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¿Pueden las librerías sobrevivir? Perspectivas y consecuencias

Richard Posner aborda el futuro de las librerías

Por Richard Posner | 26 de enero, 2011

Dos de las más grandes cadenas de librerías —Barnes & Noble y Borders— están en peligro de entrar en bancarrota; su situación genera preguntas sobre si un número significativo de librerías sobrevivirán y, de no hacerlo, cuáles serían las consecuencias.

Hay dos amenazas claras en contra de las librerías, ambas relacionadas con internet. La más reciente es el e-book, en el cual los contenidos de un libro son transmitidos desde la red hacia un artefacto que permite la lectura de material electrónico y que se encuentra en posesión del comprador del libro. No hay librería alguna involucrada. La otra, un poco más vieja, es la venta —no el envío— de un libro a través de la red. Amazon es el principal vendedor dentro de este mercado. Ninguna librería se involucra en este proceso de venta, a menos que Amazon no tenga el libro en su inventario. En ese caso, el consumidor es referido por Amazon a una librería que tenga el libro, que lo venda a través de la red y que se lo envíe al comprador; pero la compra se hace a través de Amazon. La mayoría de lo libros que ni Amazon ni el resto de las librerías electrónicas tienen en inventario se encuentran fuera de catálogo, y las librerías que los tienen tienden a ser pequeñas (aunque haya excepciones) debido a que el mercado para esos libros también es pequeño.

Una posible tercera amenaza es la disminución del apetito por los libros. No he podido encontrar buenas estadísticas sobre las ventas anuales de libros en Estados Unidos (y, de todas maneras, “libros” es una categoría extremadamente heterogénea de productos), pero al parecer la cantidad de entretenimiento y aprendizaje disponible en la red es tan grande que ha sustituido parcialmente a la lectura de libros. Al mismo tiempo, sin embargo, la demanda de libros debería verse estimulada por la caída en costos cuando los libros son comprados en línea, sin el intermediario —la librería—, pero éste es un punto al cual volveré en breve.

Parece inevitable que las ventas de libros en librerías tradicionales bajen vertiginosamente. Los libros comprados a través de librerías son más costosos no sólo en precios (para cubrir los costos de la librería), sino también en términos de tiempo para el consumidor: el tiempo requerido para ir y volver de la librería, encontrar el libro que se quiere comprar y completar la compra (que toma más tiempo que en una compra por internet). La única ventaja a favor de las librerías es la oportunidad de ojear los libros y de que el cliente pueda ver y manipular el libro antes de comprarlo. Pero estas ventajas también son revertidas hasta cierto punto (o, según algunos clientes, completamente) por el uso de la inteligencia artificial por parte de los vendedores en línea para recomendar libros a sus clientes, por un inventario mucho mayor como en el caso de Amazon (lo que facilita la búsqueda), por las reseñas escritas por otros lectores y por la habilidad de los vendedores para permitir a los clientes ver dentro de los libros como si los estuvieran ojeando en una librería.

Es cierto que el programa de Amazon para recomendar libros es primitivo y no es un sustituto respecto a ver libros en una librería con amplio inventario, pero va a mejorar: uno puede prever el día en el que los clientes (y Amazon) llenarán información sobre su edad, sexo, nivel educativo, ocupación y gustos, datos que Amazon utilizará para crear una lista inicial de recomendaciones, que luego se refinará a medida que se procesen los pedidos y el consumidor provea más información a medida que sus gustos e intereses vayan cambiando.

Actualmente, menos de 30% de todos los libros son comprados en línea (sea el libro en fìsico o el e-book), pero he visto estimados que establecen que esta cifra aumentará hasta 75% en los próximos años. Muy pocas librerías tendrán suficientes clientes para sobrevivir si las ventas caen del 70% al 25% del total, excepto las librerías especializadas en libros fuera de catálogo, cuyos consumidores también estarán mayormente en línea. Por otro lado, con el tiempo y con más y más publicaciones electrónicas, habrá cada vez menos libros “fuera de catálogo”.

