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Manifiesto Comunista: de cumpleaños, por Ibsen Martínez

"El Manifiesto Comunista cumplió 163 años de haber estallado y cubierto, a partes iguales, de desazón y entusiasmo la consciencia occidental."

Por Ibsen Martínez | 22 de Febrero, 2011

1.-

Los amigos que administran el blog de la revista “Letras Libres”, que dirige Enrique Krauze, fueron quienes me pusieron sobreaviso: el pasado lunes 21, el Manifiesto Comunista cumplió163 años de haber estallado y cubierto, a partes iguales, de desazón y entusiasmo la consciencia occidental.

Originalmente le fue encomendada su redacción a Friedrich Engels quien, como era usual en él, hizo un buen trabajo, sólo que demasiado apegado a la solicitud cursada por la entonces muy temida Liga de los Comunistas. Querían un texto para obreros casi iletrados: algo didáctico y sencillo.

Corría el año 1847 y Europa se aprestaba para una revolución que, al cabo, nunca fue. A fines de aquel año, Marx y Engels, que estrenaban una amistad que habria de durar todas sus vidas, se reunieron en Ostende para discutir planes, de cara a un inminente congreso de la Liga de los Comunistas. Fue Engels quien propuso a Marx la idea de una Glaubenshekenst – palabreja alemana que significa algo así como “profesión de fe”– que Marx juzgó cosa secundaria y no del todo urgente. En consecuencia, Engels redactó la primera versión en forma de catecismo.

Tenía venticinco preguntas con sus respectivas respuestas: una prefiguración dogmática. La primera pregunta era, naturalmente , “¿Qué es el comunismo?” Respuesta: “El comunismo es la doctrina de las condiciones para la liberación del proletariado”.

Marx halló tan “pavoso” el documento que, gruñosamente, se decidió a escribirlo él mismo y, como suele decirse, “el resto es historia”.

Remito al gran Isaiah Berlin, insospechable de izquierdismo, y a su jucio sobre el histórico documento: “ Si el haber convertido en verdades trilladas lo que antes habían sido paradojas es un signo de genio, Marx estaba ricamente dotado de él”.

El Manifiesto, señala Saul Padover, uno de los más consumados biógrafos de Marx, añadió un elemento nuevo y, sin duda, funesto, al movimiento revolucionario : la conjunción de la idea de conflicto irreconciliable y el odio de clases. Hasta aquel momento,los socialistas tendían a ser humanistas y utópicos. Con el Manifiesto, Marx también declaraba la guerra a todas las formas moderadas y gradualistas de socialismo. “Con el Manifiesto– afirma Padover– Marx dotó a los comunistas de una argumentación contra el mundo civilizado”.

Creo que es buena la ocasión para recomendar, una vez más, la lectura del libro de Isaiah Berlin sobre Karl Marx. No le hará daño al lector, sobre todo si es de ideas liberales y democráticas

Y ahora, un cuento que protagonizan mi viejo y Karl Marx.

2.-

Vivíamos en los llanos orientales venezolanos, en un campamento petrolero, anexo a una refinería de parafina que todavía está allí. Muy cerca corría un oleoducto. Corrían también los años sesenta del siglo pasado.

Mi viejo era empleado administrativo del campamento y, en general, tenía mala opinión de los gringos. También de los comunistas que, por entonces, intentaban repetir en Venezuela, sin éxito alguno, igual que en muchos otros de nuestros países, la aventura guerrillera de la Sierra Maestra.

Muchos jóvenes universitarios de todo el país se unían las células armadas con más estruendo que victorias militares. Menudeaban actos violentos, llamados “ de propaganda armada”.

De los comunistas venezolanos pensaba mi viejo que no llegarían a nada por culpa del espíritu nacional: la improvisación, la mamadera de gallo, etc.. Comparados con el Viet Cong – al que sí respetaba– , los comunistas criollos eran para él unos vociferantes chambones. De los gringos repetía algo que atribuía, con razón o sin ella, a Ortega y Gassett: “Sólo son bárbaros con técnica”.

Mi viejo tenía la única biblioteca del campamento. A la hora del amuerzo, papá solía apartarse de todos y, ostensiblemente, masticaba su sánduche leyendo algún libro de Bertrand Russell,a quien admiraba sin reservas.

En una ocasión, al suscitarse una conversación con unos gringos sobre la guerra de Vietnam, o las guerrillas locales estimuladas por Cuba ; en fin, sobre la “amenaza roja”, le dio por escandalizar a los bonachones geólogos venidos de Oklahoma soltando el russelliano “better red than dead”.

Una madrugada ocurrio una tragedia. Unos chicos de la Universidad de Oriente quisieron hacer volar con dinamita una sección del oleoducto en funcionamiento. Lo hicieron con tal desmaña que sólo consiguieron morir abrasados por una infernal ola de crudo inflamado, una bocanada de gas incandescente. El suceso consternó a todos en el campamento.

Muy preocupado, el viejo Hatch, jefe del campo, vino una noche a hablar con papá. Lo encontró leyendo en el porche.

— Oiga, mister Martínez – le preguntó sin rodeos–,¿tendrá usted entre sus libros el “Manifiesto Comunista”?

—Seguro, creo que tengo un ejemplar. Si quiere se lo presto.

— No; no es necesario. ¿Lo ha leído usted?

— Alguna vez. Pero hace muchos años.

— Entonces tal vez pueda responder a una pregunta.

— A ver.

