Artes

El ángel de la guarda, de Fleur Jaeggy

Gustavo Valle a propósito de la reedición de la novela de Jaeggy

Por Gustavo Valle | 12 de Octubre, 2010

Autora gélida, de pasión fría, verbo metálico y mensaje despiadado. Categorías que suelen ser más útiles para pescar lectores que para entender la literatura de esta rara avis de la literatura europea contemporánea. Si miramos sus retratos veremos a una mujer de aire imperturbable y adusta elegancia, alguien que evita las entrevistas y en general la vida pública del autor contemporáneo. Todo esto ha hecho de Fleur Jaeggy una autora inescrutable y enigmática, pero sus virtudes van mucho más allá de esa leyenda. Ella consigue –según Enrique Vila Matas– en una sola página, y a veces en una sola línea, que se haga visible de golpe, a modo de repentina revelación, la estructura desnuda de la verdad.

Italiana por adopción, Jaeggy nació en Zurich dentro de una familia de la alta burguesía suiza y su infancia estuvo marcada por la cultura y la literatura en lengua alemana. Su novela más conocida, Los hermosos años del castigo, no sólo recrea esa infancia sino que además rinde homenaje al Jacok von Gunten de Robert Walser, y por lo tanto a toda esa vida de encierro juvenil que transcurre en el famoso Instituto Benjamenta. En el caso de Jaeggy el instituto se denomina Bausler, y en vez de muchachos hay niñas igualmente sometidas a una rígida y aislada educación.

La infancia también aparece en otra de sus celebradas novelas, Proleterka, en la que una niña viaja en barco junto con su padre a recorrer las islas griegas. Y en el libro que nos ocupa, El Ángel de la guarda, originalmente publicado en 1971, cuyas dos protagonistas, un par de niñas de increíble inteligencia y aire fantasmal, conviven junto con su tutor en un extraño exilio, dentro de una casa que parece embrujada.

Además de Walser, otros autores sobrevuelan la obra de Jaeggy: el austríaco Thomas Bernhard, de quien pareciera haber adoptado aquello de “un mundo nuevo con un lenguaje nuevo”, pero sobre todo cierta crispación pesimista y cierta manera de trabajar la memoria personal donde no falta el humor o el absurdo, donde la incomunicación prevalece y la violencia está siempre latente. Y agregaría un autor más para aproximarnos al universo de esta peculiar escritora: el director polaco Tadeusz Kantor, cuyo teatro se funda en la obsesiva representación de la muerte, de sus propios muertos; un teatro, como la literatura de Jeaggy, de muy pocas palabras y de actores que en realidad son fantasmas de sí mismos. Al leer El ángel de la guarda recordé La clase muerta de Kantor, aquella perturbadora puesta en escena en la que se representa la memoria en una polvorienta aula de escuela. Como vemos, autores centro europeos, la mayoría de idioma alemán, el idioma de la infancia y de sus primeras lecturas. “Es mi lengua perdida –ha dicho la autora–. Es la lengua que me ha precedido, la lengua de mis muertos, que vuelve”.

En El ángel de la guarda, Jane (5) y Rachel (7), dos niñas casi idénticas, especie de hermanas siamesas y etéreas, viven en compañía de Botvid, inestable figura masculina, especie de tutor, padre, amigo o criado. Ambas invierten sus días en discurrir sobre los asuntos más densos de la existencia del hombre. Pero su manera de abordarlos no es por medio de la erudición enciclopédica sino a través de un pensamiento original y anacrónico: “Yo no sé recordar, para mi el recuerdo es un préstamo”, dice una. O “No hay nada más efímero que el darse cuenta”, dice otra, siempre cortando la frase justo en el momento en que podría iniciar su desarrollo, o su destrucción. Por ello el lenguaje de Fleur Jaeggy nunca se expande sino que se contrae y busca, no la disolución de sí mismo sino el punto exacto en que consigue ser solamente estupor o asombro. La suya, pues, es una literatura de pausas y de palabras que se retiran en el mismo momento de ser nombradas para dejar en el lector semillas de sentido.

Frente al encierro en que viven estas dos extrañas niñas, afuera, el mundo exterior, se configura en forma relatos de otros, no como un universo sensible sino como una realidad intocable y fragmentada que llega a través de las historias de un vecino, de un amigo de Botvid o de unas cartas ajenas. La ausencia casi total de sensorialidad otorga a estos personajes y a su mundo un aspecto de belleza angelical y al mismo tiempo siniestro. “Permanezcamos –dice Rachel al final– en estas cuatro paredes para no salirnos del modelo, ajustémonos la una a la otra y volvamos sobre nuestros pasos. Un intercambio de similitudes podría ser letal para nosotras”.

El ángel de la guarda no es un libro fácil de juzgar en su totalidad. Se trata de una novela carente de argumento, o en todo caso su argumento no incorpora el movimiento; es una narración sin acción, estática, de anécdota abstracta. Como novela tiene una apariencia vacilante, su estructura es quebradiza, desencajada, lo que obliga a apreciarla en cada uno de sus fragmentos. Se trata, pues, del tipo de libro que exige ser subrayado: sus afiladas unidades de significación valen más por sí mismas que como partes del conjunto.

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El ángel de la guarda.
Fluer Jaeggy
Tusquets
2010 (primera edición: 1974)
97 p.

Gustavo Valle Autor de los libros "Materia de otro mundo" (2003), "Ciudad imaginaria" (2006), "La paradoja de Itaca" (2005), "Bajo tierra" (2009) y "El país del escritor" (2013). Ganó la III Bienal de Novela Adriano González León y el Premio de la Crítica.

Comentarios (5)

Sydney Perdomo
13 de Octubre, 2010

Como siempre estimadísimo caballero de las grandes letras, sabe de que escribir en el momento preciso.

Ha dado en el blanco de mis gustos excéntricos, me resulta completamente atractivo las maneras y los abordajes un tanto abstracto y si se quiere paranormal ó esotéricos de esta escritora, es admirable la cultura europea tan diversa que posee en su educación…No es de extrañar que se desenvuelva de una manera tan oscura en sus obras, es lo genial de los escritores extranjeros…Ese encanto gótico, es lo que me llama la atención.

Muchas gracias por este articulo, una reverencia para usted :) é intentare hallar este libro que se siente curiosamente atrayente.

Saludos y mis respetos sinceros :D ;)

gustavo valle
15 de Octubre, 2010

Muchas gracias, Sydney, me alegra que la obra de Jaeggy haya despertado tu interés.

Alexandre D Buvat Irazábal
27 de Octubre, 2010

Muy buena reseña e interpretacion de la obra comentada. Admás muy bien escrita. Me impactó eso de “es la lengua …de mis muertos que vuelve” algo asi como escribir sobre vivencias infantiles realidades pasadas, y el presente, con la mano guiada por alguna abuela alemana invisible

gustavo valle
29 de Octubre, 2010

Muchas gracias, Alexandre.

lady
9 de Abril, 2014

chevre

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