Artes

Más volumen tendrás tú

Reflexión de Aquiles Báez sobre las frecuencias sonoras, el excesivo volumen, el ruido, las fiestas y la música en Venezuela.

Por Aquiles Báez | 4 de Febrero, 2011
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En todos los países del mundo existen regulaciones sobre los decibeles permitidos en cualquier espacio público. Según la Organización Mundial de la Salud más de 90 decibeles continuos son riesgosos para cualquier ser viviente, además de ser considerados contaminación sónica según las leyes venezolanas. La realidad es que en Venezuela no le paramos ni a eso, ni a tantas otras cosas que son parte de nuestras legislaciones. Cuando nos damos cuenta que los decibeles producidos por un automóvil a baja velocidad son 70, que 90 es el arranque de un autobús, que un avión produce 140, notamos que estos db, son inferiores al sonido generado en muchas situaciones cotidianas. Hay una conclusión elemental: tenemos un cable pelado ¿Por qué tenemos la necesidad de producir un volumen tan elevado que satura nuestros tímpanos?, ¿Será como una suerte de autodestrucción, masoquismo o ignorancia? Como sea les planteo varias situaciones sacadas de la cotidianidad, totalmente autobiográficas.

Situación Uno: Vecinos

Mi hermano Gustavo y yo solíamos hacer unas fiestas descomunales en una casa donde vivimos por un tiempo en la Florida. En dichas fiestas pasaban una fauna de personas tan diversas, que a veces no podíamos entender que hacia gente tan diferente en el mismo espacio. Eso sí, tomábamos siempre una previsión: invitar a los vecinos.

Este comentario viene porque estoy viendo el periódico y leo: “Asesinada mujer porque el vecino reclamó sobre el volumen de una fiesta”. De inmediato me vino a la cabeza el recuerdo de los vecinos que tenía en Florida, quienes nunca vinieron armados a reclamarnos (menos mal). Después recordé que cuando vivía en Santa Mónica, unos vecinos escuchaban música a todo volumen y a toda hora. Pese a que llamé reiteradas veces a la policía para reclamar por el volumen, nadie se presentó. Viviendo en los Estados Unidos donde después de las 12 AM te cae la policía, recordé hasta con nostalgia esas noches sin dormir por la rumba de los vecinos. Creo que lo que más me molestaba, era que mis vecinos no me invitaran a esas rumbas que sonaban a punta de salsa hasta las siete de la mañana. En consecuencia llegué a una conclusión después de todos los análisis de forma y fondo: para poder hacer una buena rumba, primero hágase pana de sus vecinos y por favor no deje de invitarlos a sus fiestas, para que a su vez ellos te inviten a las suyas, así no se quejaran ni usted ni sus vecinos.

Situación Dos: Las fiestas donde no se baila, no se habla y se ve p’al techo.

No quiero hacer una referencia nostálgica de tiempos anteriores. Las dinámicas sociales han cambiado, sería bueno que fueran analizadas por un psicólogo o psiquiatra porque yo lo que soy es músico.

Antes ibas a una fiesta, llámese bautizo, primera comunión, matrimonio o cumpleaños y te ponías a bailar o conversar con la persona que tenías en la mesa o hacer como se sigue haciendo y comer como unos cochinos. Lo que me cuesta entender y asimilar es el volumen al cual nos hemos acostumbrado. Ahora vas a las fiestas y en un momento te sientes como parte de una película absurda de Buñuel o Almodóvar. El volumen de la música es muy elevado y en la generalidad de los casos la gente no está bailando. Vas a la mesa y no puedes hablar con nadie por el volumen, luego le dices al que maneja la música que la bajen para poder hablar y todo el mundo se molesta. Pasas cuatro horas en esa fiesta viendo al techo y moviendo la cabeza como perrito de taxi, porque no te queda otra. Ves a los que se molestaron porque pediste que bajaran la música y también están de perritos de taxi.

