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El tiempo muerto

Héctor Abad Faciolince: Tenemos tantas cosas para matar el tiempo que ya nunca tenemos tiempos muertos. Yo, como todos, me estoy enloqueciendo.

Por Héctor Abad Faciolince | 30 de Agosto, 2010
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Yo no soy yo, como usted ya no es usted, o no es usted solamente. Somos nosotros, más las prótesis a las que vivimos conectados: aparaticos de bolsillo, objetos inalámbricos, pantallas titilantes, jueguitos, una lista infinita de personas on-line, como felinos al acecho, que interrumpen para lo más anodino, lo más importante o lo más fútil.

Es imposible pasar una hora (otros un minuto) sin controlar dónde está tal, por dónde viene aquel, quién ha escrito o no ha escrito, cómo sigue tal otra, con quién está tal cual. Todo se va convirtiendo en mensajes breves e instantáneos. Mis amigos ya no vienen a comer y a conversar a mi casa: vienen a revisar sus correos y a mandarse mensajes mientras fingen que su mente está conmigo. No, su mente está en todas partes, y una fracción está también aquí, pero en realidad tienen el cerebro dividido en gajos de atención, como si fuera una naranja, y a nadie le dan la fruta entera. No son ellos completos los que me están haciendo una visita o teniendo una conversación seria. ¿Cómo pueden chatear y chuparse una concha al mismo tiempo?

Cada vez noto más, cuando me llaman, que en vista de que estoy mirando al mismo tiempo la pantalla del computador, mi atención es flotante, no del todo presente en la situación, y a duras penas consigo entender lo que me están diciendo. Cada vez noto más, cuando yo llamo, que a mí también me prestan una atención distante, distraída, de cerebro dividido en varias funciones al tiempo. No hay concentración, no hay secuencias, hay saltos. Estamos rodeados por mareas de autistas hiperactivos y dispersos.

Ya no hay quien crea que alguien está hablando solo o está loco cuando va por la calle hablándole al viento: no, está hablando con alguien a través de un micrófono inalámbrico y un audífono invisible. Ya no hay nefelibatas, ya nadie vive en las nubes: todos están conectados a algo o a alguien todo el tiempo: pasan trotadores conectados al i-pod, no dejan de chatear o de mandarse sms. Antes había casos, cuando el avión aterrizaba, de unos pocos adictos que corrían a fumarse un cigarrillo; ahora nadie parece adicto porque todos lo somos: lo primero que hacemos cuando el avión toca tierra es prender el teléfono. Y hasta hay idiotas que gritan en la cabina: “recuerde que esto que le estoy diciendo es muy delicado y muy confidencial”, pero lo esparcen a los cuatro vientos.

Al montarme al carro pienso en las llamadas que haré para no perder tiempo mientras esté en semáforos largos o en embotellamientos de tráfico. No hay tiempo muerto, no hay un instante para estar ensimismado, para mirar el paisaje, para recoger los pedazos del alma, para armar el rompecabezas de las ocurrencias, para rumiar una frase que se quiere escribir, para pensar en algo que se oyó o que se nos ocurrió, en suma, para aclarar las ideas.

Me atormenta la vida el hecho de pasar el día entero frente a una pantalla (ya muchas menos horas del día las paso frente a las páginas de un libro o frente a la contemplación sedosa y sedentaria de un árbol, un lago o una montaña) salpicando entre temas, con una atención dispersa. Hay quienes dicen que si el cerebro no descansa con una pausa en los estímulos, poco se aprende. Todos parecemos muchachos con déficit de atención: saltando de una cosa a otra, saltando aquí y allá, enloquecidos. Si alguien mete las patas ya no se da un codazo: se manda un mensajito por el Blackberry.

La televisión ya es un mueble viejo: a nadie se le ocurre pasar el tiempo concentrado en un programa. Comparada con las nuevas tecnologías, la televisión parece tan anticuada como un libro encuadernado en pergamino. ¿Qué es una telenovela, comparada con la telenovela real de Facebook? Ya no hacemos casi nada porque nos pasamos el tiempo haciéndolo todo al mismo tiempo. Ya no estamos aquí porque nos la pasamos conectados a otra parte.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (18)

Diana
30 de Agosto, 2010

Esos aparaticos me han permitido acercarme a gente que de otra manera ni supiera que existian. Tienen algunas ventajas… Hay que saberlos administrar. Tiempo muerto no es tiempo improductivo. Tambien hay que saber priorizar. Me gusto el articulo

carlia
30 de Agosto, 2010

Me identifiqué mucho con tu crónica, es una realidad tanto que me dispersé mientras hacia este comentario. (No fue a propósito, disculpa) Saludos Héctor! P.D.: Tienes una buena pluma, me agradó leerte!

Adriana
30 de Agosto, 2010

Una vez dijiste: “eres de esa generación en la que tienen que tener el televisor encendido todo el dia, así no lo vean”… Ahora soy una anticuada. Saludos

Juvenal Freites
30 de Agosto, 2010

Hasta los “Come candela” de los semáforos tienen su BB. Necesitan estar conectados: En el caso de Venezuela, adquirimos más del 70% de los BlackBerry destinados a Latino América, y solo somos un poco menos que 30 millones. No es una crítica porque también soy yo y mis prótesis tecnológicas.