— Según ese manifiesto, ¿qué viene después de la voladura de oleductos?

Papá meditó su respuesta. Al cabo, le dijo:

— En algunos países les da por freir gringos. Pero no se preocupe; estos de aquí son unos amateurs. Hablaré con los muchachos; déjelo en mis manos.

— Se lo gradezco mucho.

— No hay de qué; ni lo mencione.

Ibsen Martínez 

Comentarios (9)

María Eugenia
22 de Febrero, 2011

Los Angeles ya tiene su Carrito de Comida Comunista

http://rundown.com/article.php?article_id=1802

Alfredo Ascanio
22 de Febrero, 2011

Hoy justamente estaba leyendo a K.S.Karol, un comunista desilusionado del sistema; él decía que en la Unión Soviética de los años 50 al 60 lo que había era un Capitalismo monopolista del Estado y lo que funcionaba eran dos economías paralelas: la oficial y la economía paralela regida por la Ley de la Oferta y la Demanda. El libro donde señalaba eso y algo más, se llama Poder y Oposición en las Sociedades Postrevolucionarias, donde escriben 25 intelectuales comunistas.

ALEJANDRA SUROK
22 de Febrero, 2011

Esta nota ya la conocìa por cortesìa de un tuitero que me la mandò El Doctor Ibsen Martìnez es un hombre cercano a la genialidad, porque aun cuando NO soy escritora, sì entiendo a la gente que escribe bien. No me refieRo tanto al estilo sino a la cosas que dice y de que manera. Ahì es donde està el “quid” del asunto. èl es un poco “àcido” o irònico, pero divertido y cultìsimo. Poner a su papà a hablar con ese gringo de un modo tan natural que un tal chavez lo creerìa, vale un Potosì

Dana
22 de Febrero, 2011

Gracias!!!! Me encanto el cuento, me hizo reir despues de oir el bla bla de los Ministros en la Asamblea

Henryfb
22 de Febrero, 2011

Redondo como las cosas de Ibsen, no es para reírse, esto da mucha tristeza, recordar a esos jóvenes morir por un ideal equivocado, recordar q a mi casa entraban gendarmes verdes a las 4 de la mañana y se llevaban presa a mi madre por comunista, oír a estos recién enterados sobre el socialismo y todas esas cosas que creímos de fe eran necesarias, es solo patético ver como estos del siglo XXI son unos patanes manipulados por un alucinado líder en decadencia. Son demasiado ignorantes de la historia.Da mucha pena.

Pedro Santeliz
23 de Febrero, 2011

Bueno y sabroso de leer, que más puede se puede pedir. Ibsen nos tiene acostumbrados a este tipo de lecturas.

Alejandro
23 de Febrero, 2011

Un lector inteligente tiene dos opciones en esta vida: Leer a Ibsen Martínez.. o Leer -directamente de la fuente- a Marx y Engels. Que el lector, (repito, inteligente) juzgue y decida.

wladi
25 de Febrero, 2011

Refrescante lectura, que nos evoca particulares anecdotas sobre el comunismo y los “revolucionarios” en nuestro pais. A finales de los 50, seis personajes de relevante tendencia comunista, ahora conocidos por sus cualidades profesionales médicas, se reunían en el solar de mi casa, vestidos con uniformes y botas viejas de mis tios, emulando usanzas Rusas y Cubanas del momento, a leer los proscritos textos allí rumados en la enramada por los cautelosos tios abuelos Militares. Alejados de la ducha y de la mesa, se dejaban sus incipiente barbas y bigotes, y se terciaban unos viejos trabucos y oxidados machetes campesinos, para jurar como boys scaut, “joven guardia siempre en guardia”. Uno de ellos, hijo de gran fotógrafo, tomó imagenes en blanco y negro que reveló precariamente a escondidas de su padre, colocandolas por jodedera en la cartelera del Liceo Simón Bolívar. Dichas tomas originaron gran revuelo en la comunidad estudiantil, fueron reproducidas en la prensa y en las revistas ELITE Y MOMENTO, y empezaron la busqueda del campo guerrillero, obviamente, los patiquines revolucionaron se afeitaron y vistieron bien, botaron toda la literatura y la utilería, y nunca más volvieron a mirar algo parecido, aunque los grandes mamadores de gallo pero fieles a la amistad, siempre los catalogaban de izquierda cabeza caliente, a lo que ellos reafirmaban por su condición de escribir con la mano zurda y andar siempre con gorras de beisbol. Por ahí, siguen aún reproduciendolas, sólo que por el honor grato, de haber jurado ante nuestras madres, que nunca más, leeriamos cosas ajenas y, mucho menos si se trataba de ocasionar daño o mal a alguien, por lo que nunca detallaríamos nada a nadie de lo hecho. En penitencia grata, nos hicieron leer obras de Andrés Eloy Blanco, Rubén Darío, Rómulo Gallegos, Miguel Otero Silva, Efrain Subero, Augusto Mijares, Rafael Baralt, Mario Vargas LLosa, Roa Bastos y, las del propio Rómulo Betancourt. Conclusión: con lo que somos y tenemos, no necesitamos ensayos y errores foráneos, para verificar si son ciertos los desaciertos y, si la sangre es roja y el cambur verde mancha. No pregunten quienes son los siete pues ya saben quien es uno.

Ruben Mesa
27 de Febrero, 2011

Muy de acuerdo con el amigo Alejandro en su comentario. Ibsen o la fuente directa, que juzgue el lector inteligente.

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