Entonces llega la hora loca, que es cuando surten efecto los brebajes espirituosos, donde de un solo golpe todo el mundo se pone a bailar desde el trencito hasta cualquier reggaetón. Después de ese instante de locura todo vuelve a la normalidad. Entonces decides irte a la mesa de los quesos y engullir un buen tolete de pan con queso roquefort. Eventualmente pegas un grito para tener una conversación surrealista como esta:

- Epaleeeeeeee, ¡Comooo estaaa tuu mamaaaá!
- ¿Queeeeeeeee?
- ¿Qué cómo está tu mamaaaaá?
- Si tengo tiempo que no voy a Cumaná
- A lo que uno responde: aaaahhhhhh

Entonces siguiendo el hilo surrealista pregunto:

- ¿Desde cuando no ves a María?
- ¿Queeeeee?
- ¿Qué desde cuando no ves a María?
- Ah si, mi tía está muy bien
- ¿Y tuuuuu abuelaaaaaa?
- Si, a los niños le va muy bien en la escuela
- Nos vemos Chaaaoooo
- Que nos vemos en Chacao
- ¡¡¡¡¡NOO, CHAAOO!!!!!!!!!
- ¡MI PANA NO GRITES, NO HACE FALTA! ¡Nos vemos!

Después de todo ese tiempo y con un pitico en el oído, cuando te vas tienes que decirle a los anfitriones: ¡Que fiesta tan buena!

Situación Tres: La música y los espacios públicos

Vas a la playa con ánimos de relajarte. Llegas, ves el mar y dices: “En el mar la vida es más sabrosa”. En la medida en que te acercas a la playa empiezas a oír una bachata a todo volumen. No puedes reclamar nada, son los salvavidas de la playa. Entonces decides irte un poco más allá y te das cuenta que cada diez metros hay cornetas con un volumen estruendoso, generando una pesadilla sónica entre el mar, la gente y los niños gritando.

Decides alejarte del gentío en busca de tranquilidad y relax, (para eso uno va a la playa). Cuando de la nada por toda la orilla viene un carro con esos sistemas de sonido que tienen cornetas más grandes que un huacal de aguacates. Escuchas desde, por lo menos dos kilómetros de distancia, una frecuencia grave que va como algo así: puff, puff, puff, puff. El carro en cuestión se va acercando y lo menos que crees, es que ese “bicho” anda con los vidrios abajo, pero no, el pana viene con los vidrios cerrados. Súbitamente ves que vienen tres vehículos más (unas camionetas altísimas no sé por qué, con vidrios tan negros que parecen unos “Ray-Ban” con ruedas y todos los que van dentro de los carros, además, llevan lentes oscuros). Para rematar cada uno ha equipado su vehículo con un sistema de sonido gigantesco, haciendo un concierto aleatorio digno de cualquier compositor electrónico lounge contemporáneo.

Te volteas y estás en medio de ese contrapunto punchi, punchi. De repente una de esas camionetotas con cauchos anchísimos se detiene. Quedas con una expresión en la que se mezclan sorpresa, incertidumbre y confusión. Uno de los que maneja esas máquinas de hierro es un primo tuyo. Lo saludas con señas porque es imposible que te escuche. Baja la música, se detiene y siguen los otros carros con esos bajos que se le meten a uno en la barriga. Empieza entonces una conversación un tanto absurda:

- Primo ¿Cómo estás?-Le pregunto- ¿Y esa camionetota?
- Tu sabes, para impresionar a las jevitas.
- ¿No sabes que ese volumen genera impotencia?.
- Siiii, pero no le paro primo, además no te pongas como mi papá, a las jevitas y a nosotros, nos encanta la potencia de ese volumen.
- ¿Y tu sólo escuchas ese punchi, punchi?
- Noooooo, también oigo bachata, merengue y reggaetón
- Y estos panas tuyos, ¿Andan en la misma?
- Positivo, ahorita tenemos una competencia a ver a quien le suena más duro las cornetas, porque sabes que cuando alguien está más duro, cancela la frecuencia que tiene el otro y solo se escucha el que está más candeloso.
- ¿Y el trabajo cómo anda?.
- Bueno tú sabes pelando, la economía no está muy buena.
- Y ¿Cuánto te costaron esas cornetitas?
- Baratas, veinte palos….
- Bueno adiós primo.
- Salúdame a mi tía.

Situación Cuatro: La rumba en los transportes públicos: taxis, busetas, metro, metrobús y etc.

