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Los convidados de piedra (y de fiesta)

Rodrigo Blanco Calderón sobre los venezolanos y su relación con el Mundial de Fútbol

Por Rodrigo Blanco Calderón | 24 de junio, 2010

Comencemos por la publicidad. He seguido el Mundial Sudáfrica 2010 por DirecTV. En materia deportiva, el fanático sólo elige un canal para evitar otro. En mi caso, le huyo como si fuera el Diablo a cualquier narrador o comentarista deportivo de cualquier canal venezolano. Con las ya desvaídas excepciones de Lázaro Candal y el fallecido Delio Amado León, hace mucho tiempo que abandoné toda esperanza diegética al respecto. En esta ocasión, sin embargo, me he llevado dos sorpresas agradables: encontrar a tres venezolanos en el cuerpo de transmisión de DirecTV. Una chica, demasiado tímida para cumplir con el principio básico de toda conversación futbolística que se precie de tal: la descortesía; un narrador muy competente cuyo nombre aún no logro identificar; y el ex arquero de la selección nacional, Rafael Dudamel. La segunda sorpresa tiene que ver con el excelente desempeño de cada uno de estos compatriotas.

Viendo el asunto con objetividad, y precisamente de eso se trata, tan buen nivel discursivo de los venezolanos en el marco de la cita mundialista no debería sorprender a nadie. Y no me refiero a la leyenda lingüística que afirma que el venezolano no tiene acento, lo cual sería ya un adelanto de neutralidad. Hablo del hecho concreto de que los venezolanos no tenemos nada que perder ni ganar en este Mundial, ni en los pasados ni en los del porvenir. El jamás haber clasificado a un Mundial es una especie de certificado doloroso de objetividad.

Es innegable la maestría de los argentinos para narrar un juego de fútbol. Se mimetizan con el terreno de juego y asumen un tono canchero que trata de tú a las mayores estrellas del balompié, enfatizando cada jugada con el rencor melancólico de un tango. Lo mismo podría decirse, con los soundtracks respectivos, de los narradores chilenos, mexicanos y colombianos. Sin embargo, toda esa gracia autóctona se vuelve una morisqueta chovinista en el momento de mayor demanda de profesionalidad: cuando juega el país al que pertenece el narrador o el comentarista de turno. Ha sido un espectáculo verdaderamente vergonzoso escuchar el festín pedante y desproporcionado que han hecho los narradores con las victorias de Argentina y, especialmente, de Chile. Así como en las finales de la Champions se escoge un árbitro y una sede neutral, debería escogerse también un grupo de narradores con mayores probabilidades de imparcialidad. Si tal disposición llegara a contemplarse, pues los venezolanos seríamos las codiciadas piezas para tal responsabilidad. Un inmaculado expediente de éxitos futbolísticos, de ausentismo mundial absoluto y de demostrada incapacidad para el deporte rey, nos coloca en un lugar privilegiado en el arte de narrar los juegos.

Alguien podría objetar que el no haber participado nunca en un Mundial no es garantía suficiente de los atributos narrativos que acabo de endilgarle a los venezolanos en el fútbol. Esto es cierto si tomamos en cuenta el furor con que se vive en Venezuela cada uno de los 64 partidos, o si hacemos mención de las vergonzosas caravanas que paralizan las calles de Caracas cuando gana Brasil, Francia, España, Italia, Alemania, Indonesia, República de Malta, Mónaco, Serbia, Montenegro, Pakistán, Andorra o, para ser más directo, cualquier equipo que resulte ganador. No obstante, más allá de estos arrebatos prestados, tengo la impresión de que reina en nuestro país una forma subyacente de calma, que apaga eventualmente todas las rencillas y todas las pasiones. Cada cuatro años, con el Mundial, Venezuela se transforma en una ONU del entusiasmo.

Un argumento más a favor de nuestra posible candidatura narrativa-mundialista: para los venezolanos, el fútbol es una utopía más, como en el orden de lo político es la Revolución, o en el económico es la no dependencia exclusiva del petróleo. No importa cuántas decepciones nos produzca la Vinotinto (apodo afrancesado que nada tiene que ver con nuestras preferencias etílicas), los venezolanos siempre estaremos prestos para suavizar el fracaso. Si no es este, será para el próximo, se suele escuchar. Una y otra vez, mientras pasan los años. Incluso, producimos películas celebratorias (como quien pone a enfriar la champaña hasta el día del Juicio Final) de un equipo que, al igual todas las otras configuraciones de la selección venezolana, sigue sin clasificar a la Copa del Mundo.

