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La tentación de Twitter, por Héctor Abad Faciolince

"La tesis de los apocalípticos siempre es la misma: hay una novedad técnica que va a volver idiotas a los jóvenes, a las mujeres y a los niños"

Por Héctor Abad Faciolince | 30 de Mayo, 2011
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La tesis de los apocalípticos siempre es la misma: hay una novedad técnica que va a volver idiotas a los jóvenes, a las mujeres y a los niños. A los hombres ponderados y maduros que denuncian esta terrible amenaza que se cierne sobre la civilización, en cambio, no les pasará nada, pues ellos son invulnerables. En cambio para los indefensos, ingenuos y débiles (niños, mujeres y jóvenes) el nuevo fenómeno será devastador. Virginia Heffernan recordaba hace poco el tipo de afirmaciones que se hacían en el siglo XVIII, cuando las mujeres empezaron a leer masivamente novelas: “La lectura de novelas es la causa de la depravación femenina. Sin este veneno instilado en su sangre, las mujeres comunes y corrientes no hubieran llegado a ser, como ahora, esclavas del vicio”.

La prosa de los apocalípticos de hoy suena más sofisticada, pero el mensaje es parecido. Enrique Vila Matas escribió esta semana en El País: “Los tuits son un atentado contra la complejidad del mundo que pretenden leer […] Cuando las palabras pierden su integridad, también lo hacen las ideas que expresan […] Se está demoliendo el antaño asombroso poder de las palabras para analizar el mundo”.

Según este notable escritor español, lo que estamos perdiendo es nada menos que el lenguaje: “Todo indica que éste ha empezado a perder parte de su energía y, en consecuencia, el género humano está volviéndose menos humano”, Como quien dice que Twitter, las redes sociales, los mensajes de texto, nos deshumanizan, pues el empobrecimiento (sostiene Vila Matas apoyándose en Steiner) acaba con lo mejor del hombre: “Con el milagro del lenguaje”. Allí mismo parafrasea o cita a Tony Judt: “En la generación de mis hijos, la taquigrafía comunicativa propiciada por su hardware ha comenzado a calar en la comunicación misma: la gente habla como en los mensajes”.

¿Será verdad tanto horror? ¿Se nos vino encima el infierno de los afásicos, de los idiotizados inexpresivos y sin lenguaje, que gruñen como animales? ¿Estaremos cayendo en el pozo oscuro de la incomunicación? Hablo con mi hija (una pobre chica envenenada por Facebook), con mi hijo (un desvalido joven que tiene Twitter y manda mensajes de texto), ambos a la merced de estos nuevos oprobios tecnológicos. Presto atención. ¿Están hablando como en los mensajes de celular? ¿En la mesa me dicen “psme la sl”? Qué curioso, no: siguen diciendo “pásame la sal”. ¿Estarán usando, máximo, frases de 140 caracteres? ¿Acabarán diciéndome: “Papá, no seas pesado, ya llevas 135 letras, se te acabó el espacio”? ¿Dejarán de dar besos y darán bss?

Lo del temor por la integridad del mensaje en los nuevos lenguajes me parece una tontería. Hace siglos que la palabra “etcétera” perdió su integridad al escribirse “etc.”, pero no por eso la gente dice e-te-ce-punto, ni se perdió la idea que transmite la palabra etcétera (y lo que sigue), sino que simplemente se ahorró algo de espacio y tiempo al escribir. Eso es lo que se pretende en los SMS, y a veces en los tuits, nada más: eso no crea una neo-lengua. Es una taquigrafía para transcribir la lengua de siempre, y nada más. Eso no está “demoliendo el asombroso poder de las palabras”.

Asistimos a un pánico irracional por parte de los viejos gurús que, como suele suceder, desprecian lo que no conocen. Como dice el psicólogo Steven Pinker, creer que la lectura de pequeños mensajes de Twitter convierte la mente y los pensamientos en pequeños mensajes histéricos, es una creencia análoga a la superstición primitiva de que si uno come testículo de toro se vuelve más potente.

Las novedades aterrorizan, pero ni la escritura acabó con la memoria, ni la imprenta rebajó el nivel de los libros, ni las novelas corrompieron a las mujeres, ni la televisión volvió violentos a los niños. Tampoco Twitter, las redes sociales o el correo electrónico van a acabar con el lenguaje. Al contrario, es quizás en esas novedades donde hallamos hoy las manifestaciones de su mayor creatividad y riqueza.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (10)

Diegp
30 de Mayo, 2011

No estoy de acuerdo con: “ni la televisión volvió violentos a los niños.” Conozco varios niños que en los únicos momentos que hacen expresa su agresividad es cuando rememoran sus dibujos favoritos. Cambian repentinamente de un estado a otro como si sus dibujos o lo que fuera tomaran vida en ellos. Otra cosa es que no se hayan hecho estudios científicos los cuales dudo que se hagan en algún momento pues no creo que los padres presten a sus hijos para experimentar si se vuelven violentos o no.

Nelly Tsokonas
30 de Mayo, 2011

¡Qué gusto leer a Héctor Abad! Muy acertada su opinión. Así es, pienso que esas visiones apocalípticas no son más que el miedo a lo nuevo, y de allí la resistencia al cambio. No todos, pero en general los adultos, una vez instalados en su “zona de confort”, pareciera que temen ser desalojados de ella con las nuevas tecnologías. Y no hay tal; pero si así fuera, pues bienvenidos los traductores de Ls misables, de Vctr ug, en 20 páginas. O de la formidable Agsta, de Hctr Ad Falinc. Lo queramos o no, los cambios suceden y hay que adaptarse.

