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Las Librerías tradicionales están condenadas

El premio Nobel de economía Gary Becker reflexiona sobre el futuro de las librerías y los libros.

Por Gary Becker | 26 de enero, 2011

Librería El Ateneo, Buenos Aires

La librería tradicional está condenada por los lectores digitales y la venta de libros por internet. Uso la palabra “condenada” en el mismo sentido en el que la venta en línea de copias digitales de películas y música ha condenado a las tiendas que rentan películas, a los cines y a las tiendas que venden discos de música. “Condenadas” no significa que estas tiendas desaparecerán rápidamente, e incluso completamente, sino que han recibido un golpe mortal de la competencia de internet.

Joseph Schumpeter, un destacado economista de la primera mitad del siglo XX, acuñó el término “destrucción creativa” para describir a las nuevas tecnologías y otras formas de nueva competencia que causan estragos en industrias más viejas y establecidas. El proceso es creativo porque provee a los consumidores y productores con medios más eficientes para satisfacer sus necesidades, pero el proceso es al mismo tiempo destructivo porque reduce de manera significativa el valor de los productos y servicios provistos por las viejas industrias.

Algunos ejemplos extremos de la destrucción creativa durante el siglo XX incluyen la sustitución completa de los caballos y carretas por carros, películas mudas por películas con sonido y máquinas de escribir por computadoras. Menos extremas son la gran reducción en el personal administrativo y de secretaría causada por el desarrollo de ordenadores y la Web o la reducción considerable de la demanda de leche y huevos inducida por una mejor información sobre el valor de la salud de las dietas bajas en colesterol.

Un proceso similar de destrucción creativa empezó para las librerías con el desarrollo de las ventas en línea de Amazon, que ofrecían un gran inventario de libros, conveniencias en las compras, entregas rápidas, reseñas en línea de los libros y muchos otros servicios que las hacían más eficientes y en muchos casos más baratas que comprar en las librerías. La venta de libros en línea tuvo un comienzo lento, pero se ha acelerado a medida que los consumidores se han familiarizado con el proceso de comprar libros (y otros bienes) en línea. Yo empecé utilizando Amazon en mi casa vacacional de verano, debido a que no tenía cerca ninguna tienda de libros. Descubriendo la conveniencia de comprar libros en línea, ahora compro todo el año por esa vía, aunque aún disfruto visitar las librerías.

Los lectores digitales en línea eficientes, como el Kindle de Amazon o el iPad de Apple, apenas tienen unos pocos años, pero se han convertido en grandes éxitos ya que pueden ser usados tanto para comprar libros en línea como para leerlos en forma digital. Cientos de libros pueden ser almacenados digitalmente en un solo lector que pesa menos de un kilo. Son especialmente valiosos al viajar, útiles al leer en la cama o comiendo e incluso durante lecturas convencionales en una silla confortable. Son particularmente útiles para individuos con problemas de visión, ya que el tamaño de la letra puede ser fácilmente ajustada. Una razón para que los lectores digitales eventualmente seduzcan más a las personas de más edad, aunque los más jóvenes son quienes hasta ahora han comprado estos artefactos, pues los mayores están menos familiarizados con las plataformas digitales.

No espero que las librerías desaparezcan rápidamente, al menos no de la misma forma que la producción de películas silentes cesó una vez que las películas sonoras fueron creadas. Sin embargo, sí espero un acelerado declive en el número de tiendas una vez que muchas se vean obligadas a cerrar por bancarrota y pérdidas excesivas. Algunas librerías seguirán existiendo para atender a aquellos hombres y mujeres que disfrutan de estar entre copias físicas de libros, y también porque algunos dueños de librerías obtienen un gran placer de vender y estar rodeados de libros. Muchas de las librerías sobrevivientes serán propensas a combinar la venta de libros en físico en conjunto con otros servicios. Por ejemplo, las librerías de las universidades suelen vender ropa con el logo de la universidad, computadoras, tarjetas, bocadillos, café y otros bienes que satisfacen a los estudiantes y miembros de la universidad. Otras librerías podrían sobrevivir combinando la venta de copias físicas en tiendas con ventas en línea, tanto de copias físicas como de libros digitales.

