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Chola por la autopista

Gustavo Valle: "Pienso abandonar definitivamente la literatura para dirigir todos mis esfuerzos a realizar un viejo sueño: ser piloto de Fórmula 1."

Por Gustavo Valle | 23 de enero, 2011

Pienso abandonar definitivamente la literatura para dirigir todos mis esfuerzos a realizar un viejo sueño: ser piloto de Fórmula 1.

Es un sueño que me viene de años atrás, cuando yo era un mocoso fanático de Johnny Cecotto. Por nada del mundo me perdía sus carreras y celebré a lo grande cuando ganó el campeonato mundial de motociclismo en 350 cc. Recuerdo que llené un álbum de barajitas (el único que conseguí completar) con los participantes del mundial del 76: Giacamo Agostini, Kenny Roberts, Walter Villa. Por aquel entonces los precios del petróleo habían trepado a niveles sauditas y Venezuela era una auténtica feria de tesoros y despilfarros. Dos cosas guardo en la memoria de aquellos años de mi infancia: mi fervoroso deseo de tener una moto igualita a la de Cecotto, y la avalancha de productos importados (incluidos huevos y trenzas para amarrar los zapatos) en los supermercados y abastos de Caracas.

Con los años mi sueño de ser piloto profesional dio paso al extravagante proyecto de hacerme escritor, y sin darme cuenta ni mucho menos proponérmelo pasé, sin solución de continuidad, como dicen algunos, de la profesión más rápida al oficio más lento.

Sin duda el desplome de los precios del petróleo y las sucesivas crisis económicas –que ya suman unas ocho mil– terminaron convenciéndome de que los motores no eran lo mío y enfilé hacia la bucólica Escuela de Letras, que por aquel entonces era una pradera asediada por tirapiedras y encapuchados profesionales, casi siempre sumergida en una nube de gases lacrimógenos, obsequio de nuestra inefable Policía Metropolitana.

Lo cierto es que hoy en día, cuando asistimos, entre otras lindezas, a la feria de tesoros y despilfarros 2da parte, ha vuelto a renacer, como el ave fénix, la ilusión de mi más tierna infancia.

La epifanía ocurrió el domingo pasado cuando vi al talentoso piloto Pastor Maldonado conducir su monoplaza por el Paseo los Próceres. En ese momento sentí que la Yamaha de Cecotto se transustanciaba en el FW32 de Maldonado. Vibré con cada acelerón del piloto criollo, me ericé con cada frenada, sentí el olor de los cauchos quemados como si fuera auténtica mirra, y creo me hasta me hice pipí cuando aquel Meteoro salió de la cabina para abrazar al Presidente. No estábamos en el autódromo de Ímola o de San Carlos, sino en el heroico Paseo los Próceres. La apoteósica combinación de “velocidad y armas” me hizo nuevamente soñar con la Patria Grande.

La demostración la titularon “Venezuela a toda revolución”, un nombre sin duda acorde con el Socialismo del siglo XXI, y que por una odiosa desviación profesional asocié con el poeta italiano Filippo Tommaso Marinetti y su manera de entender la sociedad del futuro como una mezcla entre la velocidad de las máquinas y la devoción a Benito Mussolini.

Lo cierto es que fue un domingo inolvidable, fastuoso, cosmopolita, donde se unieron en matrimonio perfecto los próceres de la independencia, el poder de las armas, la velocidad y las masas populares. El olor a combustible era casi hipnótico y entre el calor de aquella mañana y las carnosas mamis que decoraban la patriótica pista con su hermosa asistencia, me sentí como Daddy Yankee cantando:

A ella le gusta la gasolina
(Dame más gasolina!)
Cómo le encanta la gasolina
(Dame más gasolina!)

También se me ocurrieron otros versos y metáforas, otros poetas futuristas y populares, pero yo ya no estaba para poetas ni metáforas. Ese domingo mi vida cambiaría para siempre.