Mis queridos amigos, díganme quien no se ha montado en alguno de los servicios públicos antes mencionados, en donde el conductor de la unidad lo que tiene es una rumba a todo volumen, al punto que cuando le dices en la “parada” o “me deja por acá”, no te escuchan y te sueltan como a tres cuadras de donde vas. He tomado taxis donde el volumen o la música de dicha unidad resultan intolerable.

La única forma de que el conductor baje el volumen de su equipo es cuando suena el celular. Muchas veces me invento una conversación ficticia por mi unidad telefónica y le digo que no escucho. Así al menos tengo un poquito de calma.

Una vez me pasó llegando al aeropuerto de Maiquetía cargado full y quería tomar un taxi del aeropuerto pero el conductor me dijo que tomara otra unidad, porque no podía meter nada más en la maleta, ya que tenía uno de estos súper buffer y literalmente no había más espacio. Creo que lo que no entiendo es que hacia un taxista con ese equipo trabajando en el aeropuerto.

La otra situación en este renglón es: móntese en un carrito, metro o metrobús a cualquier hora y escuchara todo un conjunto de masas sonoras, producto de la combinación del ruido del tráfico, los trenes, la gente hablando, el equipo de sonido de la unidad y cada uno de los usuarios con un celular o ipod, en donde se rebasa la potencia de los audífonos, sumados a algún músico de calle y vendedores ambulantes. Entonces todo el mundo también sube el volumen de las conversaciones. Esto sencillamente es una agresión a nuestros oídos que soportamos a diario.

Situación Cinco: Los sonidistas y el volumen en tarima, salas de ensayo, etc.

Con todo mi respeto al gremio, algunos sonidistas no entienden que no se requiere un volumen tan elevado, que los pianísimos existen, y que es vital que la música suene a música con sentido acústico y sea un deleite. El sonido en la tarima muchas veces es más que excesivo y termina siendo hasta desagradable para la audiencia. Recuerdo haber salido de más de un concierto con inflamación en los tímpanos por el volumen generado.

Muchas veces toco con tapones para aliviar las frecuencias excesivas. Recuerdo con mucha gracia estar en una sala de ensayo esperando mi turno y el grupo que estaba antes era una banda de Heavy-metal (sin ánimo de ofender al género). La banda ensayó a un volumen que se podía escuchar desde tres cuadras de distancia, con más decibeles que cuatro aviones juntos. El cantante sonaba sencillamente horrible, además que se escuchaba mucho más duro que el resto del grupo, que ya es bastante decir. De la nada se hace un silencio y de repente sale dicho “cantante” enfurecido. Va directo al muchacho que atiende la sala y le comenta: arregla este micrófono que suena horrible y además no me escucho.

Yo pensaba: ese cantante no sólo esta sordo y tiene muy mal gusto, espero que se quede mudo antes que termine el ensayo. No soy profeta ni le deseo mal a nadie, sin embargo en este caso mi profecía sucedió. El chico salió directo a un hospital con una inflamación en las cuerdas vocales.

Resonando

Nos hemos acostumbrado a un elevado volumen en todo. Este es un mal de los tiempos modernos que ya tiene y tendrá sus consecuencias. El hombre contemporáneo tiene la tendencia a perder parte de la audición. A varios de mis amigos bateristas les han hecho audiometrías que revelan una pérdida del reconocimiento de un porcentaje elevado de frecuencias. Los que deben estar muy contentos son las fábricas de aparatos de audición. Por eso con “frecuencia” subestimamos el daño que representa el volumen excesivo, presentado como algo “cool”, pero nos puede dejar sordos. Haga el ejercicio de hablar bajito, de escuchar música a un volumen moderado, de ponerse unos tapones para ir al metro y en un tiempo se dará cuenta que está escuchando cosas que antes no oía. No se haga el sordo, es importante crear conciencia al respecto.

Aquiles Báez 

Comentarios (18)

Hugo J. Pérez
4 de Febrero, 2011

Gracias Aquiles!. Te felicito por tocar este tema que asombrosa y lamentablemente se comenta tan poco. El venezolano se ha acostumbrado a muchas cosas perjudiciales, y entre las primeras: la contaminación sónica. Tanto la que podemos evitar, disminuyendo el volumen de un aparato electrónico, como la producida por otros agentes externos.