La sustitución de las librerías por los medios en línea para la distribución de libros generará un ahorro social significativo y, como he dicho, aumentará la demanda al reducir los precios de venta. Hay preocupación respecto al efecto adverso sobre los editores y autores, pero eso parece poco probable. Un vendedor intenta minimizar sus costos de distribución tanto como intenta minimizar el resto de sus costos; el editor es el vendedor de última instancia y la librería es parte de la cadena de distribución. Pero hay una importante y potencialmente relevadora excepción, y es que el distribuidor ofrece servicios en los puntos de venta que aumentan la demanda por el producto. Ésta es la lógica para mantener un precio de reventa: los productores ponen un mínimo al precio de venta en tiendas, deliberadamente aumentando los márgenes de ganancia del vendedor, pero con la esperanza de inducirlos a una competencia distinta a la del precio para que aumente la demanda de bienes. El personal dentro de las librerías, con sus decisiones respecto a la manera en que se exhibirán los libros y haciendo sugerencias a los clientes, puede aumentar la demanda de libros en principio. Pero estos servicios no pueden garantizar la supervivencia de muchas librerías porque, a menos de que los servicios sean valorados más de lo que parece realista esperar, habrá muy pocos clientes como para cubrir los costos fijos de las librerías a precios aceptables.

La pregunta entonces es si la pérdida de servicios en los puntos de venta perjudicará a los editores (y, por ende, a los autores, cuya prosperidad se encuentra muy relacionada con la de los editores) más de lo que puede mejorar con la disminución de los costos de distribución. Esto también es dudoso. A medida que la tecnología siga mejorando, los vendedores en línea encontrarán maneras posibles de replicar y mejorar los servicios ofrecidos por las librerías. Las librerías disminuirán y quizás desaparecerán cuando la actual generación de personas más viejas, formada por personas habituadas a los libros impresos (así como a periódicos impresos), muera. A pesar de todo, esto puede representar un genuino avance económico, así como las tiendas por departamento y supermercados representaron progreso, a pesar de causar la caída de incontables tiendas más pequeñas.

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Pueden leer el texto de Gary Becker, Las librerías tradicionales están condenadas, pulsando aquí.

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Pueden leer el blog de Richard Posner y Gary Becker pulsando aquí.

Traducción: @jesusgorrin

Richard Posner  es Profesor de economía y derecho en la Universidad de Chicago y Juez del Séptimo Circuito de la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos.

Comentarios (6)

Ramiro Quain
26 de enero, 2011

Me dirán reaccionario, pero a mí no me gusta nada la idea de que el libro tal y como lo conocemos desaparecerá. Me gustan las librerías, me gusta la tinta y el papel, aunque eso suponga el despilfarro innecesario de recursos naturales. Andar con un aparato en la mano que tenga espacio para dos mil años de cultura me abruma. Esa tendencia de la tecnología a trasformar todo lo tangible en digital me caga. Hasta las relaciones interpersonales se están transformando en algo menos tangible. Cada día nos tocamos menos, nos olemos menos, nos besamos menos. La tendencia es a más mente, más ojo y menos baile, menos cuerpo, menos fricción. No es descabellado imaginar que en algún lejano futuro el cuerpo pasará a ser un artefacto anticuado y prescindible para la reproducción de la especie.

Sydney Perdomo Salas
26 de enero, 2011

Tienes razón Ramiro O.o estoy en completo acuerdo contigo. Si esto sigue así pasaremos a la típica pelí “Inteligencia Artíficial” (AI)

