Artes

Barenboim, el dinero y la cultura

Una reflexión sobre el mecenazgo y la cultura, a partir de la experiencia de Daniel Barenboim

Por Alfredo Tarre Vivas | 11 de Septiembre, 2010

El pasado mes de junio se celebró el Beethoven-Bruckner Ziklus en la Filarmónica de Berlín. Aunque ya en repetidas ocasiones me haya declarado un admirador casi incondicional de esta ciudad por sus muchas virtudes, hay una que quizás sea la única incontestable, y ésa es la Staatskapelle y su conductor Daniel Barenboim. Ellos fueron, junto a los también incontestables compositores, los protagonistas del ciclo. Seis sinfonías de Bruckner y cinco conciertos para piano y uno para violín de Beethoven en un espacio de siete días. Difícil pedir más.

La música es una disciplina que entiendo mucho menos de lo que la disfruto. No puedo seguir una sinfonía con una partitura, no puedo ver el valor que tiene una composición o un compositor (mucho menos un director) en el gran contexto, es decir, en el contexto de la historia del arte, sin embargo, la disfruto enormemente, y estos dos compositores tienen un puesto importante en mi olimpo personal.

Además tuve la suerte de conversar un par de veces durante esta semana con un verdadero amante de la música, un hombre que desde que tiene uso de razón ha escuchado, estudiado y admirado a los grandes compositores, una persona que entiende la música en el gran contexto y cuya pasión lo llevó a dirigir orquestas en varias ocasiones en Venezuela y en el extranjero a pesar de ser totalmente autodidacta. Tal vez gracias a esas conversaciones entendí un poco más el privilegio que significó asistir a algunos de estos conciertos y la suerte de tener a esa orquesta y a ese director en la ciudad que vivo. Es un privilegio que siempre he dado por hecho, porque desde que vivo aquí he podido darme el lujo de escuchar sólo lo mejor.

Según mi contertulio, que además es el papá de mi mejor amigo, Daniel Barenboim es un músico de una especie que está en peligro de extinción. En un mundo dominado por interpretes de técnica indiscutible, el argentino ofrece algo más, ofrece una visión, una verdadera interpretación de los valores de las obras que dirige. El hombre al que Fürtwangler llamó un “fenómeno” cuando lo vio tocar el piano con once años, es hoy en día su único heredero.

A lo largo de décadas asistiendo a sus conciertos se han hecho amigos y después de cada uno de los conciertos aquí en Berlín, el padre de mi amigo pasó a la sala de atrás, normalmente abarrotada de aduladores, a compartir algunas palabras con el director. Me impresionó cuando me contó que después de la interpretación de la quinta sinfonía de Bruckner, el primer concierto al que asistí y la primera vez que escuchaba una sinfonía de Bruckner en vivo, una experiencia que no creo que vaya a olvidar, Barenboim le dijo que era la primera vez en su vida que lograba la intepretación que siempre había buscado. Reflexioné (tal vez es una reflexión ingenua, propia de un turista en una disciplina artística) que este hombre lleva treinta años (o más) buscando algo, que cada vez que se para frente a una orquesta, sin importar cuántas veces haya dirigido la obra en cuestión, se enfrenta a un reto. Un reto que a pesar de todos los éxitos que ha alcanzado, nunca deja a un lado. Eso es un verdadero artista. Alérgico al trámite, indiferente a todo lo que le rodea. Su búsqueda es personal y su compromiso es con su visión del arte.

En una de nuestras conversaciones llegamos por alguna razón a los años del director argentino con la Orquesta Sinfónica de Chicago y su renuncia. Barenboim abandonó la dirección de una orquesta con la que había trabajado quince años y con la que tenía una relación muy especial porque estaba harto de recaudar fondos. Estaba harto, leí después en una entrevista, de tener que ir a cenar con algún aristócrata porque de esa manera, cuando el sujeto en cuestión pasara a mejor vida, le dejaría probablemente un par de millones de dólares a la orquesta. Mi primera reacción fue de indignación hacia la administración de la orquesta. ¿Cómo iban a dejar ir a un director único en vez de aligerarle de esas tareas mundanas y que significaban un pérdida de tiempo para un hombre cuyo único compromiso debe ser con la música? Después pensé que probablemente tuvieron que hacerlo porque de lo contrario la orquesta quebraría, subsiste gracias a ese tipo de donaciones. Investigué un poco acerca de las fuentes de ingreso de la Staatskapelle y para mi sopresa, el estado alemán no es su principal benefactor, es la empresa privada: BMW, Pfizer, Mövenpick y fundaciones de otras grandes empresas. El punto es que Barenboim no tiene problemas en la Staatskapelle, aparentemente no tiene que perder tiempo en cenas y reuniones para buscar dinero y por eso se siente cómodo. En el 2001 fue nombrado conductor vitalicio.

La culpa de que no siga en Chicago la tiene entonces ese falso mecenas que da su dinero no para tener a Barenboim en la orquesta sino para exhibirlo en sus veladas, no para apoyar al arte sino para aderezar sus cenas. Eso es una desgracia. Esa gente prefiere mostrar al invitado especial en sus reuniones que asistir a sus conciertos en la orquesta. Parece absurdo, pero es así.

