongo que te refieres a inmigración europea de los últimos 10 años, porque la de los años 40,50,60 e incluso 70, aportó muchísimo al desarrollo no sólo de Caracas, sino del interior del país (ejemplo: puente sobre el Lago de Maracaibo). Me ha dolido esta observación porque parte de mi ascendencia pertenecía a esa inmigración, que aunque no eran ni mucho menos “adinerados” porque cuando uno deja su lugar de origien para buscar trabajo y un mejor futuro, en la mayoría de los casos no es por simple aventura y diversión, pero si puedo asegurarte que la mayoría eran expertos en su cometido de trabajo, tenían educación y valores morales y familiares, y estaban muy lejos de ser delincuentes…pero de todo hay en la viña del Señor! Disculpa mi observación, pero no he podido dejarla pasar. Saludos

carlos rodriguez
8 de Agosto, 2011

La inmigración de españoles, italianos, portugueses y otros; en los años 40, 50 y 60 del siglo pasado, fue una inmigración de gente trabajadora, con valores familiares y que lograron lo que lograron con esfuerzo y honestidad. Aunque es una reducción, suelo decir que sin portugueses no tendríamos comercios de comida, sin italianos no tendríamos construcción y sin los canarios no tendríamos verduras en la mesa.

Esa inmigración aportó mucho más al país que los que quieren vivir sin pagar agua o electricidad y solo desean vivir del estado.

Zuleyma
8 de Agosto, 2011

¡Que maravilla reencontrarme con esa Caracas que en su mayoría disfruté y que ahora hasta miedo me da!… Honestamente Alonso, se me sacudió la nostalgia por una ciudad, MI CARACAS, que cada día veo más distinta, pero que no paro de amar. Gracias por semejante semblanza, por tan maravillosos recuerdos y tan sentidos motivos. ¡Bravo!

Alexandre Daniel Buvat
8 de Agosto, 2011

Apreciados María Teresa y Carlos Rodriguez.. en primer lugar , como es obvio por mi nombre y apellido paterno, tengo al europeo bien cerquita, y también en larga vida he tratando con gente de alta, media y baja calidad en cuanto a formación educativa formal, en cuanto a capacidad de emprendimiento, valores familiares, solidaridad y empuje para cubrir penurias, gente tanto europea como del interior del país, como de otros países asiáticos y suramericanos. Por eso digo que ha sido poblada Caracas por gente que no solo no la siente, no es suya, sino que en muchos caso es sólo un lugar de vulgar sobrevivencia y en otros casos , afortunadamente abundantes en los 40, 50 y algo mas, por gente emprendedora, de sólidos valores y habilidades económicas, aunque también concupiscentes con los poderosos corruptos y hasta llegar algunos a poderosos y corruptos ellos y sus clanes y familias. Asi que esa mezcolanza en explosivo crecimiento que pobló al valle otrora cuasi rural y sin grandes y/o numerosas familias de raigambre y de espiritu integrador, innovador y conservador del patrimonio social que se encontraba en otras capitales latinoamericanas entre otras, repito esa mezcla explosiva en crecimiento explosivo, en una vorágine rentista, ha dado lugar al caos, inseguridad y calidad de la sociedad o población con sus consecuencias de desorden arquitectónico, de planes superpuestos y de falta de amor al medio ambiente patrimonial y hacia sus semejantes. Espero haber podido aclara lo antes expuesto que motivó las críticas o reacciones de ustedes. Supongo también que el amigo Moleiro, siga con curiosidad analítica característica estas confrontaciones de opiniones y seguramente les sacará provecho en beneficio de todos. Saludos y ofrezco mis excusas por la precipitada y poco pensada respueta

Mitchele Vidal
4 de Septiembre, 2011

En esta crónica de Alonso no extraño la ausencia del 23 de enero porque, como en todas las listas, y Alonso enumera aquí muchas cosas, siempre se queda algo afuera. Tampoco la falta que le reprocha un lector, la gente, los habitantes de Caracas. El caso es que en cada uno de los hitos mencionados por Alonso está la huella de sus autores. La huella de Guzmán Blanco en el Panteón, la nueva plaza Bolívar y demás edificaciones que le dieron a nuestra querida ciudad, ese aire afrancesado criticado por muchos pero que hoy, configura gran parte de nuestra memoria arquitectónica y urbana. Así como detrás de La Candelaria, Chacao, Los Palos Grandes y Valle Abajo está la mano de obra mediterránea de la postguerra y en nuestra UCV y las grandes autopistas la de la modernidad.