Si la realidad es para nosotros un juego, una fiesta interminable que a expensas de cualquier drama hay que celebrar, ¿cómo no convidarnos para tener algo que contar?

***

Rodrigo Blanco Calderón 

Comentarios (18)

luis
24 de junio, 2010

muy bueno el artículo salvo el detalle del final y creo que forma parte del natural descreimiento innato del venezolano por lo que hace en el país: la base de la selección de mayores que buscará competir para el próximo mundial ya participó en uno (el mundial sub 20). Sé que no es tan “sexy” como la Copa Mundial de mayores pero los entendidos siempre señalan que las selecciones mayores que triunfan (o por lo menos hacen un papel digno) primero lo hacen en las inferiores (ej. Colombia y la de España). No se trata de decir que la Vinotinto llegue en algún momento al Mundial y lo gane (eso sí sería pensar inocentemente) pero creo que en estos momentos, como nunca antes, sí es probable que la selección logre el “milagro”…

Pedro Hernandez
24 de junio, 2010

En principio, le indico que no son 3 sino 4 venezolanos los que están dando cobertura al mundial vía Directv y que los nombres que faltan son: Fernando Petroccelli y Daniel Chapella, periodistas deportivos de primera línea en el continente. Por otra parte, es de suponerse que no es un aficionado al fútbol, ya que su forma de verlo delata un simplismo y una superficialidad que no es común entre las personas que aman este deporte. Si así lo hiciera entendiera que el espectador no quiere una narración de ajedrez, el fútbol es pasión y así debe relatarse. Excelente trabajo de Directv que además ofrece otras opciones.

Mendoza A.
24 de junio, 2010

Respeto el derecho de cada quien a comportarse frente al mundial como quiera. Me llama la atención el fenómeno de las banderitas de los carros. Puedo entender ciertos fanatismos genéticos, de los hijos de españoles e italianos, pero cuesta un poco más de entender el facilismo de irle a Brasil o Argentina por personas que no tienen nada que ver con esos países salvo conocer algunos de sus estrellas pop. Pero en fin, como empecé: cada quien que haga lo que quiera.

Salomón
24 de junio, 2010

Totalmente de acuerdo con Luis. Pronto estaremos allá, en 2014.

David Aguilar
24 de junio, 2010

Estimado Pedro, la transmisión de Direct TV es para toda América Latina, no para Argentina, no para México. Si la vinotinto estuviera jugando contra Argentina, seguro que le gustaría objetividad en la narración, o preferiría soportar a unos narradores empujando para su país? Creo que si la narración es para toda América Latina, lo justo es que haya un mínimo de objetividad en las narraciones. Otra cosa es Meridiano narrando para Venezuela, o los canales mexicanos o argentinos narrando para sus países.

“El fútbol es pasión” es un lugar común que puede servir para una pieza pulicitaria de la FIFA, simple y superficial, por demás, pero que no nos resuelve el problema planteado.

Rodrigo Blanco Calderón
25 de junio, 2010

Supones mal, Pedro. Soy un seguidor, ex jugador y amante del fútbol desde que tengo uso de razón. Mi padre fue médico del ex tinto Marítimo Fútbol club, de modo que fui testigo de primera fila de las hazañas, hoy olvidadas, de Pedro Flebles, el Papi Rivas o Herbert Márquez.

Digamos que las críticas acérrimas que hago a nuestra selección nacional provienen de una honda decepción, de un cariño, pues. Así que no se ofusque demasiado conmigo. En todo caso, me estoy basando en hechos: por más que la Vinotinto siga siendo una especie de gran chulo del país (en la época más dura de chavismo y antichavismo fueron patrocinados al mismo tiempo por Polar y Pdvsa; hoy siguen siendo patrocinados y tratados como reyes aunque, como los militares -esos otros grandes chulos de la nación- sigan sin mostrar los resultados esperados), por más que vivan del país, decía, Venezuela sigue sin clasificar al Mundial.

Los argumentos de Luis son esperanzadores, es cierto, pero hemos vivido tanto de la esperanza, en todos los aspectos de nuestra vida como país, que ya le tengo recelo a cualquier promesa de que en un futuro (¿2021?) las cosas serán mejores.

Mendoza, de eso se trata, de vivir cada quien a su manera el Mundial.

David, me alegra ver que no soy el único doliente del chovinismo de los narradores de fútbol.

saludos a todos y ligarle a…a quien ustedes quieran.

Federico Vegas
25 de junio, 2010

Recordé, no se bien por qué, algo de Hegel que Ortega explica: “Toda superación es negación; pero toda verdadera negación es una conservación”. Al tratar de ser objetivo y frío, Rodrigo levanta más pasiones que los furibundos que le reclaman su falta de pasión. Ese es el objetivo de todo buen ensayo: lograr que la culebra se muerda la cola.

