Artes

La Caracas de un optimista sin remedio: William Niño Araque

Alfredo Meza sobre William Niño Araque

Por Alfredo Meza | 7 de enero, 2011

William Niño Araque. Foto: Vasco Szinetar

El 25 de julio de 1993, William Niño Araque publicó un artículo en El diario de Caracas en el cual proponía cien ideas para convertir a Caracas en una urbe cosmopolita. En esa nota, posteriormente incluida en un imprescindible compendio literario y emotivo del sociólogo Tulio Hernández llamado Caracas en veinte afectos, Niño desarrolló varias ideas que lo singularizaron entre sus colegas.

Su muerte, ocurrida el pasado 18 de diciembre, puso de relieve el hecho de que había alguien pensando en la humanización de la ciudad en medio del caos que supone vivirla y del evidente deterioro de su infraestructura, profundizado aún más por las recientes lluvias de noviembre y diciembre.

Quien lo escuchaba en sus tertulias radiales con Marianela Salazar, Federico Vegas o María Isabel Peña asistía a una ceremonia única: la de un hombre que escarbaba entre el caos y el absurdo para postular a Caracas como el mejor sitio para vivir. La de Niño era una disertación culta que rescataba el enorme potencial de una ciudad que creció a la vera de una montaña, pero que en su desordenado y caótico crecimiento hoy incluye un vasto frente marítimo, -el de La Guaira- las colinas de los altos mirandinos y las desangeladas Guarenas y Guatire. Así pensaba él. Y hablaba con tal pasión de los desaprovechados potenciales de la capital, que el oyente sólo podía entusiasmarse con el futuro que se proyectaba en sus palabras. Una frase de Tomás Eloy Martínez define muy bien la relación que Niño tenía con la ciudad: “Caracas es como es, desordenada y absurda, pero si fuera de otro modo los caraqueños no podrían amarla tanto”.

En aquel artículo, Niño enumeró cien propuestas. Algunas de ellas no podrían ser concretadas debido a esa pulsión tan venezolana de demoler la memoria arquitectónica. Otras podrían cumplirse sin comprometer el presupuesto del Estado. “Sus ideas requerían más de planes políticos”, afirma María Isabel Peña, directora del Instituto de Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela.

Entre esas propuestas estaban: abrir la puerta de Caracas a La Guaira, definir la ley de protección a la autopista como un preludio paisajístico; ordenar los edificios-puerta que puntualizan el acceso de Catia a la ciudad; incluir en la normativa una estrategia arquitectónica que rija el crecimiento de la ciudad y que permita la inclusión de tipologías: edificio-corredor, edificio-esquina, edificio-puente, edificio-patio; eliminar la fea escultura de Bolívar que remata al Parque Vargas; respaldar una campaña pública para tumbar el terminal de La Bandera y asumir la Autopista del Este con su potencial paisajístico como símbolo de la ciudad.

Otras ideas: utilizar la experiencia de El Silencio como el aporte más significativo de la condición caraqueña -el bloque horizontal y la manzana cerrada alrededor de un patio- que puede reproducirse en otros sectores de la ciudad (San Agustín del Norte, la avenida Casanova, Bello Monte, La California o la Pastora); construir un edificio-torre o bastión con un pórtico de tres alturas a la entrada de la avenida Casanova cruce con Las Acacias y otro en Las Mercedes, donde está el CVA o el cierre temporal del Parque del Este para recuperar sus espacios y demoler la construcción del museo de Miranda.

Niño estaba triste porque veía el deterioro galopante de la ciudad, pero en esos momentos emergía el optimista que era: se maravillaba con su luz, la Universidad Central o la remodelación de El Calvario, con la que estaba satisfecho. “Él decía que Caracas era un caballo de buen porte pero desnutrido”, recuerda Peña. Las ideas de Niño pretendían recuperar el peso perdido de la ciudad.

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Artículo originalmente publicado en El Mundo Economía y Negocios y que reproducimos en la memoria de William Niño Araque.

Alfredo Meza  Escritor, periodista y profesor. Autor de "Así mataron a Danilo Anderson" y co-autor de "El acertijo de abril" con Sandra Lafuente. Puede seguirlo en twitter en @alfredomeza

Comentarios (6)

luis cubillan fonseca
8 de enero, 2011

Un golpe muy fuerte: ignoraba la muerte de William Niño Araque, mucho que agradecerle cuantas veces vino a Valencia a colaborar en el Salon Michelena. Empiezo el año con otra mala noticia. Luis Cubillan Fonseca.