¡Bravo, Héctor Abad!

Nelly Tsokonas / @abezeta

Ligia Isturiz @seleccionada
30 de Mayo, 2011

A Héctor Abasd Faciolince le celebro todo lo que le leo. Esté o no de cuerdo con lo que diga, por su autoridad y reflexión. Por su actualización e ingenio. Por la administración de la imaginación y, a veces, por la nostalgia, como en el olvido que seremos. Pero a mi eventual compañera de comentarios Nelly Tsokonas, le celebro siempre su aguda participación, su interés por los textos , para demolerlos o festejarlos, según su personal punto de vista absolutamente independiente. Hoy, comparto con los dos que la tecnología no matará la belleza ni el poder de la palabra. La realzará en su vida paralela.

Paty
30 de Mayo, 2011

Creo con toda seguridad que las “novedades” únicamente sirven para reafirmar nuestra esencia. Hay algo en cada uno de nosotros que no es manipulable pese a los albores de la comunicación, moldeable quizá, pero nunca manipulable. Hay algo innato que no se pierde, se transforma, pero siempre permanece. Si el autor del artículo de El País leyera otro artículo del periódico Reforma (México) que leí hace meses, sobre la posibilidad de hacer literarura a través de twitter y el empleo del término tuiteratura, seguro… se da un tiro.

Jacobo Lince
30 de Mayo, 2011

Al señor Diego P. : esa era la teoría, que la tv volvía más violentas a las personas. Sin embargo los baby-boomers gringos, la primera generación que creció con la tv, fue la generación menos violenta de toda la historia de Estados Unidos. Fuera de ejemplos particulares, ¿tiene alguna estadística o investigación precisa que sustente su afirmación?

J. A. Sánchez
31 de Mayo, 2011

Por un lado, Vila Matas parece dar -tristemente- muestras de senilidad: no entiende, no quiere entender (todo un drama) y comprender la nueva realidad: conjunto de realidades, virtuales mmuchas de ellas, pero “realidades”; puede uno estar o no de acuerdo, pero no por ello podemos ignorarlas. Por el otro, Abad Faciolince y la clásica actitud del que se entusiasma en demasía con lo “nuevo”: las “redes sociales” vistas como las panacéas (toda una obsesión) que están dando mayor “creatividad” y “riqueza” al lenguaje. Ignorar que las palabras se han empobrecido y degradado (no su poder, sí en su escritura), es dar por hecho que sus chicos representan a los millones de usuarios de las redes sociales que, entre otras cosas, está demostrado que son usadas por corporaciones y gobiernos para monitorearnos. Tal vez todo lo anterior sea parte de algunas paranoias: la debacle de la palabra, el empobrecimiento de las ideas, alguien nos vigila. En todo caso, lo más triste es que las redes sociales sean vistas por millones como los lugares donde “realmente” se está viviendo, como la vida misma: no afuera, no en la convivencia plena con el otro, frente a frente. En fin, dijera Cioran: Algunos tienen dramas, otros obsesiones. ¿Quiénes son más dignos de lástima?

Darío
31 de Mayo, 2011

No estoy de acuerdo con lo de apocalípticos. Todo sistema de comunicación tiene su lenguaje propio. Como decía MacLuhan el medio es el mensaje. Ahora bien un medio es un sistema para explicar ono para analizar. Espero que de los que analizan a los que se indignan lo hagan mediante la plenitud de su mente. Que expresen sus ideas con todos sus recursos. Twitter solo es un juego en que se trata de transmitir ideas en 140 espacios. Antes de Twitter ya existía el refran el aforismo y el adagio. Lo unico que hace la red es proponer la difusión masiva de estas sentencias. Hacer creer que cualquiera puede parecer sabio. Esto es un error un disparate. Hace unos días contesté mas o menos así a un tw : La estupidez como el vino admite crianza pero mientras el segundo requiere el roble a la primera le basta con el alcornoque. Yo solo quería decir que la estupidez necesita un tapón (corcho) para no extenderse, pero me temo que no se entendió. Cosas de la red…

Miguel
31 de Mayo, 2011

Indudablemente Vila Mata es tremendo escritor al igual que Hector Abad. De entrada me inclino mucho más por lo expresado por Abad; es más, los tuits son casi una necesidad del mundo actual en el cual la informacoón de ayer hoy es caduca y se genera en una enorme cantidad, los tuits le permiten a uno enteresarse de algo en forma muy rápida y para aquello que presente un particular interés siempre habrá otros mecanismos para profundizar.

nohora
13 de Junio, 2011

pues a mi me parese que si es muy importante que los jovenes escriban bien y todo eso pero tambien tenemos que tener en cuenta que aveces escriben muy largo y aveces con los jovenes de ahora son muy peresosos….. y les da eso peresa escribir me imagino que por eso cambian nuestro vocabulario y tambien para ser un poco originales con su forma de escribir por eso escribe con z o con k todo meparese que es una buena razon para hacerlo =) <3

johana
6 de Agosto, 2011

cuales son los argumentos que apoyan la tesis expuestas por el autor (hector abad faciolince)

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