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Despachos desde Guadalajara (II) – Sobre el idioma y sus libros

En la biblioteca de Babel se habla en castellano

Por Michelle Roche Rodríguez | 2 de Diciembre, 2010

© Cortesía FIL Guadalajara

Entre las pilas con los miles de libros que sostienen la Feria del Libro de Guadalajara los autores departen sobre su principal arma para detener la transculturización con los modos de vida y de expresión de Estados Unidos.

La Feria del Libro de Guadalajara es la biblioteca de Babel que ya Jorge Luis Borges había presagiado en un cuento homónimo. Caminar por entre los interminables pasillos de este encuentro de la literatura en castellano puede causar aprehensión, en especial a las personas que como yo quisieran pasarse los días leyendo –porque leer no es más que una manera de escribir. Son miles y miles de libros apilados en kioscos grandes y pequeños que uno sabe que pueden interesarle pero que no le daría tiempo, ni en varias vidas, de leerlos todos. Lo más importante es que todos y cada uno de estos objetos emprenden la defensa encarnizada del idioma castellano, el idioma que en el año 2050 hablarán 10 por ciento de los habitantes del mundo —la misma estadística señala que ese año el francés apenas alcanzará 1,4 y el inglés, 1,2 por ciento—.

El padre de Juan José Millas pensaba que, en un futuro no muy lejano, los hombres de occidente y de oriente podrían comunicarse en una lengua homogeneizadora como el esperanto. El ejemplo lo dio, con rastros de ironía y de terror, el mismo autor de Las cosas nos llaman (Seix Barral, 2008) en un foro titulado la Fuerza del Español. Allí compartió con Jorge Volpi y Laura Restrepo sus opiniones sobre la situación de la lengua castellana. El autor comparó al esperanto con el inglés –no el culto de Shakespeare, sino el “inglés técnico”, sentenció— y se mostró crítico de esta tendencia de la globalización que hace de idioma de Charles Bukowski la única herramienta de comunicación en la era de las relaciones en-línea, opinión apoyada por sus pares mexicano y colombiano.

Volpi aprovechó para celebrar las intenciones que han manifestado recientemente los especialistas de la Real Academia Española en atender las necesidades de las sucursales regadas por la región latinoamericana –y también la emplazada Estados Unidos, claro– que manifiesta su vocación por hacer de la máxima autoridad en el castellano una institución panacadémica. Agregó que el castellano en sí mismo, por la gran cantidad de personas que lo hablan como lengua madre o segunda lengua, es Babel:

“Babel está también dentro de la lengua española y que quizá de las mejores cosas que han ocurrido en esta asociación de las academias de la lengua española es el reconocimiento de esta Babel íntima que habita dentro de la lengua española”, señaló Volpi aclarando que celebrar la cantidad de hispanohablantes puede también tomarse como un mero triunfalismo frente al inglés o al mandarín.

Restrepo cerró el encuentro recordando que arte de la fascinación del español tan similar y tan diversa a la vez está, precisamente, en andar entre sus variantes.

Una defensa del idioma similar, pero que causó carcajadas en los asistentes, la emprendieron Élmer Mendoza y Álex Grijelmo en una conferencia titulada Mándenme Verbos, en la que el redactor del libro de estilo de El País, jugó con las palabras. Los retozos gramaticales con los que intentaba probar la importancia de cada palabra, y en especial de los verbos, provocaron desternillantes situaciones, en un ejercicio que clasificó como “la rebelión de los verbos”. Por su parte, el narrador mexicano que le acompañaba en la mesa confesó que su deseo secreto es que algún lector suyo sufra un ataque al corazón, debido a la cantidad de acciones por la que lo llevan los muchos verbos en sus historias.

El momento fue propicio para hablar del periodismo impreso y de cómo las nuevas tecnologías lo están redefiniendo. El asunto, como imaginarán me interesa especialmente, y me complació saber que la opinión del maestro español es bastante cercana a la mía: es una tontería seguir pensando en el tubazo en los periódicos frente al avance desmesurado de Internet y, en especial, de las redes sociales. El periodismo, dice Grijelmo –y yo asiento–, debe cambiar hacia un género más cercano a la literatura, porque el formato de la noticia está caduco. Ello claro —y esto lo digo yo y no el autor de El estilo del periodista (Aguilar, 1997)— cambiaría completamente el formato de los periódicos tal y como se conocen en Venezuela, hacia piezas literarias en los que los lectores no buscarían información sino interpretación.

“La crónica va a salvar al periodismo impreso porque es la que interpreta la realidad. La crónica es una forma de enmarcar, de escribir y de interpretar, que no es necesariamente opinar, sino favorecer que el público tenga los elementos suficientes como para formarse un juicio propio. Y, en ese sentido, la crónica tiene que ser el género más presente en los géneros impresos”, sentenció Grijelmo.

Como puede imaginarse por la calidad de las ponencias expuestas y la profusión de los libros que se ofrecen en esta auténtica Babel de las letras que es la FIL 2010, la lengua castellana ha brillado de todas las maneras posibles este año y quizá las únicas que han brillado con un tono parecido son las mujeres escritoras, que este año –como evidencia el galardón de Literatura y Lenguas Romances que le otorgó la FIL a Margo Glantz— tienen mucho que celebrar. Cada día de esta semana que pasa, la FIL Guadalajara prueba que “el genio del idioma”, como pontifica Grijelmo, “es que nos atrapa sin darnos cuenta”.

Michelle Roche Rodríguez 

Comentarios (1)

Víctor Garay Oleas
7 de Diciembre, 2010

Es muy significativo el recorrido realizado por Michelle Roche Rodríguez, con sus doctos despachos babélicamente amenos, sobre esta resonante festividad libroteica desde aquella global aldea azteca, donde se ha logrado compartir un camaraderístico cambalache cultural, que nos lleva a envidiar saludablemente estas reseñísticas caminatas entre todo aquel montañoso manojo mágico de opúsculos y connotados creadores, que se empecinan en ejercitarse en el denodado y duro oficio literalúdico de la prosística o poética palabra perdurable, desde su cervantina trinchera letrillera, contra los macabronillos molinos de ventosa y veleidosa realidad. Una fructífera jornada cumplida, a pedir de prodigiosas páginas de espumeante esperanza, para quienes nos identificamos a rajatabla con el macondiano mundo del libro. Cuándo volveremos a deleitarnos con estas encomiables crónicas, que nos llevan a escarbar en los engalanados estantes de la borgeseanamente benemérita biblioteca de babel y demás fantasmagóricas ficciones. Bienaventurado brindis bohemio por la rozagante salud inexpugnable de la obra impresa. Hasta un novilunio encuentro y emotiva enhorabuena. Gracias, Víctor Garay Oleas.

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