El declive de las librerías, teatros y cines, lavanderías y otras industrias ilustra una tendencia que va en contra de las viejas ideas acerca de los efectos del desarrollo económico. Se ha presumido que el proceso de desarrollo causa una sustitución de actividades de mercado por producción casera. Por ejemplo, hogares en sociedades rurales y pobres no sólo cosechan su propia comida, sino que también hacen mucha de su vestimenta, lavan su ropa, hornean su pan y cocinan desde cero sus propios alimentos. Mientras los países se aventuraron al crecimiento económico, muchas de estas actividades productivas dejaron los hogares y migraron al mercado. La ropa hecha en fábricas sustituyó a la ropa hecha en casa y las panaderías y lavanderías evolucionaron para hacer pan y dulces, y para lavar, limpiar y secar la ropa.

Sin embargo, desarrollos tecnológicos posteriores, tales como motores pequeños usados en las lavadoras y secadoras caseras o pequeñas máquinas para hornear pan en casa fácilmente, mudó muchas actividades de nuevo hacia el hogar y así redujo el tiempo y la energía gastada en el proceso de compra. La revolución digital en línea es un paso importante en esta tendencia de volver a las actividades del hogar. Tiempo y esfuerzo son salvados, por ejemplo, cuando en vez de ir al cine, los consumidores compran y descargan películas en línea para ser vistas en el “hogar”, bien en equipos de televisión, o, cada vez más común, en computadoras.

Desde esta perspectiva, lo que está pasando con las librerías no es inusual. Los “libros” aún son leídos en el “hogar”, pero también son más comprados desde el hogar y no sólo en copias físicas. Los libros digitales son una verdadera revolución, pero sus efectos sobre las librerías son sólo una pequeña parte de un desarrollo tecnológico mayor que ha mudado actividades importantes paredes adentro del hogar.

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Pueden leer el texto de Richard Posner: ¿Pueden las librerías sobrevivir ?, pulsando aquí.

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Pueden leer el blog de Gary Becker y Richard Posner pulsando aquí.

Traducción: Economista Daniel Pereira (@dpereiraa)

Gary Becker  es Premio Nobel de economía

Comentarios (6)

Sydney Perdomo Salas
26 de enero, 2011

¡Buen análisis! Sin embargo sería triste pensar en un futuro y que cuándo vayas a una tienda (Mall) y decidas que quieres visitar una librería para llevar un buen libro a casa, esto no sea posible porqué dejaron de existir :S

Muy buena la nota reflexiva caballero. :)

Saludos y mis respetos sinceros. ;)

andres boersner
26 de enero, 2011

El artículo de Gary Becker señala hechos evidentes como la revolución tecnológica del libro a través de la lectura digital y la transformación del mercadeo con la venta en línea. Es evidente que seguirá afectando a las librerías y lecturas tradicionales. Me molesta cuando a ese “bello objeto del deseo” lo llama “copia física”. Cada libro adquiere su propio carácter y se convierte, así forme parte de una edición de cincuenta mil ejemplares, en “el original”. Todos los lectores tenemos nuestro único ejemplar del Quijote, El Conde de Montecristo, o nuestro texto favorito. Cuando observo las paredes de mi casa tapizadas de libros y todo ese malandraje de autores, uno apretado junto al otro, me siento bien acompañado. Cuando observo mi e-book pienso en lo práctico que resulta como complemento para mi trabajo. Eso si, que no me lo roben porque se llevarían de un sólo golpe toda mi biblioteca. Además, esa belleza extraplana, con o sin olor artificial, no me da la dimensión. Ya que al señor Becker le encantan las comparaciones diré que mi biblioteca física es el concierto y que el e-book es la grabación del mismo. En cuanto a las librerías en línea y las tradicionales el ejemplo puede ser más ilustrativo: ¿Usted qué prefiere, comida a domicilio de la Tour de Argent o estar en el mismísimo templo de la gastronomía, disfrutando del panorama, del ambiente, de la buena compañía, de las sugerencias del chef, del menú en vivo y a la carta y del servicio? La librería en línea te puede despachar en segundos, darte recomendaciones del vendedor, las opiniones de otros lectores pero siempre será una información muy limitada. El “catador” exigente preferirá cotejar las distintas versiones disponibles de “Guerra y paz”, intercambiar comentarios, escuchar sugerencias, disfrutar de un ambiente cálido, al lado de personas con inquietudes similares, observar los mesones, en busca de novedades pero también de sorpresas, conocer nuevas editoriales, sentarse en un sofá y sopesar tranquilamente si conviene o no comprar el libro…La librería le puede regalar un café, un agradable ambiente musical, el olor venenoso del papel, la tinta y la madera de los estantes. La librería tradicional le puede dar la oportunidad de escuchar o conocer personalmente a un escritor de moda o a su escritor favorito. Decir que “algunas librerías seguirán existiendo para atender a aquellos hombres y mujeres que disfrutan de estar entre copias físicas de libros, y también porque algunos dueños de librerías obtienen un gran placer de vender y estar rodeados de libros” es imprimirle exotismo, exageración y simpleza a una verdad a medias. Las librerías tradicionales y los libros nunca han sido los sitios más visitados ni los productos más populares del mercado. Aunque suene feo estamos hablando de una actividad ya de por si elitesca. Las nuevas tecnologías de las que habla Becker lo que van a lograr es que la gente lea más y que las distintas formas de mercadeo convivan. Creo que este artículo y otros que he leído sobre el tema exageran en su tono apocalíptico, como si la aparición de una heramienta cultural implique la muerte de las otras. Yo saludo y me aprovecho de las nuevas tecnologías y creo que el investigador del futuro podrá encontrar en el anaquel de su librería favorita, dentro de unos cincuenta años, mucha bibliografía acerca de la “muerte de las librerías tradicionales” o recibirla en su aparatico “de menos de un kilo”, siempre y cuando le haya cargado las baterías o sepa donde coño lo dejó.