Sydney Perdomo
25 de junio, 2010

No esta nada mal animar a los contrario ¿A que no? Después de todo Venezuela está hecha de gente de todas partes. El sueño de todo venezolano es lograr que nuestra selección vaya a un mundial y si no, pues que no importa, siempre esta esa furia bravata por el deporte que hace alegrar con las narraciones los corazones de los otros. Eso es lo lindo de nuestro país, el entusiasmo de su gente; Seré un poco inocente, pero siempre me aguarda la ilusión que Venezuela clasifique al menos alguna vez para un mundial.”Aún y cuando seamos victimas de la utopia de este juego”

¡Buen artículo caballero!

Saludos y mis respetos sinceros. :D

Aníbal Girondo
25 de junio, 2010

A juro tengo que comentar en esta entrada. Además de escribirle a Rodrigo que su artículo cala hondo en lo que es la esencia de nuestra pasión por el fútbol, de una manera extraordinaria, con un lenguaje muy sutil y profundo y demasiado agudo que extrae las verdades eternas del tema que trata, tengo que ponerme también cerca de la firma del maestro Federico Vegas, siempre impactante en sus afirmaciones. Doble triunfo pues para este humilde lector. Comparto ideas con lo que dice nuestro más promisorio narrador joven y comparto el espacio lector con el autor más importante de la última década con Falke (ya habló al respecto el Papel Literario). Salud y bendiciones para ambos!

Ricardo Antela
26 de junio, 2010

En algunos partidos, y al menos en los de Argentina, Chile y Uruguay, Directv da la opción de dos audios en español. El audio 1 es con narradores argentinos o chilenos, según sea el caso, normalmente parcializados por su selección o por la suramericana. Pero si presionan el botón verde acceden al audio 2 que suele ser con narradores venezolanos o en todo caso, no parcializados abiertamente por alguna selección. Incluso hay un audio 3 con narración en inglés. Supongo que la intención de Directv es que los televidentes de Argentina o Chile vean el partido con la emoción de narradores que hinchan por su equipo, pero al resto de los televidentes le dan la opción de otro audio. Daniel Chapela y Fernando Petrocelli suelen oírse más por el audio 2 que por el audio 1.

Sí Luis
27 de junio, 2010

Como no siento pasión por el fútbol y casi por nada, sólo amor por algunas cosas y predilección por algunas otras, me limité a ver los juegos cuado coicidía en un sitio con tele. No digo gol, no grito nada, aunque comparto con una sonrisa la alegría inducida de la gente, como aquella en que apludían a Eslovenia (¿donde carrizo queda y cuál es la capital?)viendo con reservas a Italia, país de nuestros afectos históricos. Pero así somos.

androsval
28 de junio, 2010

Buena observación, Rorro. Yo acotaría, de todos modos, que a veces la neutralidad de narradores o comentaristas locales es un tanto molesta cuando se trata de nuestros partidos de eliminatoria o cualquier compromiso que se torne desfavorable (como siempre). Resulta amargo el hecho de que el gol chileno, uruguayo, argentino o “conmeboliano” se cante con el mismo enfasis y exagerado grito que merecerían esos metrazos de Rey, por mencionar nuestros mejores momentos. Cierto que las naciones pesadas del fútbol no poseen la imparcialidad de nuestros especialistas, acostumbrados a la proeza ajena, pero a veces la objetividad se puede tornar incómoda y carente de sinceridad. Dato: durante mis años en España pude constatar que, en uno de los países con más dosis diaria y monotema respecto al balompié, los narradores no participan tanto en la ceremonia del alarido, lo cual me pareció bastante curioso. Un gol es un gol, igual que un corner es un corner. Y el mundial de fútbol termina en lo que España es eliminada. Será la costumbre?

Nelly Tsokonas
28 de junio, 2010

Cada quien que apoya una selección extranjera, en ausencia de la nacional, tiene sus propias motivaciones – no importa cuales sean – y todo el derecho a celebrar su triunfo. Eso debería bastarle al autor de esta nota y a quienes como él consideran como “vergonzosas caravanas” y de “arrebatos prestados” las manifestaciones de júbilo.

salvador flejan
30 de junio, 2010

Rodri, y eso que se te olvidó señalar el acento porteño que tienen casi todos los comentaristas de los canales locales. Eso, más que vergonzoso, es súper ridículo. Los criollos parecen que sacaron su certificado de locución en Buenos Aires.