Excelente texto. Lleno de las vivencias de un caraqueño enamorado pero no ciego =)

Matilde Suñer
17 de Septiembre, 2011

Como caraqueña casi fanática de su ciudad, te felicito. Hermosa y a la vez triste descripción de nuestra Amada Caracas. Esperemos vengan tiempos mejores para ella y para nosotros sus habitantes.

mcelibu
18 de Septiembre, 2011

Hay un error,en el contexto se escribe “tan bien” como antes,no tambien como antes,cuando se habla del comer en Caracas

Pedro
12 de Diciembre, 2011

Diria mi mama, Ligia Margarita Diaz de Correa, cito “no acepto que le digan al Avila cerro, esa majestuosidad es una montaña” y tenia razon, el avila mas haya de ser un montaña es una especia de cordillera infranqueable digna de una ciudad como Caracas, Santiago de Leon de Caracas, su nombre original, es y sera siempre ese hermoso lugar donde parte de mi vida vivi y donde mis antepasados ayudaron de alguna forma a construir, porque una ciudad como esta no solo se construye de muros y avenidas, se construye tambien con sueños y memorias, se construye con la vida fertil en sus calles, en sus casas y oficinas, una ciudad asi como Caracas, a pesar de sus pesares, siempre reflejara la escencia para la cual fue construida y ni el tiempo, ni los cambios de cualquier orden la haran desaparecer, porque ella vive en cada uno de nosotros, de muchas formas, pero viva y activa esa Caracas de mis sueños, gracias Alonso Moleiro por pasearnos una vez mas por esta ilustre ciudad Caracas, de Santiago de Leon

Paul Torres Nieves
29 de Diciembre, 2011

Hola soy Zuliano pero siempre me ha gustado Caracas por el dinamismo de la gente, el clima y por supuesto el Avila, y los centro culturales que posee entre otras cosas, pero si no fuera tan violenta fuera en verdad la sucursal del cielo, pero si encuentro empleo en caracas tenlo por seguro que me mudo de inmediato.

Raul Sanchez U.
29 de Diciembre, 2011

Como articulo, esta pieza esta plagada de contradicciones, asi que es dificil estar de acuerdo con la totalidad de sus argumentos sin entrar en calificativos aqui y alla. Sin embargo, quizas hablar a traves de ‘capsulas’ sea la mejor forma de aproximarse a una ciudad tan fragmentada como Caracas – en una sociedad, a su vez, tan atomizada y caotica como la nuestra. Desde este articulo, quedan pendientes mil y una conversaciones, quizas una o mas por parrafo. Quizas su mejor merito sea justamente servir de abreboca para discusiones mas detalladas (y justas) sobre nuestra realidad urbana.

Por otro lado, se insiste en soslayar, como siempre, de la conversacion la mayor obra de nuestra modernidad: Las barriadas populares, siempre al margen de toda discusion seria. Ello es lamentable, ya que es muy probable que sea precisamente en los barrios donde este la clave para entender nuestras falencias y virtudes a la hora de construir la ciudad. Lejos de criticar a ciegas lo que se hizo en los cerros, para quien desee estudiar en serio estos temas lo apropiado seria acercarse a la literatura elaborada por antropologos, sociologos y otros estudiosos de las ciencias sociales, que hacen un esfuerzo continuo por entender como los moradores de nuestras zonas informales construyen sus espacios urbanos y generan la ciudad, dia a dia, en ellos.

hg
24 de Febrero, 2012

Cuenta, cuenta la leyenda Que antes todo, era mejor Cuenta la leyenda. Que se podía caminar Y de vez en cuando, mirar al cielo y respirar Pero, no puedo llorar Por un pasado que no conocí, por eso

Dame un cuchillo para cortar el aire y besarte Si me siento pesado es por el plomo que llevo en la sangre. En ríos de fuego y en seno de vida y de tiempo Que van si remedio a tumbas que llegan al cielo. Donde se brinda, con llanto de miles y sin ira. Como la vida les pasa de largo y nos deja ir. No me importara morir No me importara morir.

Coro Dururururu dururu, Dururururu dururu, Dururururu dururu, Dururururu dururu.

Escena de amores perdido en calles de luna, Que solo se encuentran en frases de un canto inútil Camisa de Fuerza (Camisa de fuerza) Sultana de nadie ( Sultana de nadie) Vivir en caracas (Vivir en Caracas) Morir en Caracas (Morir en Caracas)

En calles de luna, perdido en calles de luna, perdido en calles de luna, perdido en calles de luna, Perdidos en calles de luna….! perdido en calles de luna, perdido en calles de luna, perdido en calles de luna, perdido en calles de luna, Perdidos en calles de luna….!

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