Lo que obró como una auténtica revelación divina fue enterarme del monto del patrocinio que PDVSA entregaría a AT&T Williams, la poderosa escudería inglesa que había fichado a Maldonado. Se trataba de 180 millones de dólares, si es que podemos confiar en los medios de comunicación, pues ni el gobierno ni la escudería informaron el monto exacto del contrato. Este detalle sin importancia, menudo lapsus de las partes, miniaturizó todavía más las otroras bolsas de trabajo a la escritura creativa del otrora Consejo Nacional de la Cultura, CONAC, y convirtió en pálida limosna los cien mil dólares del premio de novela Rómulo Gallegos. Puse en una balanza los montos destinados a la literatura y los destinados a la escudería Williams, y me reproché: “¡muchacho güevón, deja los poemitas y agarra ese volante!”

Desde entonces me puse a investigar a la dichosa escudería para irme empapando de lo que sería mi nuevo ámbito profesional, si todo salía según mis planes. Como consecuencia de esa investigación me encontré con que:

Frank Williams, fundador, propietario y cabeza visible de la poderosa escudería inglesa, recibió en 1987, de parte de la siempre malencarada Reina de Inglaterra, la Orden del Imperio Británico, y en 1999 pasó a ser Caballero de la Orden del Imperio Británico. Esto sin mencionar que desde hace varios años detenta el titulo nobiliario de Sir. ¡Curiosos destinos imperiales, pensé, para los dineros del antimperialismo bolivariano!

Y en un arranque de entusiasmo nacionalista, clamé: yo podría fundar una escudería bajo el régimen de cooperativas y recibir, junto con otros humildes cooperativistas, ese dinero en cómodas cuotas. Además le daríamos trabajo a la gente de talleres El Tornillo, y a Santos, el latonero del Bronx caraqueño al que solía ir a reparar las abolladuras de mi Fiat Spazio. Pero no, ¡fuck!, todo ese dinero terminará en manos de ingenieros y técnicos ingleses, y de sus esposas y amantes, y de sus hijos rubios y pecosos, con el eventual beneficio fiscal para el tesoro de la corona por concepto de impuesto a las ganancias.

Y más tarde, ya con cierta arrechera encima, me pregunté: ¿y qué tiene esa dichosa escudería que no tengamos el resto de los venezolanos dispuestos a construir una Venezuela a todo vértigo? O dicho de otra forma: ¿dónde está Cadivi en todo esto? ¿Dónde está el piloto? ¿Qué pasó con la fuga de divisas? ¿A cuenta de qué 180 millones de dólares para el Caballero de la Orden del Imperio Británico, y ni un centavo de dólar para la plebe veneca?

Por supuesto estaba equivocado. Por una omisión o ignorancia de mi parte, no había podido ver lo que estaba ante mis narices: el Reino Unido, o para decirlo con todas sus letras, United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland forma parte de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA, y la escudería Williams es su brazo empresarial allende los mares. ¡Cómo pude olvidarlo! Dineros públicos que integran un programa de asistencia a las naciones hermanas en vías de desarrollo, o desarrolladas, o desarrolladísimas, o cuando menos post coloniales, o post imperiales. Ayudas, donativos, contribuciones, obsequios, apoyos, patrocinios, subvenciones, socorros y aguinaldos del gobierno para la construcción de refinerías en Cuba, para el estímulo a la agricultura en Nicaragua, para levantar viaductos en Paraguay, o para vender gasolina a precio solidario en los Estados Unidos. En medio de tanta munificencia y filantropía ¿qué son 180 milloncitos para la escudería de Sir Frank?

Por este y otros motivos he decidido dirigir todos mis esfuerzos a ser piloto de Fórmula 1. Será como volver sobre mis pasos y hacer realidad lo que soñé durante tanto tiempo. Si Cecotto corrió en moto y después en monoplaza, yo seguiré sus pasos hasta cruzar la bandera a cuadros. Los precios del petróleo me ayudan; la gasolina barata también. Pero tendré que trabajar muy duro, lo sé. Abandonaré cuanto antes las lentas y empobrecidas letras, expropiaré de mi región occipital toda metáfora y pondré mi corazón a rugir a toda velocidad. Lo primero que haré será recuperar mi Fiat Spazio para iniciar los entrenamientos. Hablaré con la gente de talleres El Tornillo y con Santos, el latonero. Me compraré un casco y un par de guantes importados en Mercado Libre.com. Mientras tanto seguiré de cerca el calendario de carreras de Fórmula 1 para aplaudir a nuestro gran Pastor Maldonado en el autódromo de Bahrain, el próximo 31 de marzo. ¡Arriba, Pastor! Y a mí me verán, bólido bolivariano, picando cauchos, chola por la autopista.

