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Actualidad

El día de la ira

Héctor Abad Faciolince sobre los recientes sucesos en Egipto.

Por Héctor Abad Faciolince | 31 de Enero, 2011
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Cuando un gobierno saca los tanques contra los ciudadanos que protestan pacíficamente; cuando bloquea internet durante días y silencia los teléfonos celulares para que nadie pueda llamarse ni mandar mensajes; cuando un gobierno desinforma por la televisión estatal diciendo que los manifestantes están en la calle para apoyar al gobernante; cuando la policía dispara gases, agua, balas, contra miles y miles de jóvenes que protestan, la legitimidad de ese gobierno es nula, su cara de opresor es evidente.

No importa si ese gobierno está en Praga, en Pekín, en Caracas o en Túnez. El caso es que en esta semana se trata del gobierno egipcio y las ciudades son El Cairo, Alejandría, Suez, Puerto Said…

Si uno mira con cuidado las fotos de las manifestaciones en Túnez y en Egipto nota algo que quizá en Occidente parezca no tener importancia, pero que en el mundo árabe es una explícita declaración de libertad, y por lo mismo, en este caso, también una declaración de guerra. Muchas de las mujeres que están protestando en las calles de estos dos países van con el pelo suelto, sin velo. Al pedir libertad, con el pelo al aire, empiezan ya a ejercerla. Y están también corriendo graves riesgos: salir hoy a las calles de El Cairo a manifestar contra el faraón Mubarak es quedar reseñado, correr el riesgo de que te encarcelen, te golpeen, incluso de que te maten. No es cualquier bobada; requiere un inmenso valor salir pedir libertad en las calles de El Cairo.

Hace apenas cuatro días, en La Haya, durante un encuentro de escritores, conocí a una joven narradora egipcia, Abeer Soliman. Su intervención pública durante el Festival de Invierno fue una de las más emotivas. Ella decía que lo que estaba ocurriendo en Túnez abría las puertas para que también en Egipto las cosas pudieran cambiar, después de 30 años de dictadura opresiva. Con un optimismo contagioso Abeer Soliman decía que creía en sus sueños de libertad y que estaba ansiosa por volver a Egipto, a participar en las protestas. Pedía libertad para los más de 80 millones de egipcios y decía que el sueño de millones de jóvenes como ella no era imposible de alcanzar. Soliman recibió los aplausos más cálidos de todo el Festival. Y otra cosa llamaba en ella la atención: su gran melena al aire, que exhibía como un reto, sin vergüenza, como un gesto de rebeldía.

Los jóvenes que en estos días protagonizan las revueltas del mundo árabe se me parecen mucho a esta Abeer Soliman. No están obnubilados por ninguna ideología: son pragmáticos. Su proveniencia, en general, es de la clase media; no son fanáticos religiosos, ni políticos. Lo que piden es muy sencillo: reformas democráticas. Poder votar libremente, y no por un partido obligatorio; poder vestirse como les dé la gana; poder pensar y opinar sobre cualquier asunto, sin que los persigan por aquello que dicen. Piden reformas y libertades elementales, además de una mayor justicia económica, pues su movimiento también se nutre del descontento popular, de la pobreza y el desempleo. Ahora los Hermanos Musulmanes y otros grupos islámicos extremistas, intentan montarse a última hora al caballo de la protesta, pero la idea de las manifestaciones no fue de ellos, sino de jóvenes conectados por las redes sociales, que no odian la modernidad, y que quisieran poder escribir y leer lo que les dé la gana.

Con Abeer Soliman hablé, en Holanda, de mi recordada ciudad de El Cairo. De la triste circunstancia de que todavía unos clérigos (de la Universidad islámica El-Azhar) definan lo que se puede publicar y lo que no, en el mundo árabe, sobre todo en materia religiosa. De las posibilidades que ha abierto internet para leer lo que sea, sin la censura que hay en las bibliotecas públicas. Y de su deseo de volver a El Cairo a defender este sueño de democracia y justicia. Desde esta esquina de Suramérica espero que las luchas de Abeer Soliman y los jóvenes egipcios tengan éxito. Y que ella no esté presa, ni herida, ni en silencio.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (6)

patricia Acosta
31 de Enero, 2011

Bellísimo escrito, me toca en lo más profundo. Tengo un gran amigo musulmán-marroquí el cual me dijo cuando empezaron las revueltas: ¨La gente aquí vuelve a tener esperanzas, hay mucho optimismo porque a cada idea su tiempo de triunfo, y ahora es tiempo de democracia y libertad¨

Me regaló fe, eso nos falta a los venezolanos. Yo rezo por ellos.

