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Sin piedad

Lucas García sobre la obsesión por las dietas

Por Lucas García París | 18 de Septiembre, 2010

1.

Afuera pasa una caravana del PSUV. En la tele una cuña de la oposición. Hay que prepararse para la inminente batalla, braman los amplificadores. El 26 se juega la patria dice la pantalla. Están equivocados.

El enemigo no es el imperio, ni el capitalismo, ni la seguridad pública ni la amenaza totalitaria, conciudadanos.

Por lo que he podido notar últimamente, el enemigo son los kilos.

2.

En la oficina una compañera de trabajo inicia la cuarta dieta del año. Sólo proteínas y líquidos.

Tengo que deshacerme de 20 kilos, Lucas, me dice. Eso es lo que pesa mi hijo que está en quinto grado, como salir de un muchacho ¿lo pillas?

No lo pillo. La asociación entre pérdida de peso y filicidio me perturba un pelín.

Ella me habla de cómo el cuerpo debe ser forzado a consumir las calorías almacenadas. Se pellizca las “revolveras” como un luchador del Cachacascán haciendo una llave Nelson.

Voy a acelerar mi metabolismo, gruñe, voy a hacer que este hijo de perra se coma toda la grasa.

Declara la guerra contra si misma. Las armas de destrucción masiva son latas de atún, batidos de proteína y unas galletas de arroz carísimas que tienen el aspecto y el sabor del laminil.

Con el atún sabe mejor, me dice.

Me da probar. Saben a atún con laminil.

3.

Arranca la campaña por la asamblea. Los factores en pugna dicen que está en juego nuestro destino.

En el local donde almuerzo quitan la televisión nacional y encienden el cable. Infomerciales sobre medio millón de productos para rebajar de peso. Nuestro destino es tener unos buenos “chocolates” en el abdomen.

El té del Doctor Han me llama la atención. Una miamera con un cuerpazo cuenta su experiencia personal. Perdió veinte kilos en dos meses bebiendo el elixir del desconocido sabio oriental.

Por la forma en que lo cuenta parece que lo único hizo durante ese tiempo fue beber el bendito té. Sonríe como una loca. No sólo perdió kilos, también la cordura.

Otra opción muestra un nuevo tipo de pesa que se opera realizando un movimiento masturbatorio con los brazos. El segmento muestra a un grupo de hombres y mujeres que parecen haber sido esculpidos por Praxíteles, dándole al aparato en lo que parece un cruce de porno duro con spinning.

La guinda del postre es un método a base de cápsulas de aloé vera y sábila. La base teórica de esta sustancia proviene de antiguos conocimientos mayas.

El segmento explica a través de dramatizaciones. Caucásicos disfrazados con tocados de plumas, entre decorados de cartón piedra en lo que parece la sala de fiesta del edificio del productor.

Una voz en off informa que los mayas no sólo desarrollaron un conocimiento astronómico sin precedentes y avances científicos adelantados a su época, sino que también se preocuparon por su aspecto personal y el cuidado de la silueta desarrollando una fórmula cuasi milagrosa al respecto.

El misterio de su desaparición está resuelto, pienso. Rebajaron de peso hasta que se evaporaron.

La camarera me pregunta si quiero postre. Le digo que sí. Cuando me trae el quesillo lo miro como si fuera Darth Vader, el heraldo cabrón de las fuerzas del lado oscuro.

Le meto la cucharita. Sucumbo al poder del enemigo.

4.

El presidente habla de demoliciones, la oposición dice que hay mucho temor en el gobierno. Mi mujer cambia de canal y pone su programa de yoga.

No es una actividad de alto impacto y reduce la grasa muscular, me explica.

Ella también se apresta al combate, pero su guerra es otra.

El programa muestra a unas mujeres de buen ver realizando posturas milenarias. La cosa confunde un poco porque cada dos segundos cambia el escenario. La misma postura se realiza en una playa, en un parque, en un loft, en un estacionamiento.

Le digo a mi señora que si esas tipas se ponen a hacer esa gracia en Caracas les quitan hasta la alfombrita sobre las que están paradas.

No me distraigas que me desconcentro, susurra, exhalando con lentitud, en equilibrio sobre un pie en medio de la sala.

A la mañana siguiente en la ofi, la compañera de trabajo tiene un aspecto desmejorado. Ojeras, mal humor.

Le ofrezco un chicle y me mira ofendida.

¿Tienes ideas de cuantas calorías tienen esa vaina?, me increpa.

Miro el chicle, que ahora me parece una granada de mano.

La compañera me explica que la dieta la está enloqueciendo. Las opciones cuando se comen solo proteínas son reducidas. Los batidos la tienen harta y comer todos los días como una astronauta es una pesadilla.

No seas tan extrema, le digo. Relájate un poquito.

Mira el chicle con algo que parece deseo, luego se palpa el abdomen con furia. Gruñe:

Sin piedad.

Lucas García París 

Comentarios (7)

Sydney Perdomo
18 de Septiembre, 2010

Jajaja, si hay personas que se enferman drásticamente con eso de las dietas, no piensan nada más que en las benditas calorías, yo creo que eso me causaría más estrés del que ya poseo por naturaleza; es mejor dejar al cuerpo con una reducción minima en la porción de cada comida y listo, no me amargo con dejarlo todo y comer cosas que sepan a plástico o quien sabe que otras cosas raras más.(Al menos a mi me funciona) ;)

Me encanto su articulo caballero muy divertido :D

Saludos y mis respetos sinceros. :

Silvia García Rivas
18 de Septiembre, 2010

Muy divertido su artículo.

krina ber
19 de Septiembre, 2010

Querido Lucas, ! gracias por hacerme reír!

Sujita Ruz
21 de Septiembre, 2010

jajaja…q bueno tu articulo…de verdad q nosotras solo vivimos para mantenernos en la linea… t felicito.. abrazos..

Andrea
21 de Septiembre, 2010

Cierto. Las mujeres estamos obsesionadas con este tema. Cada día es una batalla con nuestro nuevo enemigo, la comida. ¡Increíble!

igor molina
21 de Septiembre, 2010

¡Qué divertida -vista desde afuera- esa guerra cruel, implacable e infinita contra el cuerpo inflado! Pasiones de clase media y alta, insensibles a la tragedia cotidiana de los que no pueden comer tres veces al día, o lo hacen -por imposicion de la economía- poco, mal e insano. Indiferentes, también, a los avances indudables de las Casas de Alimentación, de las dietas garantizadas para que los escolares no se deesmayen o los precios justos de Mercal y los abastos Bicentenario. “¡Qué horror!” dirán, “¡alguien hablando del mundo real, más allá de mi cuerpo!”

Astrid!
21 de Septiembre, 2010

Sencillamente GENIAL tu árticulo! Verdaderamente lo confirmo por mi persona y otras co´mpañeras de mi oficina, que no vivimos por estar pendiente de la bendita dieta….. pero que se le hace, en alguna medida Uds. el sexo Masculino son muy culpables de ello, lo hacemos todo para estar lindas para Uds. y no se fijen en otras. JAJAJAJAJA.

Un abrazo. Me encanto y me hizo reir mucho tu articulo. Saludos!

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