Pedro Velasco Astudillo
9 de enero, 2011

NIÑO (RIP) tenia RAZÓN !…CARACAS es la MADRE de los venezolanos!!! Que álguien,con no poca razón, se le ocurrió decir que: “CARACAS es VENEZUELA”…y nuestro HIMNO NACIONAL recomienda – en sus letras – que en cualquier enojosa situación :”SEGUID el EJEMPLO que CARACAS DiÓ “.Pero esta CAPITAL es una ciudad muy “politizada” y, como tal, VÍCTIMA REITERADA de los “políticos” de “monte adentro”…y de los ARQUITECTOS, “planificadores” y constructores, que no tienen nociones del URBANISMO, del HABITAT y, no pocas veces, del BUEN GUSTO…Pero que repletan sus chequeras, poniendo en vertical u horizontal, sus “creaciones”; que – más que tales – son “descalificaciones”o “contaminaciones” , por toda la ciudad ! Sin embargo la vivimos, soportando sus “goteras” y sus “malas maneras” , que nos hacen soñar sin poder dormir…Y ahora mucho más,después del terrible y “damnificante” deslave de El AVILA; que convirtió a la imponente montaña: de un SULTAN poderoso, cuidador y protector de la ciudad SULTANA, en una permanente “pesadilla”, del peor sobresalto, cuando llueve fuerte y reiteradamente !!!

María Eugenia
9 de enero, 2011

Alfredo Meza, ¡qué lucidez la tuya al escribir y qué generoso corazón al no dejar morir la memoria del arquitecto Niño! Itemizas claramente sus propuestas y yo, no siendo arquitecta, no las puedo calibrar. Me queda en la memoria un topos singular: Caracas, ciudad privilegiada, entre el Mar Caribe, los picos Naiguatá y Avila, las colinas verdes y el río pardo. ¿Que ha sido del Guaire? ¿No es indispensable hacerle una obra de irrigación a una ciudad plena de inundaciones? En el México de los conquistadores que destruyeron el sistema hidráulico de chinampas floridas en la periferia y canales de irrigación, contruído bajo Netzahualcóyotl, no hubo paz, ni limpieza, ni bulevares verdes donde antes había quebrada hedionda, hasta que un ingeniero alemán arregló ese problema.

Hilda Fé Medina
9 de enero, 2011

Al amigo William lo vi el 14 de noviembre, apenas cuatro semanas antes de su fallecimiento en la exposición Not Made in Chin en La Galería La Cuadra y hablamos corto aunque intensa su angustia expresada ante todo lo que le tocó vivir últimamente. Lo vi desmejorado en su expresión, en su temperamento, aunque su complexión física se mantenía, quizá algo más delgado, pero fuerte, duro. Me llamó la atención su angustia, su necesidad de comunicar todo aquello que lo estaba ahogando, como si él solo ya no podía más cargar con ello. Luego habló con Rita Salvestrini y le contaba lo que yo oí y así….Quizá presumía su pronta partida y era necesario expresar la injusticia de lo que lo acusaron y que su vida no fue otra cosa que trabajar, proteger y luchar en pro del patrimonio que para él fueron las ciudades (especialmente su ciudad:Caracas)el arte y la vida misma. Cuando me informaron yo iba en camino de un viaje de vacaciones y lamenté no poder acompañarlo en su última morada. Siempre nos profesamos cariño y comunicación sobre todas aquellas cosas de las que diferimos, así como de las que coincidimos. Conocerlo y compartir espacios juntos de trabajo, al lado de otros tantos amigos en común fue una experiencia de vida que hoy sin su presencia se nos arruga el corazón, pero se nos rebosa de emoción saber lo que nos dejó.

Sonia Tovar
11 de octubre, 2012

Lo conocí de lejito a pesar de su accesibilad, pero cada vez que podía no me perdía sus conferencias, era un maestro. siempre agradecí su querencia por la Costanera y sus puestas de sol en el litoral central. Las Escuelas de Arquitectura tiene el deber de inspirar entre sus alumnos y comunidades el concepto que sobre Caracas tenía William Niño. Es una apreciación distinta a la que nos tienen acostumbrados todas las referencias, que sobre nuestra capital han escrito autores enemoradaos de Caracas, pero la apreciación de William es particular. Sentí hondadamente su partida física pero estará en nuestros corazones. Cómo me gustaría que alguna alcaldía o universidad organizara algún evento que enalteciera su legado.

Enrique Larrañaga
3 de octubre, 2013

Leo hoy, 3 de octubre de 2013, un artículo publicado hace ya dos años que comienza con una cita que tiene más de veinte y me resulta como que cada palabra es, al mismo tiempo, cierta y relativa… Creo haber conocido bastante a William por haber compartido (y discutido) muchas veces y su pensamiento era ta activo como él mismo, registrando el momento, pensando hacia atrás y hacia adelante, pero cambiando de punto de vista con inteligente ductilidad. Por eso me preocupan ciertas citas que, descontextualizadas, pueden inducir ideas erróneas y parece que sustentar líneas urbanas que el propio William podría mantener o no; ya no lo sabremos. Pero cualquier paseo por sus escritos y declaraciones muestra ese movimiento inquieto de sus querencias, angustias y propuestas. Quizá la frase de Tomás Eloy Martínez aplica al propio William: si fuera menos desordenado y hasta absurdo no sería tan caraqueño y no se podría admirar tanto. Importante recordarlo para apreciarlo con justicia; creo…

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