En cuanto a los tapones, para mi desde hace años son indispensables, nunca salgo sin ellos. Es una “solución” individual, o paliativo más bien, ya que siendo parte de la pequeña minoría consciente de la necesidad de cuidar nuestro sentido de la audición, los intentos de ir contra corriente -reclamando, sugiriendo opciones, pidiendo respeto a las ordenanzas, etc.- además de ocasionarnos molestias de gratis, generalmente están destinados al fracaso. Ya sabes, democráticamente la mayoría se impone.

He vivido las 5 situaciones que mencionas, y muchas más. Hasta he tenido que subir a salas de proyecciones en los cines para pedir que bajen el volumen. El resultado invariable: “si como no amigo, ya se lo bajo”, para luego, de vuelta en mi butaca, comprobar que no lo hicieron o que si acaso bajaron sería 1 ó 2 db.

El colmo de esas situaciones se presenta en FIESTAS INFANTILES donde increíblemente los padres de los pequeños los exponen, y lo que es peor los acostumbran, a convivir con el volumen excesivo. Lo he visto y sufrido en salas públicas y privadas, en locales comerciales, y hasta en actos y verbenas en colegios. También suele ocurrir en algunos espectáculos infantiles.

giorgia incerpi
4 de Febrero, 2011

Me gusto mucho leer el articulo, gracias aquiles baez, musico al fin! Yo no lo soy pero me fascina jugar con los sonidos en mi mente, en las mañanas suelo caminar para tomar el carrito que me dirije al centro de caracas, y creeme que la transicion que viven mis oidos todos los días, desde mi casa al trabajo es de locos, desde pajaritos,guacamayas, a cornetas estridentes, carritos con musica colombiana, dominicana, reggeton etc,autobuses que te paralizan con el ruido del tubo de escape y te perfuman de un asqueroso CO2, motos de m……,etc.Parece que en esta ciudad de Caracas, lo sensato es anormal,pedir a un conductor que baje el sonido de la musica es como ofender a su mama, no solo la de él si no de todos los pasajeros ,pedirle a unos colegas de trabajo que bajen el tono de voz, es ganarte enemigos gratis,ni siquiera pensar, en los tonos de celulares, que llevan desde reguetton hasta gritos infartantes en sus melodias, y lo peor es que mientras mas transgresor eres, mas respetado y valioso eres para el grupo…Yo me resisto perder mi sentido del oido , por el egoismo y la barbarie de algunos.Mi propuesta, si alguien inteligente me la pide, es eliminar totalmente las cornetas de los automoviles, sobretodo esas tipo camion.Sugiero musica instrumental en los espacios publicos .Limitar el indice de sonido de los celulares y en espacios laborales poner el celular en vibracall.Esto como poco para el tamaño de agresion al cual estamos continuamente expuestos los caraqueños.

Luis
4 de Febrero, 2011

Este artículo debí haberlo escrito yo, digo con sorna; está genial el enfoque sobre un tema que me preocupa desde hace años. Hoy ví a una jóven, carro nuevo en mano, llegar a un sitio con el volumen altísimo, escuchando algo parecido a un rock malo y, logicamente con los vidrios subidos. Lo que pasa, y es mi explicación, es que jamás los han asesordo, ellos no han recibido orientación sobre nada de eso, quizás, sobre nada, por lo que actúan como si “se la estuvieran comiendo”. Es una lástima. Sobre casos como estos, mi abuela decía, “teniendo orejas, aunque no escuchen” para referirse al snobismo y, para finalizar, recomiendo los tapones de oído de silicone . Los mismos se adaptan a la forma del pabellón y, te permiten conversar, pero controlan ése remanente dañoso en el caso de conciertos (me aterra asistir a un concierto académico y ver que han instalado a los lados, tremendas cornetas), ruidos motores, bullicio callejero, deportes ruidosos, discusiones y ronquidos.