La relación del dinero y la cultura es tan importante como sencilla. Si el benefactor no entiende por qué es importante dar dinero entonces siempre se va a sentir estafado porque esa plata no la va a ver más, es una inversión atípica y en materia económica, casi siempre muy poco rentable. El que sí entiende, sabe que la retribución es harto más importante, no sólo por el valor en el que se le “paga” sino porque la recompensa es para todos, para el mundo entero, para la humanidad, si me permiten la cursilería.

Alfredo Tarre Vivas 

Comentarios (7)

Adriana
11 de Septiembre, 2010

Nada de cursilería. Es justo así para los que andamos en estas quijostescas faenas de buscar dinero por y para la cultura. Lejos de alguna comparación, entiendo lo que Barenboim siente. No es fácil pedir. La clave es “ofrecer” pero ¿el otro lo entiende? Por otra parte, Barenboim es un gran músico y un gran hombre. Igual que usted yo no sé mucho sobre música, pero lo que ese director y su Orquesta Oeste-Este Diván,me hicieron sentir hace varias semanas en un cocierto al aire libre en Buenos Aires, no tiene explicación. Se siente y punto.

Antonio
11 de Septiembre, 2010

Lo pude ver en el T.T.C hace algunas semanas con la orquesta en cuestión . No soy músico, pero creo que , para qué bises (no los hubo), las dos obras interpetadas se bastaron a sí mismas; casi , la perfección, en mi opinión. Baremboim , es un personaje.

Alexandre D Buvat Irazábal
11 de Septiembre, 2010

a través de la historia músicos como mozart, hayden genios del arte que se vanagloriaban de “exhibir” en sus salas como Leonardo, vivian de los mecenas, reyes y nobles que se vanagloriaban de exhibir en sus salas a los genios y agruoaciones del momento..Despues propiciaron teatros y conciertos en palcos especiales o exposiciones y subastas de arte. Hoy en dia enp aises como USA, los mecenas no aprecian ni el arte pictórico ni la genialidad musical. Todo es imagen y evasión de impuestos. Pero a los artistas les debe resultar tan antipático “aceptar” al empresario ariócrata tanto como fue hacerlo con reyes y duques. La ventaja para un Baremboim y otros es que ahora el mecenazgo en Europa es institucional privado de grandes consorcios o empresas, cuyos directivos y empleados aman el arte y la evasión fiscal no es personal como en norteamérica, sino de la empresa que aporta para bienestar colectivo…Obviamente debe ser mas comodo y dar mayor libertad al artista de ese nivel, estar en Berlin y en general en Europa, y nao dar explicaciones ni menos aún adulaciones a ricos privados o altos funcionarios de gobiernos.Ni menos aún justificarse ante absurdos fundamentalistas por tener músicos de razas o paises o religiones determinadas, independientemente de la calidad de ellos.. Muy ilustrativo y grato su escrito, Sr Tarre

Gabriel Payares
11 de Septiembre, 2010

Una nota marginal, si se quiere: Barenboim y su orquesta por la paz tocó hace poco en plena Av. 9 de Julio en Buenos Aires, totalmente gratis y como cierre de su paso por la capital argentina. Un espectáculo al que asistimos alrededor de 40.000 personas. Habría que preguntarse, para continuar la línea de pensamiento del artículo, qué mecenas patrocinó semejante despliegue de cultura.

Mirella
13 de Septiembre, 2010

Muchas felicitaciones Alfredo Tarre, para mi hoy fue un día muy especial porque descubrí esta maravillosa pagina web; fue escuchando al programa de Alonso Moleiro y Valentina en 107.9 fm emisora de Caracas, lo primero que lei fué tu artículo que me parece extraordinaria por que presenta otra visión del maestro Daniel Barenboim. Conozco mucho se su actividad sobre todo en estos cinco últimos años ya que mi hijo Domingo Hindoyan (de origen Sirio-Armenio) Director de Orquesta, participa en el proyecto orquesta West-Eastern Divan como violinista ya que reune musicos tanto palestinos y judios, fundada por Edward Said y Daniel Barenboim. DB ha sido un gran maestro para mi hijo a pesar de haberse graduado en el Conservatorio de Musica de Ginebra y ser premiado y varios concursos de dirección de orquesta. Lo felicito nuevamente y lo invito a asistir a uno de los conciertos que dirige en Europa, proximamente será la Orquesta Nacional de Belgica, en Suiza la de Laussane y en Diciembre la de París. Le aseguro que complementará todo lo que aprendió del papà de su mejor amigo.

Plini
20 de Septiembre, 2010

No entiendo ni jota de música clásica. Me gusta escucharla, la disfruto, pero mi entendimiento no va más allá de apreciar el ritmo y los bellos sonidos de los instrumentos. Pero cuando alguien como Barenboim dedica tanto esfuerzo y tiempo a la persecución de un ideal, ya sea artístico, social o cultural, se merece mi más sincero y humilde (puesto que no soy “naide”) aplauso, incluso antes de escucharle una sola nota.

Alfredo
3 de Octubre, 2010

¡Muchas gracias a todos por sus comentarios! Mirella, el nombre de su hijo cayó en alguna de las conversaciones en Berlín. Estaré pendiente de sus presentaciones y espero poder asistir a alguna. Una vez más, muchas gracias.

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