acnb
30 de junio, 2010

De verdad que arrebato para el venezolano (preferiria llamarlo pasion, emocion, ganas, alegria, jolgorio y hasta locura)es mas que caracteristico…poseemos esa capacidad de identificarnos con el otro, gracias a Dios!!!! Por cierto Mendoza por el sentir demostrado y observado en las calles de nuestro pais sigue siendo evidente (duelale a quien le duela) que existe un sentir latinoamericano que no han podido ahogar, en estos momentos Latinoamerica es una y la emocion invade a un mismo corazon, en este mundial mas que justificada hasta los momentos por el gran desempeño de nuestras selecciones…6 de 7 para octavos y 4 de 8 para cuartos (ya que se descalificaron 2-2 latinos)contra 6 de 16 para europa…Latinoamerica arriba…Lo de los comentaristas cada cual a su gusto a mi me agradan aunque no mato por ellos tampoco!!!

Yamila
1 de julio, 2010

Hola Rodri, con respecto a lo que escribes me siento absolutamente identificada, justo en estos dias pensaba mientras cambiaba de canal donde veia mi partido porque con los narradores sureños no me encuentro cómoda y asi se me fueron minutos buscando. Yo tengo Supercable (recién instalado),termine viéndolos en tv local. Por cierto, Ven a casa y vemos uno. Nos encantaria tenerte de visita.

Fabiola Marquez
10 de julio, 2010

Siento un profundo orgullo de que se esten dando estos debates en mi país, eso significa que el Fútbol esta comenzando a ser importante para nosotros, lo que además nos acerca culturalmente con otros países latinoamericanos. Si bien el deporte “Rey” en Venezuela no es (y no crea que lo sea en mucho tiempo) el Fútbol sino el Béisbol, el hecho de que estemos planteandonos ya las diferencias de narradores, de objetividad etc., es un paso. Estamos aprendiendo a “sentir” el fútbol, es como si nos empezara a doler. Quizás sea porque tenemos un equipo, que aún con todas las deficiencias y debilidades, ha comenzado a labrarse un camino. No debemos ni podemos compararnos, nuestras realidades son totalmente diferentes, hay países para quienes el sueño de un joven salir de la pobreza, es convertirse en jugador de fútbol (lo que llaman en Argentina “El Sueño del Pibe”), países donde se conoce la crudeza del invierno, o el látigo de haber nacido en una favela. Por lo pronto, doy mi testimonio, como madre de un joven de 18 años, que se fue a tierras australes, a estudiar periodismo deportivo, una carrera que aqui ni conocemos, y que alla es tan respetada y de una profundidad extraña para nosotros, los muchachos son formados en áreas como política, economía,filosofía, entre otras. Por lo que aspiro que vendrán generaciones de venezolanos preparados profesionalmente para medirse con los narradores y comentaristas de otras latitudes y poder ser tomados en cuenta por cosas mas importantes que el acento. Por otra parte hay que ser un poco más benévolos, no creo que ningún narrador venezolano pudiera ser objetivo, ni respetuoso de las reglas del juego, al ver el robo del juego perfecto de Galarraga. El problema… es que lo que corre por las venas… es sangre.

Alvaro Lara
11 de julio, 2010

Yo soy el joven de 18 años del que habla la señora de arriba, que muy orgullosamente puedo llamar “Mamá”.

Llegue a la Argentina con la ilusión de ser periodista deportivo, me encanta el beísbol y me fascina el fútbol. Desde que tengo uso de razón sigo el beisbol Venezolano y admiré al futbol español; Pero siempre que tenia que verlos por Meridiano TV o Venevision, corria a la cocina para decirle a mi mama: “No puedo creer lo malos que son estos periodistas deportivos”.

Luego de tantos años de críticas y decepción por los comentaristas me pregunté: ¿Por que no hacer lo que me gusta, dejar de criticarlos y reemplazarlos yo mismo?. Con una decision firme, salí de Venezuela para llegar a la Argentina y sentir de verdad el futbol, escuchar a verdaderos conocedores y estudiodos del deporte, tener el privilegio de pensar: “Voy a llevar esto a mi país”.

Todos ustedes critican a los Venezolanos porque le van a otros países, sin entender que es algo natural entre los países “NO-MUNDIALISTAS”, lo hacemos para buscar la manera de estar ligados a un evento tan importante como lo es la copa mundial de futbol, o por la atracción que nos causa algún tipo de futbol. Estoy seguro que el dia que Venezuela clasifique a un mundial todo esto quedará atras y apoyaremos todos al mismo tricolor, o diganme, ¿alguna vez vieron a un Venezolano hinchar por otro país en el clasico mundial de beisbol o en la serie del caribe?

Alvaro Lara

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