María Eugenia
31 de Enero, 2011

La mayoría de las musulmanas prudente saben que no es productivo soltarse el pelo en público en una coyuntura como la presente. USA, que mantuvo en el poder a Mubarak por 30 años e hizo la vista gorda a las torturas llevadas a cabo por su policía (wikileaks), incluídos aquí los raptados por USA para ser torturados en Egipto, tras el holocausto iraquí. Ese mismo USA que no es del Kennedy, está ahora, cuando ya no queda más remedio que aceptar que se vaya Mubarak, porque el pueblo egipcio así lo quiere, pues está ahora jugando la última carta que le queda a USA/Israel y es la de asegurar que la transición se haga a un régimen que tenga por prioridad las del binomio nombrado y no las del pueblo egipcio, las cuales vendría en segundo lugar, si acaso. La mentalidad del apostador de casino. Se barajea la posibilidad de un gobierno de centro encabezado por El Baradei, y/o por una coalición multipartidista que incluya a la Hermandad Musulmana (Moslem Brotherhood), representativa del sector fundamentalista islámico, pero no de su ala más radical. Si Israel admite fundamentalistas sionistas en su seno y admire likuditas furibundos, etc, ¿por qué no ha de admitirlos Egipto? La coalición tiene que ser de amplio espectro, pase lo que pase. Y tiene que ser una coalición que tenga en cuenta a Israel.

Al fin y al cabo ambos países han hecho las paces entre sí; pero no es el solo motivo sino que ambos países han sufrido el terrorismo y han perdido a presidentes asesinados por su propia gente —no por palestinos con cohetes de fabricación casera, ni por el terrorismo de estado llevado a cabo en Gaza no olvidemos que el Nóbel de la Paz, Menachem Begin, fue terrorista y participó en la voladura de soldados ingleses en el hotel Rey David, cosa que según él fue un acto patriótico para liberar a “su” tierra de los británicos.

Si Egipto perdió al presidente Anwar El Sadat asesinado por egipcios, Israel perdió a Yishak Shamir asesinado por un judío de una yeshiva.

En la solución del problema egipcio, Israel juega un papel clave y Mubarak les instó hace 2 días a que reconozcan de una vez por todas el estado palestino… que llevamos otros 30 años en vilo.

Sydney Perdomo Salas
31 de Enero, 2011

Como lo decía en anteriores publicaciones, Egipto tiene derecho a defender lo que cree es correcto para ellos, es un país hermoso, de mucha historia para la humanidad, y no se merece ser víctima de la represión; estamos en el siglo XXI es hora que ellos también tenga una calidad de vida mejor y un libre modo pensante como lo debemos tener nosotros y el resto del mundo, ya no estamos en eras antiguas y debemos seguir avanzando a como vaya pasando el tiempo. Excelente artículo caballero.

Saludos y mis respetos sinceros.:)

Ruben Mesa
3 de Febrero, 2011

Lo que es igual a figurarse el Poder Constituyente que será la vía moderna en todos estos países a nivel mundial, nuevas constituciones!!!!

María Eugenia
5 de Febrero, 2011

Hilary Clinton dio orden a los egipcios de que acepten al general-tortura designado por Mubarak y si ellos no lo aceptan se abrirá fuego contra la población, y quizá no se nos permitirá acceso al internet si se implementa la sugerencia del “internet kill switch”, propuesto por el ex senador likudita Lieberman

http://www.sfgate.com/cgi-bin/article.cgi?f=%2Fc%2Fa%2F2011%2F02%2F05%2FINO91HHD7P.DTL

Ruben Mesa
6 de Febrero, 2011

Una cosa es lo que esa señora quiera y lo que la realidad político social egipcia planteee. Estados Unidos ha sido aliado de Mubarak por décadas, luego de que este se comprometió a no desarrollar políticas que hiciesen peligrar la estabilidad en el Oriente Medio, en especial, su no apoyo a grupos extremistas y el no antagonizar con Israel, continuando la política de coexistencia pacífica planteada por su antecesor, Anwar el- Sadat. La operación ininterrumpida del Canal de Suez también pesó en la decisión del gobierno estadounidense de aceptar a Mubarak como una ficha vital para el equilibrio de fuerzas, a pesar de su estilo interno de gobierno represivo y de la existencia de claras violaciones de los derechos humanos universales. Esto ya raya en lo surrealista extratósfero.

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