Daniel Boom
27 de enero, 2011

Andrés, tu comentario está cargado con nostalgia, una nostalgia que, por cierto, comparto. Pero creo que es ya una tendencia irreversible la disminución del número de librerías. No desaparecerán, pero serán menos, pues cada vez más gente comprará libros online. Lo que dice Becker de las ventas complementarias en librerías ya sucede. En Venezuela ya no sabemos si algunas librerías venden libros o venden juguetes. Ah, y por cierto, ¿Existen discotiendas en nuestro país? Si, pero muy pocas si comparas con el número que existía hace unos cuantos años. Ah, la tecnología. P.s Cuando puedas me invitas a Tour de Argent.

Ban
28 de enero, 2011

Por cierto, las cosas no pintan bien en México: Sobreviven librerías con pocos lectores: http://www.am.com.mx/Nota.aspx?ID=453767

JMCarpintero
29 de enero, 2011

Las sensaciones producidas por el contaacto del papel con los dedos y el olor a tinta, y el mismo olor a libro viejo son indescriptble e insustituibles, a si como es insustituible las sensaciones que emergen del ser en una sala de cine. Creo que por más que la tecnología nos acerque a las comodidades de libro electrónico no se abandonará la lectura sobre papel, es más no todos los lectores tienen el poder adquisitivo para acceder a un e-book. No todos los lectores coidianos tienen acceso a las internet, no todos los lectores manejan los rudimentos de la alta tecnología, eso hace al libro de papel imperecedero.

José Luis RdC
5 de julio, 2011

Todo lo que dice Gary Becker es cierto, pero no es toda la verdad. Todo, no sólo los libros, se puede comprar on line, ¿van a desparecer por eso todas las tiendas, todos los bares? A mí me sabe mejor la cerveza que me tomo en la calle que la que me tomo en mi casa (y no soy ni mucho menos el único). La cerveza es la misma, y en la calle es más cara, pero en la calle suelo tomarla con amigos, en lugares donde es fácil conocer otras personas, hacer nuevas amistades. Por eso hasta me sabe mejor en el paladar. Una librería, una librería de verdad, y de esas hay muy pocas, ofrece lo mismo, un lugar de encuentro, de conversación, de “conocimiento” en su doble sentido de conocer a otras personas y nuevas ideas. Que las librerías sobrevivan en base a vender algo más que libros no es algo tangencial o baladí. Responde a la misma evolución de las comunicaciones y al carácter cada vez más híbrido de los libros. Pondré un ejemplo, puedes tener en la librería un libro sobre Creta, tanto en papel, como en e-book, listo para descargar en el iPhone o el Ipad y artilugios similares, y puedes tener reproducciones arqueológicas cretenses (estatuillas, relieves, vasos, joyas) que figuran en ese libro a la venta en la librería. Que disminuye el número de librerías, bueno, a ver si así se llenan de gente. Surgirán nuevos tipos de librerías-galerías-tiendas culturales que satisfarán la necesidad de las personas de reunirse de compartir “in situ”, de hablar, de relacionarse, y no se acabarán los libros en papel. Sencillamente se editarán muchos menos, y eso será un bendición. Inventar, sí y sí y sí. Rendirse, en absoluto.

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