Gustavo Valle Autor de los libros "Materia de otro mundo" (2003), "Ciudad imaginaria" (2006), "La paradoja de Itaca" (2005), "Bajo tierra" (2009) y "El país del escritor" (2013). Ganó la III Bienal de Novela Adriano González León y el Premio de la Crítica.

Comentarios (12)

Martín Castillo Morales
23 de enero, 2011

“A toda máquina” ¡pero no la de escribir!

ATAMAICA MAGO
23 de enero, 2011

¡Excelente escrito, Gustavo! Para montarse en un carrito de esos,picar caucho y arrancar a toda velocidad de corrupciines y despilfarros como bien saben correr este tipo de carreras el gobierno y sus dirigentes: sin frenos ni bolsas de aire para estrellarnos. Yo también suelto la pluma y las metáforas. Lo mío es una escudería. ;)

Daniel Duque
23 de enero, 2011

Bólido, para que llegues a cumplir tu nuevo sueño, no hagas lo que anuncias al inicio y cierre de esta nueva promesa tuya. Mira que por las autopistas no se puede andar chola porque al menor descuido caes en un rolintracoehueco. Mira que para asfaltar bien no hay plata ya que agarra rumbos insospechados y se pira en autos de carrera, en aviones, en lanchas, como sea, pero no está donde debe estar, eso sí lo tenemos por seguro.

Sydney Perdomo
23 de enero, 2011

¡Ostias! O.O visto de esa manera cualquiera se mete a corredor de autos fórmula. Pues adelante con su nuevo sueño,se le extrañara entre las letras pero va por un mejor ingreso lo cual le amérita el título de gallardía :) No será de la nobleza British pero si Venezolana. :D

Saludos y mis respetos sinceros caballero ;) :D

Fanny Pirela
24 de enero, 2011

Te lo lanzo sin miedo, Gustavo. Este texto es una joya.

@manuhel
24 de enero, 2011

Yo también ligaré a Pastor Maldonado en cada carrera, y celebraré con alegría desbordada (porque me conozco y se cuan nacionalista soy) cuando se gané un puntico por aquí y otro por allá.

Ojalá incluso alcancé un podio, sería una emoción comparable a la que nos brindó Jhonattan Vega ayer.

De la exhibición de Pastor Maldonado aquí en los Próceres, no tengo nada que decir. Ya Gustavo Valle lo djo todo!

Es más de lo mismo en esta revolución de la contradicción y del descaro proselitista…

Sergio Parra
24 de enero, 2011

Mi compadre !!!!,, Usted no se anda por las ramas, pues pa`lante que si se puede como dice nuestra querida cerveza Polar, por mi parte tengo una Champañita Mumm, que la guardaré para tomarmela cuando estés en el pódio. Sergio

@manuhel
24 de enero, 2011

Yo que me autoconfieso “nacionalista” en el comentario anterior y Fernándo Savater que dijo esto al respecto: “El nacionalismo en general es imbecilizador, aunque los hay leves y graves, los del forofo del alirón y el que se pone el cuchillo en la boca para matar. Hay gente sin conocimientos históricos, el nacionalismo atonta y algunos son virulentos. Afortunadamente en Cataluña la situación es diferente a la del País Vasco, aunque esa minoría es una alarma que nos dice que algo hay que hacer. El nacionalismo es una inflamación de la nación igual que la apendicitis es una inflamación del apéndice…” Fin de la cita!

Melania Suárez
24 de enero, 2011

Qué buen texto. Me gustan especialmente la palabra “transustanciaba” y el apellido del señor Marinetti. Gustavo Valle cada vez escribe mejor.

María Antonieta Arnal
31 de enero, 2011

Muy bueno, pero sigue escribiendo.

Ignacio Vega
16 de abril, 2011

….Definitivamente, esos reales estuvieron Mal-donados!!

María Eugenia
16 de abril, 2011

un texto sabroso, hábil, eficaz

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