Sydney Perdomo Salas
4 de Febrero, 2011

¡Hilarante reflexión, caballero! :D Ha sido un placer leerle, fíjese que es tanta la contaminación sónica que existe que cuando tan solo estoy sentada en el frente de mi casa y repentinamente dejan de circular los autos es como si fuese una sordera súbita, sonara como de locos pero es lo que ocurre en ese momento que se vuelve agonizante; pero claro es debido a esa misma costumbre de tener ruidos diversos las 24 horas, día y noche con un volumen altamente exagerado, que cuando el sonido desaparece por un instante se vuelve un silencio aturdidor. Y es verdad debemos aprender a guardar una cordura sónica en todos los ámbitos porque de esta manera mejoramos la salud y nuestros tímpanos tendrán un reconocimiento mejor sin tanta tirantez sonora. Gracias por este incentivo caballero.

Saludos y mis respetos sinceros. ;)

Jonathan Seckermann
4 de Febrero, 2011

Saludos

Buena observación sobre esas cosas que son peculiaridades de un gentelicio como el venezolano.

En mi caso, hace años encontre solución para aislarme de tanto escándalo en la calle y es, contradictoriamente, usar los audífonos de música del Sony Ericsson.

Hace ya unos años, SE lanzó su famosa serie de móviles Walkman que incluyen audífonos de ‘cancelación acústica’ (noise cancelation) o los llamados “audífonos de chupón, o tipo chupón” (por las gomitas que se incrusran en la entrada de conducto auditivo que refuerza el asilamiento del entorno.

Irónicamente, son para escuchar música (cosa que siempre hago: amo la música y la radio), pero, estando en la calle, los uso muy bien para aislar y proteger msi oídos de tanto ataque.

Soy joven, y encontré esta solución práctica -en mi caso-

La idea de esos audífonos con caneclación acústica es dar un sonido de calidad y nitidez sonora, además del refuerzo de los bajos, que permote apreciar la música con calidad estudio.

Suelo escuchar música de forma tal que no se escuche el sonido de fondo que aún pasa usando los audífonos. Un volumen de moderado a bajo que ‘enmascara’ ese ruido. Muy buena solución para no calarme la musiquita que colocan en algunos buses y los ‘tukkys’ que colocan música con el altavoz de sus celulares, en el Metro

maria ines
4 de Febrero, 2011

Buenisma reflexion panita, a mi en particular me afecta hasta el caracter. Por cierto seria bueno enviarle la reflexion a los dueños de Juan Sebastian Bar y otros lugares de musica en vivo donde el placer se puede convertir en tormento. Gracias por platear el tema, un abrazo

Juan Carlos
5 de Febrero, 2011

Yo cuando estoy en Venezuela no salgo sin mis tapones y todos aunque la gente está incomoda en un autobus o en una calle con el vallenato o reguetón a toda mecha,al ver que tengo puesto tapones, me miran raro . En los taxis, le meto al odioso pleno y le digo al chofer que le baje el volumen porque me duele la cabeza, siempre funciona.! saludos Aquiles

Elizabeth de Díaz
5 de Febrero, 2011

Totalmente de acuerdo con las situaciones planteadas. Hemos llegado a otra situación aún más grave, que la contaminación sónica, la contaminación del uso del celular, el cual ha afectado la comunicación cara a cara. Por qué decimos esto,ya que el celular y sus formas más refinadas han desplazado la comunicación interpersonal y en cualquier reunión formal o informal,las personas irrespetuosamente, se encuentran chateando o respondiendo llamadas que inevitablemente ocasionan,lo se ha denominado como parte del proceso de comunicación: “ruido en la comunicación”, como término contrario al de “fidelidad”. En mi opinión, ésto constituye un problema de urbanidad (Manual de Carreño), e irrespeto. Saludos y me agradaría su opinión sobre este aspecto.