Acuarela Martínez
30 de Agosto, 2010

Pareciera que me defines en muchos sentidos. Cuántos avances tecnológicos y qué rápido avanza nuestra propia desinformación e incomunicación. Bravo por tu artículo

luis
30 de Agosto, 2010

He estado pensando en eso presisamente, desde hace un mes no cargo celular, apenas entro a internet una hora al dia, para ver el tiempo o algunos correos. Se ha esta perdiendo la reflexion. Cuando me di cuenta que solo era un recipiente de informacion y no tenia tiempo de reflexionar sobre la informacion que recibía, corte con todo. No se si estoy mejor, pero por lo menos ya hablo conmigo

Horacio Pietri
30 de Agosto, 2010

Buen punto, ya nadie lee, apenas ve por encima. Las relaciones interpesonales se ven saboteadas por el sonido incesante del celular, el correo y la I-net, sustituyeron al invitado a cenar: el televisor…el juego de video sustituyo a la bici, al juego de beisbol..los jovenes ya no se conocen directamente: todo pasa por el Blackberry, Facebook, twiter…ya nadies es anonimo y si sumamos que el pulso electromagnetico de la tierra se acelero desde hace unos 14 anos o mas (Nuestro Insolito Universo dixit..!) estamos viviendo bajo el dominio de las maquinas..no podemos digerir el alimento informativo de cada dia, es demasiado y muy rapido. Excelente articulo, un espejo.

Helena Arellano Mayz
31 de Agosto, 2010

Pasé algunos minutos concentrada leyendo estas líneas en una pantalla, aunque mi cuerpo me pide un café. Dentro de unas horas tomaré un avión. Llevaré un libro suyo —de papel— para leerlo en las nubes. Ya habré tomado café (el que sirven por allá arriba suele ser muy malo). Nada sustituye mirarse a los ojos junto a dos tazas vacías con deseos de ser llenadas de nuevo.

Julio Betancourt
31 de Agosto, 2010

Si leen este artículo, saludos a Laura, Elizabeth y Gerardo.

Herwind
1 de Septiembre, 2010

Epa! esto es tiempo muerto, asi que a trabajar!!!

Sydney Perdomo
2 de Septiembre, 2010

Buenísima reflexión señor Abad, estamos tan conectados con el fuero tecnológico que olvidamos que hay humanos en la tierra a quienes se les puede hablar frente a frente… Para que negarlo lo he vivido en carne propia digamos que también estoy idiotizada con la era de la navegación por Internet, pero en lo que estoy total y absolutamente de acuerdo con usted es en esos tontos que al hablar al móvil ventilen lo que es y lo que no es vociferando lo que no se debe; se olvidan hasta del termino “privado” con estos aparatitos… Son unos completos imbéciles. ¬¬

Excelente tema caballero, como para concientizar. ;)

Saludos y mis respetos sinceros. :D

Laura Diaz
4 de Septiembre, 2010

Excelente articulo…mil gracias a mi gran amigo Julio por referirlo. Aunque no este segura de poder renunciar a estos adminiculos que nos llenan la vida con datos que no siempre podemos procesar, reconozco y comparto el mensaje: no es malo, eventualmente, “volver a lo basico”. Feliz fin de semana….

anabella zalazar
5 de Septiembre, 2010

muy buena reflexio y gracias por acer este favor

gunther
6 de Septiembre, 2010

exelente men una gran reflexion que espero y haga pensar a muchos y darse cuenta que existen muchas mas cosas de importancia que pasar la boba

Raul A.
6 de Septiembre, 2010

BRAVO! Hemos permitido que la tecnología creada para conectar a las personas distantes nos haya desconectado de nuestro entorno físico, es lamentable que nuestra vida tenga que transcurrir necesariamente a través de una pantalla para poder mantener una vida social.

acuarela
6 de Septiembre, 2010

He observado con tristeza y con muchísima frecuencia en sitios de comida rápida y restaurants familias tipo (madre, padre y 2 hijos) que, sentados frente a frente esperando que les sirvan sus comidas, todos tienen un celular en mano y se idiotizan frente al aparato.

alexia
6 de Septiembre, 2010

Me simpático que al terminar el post y, por casi, punto y seguido, lo siguiente que lees es:

“Síguenos en Twitter. Síguenos en Facebook”.

Sólo un mera reflexión.

Iliana
20 de Septiembre, 2010

Héctor; siempre con tu pluma inteligente expones nuestra cotidianidad y nos llamas a la reflexión. Definitivamente nos hemos vuelto superfluos, no nos concentramos en nada y estamos en todo… Se nos va la vida y no la vivimos, lo esencial deja de serlo. Quienes nos rodean pasar a ser distantes y quienes están en la distancia cobran protagonismo: llevamos una doble vida aquella que publicamos y nuestro día a día que muchas veces NO se parece en nada a la que compartimos en las redes sociales. Gracias por tus escritos!

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