Saludos y mis respetos sinceros. ;)

andres boersner
26 de enero, 2011

El señor Posner hace un análisis económico donde el tema de los costos y las ganancias parecieran ser el único objetivo. Pensar que un editor, un distribuidor y un librero están sólo por razones materiales y que estas guíen sus pasos me parece ingenuo e injusto. Siempre habrá personas que le hagan frente a las apetencias primitivas del mercado y que tengan su espacio. Existirán también clientes fijos que apuesten por esta propuesta. No es una presunción, es un hecho. Igual que hay escritores de culto existen librerías y editoriales de culto. Posner habla de la disminución del apetito por los libros y se refiere al caso de Estados Unidos, aunque no aporta datos que respalden su afirmación. Señala la quiebra de las dos cadenas más importantes de libros en ése país. Suena contundente, sobre todo para los que siempre creímos que las librerías independientes, pequeñas, especializadas, sobrevivirían. ¿Es la librería en singular la que morirá o son determinadas prácticas y tipos de librerías? Cuando Posner habla de los automercados que acabaron con las bodegas no menciona la capacidad que tuvieron los pequeños comerciantes para mercadear sus productos a través de nuevas propuestas. La bodeguita de Joao se transformó en tienda deli, en boutique de delicadezas, en farmacia que vende de todo o en mega quincallería de chinos. Las librerías familiares concentraron sus esfuerzos en determinadas áreas y optimizaron servicios, no buscando ser tan amplios como las megatiendas. El error de algunas librerías pequeñas fue la de querer competir en servicio y cobertura con las grandes, en vez de admitirse como una opción distinta. Cuando las cosas se ven sólo desde el punto de vista económico o de confort, como lo hace Posner, se corre el riesgo de olvidar que la variedad también forma parte del mercado y más en un renglón que ya de por sí resulta elitesco. El que a cada vez más gente le guste ver el beisbol desde el pantalla plana de su hogar o de la cervecería no quita que siempre haya fieles que acudan al estadio. Creo que el señor Posner es amante del servicio rápido y predica la frase “the time is gold”. Me parece respetable y si la mayoría piensa así, bueno, que le vamos a hacer. Pero frente al turismo de lujo siempre habrá mochileros o los que quieran combinar ambas posibilidades. Las librerías grandes, pequeñas y en línea subsistirán en la medida que entiendan que dependen unas de otras y que la competencia es buena. No entiendo ni comulgo con el afán de predicar muertes en vez de reacomodos o, para utilizar un término económico que a Posner le encantaría, para una “ampliación de la oferta y la demanda a través de una nueva gama de instrumentos y servicios”. Sobre buena parte de este artículo y sobre las nuevas formas de lectura ya comenté en otro artículo (“las librerías tradicionales están condenadas” que aparece en Prodavinci a la par que este).

Daniel Boom
27 de enero, 2011

Por lo pronto, la librería Lectura cerró, una verdadera lástima: http://venezuelaysuhistoria.blogspot.com/2011/01/caracas-sin-otra-libreria-cierra.html

miguel patino
31 de enero, 2011

ahora escribo desde mi Nook, de Barnes & Noble, Como Avido lector desde mi infancia, y habiendo perdido las oportunidades de leer tanto como quisiera de adulto por multiples razones, la oportunidad del e-book me ha permitido leer 5 libros en 4 semanas y otros tantos cuentos cortos. En pocas palabras seguramente serE uno de los nostAlgicos que irA a leer a LA LibrerIa de labciudad mientras escuche los discosbde acetato. El cambio llegO, no valeblabpenaboponerse. AdemAs poder leer las noticias, esta pAgina, tener diccionarioby traductor en un mismo lugar. No hay comparaciO

Samir Jorge
15 de febrero, 2011

Aún no entiendo como concentrar mucho dinero en pocas manos puede traer progreso.

Y sobre los libros digitales, son efímeros en comparación con el texto impreso. Creo que la gran debilidad de los medios electrónicos es que su contenido es virtual, por tanto está sostenida sobre un soporte ajeno, que puede fallar. Es frágil. Además, al carecer de volumen físico, tienden al exceso, al desorden. Gastar más en un texto impreso te garantizaría dos cosas: duración y orden. Tal vez incluso, llegue a ser garantía de calidad literaria (no olvidemos que cualquiera puede publicar en internet). Y eso, sin tomar en cuenta otros atributos más “románticos” que poseen los libros de papel.

Pero bueno, tan sólo estoy elucubrando.

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