Ana Domínguez
6 de Febrero, 2011

Creo que todos nos identificamos con varias de estas situaciones, y leerlas nos hace reír, pero vivirlas es realmente fastidioso (y cuando se hace una experiencia constante se vuelve hasta peligroso), pero hay algo en todo esto que me lleva a otra reflexión: por qué muchas veces somos incapaces de manifestar nuestra incomodidad o molestia a quienes abusan y afectan nuestra tranquilidad y nuestra salud?… Creo que, con toda cortesía, deberíamos hacer respetar nuestro derecho a disfrutar los espacios donde queramos pasar tiempo de ocio, diversión, o algo tan necesario como transportarnos de un lugar a otro. Afortunadamente este artículo saca el tema a flote, ojalá logre crear conciencia entre los que tienen el poder de subir o bajar el volumen.

mamifunk
6 de Febrero, 2011

Excelente reflexion Aquiles. La verdad uno goza un imperio leyendote, despues de unas reflexiones tan serias y que debe comprometernos a todos. Ese espacio sònico tambien es tan privado y a la vez tan compartido. Las razones cientìficas y mèdicas son tan pero tan ciertas y comprobadas que no es el interes discutirlas, pero entre los que saben de mùsica si deberìan ponerse de acuerdo en normatizar los decibeles a compartir. Al resto de nosotros los cristianos, solo nos queda enseñar a los hijos y a la juventud o simplemente levantarnos de un sitio uno no puede ni hablar e irse al carrizo. No nos dejes tanto rato sin tus artìculos porque se que no me equivoco cuando digo que no es solo agradable oirte tocando la guitarra, oir tus composiciones y ahora sobre todo leerte. Ah! un humilde consejitoÑ cambia por favor si es posible la fotico de tweeter, es còmica pero ròtala, jajajaja! mis saludos y el cariño de siempre. Mamifunk

Pedro Velasco Astudillo
6 de Febrero, 2011

Me parece EXELENTE el artículo, que nos dá la oportunidad para referirnos a un hecho, nó de la “Patología Social” -que aquí se comenta- si nó de la “Patología Biológica”, que podría ser la causa de la otra. Digo esto, porque – como médico que soy – he podido observar que la HIPOACUSIA, o baja capacidad de percibir sonidos, que presenta la juventud venezolana ( hasta los treinta y cinco años aproximadamente ), apareció o se incrementó- más bién – a partir del momento en que mis colegas obstetras, comenzaron a usar contra las infecciones urinarias, muy frecuentes en las embarazadas, los antibióticos “AMINOGLUCÖSIDOS”; que son muy eficaces contra estas infecciones deletéreas para el feto, pero muy agresivos contra su sistema auditivo…Resulta que los extraordinarios AMINOGLUCÓSIDOS, atacan y dañan – al mismo tiempo y como “efecto secundario”- el RIBOSOMA (rector de la función general celular)de las células ciliares de la CÓCLEA, que es el centro de la recepción auditiva. Este “daño” produce Hipoacusia o Sordera, en el peor de los casos. Habría que informarse en los hospitalesy consultorios de infantes, y esto nos llenaría de asombro, los antecedentes que presentan en el uso de Aminoglucósidos, los niños que consultan por Hipoacusia o SORDERA…También sería interesante averiguar con los colegas Otorrinolaringólogos,( dispensando lo “esdrujulísimo” ) que son consultados por misma patología, en los adolescentes y adultos jóvenes…En la “epoca” rural de nuestro pais, cuando el PALUDISMO diezmaba la población campesina; la Medicina nacional sólo contaba cn la QUININA, excelente antimalárico, para combatir la terrible enfermedad…Pero la QUININA tenía como “efecto secundario” el “TINITUS” y la SORDERA. Cuántos SORDOS, todavía deambulan por las ciudades del pais, con sus setenta y más años a cuestas, sobrevivientes del PALUDISMO de los años cuarenta…Después de éste, tal como “cuento-historia” de un “jubilado” médico, cabría preguntarse: hasta dónde el “ESTRUENDO” en la conducta “musical” social de nuestra generación, que vive, deambula y ATRUENA de sonidos y ruidos la ciudad, y que nos enferma los oídos a todos; es o nó un EFECTO “secundario” de las “medicinas salvadoras” que usamos- en su momento- para salvarles la vida ? Pero… los dejamos SORDOS !!! “El que tenga oídos, para oir…que OIGA” !

@manuhel
8 de Febrero, 2011

Excelente artículo. Me gustó, porque tambien me siento incómodo cuando hay exceso de volumen en el ambiente.

Unas cositas más técnicas que otra cosa.

