Artes

Una poética del crimen

Gustavo Valle sobre la novela Delitos a largo plazo de Jake Arnott

Por Gustavo Valle | 10 de Septiembre, 2010
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Harry Starks, gángster homosexual, hijo de padre comunista, esquizofrénico, admirador de Judy Garland, lector de Foucault, brillante licenciado en sociología y brutal hombre de negocios, mejor conocido como “El jefe de la banda de torturadores”, es el protagonista de esta divertida novela de crímenes narrada desde la perspectiva de cinco personajes –un ex-amante, un Lord corrupto, un delincuente, una actriz en decadencia y un criminólogo-, quienes comparten una sola cosa común: haber disfrutado y haber sufrido la compañía, el padrinazgo, los beneficios y la ruina de ser amigos de Harry Starks.

Delitos a largo plazo, primera de novela del escritor inglés Jake Arnott (Londres, 1961), y primer volumen de la colección Roja&Negra de Mondadori, dirigida por Rodrigo Fresán, ocurre en el Londres de los años sesenta y setenta y reconstruye la atmósfera de aquella época, la llegada del rock y de los hippies, las anfetaminas y el LSD, los autos –el Daimler, el Zodiac–, y donde no falta un club, el Stardust, donde se reúnen malhechores, policías rufianes y mujeres de patético glamour a emborracharse y planear fechorías.

Con ritmo veloz, y una puesta en escena propia de una película para ser leída –a ratos parece sumergirnos en una escena de Sed mal o Jungla de asfalto– la novela despliega una larga lista de acciones criminales de baja y media intensidad, donde representantes de la corrupta sociedad londinense ensucian sus manos al entrar en la órbita de Harry.

De este modo la construcción del protagonista, su endiosamiento en el olimpo criminal de la ficción (“el gángster, pese a ser un gángster real, es también y esencialmente una criatura de la imaginación”), es el acierto de esta obra que, por momentos y de manera inevitable, abusa de gestos propios del género: poses de villano, risitas nerviosas y mucha maldad acartonada.

Pero todo este cóctel de extorsiones, dinero fácil, torturas, porno escandinavo y tráfico de sustancias ilegales, no tendría ningún sentido sin el brillante capítulo final, narrado por el criminólogo quien, admirado ante el fenómeno Starks, despieza la compleja psicología de Harry, y elabora a partir de ella una aguda teoría del gangsterismo como desviación del capitalismo contemporáneo.

Lenny, que así se llama el criminólogo y académico, encuentra en Harry su perfecto campo de estudio, y tras ser su profesor de sociología en la cárcel, acude a entrevistarse con él no sólo para ahondar en sus conocimientos e investigaciones sino para “ponerse en la piel de los hombres culpables”, única manera de entender el fenómeno del crimen.

Las brillantes argumentaciones de su discípulo Harry, sus adelantadas lecturas de Foucault, su inteligencia tan salvaje como asertiva, seducirán intelectualmente a Lenny, quien emprenderá, junto al gángster prófugo, un viaje hacia la naturaleza del crimen, de donde no hay posibilidad de retorno.

Con algunas frases que recuerdan el brutal raciocinio de un Marqués de Sade (“la propia desviación del gángster es la que permite al capitalismo exorcizarse a sí mismo y reformar su normalidad moral”), Delitos a largo plazo sorprende, tras su escenario de negocios sucios y disparos a quema ropa, con una inquietante reflexión acerca del delito, su íntima relación con la reglas de la sociedad contemporánea, y concluye con la revulsiva idea de la criminalización del sujeto no criminal, es decir, el traspaso de esa delgada frontera que todos podemos violar sin desearlo, sin pretenderlo, y que resulta mucho más brutal que el delito mismo junto a su espeso baño de sangre.

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Delitos a largo plazo
Jake Arnott
Random House Mondadori
2009
427 pgs.

Gustavo Valle Autor de los libros "Materia de otro mundo" (2003), "Ciudad imaginaria" (2006), "La paradoja de Itaca" (2005), "Bajo tierra" (2009) y "El país del escritor" (2013). Ganó la III Bienal de Novela Adriano González León y el Premio de la Crítica.

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