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¿Por qué evitamos la verdad sobre nosotros?, por Jeremy Dean

Por Jeremy Dean | 31 de Julio, 2011
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Las comedias televisivas a menudo se aprovechan de un hecho simple de la psicología humana para hacernos reír. La situación podría ser algo así: el protagonista le dice a su pareja: “Nunca comprometería mis principios éticos por dinero”. Luego se le ofrece a ese personaje la oportunidad de comprometer sus principios éticos por dinero… y la acepta.

El chiste no es sólo sobre la hipocresía, sino también sobre la ignorancia del personaje sobre su propia hipocresía.

Podemos pensar que este tipo de chiste no es un diagnóstico sobre la psicología humana; que en realidad es sólo una manera de hacer un chiste a expensas del personaje principal. Pero, de hecho, es un ejemplo perfectamente realista de cómo las personas evitan la verdad sobre ellas mismas.

En un artículo reciente en Review of General Psychology, Sweeny (2010) bosqueja las tres razones principales por las que las personas evitan información:

1. Puede exigir un cambio en las creencias. Existe mucha evidencia que sugiere que las personas tienden a buscar información que confirma sus creencias y no que las desapruebe.

2. Puede requerir que hagamos acciones indeseadas. Decirle al doctor esos síntomas raros significa que quizás tienes que hacerte exámenes dolorosos. A veces parece mejor no saber.

3. Puede causar emociones no placenteras.

Pueden ver estas tres razones operando en el ejemplo de la comedia televisiva. Contraponiéndose a ellas –motivándonos a descubrir la verdad– están las razones que esperarías, como curiosidad y esperanza, al obtener información positiva. Que intentemos encontrar la verdad o evitemos la información depende de lo siguiente:

1. Expectativa. Lo más obvio es quizás lo más poderoso. Cuando se esperan malas noticias, mayor es el esfuerzo que hacemos para evitarlas.

2. Falta de control. Menos obvio pero explica mucho. Cuando sentimos que tenemos menos control sobre las consecuencias de la información, nos sentimos más motivados a evitarla. Como cuando podrías recibir noticias sobre una enfermedad grave. Al ser probable que puedas hacer poco al respecto, se hace más atractivo no saber.

3. Falta de recursos de afrontamiento. Cuando las personas sienten que no pueden manejar información que cause angustia son más propensos a evitarla.

4. Que la información sea difícil de entender. Mientras más difícil sea interpretar la información, menos queremos saber sobre ella.

Las personas a menudo intentan todo lo que pueden para evitar aprender sobre sí mismas y a veces eso tiene sentido. Por ejemplo, hacerte un examen genético puede decirte que tienes un gran riesgo de padecer fibrilación auricular después de los 70 años. ¿Es esa una información útil o sólo una cosa más por la que preocuparse? Si no hay nada que puedas hacer, entonces es probable que la información sólo empeore tu calidad de vida.

Otras veces nos causamos daño cuando evitamos saber la verdad. Como cuando nos rehusamos a chequearnos esa masa extraña y terminamos retrasando el tratamiento para el cáncer.

El truco es saber cuál información evitar y cuál buscar. Pero no podemos saber esto sin antes saber cuál es la información. Y una vez que la hayas escuchado no puedes olvidarla. Es un problema.

No ofrezco respuestas, simplemente apunto que, con más frecuencia de lo que parece, evitar información es una estrategia racional para evitar lidiar con las complejidades que ofrece cierta información. Hay una buena razón por la que valoramos la inocencia de la juventud: cuando no sabes, tienes menos de qué preocuparte.

Cuando reímos de la hipocresía del personaje en la comedia, nos reconocemos en él no sin cierta incomididad. Por más que prefiramos evitar la información,  sabemos, en nuestro corazón, que todos somos hipócritas.

Jeremy Dean  es sicólogo y autor y editor del blog Psyblog.

Comentarios (1)

Sylvia Paúl
3 de Agosto, 2011

No se si la palabra es hipócrita o más bien inconscientes de las debilidades humanas, de la soberbia que todos llevamos (unos más que otros) creyendo que somos imbatibles, inconscientes de la finitud de nuestra existencia. Prefiero pensar que la buena razón que debemos valorar son los años que nos hacen conscientes de nuestras limitaciones y del tiempo que nos queda por vivir.

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