Los 90db son el límite, pero para un período de tiempo prolongado de exposición.

Si te expones a 90db por 10 minutos, no tendrás ningún efecto desfavorable en tu audición.

Todo se mide en función de concentración y tiempo de exposición. Una cosa va amarrada a la otra.

Y la otra es que el ruido no es acumulativo. Existe un factor.

O sea, si un avión produce 140db; 4 aviones no producen 4*140 decibeles. Si fueras así, todos estaríamos sordos desde hace rato…

PD. la escena de la conversación en la discoteca la viví como si realmente estaba en ella…

Ahhh, queeeeeé, jajaja

@bsanoja
8 de Febrero, 2011

Hola Aquiles: Que buena manera de plasmar lo que para mí ha sido siempre una bandera de lucha. Es increible que no haya ningún tipo de regulación y mucho menos de sanción a los contaminadores sónicos. Lo que cuentas de la playa es totalmente cierto e insólito, eso que describe de tu primo con la camionetota lo puedes ver todos los fines de semana en Chirere (playa hermosa cerca de Chirimena y en Playa Corrales – ambas en Higuerote). Es imposible oir los sonidos relajantes del mar, porque siempre hay una competencia entre las camionetas para ver cual suena mas duro (la música – de paso – es de lo peor y siempre parece ser la misma)…para ellos es un estado “cool” y para nosotros – los que buscamos relajarnos – es una situación terrible. En Sotillo, hay unas minitecas que empiezan con el PUM-PUM-PUM todos los fines de semanas, desde el Jueves hasta el Domingo, empiezan a las 6pm hasta la mañana siguiente: T O D O S L O S D I A S,..lo peor es que el bajo se oye a kilometros de distancia….y nadie hace nada, inclusive los habitantes de los caserios cercanos (LOS DOS CAMINOS) lo soportan…coincido que debe hacerse una campaña, pero también debería existir sanciones para aquellos que piensan que viven solo en las playas, en las comunidades, en las urbanizaciones y que andan tan campantes obligando a todo el mundo a oir sus insoportables bum-bums¡. Gracias por este haber tocado este tema tan importante.

Recibe un abrazo amigo.

Carolina De Abreu
8 de Febrero, 2011

Estupendo artículo Aquiles. Coincido totalmente con tus casos. Trato de pensar en cual de ástos me parece peor y creo que sin duda es el de la playa, tanta es mi molestia, que ya no quiero acercarme a Chirere porque me da terror que un “sordito” se ubique cerca de mi. Tan bello el sonido del mar y no lo aprecian. Lamentablemente, como no hay autoridad que ponga orden, salimos perjudicados todos. Sigue escribiendo.

Julio
9 de Febrero, 2011

En el Circulo Militar de Barquisimeto, vivo a unos cien metros, que está frente al Zoologico Bararida, se efectúan unas fiestas de millones de decibelios de intensidad desde la 8 de la noche hasta las 5 de la mañana, que incomodan en 500 metros o mas a la redonda: nadie puede dormir, ni los animalitos del Zoo, ni los humanos. Ignoro si alguien ha reclamado, o al menos solicitado moderación al General, siempre es un General,que dirige estos clubes militares. Se trata de un megaabauso hipersónico.

ja
9 de Febrero, 2011

Eso no es nada cómico. ..Situación 6 o 7 La gente simplemente HABLANDO!! en un restaurante de ccs (Saigón)

ni hablar…

mc
10 de Julio, 2013

No a los Boom boom en las costas. La situacion 3 se repite cada vez mas. La contaminacion sonora nos rodea, nos persigue…..

Pedro Velasco Astudillo
10 de Julio, 2013

Los RUIDOS ensordecedores permanentes- por sobre los 90 decibeles -del ambiente citadino, los efectos secundarios de los Aminoglucósidos mal indicados- durante el embarazo – y la Música estridente ( que supera los 120 decibeles) con la cual se “recrean” nuestros muchachos, y algunos no tanto, buenos y menos educados; quizás serán causa de que nuestros políticos y “politicastros” de ambos BANDOS, no logren ENTENDERSE; porque permanecen ininteligiblemente enfrentados, en un permanente DIÁLOGO…de SORDOS !!!

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